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LIGA 2ªDiv. 2022/23 JORNADA Nº27 (11.2.2023)

LIGA 2ªDiv. 2022/23 JORNADA Nº27 (11.2.2023)

LIGA 2ªDiv. 2022/23 JORNADA Nº27 (11.2.2023)

PARTIDO OFICIAL Nº 3590

Real Zaragoza SADREAL ZARAGOZA 1-4 ALAVESEscudo/Bandera equipo

0-1 M. Sylla 20’ 0-2 Toni Moya 53’ 0-3 Villalibre 67’ 1-3 Bebé 79’ 1-4 L. Rioja 90’

Ficha técnica

Real Zaragoza: Cristian; Gámez (Larrazábal, 69), Francés, Jair, Nieto; Francho, Zapater (Alarcón, 58); Vada (Bermejo, 58), Bebé (Valderrama, 87); Simeone y Puche (Pau Sans, 69).

Deportivo Alavés: Sivera; Arroyo, Sedlar, Abqar (Laguardia, 73), Duarte; Toni Moya (Benavidez, 73), Blanco; Luis Rioja, Rober (Javi López, 85), Jason (Alkain, 73); Sylla (Villalibre, 61).

Goles: 0-1, min. 20: Sylla. 0-2, min. 58: Toni Moya, 0-3, min. 67: Villalibre. 1-3, min. 78: Bebé. 1-4, min. 90: Luis Rioja.

Árbitro: Caparrós Hernández (Comité del País Vasco). Mostró tarjeta amarilla a Abqar (17), Francés (46), Nieto (55), Sivera (64), Simeone (72), Rubén Duarto (89).

Incidencias: Partido de la jornada 27 del campeonato de Segunda División disputado en La Romareda, con una asistencia de 20.000 espectadores. Tarde fresca y soleada, con 9 grados. Terreno de juego en regular estado.

Real Zaragoza 1-4 Alaves

61 % Posesión 39 %
7 remates dentro 6
2 disparos bloqueados 3
6 remates fuera 1
10 disparos recibidos 15
3 tarjetas amarillas 3
0 tarjetas rojas 0
12 faltas recibidas 16
17 faltas cometidas 13
154 perdidas de posesion 139
64 recuperaciones de posesion 71
0 fueras de juego 5
xxxxxx

El Real Zaragoza se estrella contra el Alavés (1-4)

La diferencia de pegada y contundencia en las áreas resuelve un partido en el que los aragoneses no jugaron para sufrir semejante derrota. Prometedor debut de Pau Sans y golazo de Bebé.

El Alavés fue el encargado de decirle al Real Zaragoza por qué no tiene fútbol para estar donde quiere estar. Una pegada descomunal y una defensa metálica, es decir, el control y dominio de las dos áreas, mandó el partido en dirección a Vitoria con goles de Sylla, Moya, Villalibre y Rioja, y puso al equipo aragonés desnudo frente al espejo. Así de cruel es la Segunda División y esta es la realidad que la mueve: sin contundencia ni determinación allá donde el fútbol cobra vida, de poco sirve lo demás. Ni que el Zaragoza jugara bien en los cincuenta metros centrales del tapete ni que Caparrós Hernández, el colegiado, se paseara por el partido con un arbitraje quisquilloso, lo que le garantiza, sin duda, un largo recorrido en el estamento.

Al final, la vida en Segunda se trata de efectividad. Eso marcó la diferencia entre un Zaragoza de poco veneno y que tuvo que recurrir ayer al delantero del equipo juvenil, al debut de Pau Sans, y entre un Alavés que se exhibió como un equipo serio, eficaz, experto, seguro, superior, con puño de hierro y con varios focos de calidad. Un equipo con poca poesía, pero con mucha prosa. Lució una anatomía de Primera y le formuló al Zaragoza la razón de por qué cada uno está donde está. Y el Zaragoza está muy lejos del Alavés.

El primer acto se tejió de un fútbol pleno de ritmo y elevada temperatura entre dos equipos que se entendieron como iguales. El Zaragoza miró al Alavés sin importarle el tamaño de su carrocería ni la cilindrada de sus prestaciones. Y el Alavés enfrentó al Zaragoza como si fuera un rival de mayor dimensión de lo que indica su clasificación, desconfiando de él, respetándolo, sufriendo entre la incomodidad y la exigencia de la propuesta aragonesa. Porque el equipo de Escribá salió a lomos de un Bebé desbocado. 

El técnico le dio la titularidad en el flanco zurdo del ataque en una alineación fiel al 4-4-2, con Vada, esta vez, merodeando la derecha, y con Puche como lugarteniente de Simeone. En el doble pivote, otra vez sin el fichaje invernal de Tomás Alarcón, permanecieron cosidos Zapater y un Francho que se encargó, desde el inicio, de engranar a todo el equipo, como una correa de transmisión infatigable e insistente con la que el Zaragoza carburaba y enriquecía su juego. Tardó medio minuto Bebé en decirle a La Romareda a lo que ha venido: se sacó un latigazo raso desde el sector izquierdo, envenenado, que Silvera a duras penas pudo intuir.

El Zaragoza empezaba con intención y firmeza. Jugándole cara a cara a un Alavés armado en un 4-2-3-1 en el que Luis Rioja y Jason destilaban clase superior a la categoría, y en la que el plan era agitar al equipo aragonés con diagonales largas hacia Sylla. Poco a poco, el Zaragoza, con empuje y un ‘tempo’ alto, comenzó a meter al rival en su campo. Francho amenazó desde lejos y Bebé lo probó casi desde el Parque Grande con una falta tirada por abajo que casi le atraganta a Sivera. 

Todo se condensaba en la misma banda, por la derecha del Zaragoza y la izquierda del Alavés. Por esa franja se construyó el partido. Los vitorianos cedieron el balón y priorizaron no abrirle puertas al conjunto de Escribá a la espada de su defensa. Nunca picaron el anzuelo, no se dejaron atraer por el Zaragoza ni le entregaron espacios largos a Simeone, Puché o Bebé para que corrieran como en Andorra, parapetándose así cerca de Sivera.  

El Zaragoza estaba bien. Jugaba con sentido, orden y verticalidad. Todo parecía fluir pese a la buena compostura del Alavés en su zona defensiva. Pero el equipo de Escribá se enquistaba en dos problemas que no son nuevos. Por un lado, su escasa determinación y viveza en los últimos metros, en esos espacios donde el fútbol pasa de serlo todo a ser aire. Y por otro, el estado gaseoso de Vada, un futbolista cuyo valor e influencia en el juego colectivo crece conforme menos interviene en él. El argentino, siempre ralentizando la marcha del equipo, perdió una pelota fácil y provocó una falta evitable de la que el Alavés sacó oro. Toni Moya la botó con una suavidad y una finura que ya solo al subir al cielo era medio gol. No se sabe si por el sol, o por qué desatención, la defensa y Cristian se hicieron de piedra y Sylla remató a la red. Ahí estuvo la diferencia: el Alavés marcó a la primera y el Zaragoza no. En parte, porque Moya hizo lo que Vada en los saques de esquina del banderín derecho no pudo: simplemente, elevar la pelota del suelo.

El Alavés ganaba como ganan los equipos con callo, con hechuras de ascenso: fiabilidad máxima en las áreas. Ya se sabe cómo son estos conjuntos. El Zaragoza, en todo caso, no le perdió la cara al asunto. Bebé casi caza un pase de Simeone tras jugada del argentino. Pero la más clara la tuvo Jair Amador, quien acarició una pelota en un saque de esquina que se encontró Sivera sin saber muy bien cómo. Reaccionó el cristalino Rioja, y Vada con un tiro muy alto y Gámez con otro desviado le echaron el telón de la primera parte al encuentro.

Del descanso, el partido salió con un tono similar, hasta que Toni Moya, en el primer ataque visitante, le hizo un nudo a Gámez y Jair, y batió a Cristian. Era la confirmación del guion: un Alavés con una pegada desorbitada y un Zaragoza con juego, alma y energía, pero sin aguijón. El equipo aragonés afectó el golpe, impotente y desarmado. El partido se metió en un túnel. Al poco se pidió la roja para Sivera, portero alavés, por tirar abajo una carrera de Simeone fuera del área. El árbitro no lo entendió así, e inflamó a un estadio que observó en el colegiado un criterio cogido entre alfileres. Escribá movió el equipo. Primero con Bermejo y Alarcón, y luego con Larra y el estreno de la araña Pau Sans. El chico promete. De su energía se benefició el Zaragoza para reanimarse. Es móvil y tiene esa intuición de quien en el área no hace amigos. Le dio al Zaragoza mordiente,  estrelló un mano a mano en el portero y otra la mandó al palo. Aportó peligro y picante. Vida, aquello que le falta a su equipo en las zonas de remate. Ya había marcado Bebé un golazo, con un cañonazo desde fuera del área. Sacó un golpeo secó que se fue a la escuadra. El portugués tiene esa contundencia que tanto se echa en falta. Ha traído gol y eso es mucho. 

Pero el Zaragoza no pudo hacer más. El partido moría. Salió Eugeni, y el Alavés, con todo a favor en un campo abierto, aún metió el cuarto, con la firma de Luis Rioja mientras Francés, Jair y Cristian naufragaban en su bañera en una segunda mitad terrible. El resultado es más llamativo que explicativo. No obedeció, como tantas otras veces, a las leyes del merecimiento, si así se entiende el pulso de fuerzas en el tramo intermedio del juego. El marcador tuvo mucho de castigo desproporcionado. Fue un zarandeo excesivo para un Zaragoza que jugó para más. Pero esto es así. La Segunda es así: el dominio de las áreas -la calidad para hacerlo- se encarga de separar el grano de la paja. Quienes van al granero suben a Primera. Quienes van al pajar se amohínan en Segunda. 

Ficha técnica

Real Zaragoza: Cristian; Gámez (Larrazábal, 69), Francés, Jair, Nieto; Francho, Zapater (Alarcón, 58); Vada (Bermejo, 58), Bebé (Valderrama, 87); Simeone y Puche (Pau Sans, 69).

Deportivo Alavés: Sivera; Arroyo, Sedlar, Abqar (Laguardia, 73), Duarte; Toni Moya (Benavidez, 73), Blanco; Luis Rioja, Rober (Javi López, 85), Jason (Alkain, 73); Sylla (Villalibre, 61).

Goles: 0-1, min. 20: Sylla. 0-2, min. 58: Toni Moya, 0-3, min. 67: Villalibre. 1-3, min. 78: Bebé. 1-4, min. 90: Luis Rioja.

Árbitro: Caparrós Hernández (Comité del País Vasco). Mostró tarjeta amarilla a Abqar (17), Francés (46), Nieto (55), Sivera (64), Simeone (72), Rubén Duarto (89).

Incidencias: Partido de la jornada 27 del campeonato de Segunda División disputado en La Romareda, con una asistencia de 20.000 espectadores. Tarde fresca y soleada, con 9 grados. Terreno de juego en regular estado.

El Alavés asalta La Romareda

Ejercicio de máxima eficacia de los vitorianos, lanzados al ascenso, frente a un Zaragoza sólo corazón. Golazo de Bebé, que se fue lesionado, y esperanzador debut del juvenil Pau Sans.

Goleada de realidad. En un ejercicio de máxima eficacia, el Alavés sumó en La Romareda su cuarta victoria consecutiva y sigue lanzado hacia la Primera División. Un gol de Sylla en la primera parte y otros tres de Toni Moya, Villalibre y Luis Rioja en la segunda acribillaron a un Real Zaragoza que fue todo corazón, pero al que no le alcanza más que para conservar, y sin descuidarse un ápice, la categoría. El golazo de Bebé sólo sirvió para maquillar una tarde en la que quizá lo único positivo fue el esperanzador debut del juvenil Pau Sans, la última perla de la cantera aragonesa.

Bebé y Puche fueron las dos únicas novedades en el once de Fran Escribá, que volvió a dejar al chileno Alarcón en el banquillo, mientras Luis García Plaza introdujo hasta tres cambios en su alineación: Arroyo, Toni Moya, el mejor de la tarde, con un pase de gol y un golazo, y Rober relevaron a Tenaglia, Salva Sevilla y Guridi.

El Zaragoza agarró desde el principio las riendas del partido y tuvo un primer cuarto de hora de empuje y acoso permanente sobre la portería de Sivera, aunque sus dos únicas acciones con peligro fueron dos cañonazos de Bebé, el primero a los 36 segundos y el segundo, en un tiro libre muy lejano. Pero en el fútbol todo cambia en un segundo y el Alavés, encerrado hasta entonces, sacó provecho a la primera de cambio, sirviéndose de una grave desatención defensiva de Bebé, que perdió la marca sobre Sylla: Toni Moya sacó una falta desde el costado izquierdo y el ariete senegalés cabeceó picado a la red, mientras toda la línea del Zaragoza se quedó parada reclamando un fuera de juego que no lo fue.

El gol lo cambió todo, porque le dio serenidad y espacios al Alavés y porque obligó al Zaragoza a destaparse y jugar a remolque. Aun así, el equipo aragonés pudo empatar a la media hora en un saque de esquina de Vada que cabeceó Abqar sobre su propia portería y atajó Sivera con la ayuda de la Providencia.

El Alavés tampoco propuso demasiado en la segunda parte, pero su eficacia fue superlativa, de claro candidato al ascenso directo. Y en su segunda acción de peligro sentenció el partido en el minuto 53. Fue en una gran jugada que sirvió Rober y resolvió Toni Moya, el hombre del partido, con una definición magnífica.

A partir de ahí al Zaragoza sólo le quedaba conducirse por la heroica, pero hasta ese intento de milagro se lo negó enseguida el ‘Búfalo’ Villalibre, que a los cinco minutos de salir al campo firmó el 0-3 al cabecear un centro de Luis Rioja anticipándose en su salida a Cristian Álvarez.

Con todo perdido, Escribá dio entrada al juvenil Pau Sans, la nueva esperanza del Zaragoza, que cabeceó al palo después de que Bebé acortara distancias con un cañonazo marca de la casa desde 25 metros antes de irse agotado.

Cerró el marcador y el encuentro Luis Rioja con un cuarto gol que se ‘tragó’ literalmente Cristian Álvarez.

 SD HUESCA X-X SD HUESCA

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