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ARAGON

23 D'ABRIL DIA NAZIONAL D'ARAGON

23 D'ABRIL DIA NAZIONAL D'ARAGON

DIA NAZIONAL D'ARAGON

SAN CHORCHE

O Día Nazional d'Aragón se zelebra toz os años o 23 d'abril. Con iste día se fa omenache á San Chorche, santo patrón d'o Reino d'Aragón dende o sieglo XV.

En o Estatuto d'Autonomía d'Aragón aparixe en l'Articlo 3.— Simbolos e capitalidat, O día d'Aragón ye o 23 d'abril.[1]

Istoria

A relazión de San Chorche con Aragón prenzipia en l'año 1096, con l'aduya d'o santo á lo rei Pietro I d'Aragón en a reconquiesta d'a ziudat de Uesca en a batalla d'Alcoraz

O patrozinio de se fazió ofizial en l'año 1461, as Corz de Calatayú combocatas por Chuan II estableixen a festibidat por o siguient fuero:

E assimesmo ordenamos, que la fiesta del glorioso Martyr señor san Iorge, que caye a XXIII días de abril, sia en el dito Regno inviolablemente, e perpetua, guardada, observada e celebrada solemnement: assí como los días del Domingo e otras fiestas mandadas guardar. E todos los Prelados del dito Regno sian tenidos aquella mandar guardar e observar, jus aquellas penas mesmas que deven e son tenidos fazer observar e guardar los Domingos e otras fiestas

Un sieglo dimpués, en as Corz de Monzón de 1564 se confirma o fuero establindo una piñora de sisanta sueldos chaqueses ta qui no guarde a dita fiesta.

Dimpués de l'abolizión d'os fueros, no ye dica o 10 d'abril de 1978, un día dimpués d'a costituzión d'a Deputazión Cheneral d'Aragón como estituzión preautonomica, cuan os suyos consellers apreban, por unanimidat, declarar o 23 d'abril como Día d'Aragón.

En atención al carácter tradicional e histórico que el día 23 de abril tiene para Aragón, por ser la festividad de nuestro señor San Jorge, se acuerda asímismo, por unanimidad de todos los señores Consejeros, declarar dicha fecha de cada año, oficialmente, "Día de Aragón"

A festibidat de San Chorche como Día d'Aragón prene o ran de Lai o 16 d'abril de 1984, en que se declara a calendata d'o 23 d'abril festibo en tot Aragón, e á la fin en a reforma d'o Estatuto de l'año 2007 s'adibe en l'articlo 3 a festibidat nazional d'Aragón.

40 Aniversario cierre linea internacional de Canfranc

40 Aniversario cierre linea internacional de Canfranc

 

¡¡¡REAPERTURA YA!!!

Canfranc, 40 años en vía muerta

Cuatro décadas en vía muerta. Cuarenta años de frustración y dejadez. Mañana, sábado, se cumplirá el aniversario del cierre de la línea ferroviaria Zaragoza-Canfranc-Pau a causa del accidente entonces de un tren en Estanguet. Desde entonces el único paso ferroviario a Francia del que dispone Aragón está cerrado.
Cuatro décadas en vía muerta. Cuarenta años de frustración y dejadez. Mañana, sábado, se cumplirá el aniversario del cierre de la línea ferroviaria Zaragoza-Canfranc-Pau a causa del accidente entonces de un tren en Estanguet, al otro lado de la frontera. Desde entonces, el único paso ferroviario a Francia del que dispone Aragón está cerrado.

La coordinadora para la reapertura del ferrocarril Canfranc-Olorón (Crefco) y el comité para la reapertura de la línea Olorón-Canfranc (Creloc) recordarán mañana el 40 aniversario del cierre de esta línea internacional con varios actos en Canfranc y en Bedous (Francia).

Crefco pretende que, a lo largo del año (por lo menos hasta el 18 de julio, aniversario de la inauguración de la línea), los ciudadanos de forma individual, y los sindicatos y asociaciones en grupo, se desplacen hasta la estación internacional de Canfranc para atar a la verja cintas con mensajes pidiendo la reapertura de la línea. En la Oficina de Turismo de Canfranc se entregarán cintas gratuitamente a todo aquel que las solicite.

La iniciativa busca emular las banderolas de oración que los tibetanos colocan en los pasos de montaña por los que se accede a su país, en las que escriben mantras budistas, ya que Canfranc y su túnel ferroviario, ahora fuera de uso, son también un paso entre dos valles y están cargados de simbolismo.

Con esta iniciativa, Crefco pretende visualizar el protagonismo que los ciudadanos aragoneses y bearneses han tenido y tienen en la reivindicación del ferrocarril que, hasta el año 1970, unía España y Francia de forma eficaz y respetuosa con el Pirineo.

En Bedous, tendrá lugar un debate en el que intervendrán Robert Claraco (consultor ferroviario, autor del estudio 'Línea ferroviaria Olorón Santa María-Canfranc', realizado en 2006), Bernard Férié (cineasta), Luis Granell (geógrafo y periodista español), David Grosclaude (periodista francés) y Jürg Suter (geógrafo y autor del estudio 'Prestación de servicio en la línea férrea Zaragoza-Canfranc-Pau. Necesidad y posibilidad de realización del servicio de viajeros y mercancías', realizado en 2005).

Hoy, la reapertura de la línea internacional de Canfranc sigue aún sin tener fecha. Salvo alguna actuación aislada, el olvido de los gobiernos español y francés ha ido degradando poco a poco el estado de las infraestructuras ferroviarias.

Canfranc recuerda el 40 aniversario del cierre de la línea internacional

HUESCA 27/03/2010

Representantes españoles y franceses de las coordinadoras para la reapertura colocaron cintas con mensajes reivindicativos en la verja de acceso a la estación

La coordinadora para la reapertura del ferrocarril Canfranc-Olorón (Crefco) y el comité para la reapertura de la línea Olorón-Canfranc (Créloc), recordaron hoy el 40 aniversario del cierre de esta línea internacional de ferrocarril con varios actos en la localidad altoaragonesa y en Bedous (Francia).

Hoy se cumplen cuarenta años del accidente que motivó el hundimiento del puente de Estanguet y el cierre de la parte francesa de la línea Zaragoza-Canfranc-Pau y, por este motivo, en la verja de acceso a la estación internacional de Canfranc se colocaron las primeras cintas de colores, en las que escribieron sus deseos sobre la recuperación del único ferrocarril internacional de Aragón.

Crefco pretende que, a lo largo del año (por lo menos hasta el 18 de julio, aniversario de la inauguración de la línea) los ciudadanos de forma individual, y los sindicatos y asociaciones en grupo, se desplacen hasta Canfranc para atar a la verja nuevas cintas con sus propios deseos.

En la Oficina de Turismo de Canfranc se entregarán cintas gratuitamente a todo aquel que las solicite.

La iniciativa pretende emular las banderolas de oración que los tibetanos colocan en los pasos de montaña por los que se accede a su país, en las que escriben mantras budistas ya que Canfranc y su túnel ferroviario, ahora fuera de uso, es también un paso entre dos valles de montaña y está cargado de simbolismo.

Con esta iniciativa, Crefco pretende visualizar el protagonismo que los ciudadanos aragoneses y bearneses han tenido y tienen en la reivindicación del ferrocarril que, hasta el año 1970, unía España y Francia de forma eficaz y respetuosa con el Pirineo.

Posteriormente se celebró una rueda de prensa conjunta de ambos colectivos y después los representantes de ambas organizaciones se desplazaron hasta Bedous para denunciar de forma gráfica que la línea sigue cortada 40 años después.

Finalmente, esta tarde se celebrará en esta población un debate en el que intervendrán Robert Claraco (consultor ferroviario, autor del estudio "Línea ferroviaria Olorón Santa María - Canfranc", realizado en 2006), Bernard Férié (cineasta), Luis Granell (geógrafo y periodista español), David Grosclaude (periodista francés) y Jürg Suter (geógrafo y autor del estudio "Prestación de servicio en la línea férrea Zaragoza - Canfranc - Pau. Necesidad y posibilidad de realización del servicio de viajeros y mercancías", realizado en 2005

Historia de la Corona de Aragon

Historia de la Corona de Aragon

 

Corona de Aragón

Corona de Aragón
BanderaBandera1164–1707

Bandera de España 1701-1748.svg

BanderaEscudo
BanderaEscudo
Ubicación de Aragón
CapitalItinerante[1] [2]
Idioma principalCancilleria Real:[3]
aragonés
catalán/valenciano[4] [5] [6] latín[4]
Otros idiomasitaliano, siciliano, occitano, castellano, griego
ReligiónCatólica
GobiernoMonarquía
Rey 
 • 1164 - 1196Alfonso II
 • 1700 - 1724; 1724 - 1746Felipe IV (V de Castilla)
Historia 
 • Unión dinástica entre el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona1164
 • Conquista del Reino de Mallorca1229
 • Conquista del Reino de Valencia1238 - 1245
 • Conquista del Reino de Sicilia1282
 • Conquista del Reino de Nápoles1443
 • Decretos de Nueva Planta25 de enero de 1707
Superficie
 • 1443250,000 km2
Población
 • 1443 est.300,000 
     Densidad1,2 hab./km²
MonedaDe cuento: libra, sueldo, dinero.
De curso:alfonsí, aragonés, armellino, carlino, cavallo, cornado o coronado, cruzado o croat, dinar, dinero, dobla, pirrial, real, sestino, timbre.
De vellón: ardite, dobler, meaja, menudo o menut, óbolo, pellofa.
De oro: mancuso, florín aragonés, ducado y escudo.

La Corona de Aragón (en aragonés: Corona d'Aragón; en catalán: Corona d'Aragó; conocida también por otros nombres alternativos) englobaba al conjunto de territorios que estuvieron sometidos a la jurisdicción del rey de Aragón, de 1164 a 1707.[7]

El 13 de noviembre de 1137, Ramiro II el Monje, rey de Aragón, depositó en su yerno Ramón Berenguer el reino (aunque no la dignidad de rey), firmando este en adelante como Conde de Barcelona y Príncipe de Aragón. Petronila tomó el título de "Reina de Aragón" y Ramón Berenguer tomó el nombre de príncipe y dominador de Aragón al hacerse el matrimonio bajo la forma de Matrimonio en Casa (esto supone que, al no haber heredero varón, el esposo cumple la función de gobierno, pero no la de cabeza de la casa, que solo se otorgará al heredero).[8] En 1164, Alfonso II de Aragón heredaría el patrimonio conjunto.

Más tarde, por conquistas de nuevos territorios y matrimonio, esta unión de reino y condado en una sola corona, ampliaría sus territorios del Aragón y Cataluña históricas hasta incluir otros dominios: fundamentalmente los reinos de Mallorca, Valencia, Sicilia, Córcega, Cerdeña, Nápoles, así como, durante breve tiempo, los ducados de Atenas y Neopatria.

Con la boda de los Reyes Católicos en 1469, se inicia el proceso de convergencia con la Corona de Castilla, formando la base de lo que luego se convertiría en la Corona de España, aunque los distintos reinos conservarían sus sistemas legales y características. Con los Decretos de Nueva Planta de 1705-1716, Felipe V elimina finalmente todos estos privilegios y fueros, terminando así la unificación.

Algunos historiadores actuales se suelen referir a los monarcas por su alias y no por su numeración, debido a que algunos de ellos tenían una numeración diferente según el territorio al que se hace referencia. Por ejemplo, "Pedro el Católico" en lugar de "Pedro II de Aragón".

Nombres alternativos

El nombre de «Corona de Aragón» se aplica en la historiografía actual a partir de la unión dinástica entre el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona,[7] aunque no se utilizó históricamente hasta el reinado de Jaime II el Justo a finales del siglo XIII, y entre el siglo XII y el XIV la expresión más extendida para referirse a los dominios del rey de Aragón fue la de «Casal d'Aragó».[9]

Entre los siglos XIII y XV, el conjunto de las posesiones del rey era designado con variados nombres como «Corona regni Aragonum» (Corona del reino de Aragón), «Corona Regum Aragoniae» (Corona de los Reyes de Aragón), «Corona Aragonum» (Corona de Aragón) o «Corona Regia», y Lalinde Abadía señala que no hay muchas más razones para hablar de «Corona de Aragón» que para hacerlo de la «Corona del Reino de Aragón» u otras denominaciones cuyo elemento común es ser el conjunto de tierras y gentes que estaban sometidas a la jurisdicción del Rey de Aragón.[10] Otros nombres de fines del siglo XIII son «Corona Real», «Patrimonio Real» y una sola vez se menciona "Corona de Aragón y de Cataluña".[11] A partir del siglo XIV se simplificó a "Corona de Aragón", "Reinos de Aragón" o simplemente "Aragón".

Por otra parte, existe un sector de la historiografía que considera la estructura territorial de la Corona de Aragón equivalente a la de una confederación actual.[12] Sin embargo, esta concepción es discutida pues aplica conceptos políticos actuales a estructuras políticas de la Edad Media. También parece incorrecto, a pesar de los debates surgidos, referirse a la Corona de Aragón como corona catalano-aragonesa,[13] puesto que esta denominación fue establecida en el siglo XIX y surge a partir de la renaixença, en obras como la monografía de Antonio de Bofarull y Broca, La confederación catalano-aragonesa (Barcelona, Luis Tasso, 1872).[14] Por último, cabe señalar que tampoco el propio término Corona de Aragón, a pesar de su mayor arraigo y amplio uso en la historiografía actual en castellano, se encuentra libre de polémica entre especialistas.[15]

La formación de la Corona de Aragón

La formación de la Corona tiene su origen en la unión dinástica entre el reino de Aragón y el condado de Barcelona.

Tras la muerte sin descendencia de Alfonso el Batallador el año 1134, durante el sitio de Fraga, su testamento cedía sus reinos a las órdenes militares del Santo Sepulcro, del Hospital de Jerusalén y de los Templarios. Ante este hecho insólito, los habitantes de Navarra, que en aquel momento formaba parte de las posesiones del rey de Aragón, proclamaron rey a García V Ramírez y se separaron definitivamente de Aragón. En este contexto, los nobles aragoneses tampoco aceptaron el testamento y nombraron nuevo rey a Ramiro II el Monje, hermano de Alfonso y que era entonces obispo de Roda-Barbastro. Ante esta situación, Alfonso VII de Castilla aprovechó para reclamar derechos sucesorios sobre el trono de Aragón, mientras que García V manifestaba sus aspiraciones y el Papa exigía el cumplimiento del testamento.

Las pretensiones de Castilla creaban un problema para el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, pues coincidían con la rivalidad entre el condado y el reino de Aragón por la conquista de las tierras musulmanas de la taifa de Lérida. El rey de Castilla Alfonso VII dejó claras sus intenciones cuando en diciembre de 1134 penetró con una audaz expedición en Zaragoza e hizo huir a Ramiro. Sin embargo, esos hechos no acabaron siendo favorables a las aspiraciones del rey castellano, quien finalmente habría de renunciar a sus pretensiones sobre el reino aragonés. Por su parte, Ramiro II, a pesar de su condición de eclesiástico, se casó con Inés de Poitiers,[16] matrimonio del que tuvieron una hija, Petronila, en 1136. Ello obligaba a planear el futuro matrimonio de la niña, lo que suponía elegir entre la dinastía castellana o la barcelonesa.

Anales de la Corona de Aragón, de Jerónimo Zurita.

El condado de Barcelona, en aquella época, estaba en manos de Ramón Berenguer IV. Anteriormente, ya había consolidado su supremacía sobre otros condados catalanes como Osona, Gerona o Besalú. Al mismo tiempo, se había puesto de manifiesto la potencialidad de la flota catalana, con hechos como la conquista momentánea de Mallorca (1114) o las expediciones llevadas a cabo por los condes barceloneses en tierras moras de Valencia, siendo frustradas sus intenciones por la intervención de Castilla, personificada por Alfonso VI y el Cid (derrota de Berenguer Ramón el Fratricida en la batalla de Tévar). Al mismo tiempo, se iniciaba una política de alianzas ultrapirenaicas que culminarían en la unión de Barcelona y Provenza por el casamiento de Ramón Berenguer III con Dulce de Provenza.

Alfonso VII presentó la candidatura de su hijo Sancho, futuro Sancho III de Castilla, pero la nobleza aragonesa acabó eligiendo a la Casa de Barcelona, con la que se negociaron detalladamente los términos del acuerdo, por los cuales Ramón Berenguer IV recibiría el título de "príncipe" y "dominador" de Aragón. Se especificaba que si muriese la reina Petronila antes que Berenguer, el reino no quedaría en manos del conde hasta después de la muerte de Ramiro. Además, el Reino sí iría a manos de Berenguer si Petronila moría sin descendencia, o tenía sólo hijas, o hijos varones pero estos morían sin descendencia.

Ramón Berenguer pacta con el rey aragonés Ramiro Y yo el rey Ramiro sea rey, señor y padre en mi reino de Aragón y en todos tus condados mientras me plazca, entregando a la Corona de Aragón todos sus dominios como "dominador" o princeps[17] para ejercer la potestas real, pero no cedió ni el título de Rey ni la dignidad ni el apellido o linaje.

La capacidad de Ramón Berenguer para ejercer la potestas real en Aragón se muestra en hechos como que es al conde de Barcelona (venerande Barchinonensium comes), como gobernante de Aragón,[18] a quien los Caballeros del Santo Sepulcro, los Hospitalarios y los Templarios hacen concesión de sus derechos como herederos del rey Alfonso de acuerdo a su testamento, reconociéndole así como soberano en ejercicio sobre los territorios aragoneses.[19]

En 1164, el hijo de Ramón Berenguer y Petronila, Alfonso II de Aragón, se convertiría en el primer rey de la Corona y tanto él, como sus sucesores, heredarían los títulos de "rey de Aragón" y de "conde de Barcelona".

La entidad resultante fue una mera unión dinástica, pues ambos territorios mantuvieron sus usos, costumbres y moneda, y a partir del siglo XIV fueron desarrollando instituciones políticas propias. Del mismo modo, los territorios anexionados posteriormente por la política expansionista de la Corona, crearían y mantendrían separadas sus propias instituciones. La obra de Jerónimo Zurita, de 1580, Anales de la Corona de Aragón contribuye decisivamente a la difusión de esta denominación, que se impondrá a partir del siglo XVI. El término «Corona de Aragón» obedece a la preeminencia del título principal de dignidad con el que se conocía el conjunto de territorios, reconocida ya por Pedro IV el Ceremonioso con sus propias palabras: «los reyes de Aragón están obligados a recibir la unción en la ciudad de Zaragoza, que es la cabeza del Reino de Aragón, el cual reino es nuestra principal designación y título».[2]

Los territorios de la nueva Corona

Expansión peninsular y baleárica de la Corona de Aragón.
Territorios peninsulares de la corona, dentro de la España actual.
A raíz de las resoluciones testamentarias de 1243 y 1244, Jaime I de Aragón definió los límites entre Cataluña y el Reino de Aragón. Los límites de Cataluña se ampliaron «desde Salses hasta el Cinca» y los límites del reino y tierra de Aragón se constituyeron «desde el Cinca hasta Ariza»:
Íncipit: «Quia super limitibus Cathalonie et Aragonum (...) predecessorum nostrorum vestigiis inherentes comitatum Barchinone cum Cathalonia universa a Salsis usque Cincham ex certa scientia limitamus (...) Regnum autem terram Aragonum a Cincha usque ad Ferizam consituimus»[20]
(ACA, Canc. Perg. Jaime I, n. 935 d.)

Los territorios que pasaron a formar parte de la Corona de Aragón fueron los siguientes:

  • El Reino de Aragón (Jaca, Roda de Isábena, Huesca, Barbastro, Tarazona, Zaragoza y Calatayud).
  • Condados catalanes:
    • Condado de Barcelona (Cornellá, Besalú, Berga, Vic, Gerona, Manresa, Barcelona y Tarragona).
    • Herencia provenzal de la casa de Barcelona, de soberanía directa durante treinta años del reinado de Alfonso II de Aragón entre 1166 y 1196:[21] Provenza (Arles, Niza, Aix-en-Provence, Marsella), Carladès (Carlat), Gavaldá (Mende); y Millau (desde 1172).
    • Los territorios feudatarios y vasallos de la Corona: Béarn (Pau), Bigorra (Tarbes), Cominges (Saint Bertrand), Pallars Sobirá (Sort), Pallars Jussá (Tremp), Urgel (Castelciutat, Balaguer), Carcasona (Carcasona), Rasés, Rosellón (Castellrosselló) y Condado de Ampurias (Castelló de Ampurias).
  • Las conquistas de Ramón Berenguer IV: Daroca, Monreal del Campo, Montalbán, Caspe, Fraga, Lérida y Tortosa.

En cuanto al estatus jurídico, las nuevas adquisiciones de Ramón Berenguer IV (Daroca, Monreal del Campo, Montalbán) y Alfonso II (Teruel, Alcañiz) en los territorios aragoneses al sur de Zaragoza, que ya habían sido sometidos y después perdidos por Alfonso I el Batallador, fueron incorporados sin solución de continuidad al reino de Aragón y a sus usos y costumbres, obteniendo fueros y cartas de población heredadas de las de Jaca y Zaragoza.

En las conquistas de Tortosa y Lérida, Ramón Berenguer IV estableció sendos marquesados (marcas de frontera, al modo en que lo fue la Marca Hispánica franca), no dependientes ni de Aragón ni de Barcelona, sino de su propio patrimonio personal. A su muerte acabarán incorporándose a la Corona, tras algunas vacilaciones en el caso de la marca de Lérida —que en un principio perteneció a la diócesis de Roda-Barbastro—, pasando a formar parte de la órbita catalana.

Por lo que respecta a los condados independientes: Urgel, los Condados de Pallars (que carecían de frontera con el condado de Barcelona, separado de este casal por el poderoso condado de Urgel y estaba compuesto por el Pallars Sobirá o Alto Pallars y el Pallars Jussá o Bajo Pallars), Rosellón y Condado de Ampurias, cada uno se fue incorporando a la Corona de diversos modos desde segunda mitad del siglo XII hasta el siglo XIV. Algunos, como el de Urgel, mantuvo hasta 1314 una dinastía condal independiente, aunque desde el siglo XIII estuvo ligado por vínculos vasalláticos al rey de Aragón.[22]

  • El Condado del Rosellón estaba gobernado por el conde Gerardo II de Rosellón, quien murió sin sucesión en 1172. Su testamento estableció que el Rosellón «todo íntegramente lo doy a mi señor el rey de los aragoneses» por la fe depositada en su soberano Alfonso II, que fue inmediatamente reconocido como rey en Perpiñán.[23]
  • El Alto Pallars (Pallars Sobirá) se sitúa en la cuenca del Noguera Pallaresa y hace frontera con el valle de Arán, donde Pedro I había muerto interviniendo directamente en los asuntos de este territorio. En 1170 el conde de Bigorra Céntulo III se declaró vasallo de Alfonso II de Aragón, que le concedió a cambio en 1175 el título de Conde de Pallars Subirá y Conde de Ribagorza, recibiendo la tenencia del Valle de Arán.[24]
  • El Bajo Pallars era un condado independiente con mayores recursos económicos que el del Alto Pallás, y su conde Arnal Mir de Pallars Jussà fue feudatario de Alfonso I el Batallador y jugó un importate papel en la unión de la reina Petronila y el conde Ramón Berenguer IV. En 1193 Alfonso II de Aragón intervino militarmente en el Bajo Pallás en defensa de los intereses de los descendientes de Arnal Mir, quienes (como señala Martin Aurell en 1995)[25] lo entregaron a «tibi Ildefonso, venerabili rege Aragonis et comiti Barchinone et marchio Provincie» a causa de la fidelidad y homenaje prestados a Aragón desde hacía más de un siglo.[26]
  • El Condado de Urgel tenía una trayectoria histórica individual desde comienzos del siglo IX, en que Aznar I Galíndez, conde de Aragón, Cerdaña y Urgel inicia la dinastía de este condado autónomo, hasta el siglo XIV. Ermengol VIII de Urgel sufrirá una rebelión y a su muerte, su viuda Elvira de Subirats aceptó la concertación con Pedro II en 1209 de la boda de su hija Aurembiaix con el futuro Jaime I que no fructificó al perder la Batalla de Muret y caer el condado de Urgel como botín en manos de Geraldo de Cabrera, a quien Jaime I tuvo que pagar una cuantiosa suma para reincorporarlo a la órbita de la Corona ya en el siglo XIII. Posteriormente, a comienzos del siglo XIV, Ermengol X de Urgel acordó con Jaime II de Aragón nombrar a Teresa de Entenza heredera del condado de Urgel a cambio de casarla con el futuro Alfonso IV de Aragón. En 1314 muere Ermengol y se celebra el enlace, con lo que el condado de Urgel pasa a integrar la Corona a todos los efectos.
  • Finalmente, el Condado de Ampurias estuvo enemistado con el conde de Barcelona desde el enfrentamiento entre Ponce II de Ampurias y Ramón Berenguer III en la década de 1120, que impuso por su fuerza el dominio sobre el pequeño condado costero aunque reconociendo, nominalmente, la independencia de sus condes que, sin posibilidades de crecimiento, rodeados por los dominios barceloneses, mantuvieron su relativa autonomía pagando rentas al soberano de la Corona de Aragón hasta que en el siglo XIV se incorporan a ella definitivamente.[27]

La expansión de la Corona de Aragón

Armas de Aragón y Sicilia

Durante el gobierno de Ramón Berenguer IV y Petronila, fueron conquistadas las ciudades de Tortosa, Lérida, Fraga, Mequinenza, además de la sierra de Prades, Siurana, Miravet... Más tarde, bajo el reinado de Alfonso II de Aragón, fueron conquistadas más tierras hacia el sur llegando hasta Teruel, y con los tratados de Tudilén (1151) y Cazola (1179), la Corona fijaba su línea de expansión peninsular sobre los reinos musulmanes de Valencia y Denia.

Conquistas de la Corona de Aragón.

Para consolidar su monarquía, Pedro II de Aragón había comparecido ante el papa Inocencio III en 1205 con objeto de infeudar Aragón al papado. Sin embargo, poco después el rey aragonés se enfrentó a los intereses de Roma al defender a sus vasallos de allende los Pirineos ante la cruzada contra los cátaros fomentada por el Vaticano. La derrota de Pedro II en 1213 en la batalla de Muret obligó a la Corona a renunciar a sus intereses ultrapirenaicos y dirigir su energía expansiva hacia el Mediterráneo y el Levante.

Durante el reinado de Jaime I, tuvo lugar la conquista de Mallorca y del reino de Valencia, a lo largo de la primera mitad del siglo XIII. Culminada la conquista del antiguo reino de Denia hasta Biar, límite acordado en el tratado de Cazola, las tierras levantinas no fueron incorporadas a Cataluña o Aragón, sino que constituyeron un nuevo reino, el de Valencia, que adquiriría Cortes, fueros y moneda propia, el dinero de Valencia;[28] [29] y ejército integrado por milicias. Mantendría una dualidad lingüística entre los territorios más cercanos a la costa (habla catalana en su variante valenciana) y los del interior (habla aragonesa en su variante valenciana). Asimismo, tras la muerte del Conquistador, su testamento daría lugar al reino de Mallorca, que heredaba su hijo Jaime y que incluía las islas Baleares, los condados de Rosellón y Cerdaña y el señorío de Montpellier. Este reino de Mallorca resultaría políticamente muy inestable y sería finalmente anexionado nueva y definitivamente a la Corona por Pedro el Ceremonioso.

Desde finales del siglo XIII se inicia también la expansión de la Corona por el Mediterráneo. Jaime II retuvo el dominio conseguido por Pedro III de Aragón de la corona de Sicilia, aunque hasta el siglo XV se mantendría bajo el dominio de una rama secundaria de la dinastía. También Jaime II recibió la investidura de Cerdeña, que conquistaría en 1324 y supondría un duro esfuerzo de dominio a lo largo de los años siguientes. Asimismo, prolongó hacia el sur los límites del reino de Valencia, que mediante la Sentencia Arbitral de Torrellas (1304) alcanzarían los límites definitivos.

Se crea el Llibre del Consolat de Mar, un código de costumbres marítimas. Además, se fundan diversas compañías marítimas, como la Magnas Societas Cathalanorum, gracias a la cual en 1380 se conquistarían territorios como los ducados de Atenas y Neopatria, quedando bajo la soberanía de Pedro el Ceremonioso. De esta manera, la enseña de las cuatro barras de Aragón ondeó durante casi un siglo en la Acrópolis de Atenas.

Del cambio de dinastía a la unión dinástica con Castilla

Representación heráldica ecuestre del Rey de Aragón en el Armorial ecuestre del Toison de Oro, 1433-1435.

Tras la muerte de Martín el Humano, la Corona se vio abocada a un periodo de interregno, pues falleció sin haber nombrado sucesor. En ese contexto aparecieron cuatro candidatos al trono: el infante Fadrique de Luna, Luis de Anjou, Jaime de Urgel y Fernando de Antequera, cuyas aspiraciones al trono se dilucidaron mediante el Compromiso de Caspe. La dificultad de las instancias dirigentes de Aragón, Cataluña y Valencia para ponerse de acuerdo evidenció una grave división en el seno de la Corona, que evolucionaría de manera favorable a Fernando de Antequera, representante de la dinastía castellana de los Trastámara. Ayudó a ello la actuación del papa Benedicto XIII, que en pleno Cisma de Occidente optó por promover al candidato castellano para asegurarse el apoyo de la Corona de Aragón y de Castilla. De este modo en 1412, Fernando fue nombrado monarca de la Corona. La nueva dinastía persistiría en la política expansionista, de manera que su sucesor, Alfonso V, conquistaría el reino de Nápoles en 1443.

La boda entre Fernando el Católico e Isabel la Católica, celebrada en 1469 en Valladolid, y la alianza consiguiente permitió que los castellanos apoyasen la línea expansionista de Aragón en el Mediterráneo, al tener una política exterior común. El duque de Alba anexó el reino de Navarra a la corona de Aragón en 1512. Sin embargo en 1515 Navarra fue cedida a Castilla.

A pesar del matrimonio de los Reyes Católicos de 1469, ambos reinos conservaron en su mayor parte sus instituciones políticas y se mantuvieron las cortes, las leyes, las administraciones públicas y la moneda, aunque unificaron la política exterior, la hacienda real y el ejército. Reservaron para la Corona los temas políticos, y actuaron conjuntamente en política interior. La unión efectiva de los reinos de Castilla, Aragón y Navarra se hizo bajo el reinado de Carlos I, que fue el primero en adoptar, junto a su madre Juana, el título abreviado de Rey de las Españas y de las Indias.

Los territorios de la Corona de Aragón en la Edad Moderna

Constituciones catalanas basadas en los antiguos Usatges de Barcelona

La integración de los territorios de la Corona en la nueva monarquía estuvo marcada por el poder hegemónico de Castilla en el interior de la Corona. Su articulación tuvo lugar fundamentalmente a través de dos instituciones: el Consejo de Aragón y el virrey. El Consejo Supremo de Aragón era un órgano consultivo de la corona creado en 1494, a raíz de una reforma en la Cancillería Real realizada por Fernando el Católico, que desde 1522 estaría integrada por un vicecanciller y seis regentes, dos para el reino de Aragón, dos para el reino de Valencia y dos para el Principado de Cataluña, Mallorca y Cerdeña. Por su parte, los virreyes asumieron funciones militares, administrativas, judiciales y financieras.

Los conflictos se sucedieron a lo largo de los siglos modernos, hasta la Guerra de Sucesión. En 1521 tenían lugar las Germanías, un movimiento surgido en Valencia entre la incipiente burguesía, que se extendió hasta 1523. En Mallorca tuvo lugar en los mismo años otro movimiento similar, dirigido por Joanot Colom. La derrota final de los agermanados supuso una fuerte represión y la reafirmación del dominio señorial. Ya durante el reinado de Felipe II, tuvo lugar la prohibición a los súbditos de la Corona de Aragón de estudiar en el extranjero, frente al riesgo de contagio calvinista (1568). Asimismo, en 1569, todos los diputados de la Generalidad de Cataluña eran encarcelados bajo la acusación de herejía, en el marco de la disputa por el pago del impuesto del excusado.

En 1591, tuvieron lugar las Alteraciones de Aragón, producidas cuando el ex secretario del rey, Antonio Pérez, condenado por la muerte del secretario de don Juan de Austria, se refugió en Aragón acogiéndose al Privilegio de Manifestación ante lo que el monarca, por su parte, utilizó la jurisdicción del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición para apresarlo en la Aljafería, que fue asaltada por milicias zaragozanas, lo que provocó un enfrentamiento entre tropas armadas por la Generalidad y encabezadas por el Justicia Mayor, Juan V de Lanuza, y los Tercios reales. Finalmente, tras la victoria del rey, se hizo ejecutar al Justicia Mayor de Aragón y se convocaron cortes en Tarazona en 1592 que recortaron seriamente los privilegios aragoneses, suprimiendo la competencia de Defensa y Guarda del Reino que tenía la Generalidad e impidiendo que pudiera disponer de la recaudación obtenida del impuesto de Generalidades para convocar un ejército propio, con un «reparo» (reforma) que perseguía evitar que la Diputación del General excediera las competencias fiscales para las que había sido creada.

Durante el siglo XVII, las tensiones fueron bastante mayores. Las necesidades financieras de los monarcas les condujeron a intentar aumentar por todos los medios la presión fiscal sobre los territorios de la Corona de Aragón, cuyos fueros disponían importantes restricciones a las necesidades recaudatorias de la Monarquía Hispánica. Tras entrar en guerra la corona con Francia en 1635, el despliegue de los tercios sobre Cataluña generó graves conflictos que desencadenaron en la Guerra de los Segadores en 1640. Así, la Generalidad de Cataluña, planteando primero la formación de una República catalana, acabó por reconocer a Luis XIII de Francia como conde de Barcelona. El conflicto fue finalmente superado con la Paz de los Pirineos (1659), por la cual el condado del Rosellón y la mitad norte del condado de Cerdaña pasaban para siempre a dominio francés, y Francia devolvía a España la baja Cerdaña. A finales del siglo, en 1693 estallaría también en Valencia la Segunda Germanía, un alzamiento campesino y antiseñorial, en torno a la partición de las cosechas.

La extinción de la Corona de Aragón: la guerra de Sucesión

Real Cédula de Carlos III (1768)

A pesar de la gravedad del conflicto de los Segadores, Cataluña y el resto de territorios de la Corona preservaron sus fueros, instituciones propias, y autonomía política. Sin embargo, los sucesos posteriores a la proclamación de Felipe V como heredero de Carlos II marcarían el final del modelo institucional que los había caracterizado desde la Edad Media.

Cuando Carlos II murió y dejó finalmente como heredero a Felipe de Anjou, Felipe V, se formó en Europa la Gran Alianza de la Haya, entre Inglaterra, las Provincias Unidas y Austria, que no aceptaba la instauración de la monarquía borbónica en España y apoyaron las aspiraciones de otro aspirante, el archiduque Carlos de Austria. Jurado inicialmente como rey por las cortes catalanas (1701-1702) y aragonesas, en 1705, la fuerza de los partidarios del archiduque y los conflictos con el virrey Francisco Antonio Fernández de Velasco supusieron un nuevo alzamiento en armas de los catalanes, que apoyados por una flota inglesa, permitieron la entrada triunfal de aquel en Valencia y Barcelona. El año siguiente, el 1706, Carlos era proclamado rey en Zaragoza y en el reino de Mallorca. Sin embargo, los aliados no se vieron apoyados en su avances sobre Castilla, que les llevó a retirarse al reino de Valencia. La reacción bélica de Felipe V en el año siguiente supuso la conquista del reino de Valencia, tras la batalla de Almansa (25 de abril de 1707). Lo mismo sucedió con Zaragoza y el reino de Aragón, que fueron tomados rápidamente. Tras ello, Felipe de Anjou firmó los Decretos de Nueva Planta con los que suprime los fueros, el derecho civil, y las fronteras arancelarias de dichos reinos. Una nueva penetración de los aliados en Castilla en 1710, a pesar de su entrada en Zaragoza y Madrid, no le sirvió tampoco para consolidar sus posiciones y les obligó a abandonar Aragón. En septiembre el archiduque se marchó de Barcelona y mediante el tratado de Utrecht de 1713, las tropas aliadas dejaron progresivamente Cataluña. El 11 de septiembre de 1714 fue tomada Barcelona y en 1715 la isla de Mallorca.

El triunfo borbónico fue seguido de una radical remodelación del sistema político de los reinos de la corona, asimilándolos al régimen de Castilla mediante los Decretos de Nueva Planta. Se situó al frente del territorio a un capitán general, un sucesor del antiguo virrey que ya no se sometería a las leyes propias. Los intendentes pasaron a controlar el sistema finaciero y hacendistico, donde se aglutinaron los tradicionales ingresos de la Corona, los antiguos impuestos de las diputaciones del general y los nuevos impuestos aplicados para equiparar la carga fiscal de los territorios conquistados a la de los castellanos. La Nueva Planta trajo también la supresión de las autonomías municipales, de todo tipo de asamblea municipal, la designación de todos los cargos por autoridad real y la sustitución de las unidades administrativas por corregimientos. El castellano pasó a ser el único idioma de la Real Audiencia, en detrimento del uso de las lenguas vernáculas (catalán y aragonés) en la administración de justicia de la Monarquía borbónica. Todo este conjunto de reformas suponía la homogenización de Castilla y Aragón en el marco de un nuevo estado absoluto casi centralizado. Solo el Valle de Arán, las provincias vascongadas y Navarra, partidarios de Felipe de Anjou, mantendrían sus particularidades.

Los reyes de la casa de Borbón siguen empleando en sus títulos, entre muchos otros, los de rey de Aragón, de Valencia, de Mallorca, Conde de Barcelona, Señor de Molina, etc. y, al igual que los Austrias, la forma abreviada de Rey de las Españas y de las Indias.

Numeración de los monarcas

La numeración de los monarcas varía, en función del territorio al que se hace referencia. De ahí que algunos historiadores actuales prefieran hacer uso de los alias para hacer referencia a ellos: Pedro el Católico (Pedro II de Aragón), Pedro el Ceremonioso (Pedro IV), Alfonso el Magnánimo (Alfonso V). Sin embargo, el ordinal remite al título real principal, que era el de Aragón, como declara incluso el citado Pedro IV:

...y como quiera que los reyes de Aragón están obligados a recibir la unción en la ciudad de Zaragoza, que es la cabeza del Reino de Aragón, el cual reino es nuestra principal designación, [—esto es, apellido— (N. del A.)] y título, consideramos conveniente y razonable que, del mismo modo, en ella reciban los reyes de Aragón el honor de la coronación y las demás insignias reales, igual que vimos a los emperadores recibir la corona en la ciudad de Roma, cabeza de su imperio.
Apud Domingo J. Buesa Conde, El rey de Aragón, Zaragoza, CAI, 2000, págs. 57-59. ISBN 84-95306-44-1.

Soberanos de la Corona de Aragón

Casa RealEntronque / ramaAragónCondado de BarcelonaValenciaMallorcaCerdeñaSiciliaNápoles
Casa de AragónCasa de Aragón-Barcelona
Alfonso II el Casto o el Trovador (1164-96)     
Pedro II el Católico (1196-1213)     
Jaime I el Conquistador (1213-76)   
Pedro III el Grande (1276-85)Jaime II de Mallorca (1276-1285)  
Alfonso III el Franco (o el Liberal) (1285-91)Jaime el Justo (1243-1311) 
Jaime II el Justo (1285-1327)(1285-1295)   
Jaime II de Mallorca (1295-1311)Federico III de Sicilia (1296-1336) 
Sancho I de Mallorca (1311-1324) 
Alfonso IV el Benigno (1327-36)Jaime III de Mallorca (1295-1311)  
Pedro IV el Ceremonioso (1336-87)Pedro II de Sicilia (1337-1342) 
Luis de Sicilia (1355-1377) 
María de Sicilia (1377–1401) 
Juan I el Cazador (1387-96) 
Martín el Joven (1395-1409) 
Martín I el Humano (o el Eclesiástico) (1396-1410) 
Interregno - Compromiso de Caspe 
Casa de AragónCasa de Aragón-TrastámaraFernando I de Antequera (1412-1416) 
Alfonso V el Magnánimo (1416-1458)
Juan II el Grande (1458 - 1479)Fernando I de Nápoles (1458-1494)
Fernando II el Católico (1479-1516)
Fernando II de Nápoles, o el Fernandito (1495-1496)
Federico IV de Nápoles (1496-1501)
 
(1504–1516)
Casa de HabsburgoCasa de AustriaCarlos I de Aragón (1516-1556)
Felipe I de Aragón (1556-1598)
Felipe II de Aragón (1598-1621)
Felipe III de Aragón (1621-1665)
Carlos II de Aragón (1665-1700)
Desaparición de la Corona de AragónGuerra de Sucesión entre Felipe de Anjou y el Archiduque Carlos de Austria (1702-1715)
Felipe IV de Aragón (1700-1746).
Los territorios de la Corona de Aragón, pierden sus fueros y privilegios por los Decretos de Nueva Planta y pasan a regirse por la leyes de Castilla.
Emperador Carlos VI (en Cerdeña hasta 1720, Sicilia hasta 1734, y Nápoles hasta 1735)

Historia del Condado de Aragon

Historia del Condado de Aragon

 

Condado de Aragón

San Adrián de Sasabe, primera sede episcopal de Aragón.

El Condado de Aragón se origina en una franja montañosa en el Pirineo central que comprendía los valles de Ansó, Hecho y Aragón. Se crea por un interés manifiesto por la dinastía franca carolingia de proteger su frontera meridional de los posibles ataques musulmanes.

Aunque en un principio estuvo bajo la tutela de los reyes francos, conforme iba extendiéndose por la cuenca alta del río Gállego se desprendía del amparo carolingio y se acercaba al núcleo de gobernantes de Pamplona.

Al afeminarse la línea sucesoria de los condes de Aragón y haber casado a la heredera del condado, Andregoto Galíndez, con el rey de Pamplona García Sánchez I hace que el hijo de ambos, Sancho Garcés II lleve los títulos de rey de Pamplona y conde de Aragón (925).

Estos títulos irán unidos hasta el año 1035 en que el testamento de Sancho el Mayor, divide estas tierras entre sus hijos y aunque Ramiro I de Aragón hereda con título de conde supeditado al rey García de Pamplona. Ramiro acabó conquistando a su hermanastro Gonzalo el Condado de Ribagorza, y posteriormente, actuó con independencia del vasallaje de jure que debía al rey pamplonés, actuando desde ese momento como rey en Aragón. Su hijo Sancho Ramírez firmó como «hijo de rey» y la historiografía posterior consideró a Ramiro como primer rey de Aragón con el nombre de Ramiro I de Aragón e iniciador de su dinastía, llamada Ramírez o Aragón.

Política

A pesar de la conquista de la Península Ibérica por el islam, los valles pirenaicos del territorio que actualmente conforma Aragón, no fueron dominados efectivamente por la administración andalusí. Ya a mediados del siglo VIII, tras la victoria de Poitiers, el condado de Aragón nace como una de las demarcaciones carolingias que fueron establecidas por los francos como parapeto contra las agresiones musulmanas, puesto que la civilización mahometana dominaba en esta zona las cercanas ciudades de Huesca y Boltaña. Al norte, en un territorio delimitado por el cauce del río Aragón y Aragón Subordán, y en los valles de Hecho, Ansó y Canfranc, surge a principios del siglo IX un territorio regido por Oriol (Aureolus), un magnate oriundo de la región que falleció en 809. A su muerte se produjo un vacío de poder que fue aprovechado por los musulmanes para recobrar plazas fuertes a la Marca Hispánica.

Río Aragón Subordán en el valle de Hecho.

Oriol fue sucedido por Aznar Galíndez I bajo la protección de Carlomagno, para, en 828 lograr el magnate autóctono la independencia, al titularse ese año «conde de Aragón», iniciando una dinastía que, en esta primera mitad del siglo IX, extendió su dominio por los valles de Tena y Aurín, y la cuenca alta del Gállego.

Sin embargo, el gobierno de Aznar Galíndez I no tuvo continuidad, puesto que su yerno, García el Malo, hijo de Galindo Belascotenes y casado con Matrona, se rebeló contra Aznar (posiblemente debido al afán expansionista del conde de Aragón sobre el alto Sobrarbe, regido por García el Malo) y lo desposeyó, hasta que el hijo del expulso conde aragonés, Galindo Aznárez I, aparezca de nuevo al frente del Condado de Aragón con la ayuda de García Íñiguez de Pamplona.

Posteriormente se unen el condado de Ribagorza —hasta el 872 dependiente de los condes de Tolosa, actual Toulouse— y el de Aragón, y juntos, tras conquistar la ciudad islámica de Boltaña y comunicar los territorios a través del Sobrarbe, formarían el futuro reino de Aragón.

En el siglo X Andregoto Galíndez, hija de Galindo II Aznárez, casó en con el rey de Pamplona García Sánchez I. Su hijo Sancho Garcés II, heredó en 970 el reino de Pamplona y el condado de Aragón de su madre, lo que indica que ya el derecho aragonés permitía la transmisión por vía femenina de la Casa.

Pamplona y Aragón estarían unidos hasta el año 1035, año en que, a la muerte de Sancho III el Mayor, este dio el condado de Aragón a su hijo Ramiro, quien acabaría consiguiendo independizarse del vasallaje de jure que debía prestar a su hermano García Sánchez III de Pamplona y estableciendo, al sucederle su hijo Sancho Ramírez, el reino de Aragón.

Religión y cultura

El primer obispado del condado de Aragón se documenta en el siglo X, en que el obispo de Pamplona consagra a Ferriolo en la sede de San Adrián de Sasabe. Hasta ese momento los aragoneses dependerían del obispo mozárabe de Huesca o del de Pamplona.

Mucho más relevantes fueron, en cambio, los monasterios, que articularon no solo los aspectos eclesiásticos, sino que supusieron una parte importante de la articulación política, social y cultural del territorio.

San Pedro de Siresa, foco cultural del condado aragonés.

De hecho, el condado aragonés se constituye en torno al monasterio de San Pedro de Siresa fundado hacia 820 y regido por el abad Zacarías, que fue un importante centro cultural y contaba con más de un centenar de monjes. En una visita realizada en 852, Eulogio de Córdoba transmite noticias a Guilesindo de Pamplona sobre el esplendor del monasterio y de su biblioteca.

Encontró San Eulogio en este cenobio obras de tradición grecolatina que no habían sido conservadas en la Córdoba del Califato. Entre la poesía latina encontró obras de la importancia de la Eneida —obra cumbre de la literatura épica latina—, sátiras de Flaco y Juvenal, opúsculos de Porfirio, epigramas de Adhelelmo, odas de Horacio y fábulas de Aviano, que a partir de ese momento formaron parte de la cultura hispánica andalusí. También menciona monumentos de la patrística, como La ciudad de Dios de Agustín de Hipona, himnos católicos y otras obras didácticas.

Durante los siglos IX y X en Aragón se desarrollaron varios conjuntos monásticos que incorporaban a sus dominios territorios de notable extensión. Se observan en sus reglas tradiciones tanto mozárabes como carolingias. No fue hasta el siglo XI, con la fundación del reino, que la influencia del rito romano penetraría en las abadías aragonesas. En sus scriptoria se utilizó tanto la letra carolina como la visigótica, y las fábricas de sus iglesias combinarán elementos mozárabes de influjo musulmán con otros rasgos prerrománicos de difícil adscripción.

Otros monasterios importantes fueron el de San Martín de Cillas (primera mitad del siglo IX), situado al comienzo del valle de Ansó a poca distancia de la foz de Biniés; el de San Julián de Navasal, en la cabecera del valle de Hecho; San Martín de Cercito (valle de Acumuer, al oeste del condado aragonés) y el citado San Adrián de Sasabe, fundado a fines del siglo IX y sito en el valle de Borau, que a comienzos del siguiente siglo se convertiría en la primera diócesis de Aragón.

Economía y sociedad

La economía del condado de Aragón fue en sus inicios de gran austeridad, basada en el cultivo del trigo, cebada y avena en las pocas extensiones de cultivo que proporcionaban los angostos valles de la geografía pirenaica, y en la actividad pecuaria, principal recurso de esta economía de subsistencia. También hubo cultivos de vid, aunque escasos debido al inconveniente clima de montaña, ya que la religión cristiana tiene el vino como un producto básico en su tradición cultural.

Caballeros en un Beato hispano del siglo X.

La actividad industrial estaba reducida a las necesidades indispensables de la población, con una producción artesana y familiar dedicada sobre todo a útiles de trabajo y enseres personales.

La población vivía en pequeñas aldeas e incluso en viviendas aisladas, así como al abrigo de fortalezas y monasterios. Solo a fines del siglo IX comienzan a vislumbrarse ciertos cambios, debido a la evolución de la economía de guerra en la zona fronteriza. Conforme la pujanza bélica se acrecienta, surgen señores que dominan castillos y poblaciones amuralladas, dando origen a una jerarquía social de carácter típicamente feudal. Estos magnates acumularon tierras y hombres y dotaron de un impulso económico a los territorios que defendían y explotaban; similar actividad desarrollaron los monasterios, cuyos monjes no repararon, en muchas ocasiones, en mantener y promover la actividad bélica.

De cualquier modo, en el Condado de Aragón predominaron los pequeños propietarios, y una sociedad en la que, exceptuando a unas decenas de magnates, no había excesiva diferencia socioeconómica entre los hombres. Fue más notable el desarrollo del feudalismo en los condados orientales de Ribagorza y Pallás, muy influidos por el condado de Tolosa y la monarquía franca. En todo caso, la evolución del siglo X hacia el XI está en la línea de una mayor importancia de la actividad guerrera, con el consiguiente aumento de señores y caballeros, que con la creación del Reino de Aragón constituirían una base de barones y ricoshombres que dominarían durante toda la Edad Media la política aragonesa.

No se puede hablar de establecimientos urbanos en los siglos IX y X. Jaca, que sería la primera ciudad del reino, no experimentó su notable crecimiento hasta el siglo XI, con la creación de la catedral, su papel como encrucijada en el camino de Santiago, y la recepción del Fuero de Jaca que permitió atraer a un importante número de hombres libres burgueses, mercaderes y artesanos, ya con el decidido apoyo de los primeros reyes de Aragón.

Historia del Reino de Aragon

Historia del Reino de Aragon

Reino de Aragón

Reino de Aragón
Regnum Aragoniae
Reino d’Aragón
Regne d’Aragó

Reino de la Corona de Aragón y parte de la Monarquía Hispánica

Bandera1035–1707

Bandera de España 1701-1748.svg

BanderaEscudo
BanderaEscudo
Ubicación  de Reino de Aragón
CapitalZaragoza
Idioma principalLatín, navarroaragonés, aragonés, castellano
Otros idiomasCatalán
ReligiónCatólica
GobiernoMonarquía
Rey 
 • 1035 - 1063Ramiro I
 • 1700 - 1746Felipe IV (V de Castilla)
Historia 
 • Establecido1035
 • Disolución1707
Superficie
 • 123939.000 km2
Población
 • 1239 est.50.000 
     Densidad1,3 hab./km²

El Reino de Aragón (en aragonés: Reino d’Aragón) nace en 1035, por la unión de los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza en la figura de Ramiro I. Se prolongará hasta 1707, cuando Felipe IV (V de Castilla) promulgó los Decretos de Nueva Planta, por los que el reino se integra en el Reino de España.

Historia

Origen: El condado de Aragón

Condado de Aragón

El matrimonio de Andregoto, hija del conde Galindo II de Aragón, con el rey García Sánchez I de Navarra, condujo a la unión de ambas entidades políticas. El Condado de Aragón siguió conservando una cierta personalidad que había sido reforzada por el renacer de la vida monástica y la organización de una diócesis coincidente con los límites del condado.

En 1035 Ramiro, hijo natural de Sancho III de Navarra y baiulus del condado de Aragón, incorpora a este los condados de Sobrarbe y Ribagorza, que habían estado bajo el gobierno de su hermanastro Gonzalo. Desde el reinado de su hijo Sancho Ramírez fue considerado el primer rey de Aragón.

La legitimidad de la nueva dinastía la logran los reyes Sancho Ramírez y Pedro I al poner el reino bajo el amparo de la Santa Sede. Así el Reino de Aragón pasó a formar parte de los estados occidentales.

Siglos XI-XII: Expansión del reino

La proyección de Ramiro I para la reconquista de la tierra llana se vio sobrepasada con creces por sus inmediatos sucesores.

El rey de Navarra, Sancho Garcés IV de Navarra fue asesinado por su propio hermano en 1076. Los navarros, no queriendo ser gobernados por el fratricida, eligieron por su rey a Sancho Ramírez de Aragón, quien incorporó la corona de Pamplona a la de Aragón.

El rey Pedro I de Aragón (1070 - †1104) conquistó Huesca en 1095, después de derrotar a Al-Musta’in II de Zaragoza en la batalla del Alcoraz. En 1101 tomó Barbastro y Sariñena, y tomó Tamarite de Litera en 1104. En este reinado se reglamentó el fuero de los infanzones.

Durante el reinado de Alfonso I el Batallador (1104 - †1134), en el curso de pocos años, con la valiosa colaboración de la nobleza feudal del sur de Francia, se conquistaron los núcleos urbanos y comarcas de Tudela, Tarazona, Calatayud, Daroca y Zaragoza. La toma de Zaragoza supuso la caída de todo el reino moro, cambiando de este modo radicalmente las estructuras sociales y los horizontes espirituales del pequeño reino de montañeses que hasta entoncés había sido Aragón.

El rey Batallador, quien había fracasado en su matrimonio con la reina castellana Urraca, no tuvo descendencia. En su singular testamento, hizo herederas de sus reinos a las órdenes militares, pero nadie pensó en cumplir dicho testamento y los nobles aragoneses, reunidos en Jaca reconocieron a su hermano Ramiro como rey. Por su parte, los navarros eligieron a García Ramírez, lo que determinó la separación del Reino de Navarra. En ese momento Ramiro era obispo de Roda-Barbastro, pero tuvo que ocupar el trono.

La Corona de Aragón

«Aragonés» o medio real de plata de Fernando el Católico. Acuñado en 1484 en Zaragoza (reverso con las iniciales I C flanqueando las armas de Aragón, donde la C, marca de ceca, remite a Çaragoça). Tuvo el valor de un sueldo jaqués, lo que la convirtió en la figuración de la unidad de la moneda de cuenta aragonesa tradicional, que no fue amonedada nunca.
Corona de Aragón

En 1137 Ramiro II el Monje pactó los esponsales de Petronila de Aragón, con Ramón Berenguer IV de Barcelona. El hijo de ambos, Alfonso II, fue el primer rey en heredar los títulos de rey de Aragón y conde de Barcelona.

Fernando II (1479 - 1516) casó con Isabel I de Castilla. El nieto de ambos, Carlos I, heredó ambas coronas, pero manteniendo cada una sus propias leyes y costumbres.

En 1700, con la muerte de Carlos II, fue proclamado rey de Castilla y de Aragón Felipe de Anjou, lo que provocó la Guerra de Sucesión Española. La Corona de Aragón se puso de parte del archiduque Carlos, el otro pretendiente. Cuando la guerra terminó, Felipe V promulgó los Decretos de Nueva Planta, por los que quedaban abolidas todas las instituciones de la Corona de Aragón, que desaparecía y se integraba en un Estado moderno y centralizado.

La Cerretania o Sirtaniya

La Cerretania o Sirtaniya

 

La Cerretania o Sirtaniya

Denominacion de la comarca aragonesa del Pirineo, alrededor de los rios Gallego y Cinca.

Esta denominacion desaparece de las fuentes a partir del Siglo X cuando aparece el Condado de Aragon

En lo que se refiere al actual territorio aragonés puede decirse que, a tenor de lo que informan las fuentes antiguas, el territorio de las Cinco Villas estuvo, en un determinado momento, bajo hegemonía política de los vascones, cuyo territorio entendían los antiguos estaba dividido en dos zonas principales: el «saltus» o tierras de montaña (principalmente, al norte de Pamplona) y el «ager» o tierra llana, en el cual se incluirían las zonas noroccidentales de las actuales provincias de Huesca (con la Jacetania) y Zaragoza, hasta la ribera derecha del Ebro, incluyendo poblaciones como las antecesoras de Alagón o la riojana Calahorra y, por el este todas las tierras hasta el río Gállego. Debe, no obstante, repararse en que las fuentes antiguas conservadas, que relatan, básicamente, acontecimientos ocurridos durante la conquista romana de Hispania (entre el 218 a.C. y el cambio de Era, aproximadamente) fueron redactadas en muy distintas fechas y se refieren también a sucesos de datación muy disímil. El gran geógrafo alejandrino Ptolomeo incluyó, en efecto, como ciudades pertenecientes a los vascones, entre otras, las de Alagón, Jaca y Ejea (es decir, Alauona, Iacca y Setia o Segia). Pero las famosas Tablas del sabio griego fueron redactadas en una época muy alejada de la conquista (en el siglo II d.C.) y son simples enumeraciones de localidades con expresión de su latitud y longitud. Cabe de ellas deducir que, en el momento en que Ptolomeo redactó su estudio y según las fuentes que consultara, esas localidades dependían políticamente de los vascones. Pero no otra cosa. En cambio, escritos etnográficos y descriptivos de fecha anterior, en los que se incluyen extensas descripciones de Iberia (como los de Estrabón o los de Plinio) obtenidas de documentos más cercanos a la época que nos interesa, no ofrecen duda sobre varios particulares. Tras una revisión científica parece haber quedado claro, por ejemplo, que buena parte de los territorios del Pirineo central y occidental (en los que, entre otros pueblos, habitaban también los vascones) estuvieron ocupados por un pueblo del que nuestra escasez de datos nos permite hablar muy poco y que, por esta causa, suele ser omitido en las descripciones científicas: el cerretano. El tópico científico al uso acepta la coincidencia básica entre el territorio cerretano y la Cerdaña histórica. Pero tanto Estrabón (en el cambio de Era) cuanto Plinio el Viejo informan con claridad de que los cerretanos se extendían por la mayor parte del Pirineo, antes de que comenzase la zona ocupada por los vascones. Del estudio de los textos de estos dos autores clásicos y del de las fuentes altomedievales (musulmanas y francas, que mencionan una Sitaniya y una «terre Certaine», reductibles ambas a Cerretania, vecinas de los «baskunis» o vascones), estudiosos como Lévi-Provençal, Ubieto o Martín Duque dedujeron que, en los siglos oscuros de nuestro medievo, los valles navarro-orientales y aragoneso-occidentales del Pirineo podían estar ocupados por esta rama occidental de los cerretanos (a quienes, acaso, corresponderían territorios de Ansó y de Echo). Aparte los problemas que una tesis tal viene a resolver desde el punto de vista de la fijación del poblamiento, aceptarla, como parece discreto, conlleva implicaciones importantes. Los cerretanos orientales eran un pueblo de lengua ibérica y no vascónica. En localidades cerretano-francesas como La Tour de Carol, Oceja y Err, han sido halladas inscripciones rupestres llevadas a cabo en escritura y lengua ibéricas, de acuerdo con el estudio que lleva actualmente a cabo J. Untermann. Como quiera que apenas nada sabemos del estado de la lengua antecesora de la vasca en ese tiempo y que existen rasgos fonéticos comunes al vasco y al ibérico (lengua ésta que puede leerse, pero no traducirse), tales como la ausencia del sonido efe, la falta de los grupos consonánticos compuestos de muda más líquida, etc., resulta particularmente difícil determinar cuándo un nombre de lugar que hoy se explica por el vascuence procede, en esos territorios pirenaicos, del antecesor o antecesores de éste o del ibérico o de hablas compuestas, ni cuál es exactamente el contenido del léxico eúscaro en iberismos (pues es claro que, del mismo modo que el vasco actual contiene celtismos, latinismos, hispanismos o galicismos abundantes, ha de contener iberismos, si bien éstos, por el momento, son prácticamente imposibles de detectar. Pero tratándose de dos lenguas que fueron vecinas durante siglos y correspondiendo la ibérica a un área cultural más potente y expansiva, sería anómalo del todo que tales préstamos no se hubieran verificado ni, además, que la dirección dominante de los influjos fuera del íbero al vasco antiguo y no al revés). Según parece, pues, deben ser tenidas en cuenta, frente a las hipótesis más panvasquistas para el Pirineo, pueblos como el cerretano y el iacetano. Acerca de este último, en los tiempos iniciales de la conquista, no puede caber duda alguna, toda vez que Estrabón, muy bien informado sobre Iberia (y cuya parte redactó, revisándola, una segunda vez), certifica no sólo la existencia como entidad política individualizada de los iacetanos, sino que precisa incluso sus confines meridionales. En las tierras subpirenaicas zaragozanas hasta el Ebro y en territorio sobre el que tardíamente ejercieron su dominio político, de acuerdo con Roma, los vascones, habitaron asimismo pueblos de otra estirpe cultural (con notable cantidad de elementos indoeuropeos), tales como los suessetanos y los celtíberos , los cuales resultaron dominados a causa de su resistencia comprobada a la ocupación romana y sujetos por los gobernadores de la República en Hispania a los vascones. Serán, pues, los suyos territorios en donde es lo más probable que se dé un gran hibridismo cultural, con mezcla de aportes ibéricos, vascónicos y célticos o celtibéricos, y así parecen ir probándolo las pocas excavaciones sistemáticas que se desarrollan en la zona ribereña del Ebro y, desde luego, los testimonios epigráficos, en los que hay abundancia de nombres ibéricos y célticos y escasa presencia de antropónimos que podamos clasificar como netamente «vascos». Es, a este respecto, bastante claro el caso de Calagurris (la actual Calahorra), cuyo nombre presenta un radical cala- nada vasco y sí muy abundante en la toponimia alpina. Las fuentes grecorromanas que se ocupan de las luchas en estas áreas (y en Calagurris, en concreto) no mencionan para nada la presencia de vascones (a los cuales se alude por primera vez tan sólo en tiempos de Sertorio, en el año 77-76 a.C.), mientras que en sucesos poco posteriores al año 200 sí citan a otros pueblos (entre ellos, a los celtíberos) que ocupaban estos territorios por entonces. Las monedas acuñadas por Calahorra en torno al año 100 a.C. muestran, además, un rótulo en el que el nombre de la ciudad aparece mencionado en lengua celtibérica, según acuerdo general de los lingüistas. Un argumento que añadir es el de que, mientras los vascones aparecen como positivamente aliados del senado romano en los tiempos de la guerra entre Sertorio y Pompeyo (años 70 a.C.), los calagurritanos ofrecieron tal resistencia que su hambruna y su canibalismo durante el asedio (la «fames Calagurritana») dieron lugar a un tópico de la literatura romana universalmente conocido. Sin tantos datos, algo parecido hubo de suceder, culturalmente, en la antigua Ejea de los Caballeros, Segia, cuyo nombre (que equivale a Victoria) es puramente céltico y entre cuyos habitantes de nombre conocido (dieciocho) en el año 90 a.C. (Bronce de Áscoli) no hay uno solo que lo tenga vascónico. Esto es: las ciudades que, como Calagurris o Segia, estuvieron, a partir de determinada fecha, bajo la autoridad de los vascones, no por ello parece que mudaran radicalmente su tradición indoeuropea, a lo que se sumaría la influencia de la vecina y dinámica cultura ibérica, limitánea con el río Gállego, y cuya influencia lingüística se detecta bien en el Alto Aragón y en la misma Ejea. La antroponimia lleva a una conclusión parecida: la zona que, en el siglo I a.C., era fronteriza entre el dominio político vascón y el territorio ibérico (de sedetanos e ilergetes, sobre todo) y celtibérico, fue escenario de una notable mezcla de culturas entre las cuales es la menos perceptible, tanto en lo material cuanto en lo lingüístico, la que considerarse como de tipo vascoide: así, aun comprobándose la existencia de un antropónimo de carácter vasco en Salduie (Zaragoza), dos pobladores de la antigua Alagón (bajo dominio vascón en el 87 a.C.) presentan en esa fecha nombres típicos de la onomástica ibérica. Es cierto que los sistemas onomásticos no permiten fácilmente hablar del sistema lingüístico de sus portadores, pues no son lo mismo los nombres propios que el léxico de una lengua. Pero hasta donde sabemos en la Antigüedad eran muy abundantes los nombres significativos y el testimonio, a falta de otros que algún día puedan dar más luz sobre el particular, ha de ser convenientemente valorado. • Bibliog.: VV. AA.: IV Simposio de Prehistoria Penínsular, Pamplona, 1966. Tovar, A.: Mitología e ideología sobre la lengua vasca, Madrid, 1980. De Hoz, J.: «El euskera y las lenguas vecinas antes de la romanización», Euskal Linguistika eta Literatura: Bide Berriak, Bilbao, 1981, pp. 27-56.

 

Ranchera del reino de Oregon

Ranchera del reino de Oregon

 

RANCHERA

CORONA DE ARAGON

San Valero y el Angel Custodio

San Valero y el Angel Custodio

 

San Valero y el Ángel, una relación difícil
La puerta del Ayuntamiento está flanqueada por las estatuas de San Valero y el Ángel Custodio. El motivo da pie al autor, Juan Marín, a evocar un diálogo sobre la historia y la actualidad, mientras sopla el cierzo.

En esta fría mañana de enero, muy pocas personas transitan por la plaza del Pilar: una familia de Sabadell, un grupo de ingenieros gallegos, asistentes a un congreso, y algún solitario despistado. Todo parece tranquilo. Parece, pero no es así: en la puerta principal del Ayuntamiento de Zaragoza, San Valero y el Ángel Custodio de la Ciudad van a iniciar una de sus acostumbradas discusiones. Que no se llevan bien, que entre ellos dos hay sus más y sus menos, es cosa sabida. Uno de los policías locales que vigilan la entrada me comenta, un poco harto, que siempre están de pique: "Parecen críos, créame."

Una ráfaga de viento le mueve la mitra a San Valero: "¡Dichoso cierzo! ¡Qué frío hace siempre en esta plaza! Y yo ya no tengo edad para estar tanto rato de pie, en plan estatua viviente. Preferiría estar en Barcelona, en las Ramblas; es más distraído y el clima es más suave." En vez de callarse, que es lo que tenía que hacer, el Ángel, se pone a pinchar: "Hombre, cómo no, ya te estás quejando. ¿Pero de qué te quejas, si vives como un obispo? Como residencia permanente, tienes la catedral románica de Roda de Isábena, en el mejor de los paisajes; para los fines de semana, está a tu disposición la bonita iglesia de Enate, que dedicaste a SanVicente, a orillas del Cinca, rodeada de viñedos…" San Valero le interrumpe: "Pensar que estaba yo en Roda y no me enteré del robo de la silla de San Ramón. Aquel Erik 'el belga' era un ladrón muy profesional, no hizo ni un ruido. Y yo tengo un sueño muy profundo, tengo que reconocer." Pero el Ángel no ha terminado de hablar: "Y si se visita La Seo (o la catedral de San Salvador, como te gusta decir a ti) se puede comprobar que no tienes de qué lamentarte. Hay un busto relicario en el Altar Mayor, con tu cráneo dentro, todo en plata…" San Valero protesta: "Sí, pero la cara del busto no es la mía, que es la del Papa Luna; esa impostura me ha dolido mucho siempre". "¡Pero mira que eres tiquismiquis! ¡Qué más dará lo de la cara! ¿Y qué me dices del esplendor de tu capilla? Tú, en el centro, entre columnas salomónicas y con un diácono a cada lado: San Lorenzo a tu derecha y San Vicente a tu izquierda…" En este momento, San Valero se pone muy serio, con la mirada acuosa y perdida.

"Oye, ¡no me nombres a Vicente, por favor! A pesar de haber pasado casi 1.700 años, todavía no he podido quitarme este sentimiento de culpa por todo lo que le pasó. Pobre Vicente, era tan brillante en todo, tan responsable… Como yo era muy tartamudo, él se consideraba en la obligación de interpretar mis palabras en los sermones, de hablar por mí. Entonces, a principios del siglo IV, sin prensa ni radio ni nada, la elocuencia era muy importante para extender la doctrina. Vicente era un orador ardoroso, que convencía. Cuando se desató aquella furia contra los cristianos bajo el emperador Diocleciano y nos detuvieron, el gobernador Daciano, aquel mal hombre, la tomó con él en los interrogatorios y le torturó hasta morir. Tuvo un martirio atroz, y todo por contestar en mi nombre, por mi culpa."

Hay un largo silencio. En ese momento una mujer se acerca al santo y le pide que interceda por ella en su banco, que le van a quitar el piso, que ella y su marido están en el paro, que deben cuatro meses de hipoteca. Cuando se va, San Valero suspira con desaliento: "No creo que pueda hacer nada. La banca es muy laica, si lo sabré yo. Así, como el de ella, me llegan casos todos los días y me veo impotente en estas situaciones."

El Ángel sigue pensativo: "¿Qué te crees, Valero, que yo no me siento culpable a veces de que las cosas no salgan bien? Mi obligación es proteger la ciudad de plagas y catástrofes pero no he podido evitar las subidas exageradas de tributos municipales ni el botellón ni la suciedad constante. Además, tengo a mi cargo a 715.000 ángeles de la guarda y no sabes lo que es organizar tanta tropa. La semana pasada murieron atropellados tres peatones. Y es que los ángeles jóvenes, los nuevos que se incorporan, no están a lo que hay que estar; van siempre despistados, con los auriculares puestos, escuchando su música". San Valero, que es un melómano, le interrumpe: "Escuchando a Haendel, a Bach, a Monteverdi. ¡Déjales que lo hagan, son jóvenes!" El Ángel se ríe: "Ya, a Haendel. Ni saben quién es. Escuchan a Nena Daconte, a U2, a Melendi… y luego pasa lo que pasa."

San Valero pone cara de no entender y cambia de tema: "Oye, Custodio, ¿te has creído eso de que Antonio López va a pintar una cúpula del Pilar?" "Ojalá. Ese artista tiene la gracia de Dios pero no sé, los del Arzobispado siempre ponen muchas pegas a todo; fíjate lo que pasó con Jorge Gay y su proyecto. Se quedó en agua de borrajas." San Valero piensa en voz alta: "Yo creo que López me pintará a mí, al fin y al cabo soy el patrono de Zaragoza." El Ángel suelta una carcajada: "Sí, está pensando en eso, en pintarte allí arriba mientras te comes el roscón, jaja. Por cierto, Valero, las sorpresas de tus roscones cada vez son más cutres, no es por ofender."

El santo no se enfada y sonríe: "Ahora me estoy acordando de que íbamos mi diácono Vicente y yo, encadenados los dos, camino de Valencia y no podíamos más de sed y los soldados se negaban a darnos de beber. Cuando llegamos a Daroca, él dio tres golpes en el suelo con mi báculo y surgió un chorro de agua. Todavía está en ese mismo sitio, en la calle de la Gragera, el llamado pozo de San Vicente. Qué gente más maja la de Daroca, cuánto ánimo nos dieron."

"Oye, me lo has contado mil veces. A ver si cambias de prodigio," le suelta el Ángel Custodio, que siempre está un pelín celoso cuando se acerca el 29 de enero. Y eso es que no le gusta nada pasar a un segundo plano. Al fin, va a resultar que santos, ángeles y humanos… primos hermanos. Y sigue soplando el cierzo.