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PARTIDO Nº 597 ESPAÑA - ESCOCIA (11-10-2011)

PARTIDO Nº 597 ESPAÑA - ESCOCIA (11-10-2011)

 

 

  

ESPAÑA

Partido Nº 597

 

ESCOCIA

3-1

6’ 

1-0 Gol Silva

 44’ 

2-0 Gol Silva

 54’ 

3-0 Gol David Villa

 

Clasificacion eurocopa

11-Octubre-2011

Alicante

Estadio: Jose Rico Perez

 66’ 

3-1 Gol penalty Jamie Mackie

 

 

 

España

3

 

1

Escocia

  12

Víctor Valdés

  3

Piqué

  5

Puyol

  6

Jordi Alba

  15

Sergio Ramos

  8

Xavi

  16

Busquets

  20

Cazorla

  21

Silva

  7

David Villa

  18

Pedro

 

  1

Allan McGregor

  2

Phil Bardsley

  3

Steven Whittaker

  4

Stephen McManus

  5

David Weir

  6

Lee McCulloch

  7

Shaun Maloney

  8

James Morrison

  9

Kenny Miller

  10

Steven Naismith

  11

Graham Dorranz

 

CAMBIOS

46’

Puyol por Arbeloa

55’

Silva por Thiago

64’

Xavi por Llorente

 

63’

Steven Naismith por Jamie Mackie

64’

Lee McCulloch por Darren Fletcher

85’

Shaun Maloney por Charlie Adam

 

ENTRENADORES

Vicente del Bosque

 

Craig Levein

 

GOLES

 6’ 

1-0 Gol Silva

 44’ 

2-0 Gol Silva

 54’ 

3-0 Gol David Villa

 

 66’ 

3-1 Gol penalty Jamie Mackie

 

TARJETAS

37’ 

Sergio Ramos Tarj. A

 

71’ 

Shaun Maloney Tarj. A

74’ 

Jamie Mackie Tarj. A

80’ 

James Morrison Tarj. A

 

OTROS DATOS DE INTERÉS

Clas. Polonia y Ucrania 2012

Estadio: José Rico Pérez (Alicante )

11/10/2011 20:45

Arbitro: Stefan Johannesson (SWE)

Cuarto Arbitro: Magnus Sjoblom

Jueces de Línea:Daniel Stalhammar , Stefan Wittberg

 

 

Estadísticas de los partidos

España


Escocia

3

Goles marcados

1

9

Disparos a puerta

3

5

Tiros fuera

3

9

Córners

5

7

Faltas cometidas

9

1

Tarjetas amarillas

3

0

Tarjetas rojas

0

 

 

Silva fue Messi

El canario lidera el triunfo de una gran selección española, muy superior a Escocia

Alicante - 11/10/2011

La historia dice que los escoceses fueron los primeros que entendieron que el fútbol era un juego de combinación. Cien años después, el Barcelona sublimó la idea y España se apuntó a la fiesta. Ayer, siete jugadores del equipo de Pep Guardiola, todos campeones del mundo, formaron de entrada en el regreso de la selección española a Alicante, tierra que no pisaba desde 1985, cuando todo eran sueños que terminaban siempre rotos. Escocia tenía que ganar anoche para asegurarse su presencia en la Eurocopa y a España le iba un récord. Así que había partido. Duró cinco minutos, los que tardó Silva en abrir el marcador.

El canario, auténtico protagonista de la jornada, firmó también el segundo y dio el tercero a Villa ?su 50º tanto con España? antes de retirarse en el minuto 55. Espectacular el delantero del Manchester City, que antes de esta convocatoria había reclamado mayor protagonismo. Lo tuvo y... para bien.

Vicente del Bosque cambio a seis jugadores respecto al once que formó el viernes en Praga, pero el nivel de su plantilla es tan alto que ni se nota. El límite entre titulares y suplentes es absolutamente empírico en el grupo del marqués, que hizo debutar a Valdés en un partido oficial y también a Alba, como lateral izquierdo, con el 6 de Iniesta a la espalda. España recuperó a Piqué y Puyol como pareja de centrales, algo que no se daba desde el partido amistoso en Lisboa contra Portugal hace un año, y ubicó a Ramos, de inicio, como lateral derecho.

En ausencia de Alonso, en la grada, Busquets se quedó solo en el centro y, como es norma, mandó Xavi, con Cazorla a su vera y Silva, Pedro y Villa en punta. Más allá de la presencia de siete jugadores del Barça, el dibujo recordó como nunca al que viene usando Guardiola. Jugó España con Silva como falso nueve, revoloteando a su criterio por todo el frente de ataque, como si de Messi se tratara. El delantero del City, superlativo, entendió su papel, oportuno al juntarse y listo al abrir espacios. Tan pronto se acercó a Xavi como se fue a la banda para dejar a los centrales escoceses sin ninguna referencia en el marcaje.

Silva marcó dos goles, generó muchas líneas de pase y siempre que tocó el balón dejó la sensación de que algo grande iba a ocurrir. Le faltan argumentos para quejarse de los minutos que le da Del Bosque y le sobra fútbol para merecerse el sitio en este equipo irrepetible. Y, como el salmantino no tiene un pelo de tonto ni en el mostacho, viene siendo habitual en las alineaciones titulares desde que terminó el Mundial. Así que juega mucho y bien.

Tiene tanto y bueno para escoger el seleccionador que, puestos a buscar un problema, hay que mirar a los laterales. Si Puyol y Piqué están sanos, el sitio en la derecha es para Ramos, no hay duda, pero baila la otra banda. Ayer jugó Alba con mucho campo por delante y poca exigencia ofensiva. Lo hizo con mucho desparpajo. En el segundo tiempo, cuando Del Bosque dosificó a Puyol, apareció Arbeloa, su comodín, para jugar en la derecha y Ramos pasó al centro.

Ordenada, España llenó el campo a lo ancho pese a la movilidad de los futbolistas que se juntaron de Busquets en adelante. Xavi, para variar, marcó los tiempos del partido como y cuando quiso y lo durmió o lo activó según le vino en gana. A los escoceses se les acumuló la faena persiguiendo sombras y nunca se metieron en la faena. Con el balón cosido al pie, España trenzó camino de la portería de McGregor, que falló en el primer gol, pero metió más de una buena mano durante el resto del juego, y no hubo escocés capaz de impedirlo, ni siquiera cuando se fue Xavi y asumió galones Thiago y, con Llorente en el campo, fue más vertical. Fueron momentos de incertidumbre, de cierto desconcierto en el bando español, como si con la sustitución de Xavi se hubiera perdido el hilo del encuentro. Al equipo le costó asociarse, llegar y rematar y, en cambio, perdió la pelota de forma reiterada.

Un penalti cometido por una salida comprometida de Valdés ante Mackail-Smith tras un córner mal defendido permitió a Goodwillie marcar el tanto del honor y maquillar mínimamente el resultado de un partido que dejó otro récord para la historia: 14 victorias consecutivas en citas oficiales. Y al mejor Silva. Y muchas otras huellas brillantes.

Villa, en el ’top-ten’

Villa recibió un pase de Silva al borde del área chica y, de primeras, envió el balón a la red con un golpeo seco y cruzado. Fue su diana número 50 con la camiseta de la selección española, un tanto que le convierte en el décimo mejor goleador de la historia del fútbol de los equipos nacionales.

Si bien es cierto que en épocas pasadas las selecciones disputaban menos partidos, no lo es menos que la eficiencia del delantero barcelonista es sensacional. Acumula 80 encuentros con la casaca roja y su media de goles por partido es de 0,6. Superado el inglés Bobby Charlton (49) y alcanzado el marfileño Drogba (50), ahora tiene por delante al francés Henry, que ya no es internacional, y al irlandés Keane, ambos con 51. El camerunés Eto’o (53) y el argentino ya retirado Batistuta (56) amplían la lista. El alemán Klose (62) es cuarto.

El podio, sin embargo, le queda lejos. El tercero es el también alemán Müller, que firmó 68 tantos en 62 partidos. El segundo, el brasileño Pelé con 77 en 92. Y el primero, el húngaro Puskas con 84 en 85.

ESPAÑA, 3 - ESCOCIA, 1

España: Valdés; Ramos, Piqué, Puyol (Arbeloa, m. 46), Jordi Alba; Xavi (Fernando Llorente, m. 65), Busquets, Cazorla; Pedro, Villa y Silva (Thiago, m. 56). No utilizados: Casillas; Mata, Javi Martínez y Torres.

Escocia: McGregor; Hutton, Caldwell, Berra, Bardsley; Bannan (Goodwillie, m. 64), Fletcher (Cowie, m. 84), Adam (Forrest, m. 64), Morrison, Naismith; y Mackail-Smith. No utilizados: Robson; McManus, Whittaker y Marshall.

Goles: 1-0. M. 6. Silva. 2-0. M. 43. Silva. 3-0. M. 53. Villa. 3-1. M. 65. Goodwillie, de penalty.

Árbitro:Stefan Johannesson (Suecia). Mostró la tarjeta amarilla de amonestación a Ramos, Fletcher, Goodwillie y Morrison.

Último partido de clasificación para la Eurocopa de 2012. 29.000 espectadores en el estadio Rico Pérez, de Alicante.

 

 

PRECEDENTES

 

Fecha y Lugar

Partido

Resultado

TC

12/10/2010 Glasgow

Escocia - España

2 - 3

CE

03/09/2004 Valencia

España - Escocia

1 - 1

A

27/04/1988 Madrid

España - Escocia

0 - 0

A

27/02/1985 Sevilla

España - Escocia

1 - 0

CM

14/11/1984 Glasgow

Escocia - España

3 - 1

CM

24/02/1982 Valencia

España - Escocia

3 - 0

A

05/02/1975 Valencia

España - Escocia

1 - 1

CE

20/11/1974 Glasgow

Escocia - España

1 - 2

CE

08/05/1965 Glasgow

Escocia - España

0 - 0

A

13/06/1963 Madrid

España - Escocia

2 - 6

A

16/05/1957 Madrid

España - Escocia

4 - 1

CM

08/05/1957 Glasgow

Escocia - España

4 - 2

CM

 

Jugados

Ganados

Empatados

Perdidos

G.F.

G.C.

12

5

4

3

20

19

 

PARTIDO Nº 596 REP. CHECA-ESPAÑA (7-10-2011)

PARTIDO Nº 596 REP. CHECA-ESPAÑA (7-10-2011)

 

 

REP. CHECA

Partido Nº 596

  

ESPAÑA

 

 0-2

 

Clasificacion eurocopa

7-Octubre-2011

Praga

Estadio: Generali Arena

 

 6’ 0-1 Gol Mata
 23’ 0-2 Gol Xabi Alonso

 

República Checa0
2España
  1Cech
  2Kusnír
  5Hubník
  6Sivok
  11Pudil
  10Rosický
  17Hübschman
  3Kadlec
  15Baros
  18Lafata
  19Kozák
  1Iker Casillas
  2Albiol
  3Piqué
  15Sergio Ramos
  17Arbeloa
  8Xavi
  13Mata
  14Xabi Alonso
  16Busquets
  21Silva
  9Fernando Torres
CAMBIOS
63’Baros por Rajnoch
77’Lafata por Vaclík
46’Sergio Ramos por Puyol
61’Fernando Torres por David Villa
70’Xabi Alonso por Javi Martínez
ENTRENADORES
Michal Bilek
Vicente del Bosque
GOLES
 6’ Gol Mata
 23’ Gol Xabi Alonso
TARJETAS
70’ Hübschman Tarj. R
OTROS DATOS DE INTERÉS
Clas. Polonia y Ucrania 2012Estadio: Generali Arena (Praga )
07/10/2011 20:45
Arbitro: Paolo Tagliavento (ITA)Cuarto Arbitro: Paolo Silvio Mazzoleni
Jueces de Línea:Cristiano Copelli , Nicola Nicoletti
Telecinco

 

Estadísticas de los partidos

República Checa


España

0

Goles marcados

2

0

Disparos a puerta

5

2

Tiros fuera

5

1

Córners

6

4

Faltas cometidas

6

0

Tarjetas amarillas

0

1

Tarjetas rojas

0

 

España ya gana en Praga

Viernes, 7 de octubre de 2011

República Checa - España 0-2
’La ’Roja’ logró su primera victoria en suelo checo, y suma por triunfos sus partidos. Mata y Xabi Alonso marcan.

España sigue batiendo récords. Y es que por vez primera en su historia ha ganado como visitante a la República Checa tras vencer por 0-2 en el Stadion Letná de Praga en su penúltimo partido de clasificación dentro del Grupo I para la fase final de la UEFA EURO 2012.

Vicente del Bosque apostó en la delantera por el héroe de Viena ante Alemania en la UEFA EURO 2008, Fernando Torres, mientras que Carles Puyol inició el duelo en el banquillo por lo que Raúl Albiol fue la pareja de Gerard Piqué en el centro de la defensa española. Por su parte, Jordi Alba, que podría haber debutado, se quedó en la grada. En el otro bando, en el checo, Michal Bílek alineó en su once titular a Tomáš Rosický y a Milan Baroš como referentes del juego ofensivo.

A pesar de que España tenía todo dicho en el Grupo I y la República Checa se jugaba la vida, fue la vigente campeona de Europa y del Mundo la que se hizo con el dominio del balón mientras que los checos corrían detrás de la pelota. Así, en el minuto siete La Roja se adelantó en el marcador. Un gran pase en profundidad de Xabi Alonso a Juan Mata sirvió para que el delantero del Chelsea FC batiera por bajo a su compañero de equipo Petr Čech.

Con 0-1 en el marcador, el monólogo de España se hizo más patente ante una selección local que se veía resignada a un cruel destino en este encuentro. Y es que en ecuador del primer acto, llegó el segundo tanto visitante cuando David Silva se fue por la banda derecha y centró al área donde apareció la figura de Xabi Alonso para sentenciar con un tiro raso y ajustado al palo derecho de la portería de Čech.

Tras esta rápida ventaja en el luminoso, la selección nacional siguió controlando el tiempo de partido aunque su ritmo bajó mientras que la República Checa buscó con poca fe un tanto antes del descanso. Con el comienzo del segundo acto, el guión no cambió y España continuó teniendo el balón en su poder mientras que los checos no daban ninguna señal de vida en el ataque.

Y si el duelo ya estaba visto para sentencia desde la primera parte, éste terminó para la República Checa en el minuto 67 cuando Tomáš Hübschman fue expulsado con tarjeta roja tras una dura entrada sobre Xabi Alonso, que tras esta acción fue cambiado por Javi Martínez.

El centrocampista del Athletic tuvo dos oportunidades para marcar. Primero tras un buen pase de David Villa, que dejó sólo a Javi Martínez pero se encontró con la rápida intervención de Čech en el minuto 77. Y segundo con un lanzamiento desde fuera del área que se estrelló en el larguero tras dar en un defensa rival tres minutos después.

Sin embargo, el marcador no se volvió a mover y España sigue con su objetivo de lograr el pleno de puntos en el Grupo I. Por su parte, la República Checa puede perder el sábado la segunda plaza en detrimento de Escocia, que el sábado se mide a Liechtenstein. No obstante, el martes la selección nacional le puede echar una mano a los checos. Y es que La Roja, si gana a Escocia en Alicante, podría permitir que la República Checa pueda jugar finalmente los play-off de clasificación.

 

 

PRECEDENTES

 

Fecha y Lugar

Partido

Resultado

TC

25/03/2011 Granada

España - República Checa

2 - 1

CE

08/06/1997 Valladolid

España - República Checa

1 - 0

CM

09/10/1996 Praga

República Checa - España

0 - 0

CM

 

Jugados

Ganados

Empatados

Perdidos

G.F.

G.C.

3

2

1

0

3

1

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Batalla de las Termópilas

 

Batalla de las Termópilas

Batalla de las Termópilas
Parte de Guerras Médicas
Jacques-Louis David 004.jpg
Leónidas en las Termópilas, por Jacques-Louis David (1814)
Fecha7 de agosto[1] ó 8-10 de septiembre,[2] 480 a. C.
LugarTermópilas, Grecia
CausasAcceso al paso de las Termópilas para la invasión de Grecia
ResultadoVictoria del Imperio persa
Cambios territorialesPersia gana el control de Beocia y marcha hacia Atenas
Beligerantes
Ciudades-Estado griegasFaravahar.svg Imperio persa
Comandantes
Leónidas I, Rey de Esparta †Jerjes I, Emperador de Persia
Fuerzas en combate
300 espartanos, 700 tespios, 2120 arcadios, 1000 locrios opuntios, 400 tebanos, 400 corintios, 200 hombres de Fliunte, 80 micenos y 1000 hoplitas focenses
En total:
5.200+ (Heródoto)
7.400+ (Diodoro Sículo)
11.200 (Pausanias)
Entre 150.000 y 400.000[3]


Según Heródoto ~2.080.000[4]
Según Ctesias ~80.000[5]
Según estimaciones modernas ~200.000

Bajas
Entre 1.000 y 4.000, según Heródoto,[6] incluyendo a Leónidas I, los 300 espartanos y los 700 tespios~ 20.000 según Heródoto[7]
Para otros usos de este término, véase Batalla de las Termópilas (desambiguación).

La Batalla de las Termópilas fue una batalla de la Segunda Guerra Médica en la que se enfrentaron una alianza de poleis griegas lideradas por Esparta y el Imperio persa de Jerjes I.

Se desarrolló durante tres días en el paso de las Termópilas (cuyo nombre se traduce por Puertas Calientes - de θερμός,-ή,-όν caliente y Πύλη,ης puerta; derivaba de los manantiales cálidos que existían allí), en agosto o septiembre de 480 a. C. (en las mismas fechas en que tenía lugar la batalla de Artemisio).

La invasión persa fue una respuesta tardía a la derrota sufrida en la Primera Guerra Médica, que había finalizado con la victoria de Atenas en la batalla de Maratón. Jerjes reunió un ejército y una armada inmensas para conquistar la totalidad de Grecia y, como respuesta a la inminente invasión, el general ateniense Temístocles propuso que los aliados griegos bloquearan el avance del ejército persa en el paso de las Termópilas, a la vez que bloqueaban el avance de la armada persa en los estrechos de Artemisio.

Un ejército aliado formado por unos 7.000 hombres aproximadamente marchó al norte para bloquear el paso en el verano de 480 a. C. El ejército persa, que conforme a las estimaciones modernas estaría compuesto por unos 300.000 hombres, llegó al paso a finales de agosto o a comienzos de septiembre. Enormemente superados en número, los griegos detuvieron el avance persa durante siete días en total (incluyendo tres de batalla), antes de que la retaguardia fuera aniquilada. Durante dos días completos de batalla, una pequeña fuerza comandada por el rey Leónidas I de Esparta bloqueó el único camino que el inmenso ejército persa podía utilizar para acceder a Grecia. Tras el segundo día de batalla, un residente local llamado Efialtes traicionó a los griegos mostrando a los invasores un pequeño camino que podían utilizar para acceder a la retaguardia de las líneas griegas. Sabiendo que sus líneas iban a ser sobrepasadas, Leónidas despidió a la mayoría del ejército griego, permaneciendo para proteger su retirada junto con 300 espartanos, 700 tespios, 400 tebanos y posiblemente algunos cientos de soldados más, la mayoría de los cuales murieron en la batalla.

Tras el enfrentamiento, la armada aliada en Artemisio recibió las noticias de la derrota en las Termópilas. Dado que su estrategia requería mantener tanto las Termópilas como Artemisio, y ante la pérdida del paso, la armada aliada decidió retirarse a Salamina. Los persas atravesaron Beocia y capturaron la ciudad de Atenas, que previamente había sido evacuada. Sin embargo, buscando una victoria decisiva sobre la flota persa, la flota aliada atacó y derrotó a los invasores en la batalla de Salamina a finales de año. Temiendo quedar atrapado en Europa, Jerjes se retiró con la mayor parte de su ejército a Asia, dejando al general Mardonio al mando del ejército restante para completar la conquista de Grecia. Al año siguiente, sin embargo, los aliados consiguieron la victoria decisiva en la batalla de Platea, que puso fin a la invasión persa.

Tanto los escritores antiguos como los modernos han utilizado la batalla de las Termópilas como un ejemplo del poder que puede ejercer sobre un ejército el patriotismo y la defensa de su propio terreno por parte de un pequeño grupo de combatientes. Asimismo, el comportamiento de los defensores se ha utilizado como ejemplo de las ventajas del entrenamiento, el equipamiento y el uso del terreno como multiplicadores de la fuerza de un ejército, y se ha convertido en un símbolo de la valentía frente a la adversidad insuperable.

 

Busto de Heródoto. Museo del Ágora de Atenas.

La fuente primaria principal en lo relativo a las Guerras Médicas es el historiador griego Heródoto. Este autor, que ha sido calificado como "El Padre de la Historia",[8] nació en el año 484 a. C. en Halicarnaso, en Asia Menor (una zona gobernada por el Imperio persa). Escribió su obra Historias entre 440 y 430 a. C., intentando encontrar los orígenes de las Guerras Médicas, que por entonces todavía eran un hecho relativamente reciente en la historia (las guerras acabaron finalmente en 449 a. C.).[9] El enfoque de Heródoto fue una completa novedad, al menos en la sociedad occidental, y por esta razón se considera que inventó la Historia tal y como la conocemos hoy en día.[9] El historiador Holland afirma sobre el particular que: "Por primera vez, un cronista se propuso encontrar los orígenes de un conflicto no en un pasado tan remoto como para que resultase fabuloso, ni en los caprichos o deseos de algún dios, ni en una afirmación del pueblo manifestando su destino, sino mediante explicaciones que pudiera verificar él personalmente."[9]

Muchos de los posteriores historiadores antiguos, a pesar de seguir sus pasos, menospreciaron a Heródoto y se consideraron a sí mismos seguidores de Tucídides.[10] Sin embargo, Tucídides eligió comenzar su historia a partir del punto en donde terminó Heródoto (en el sitio de Sestos), por lo que debió considerar que éste había hecho un trabajo razonablemente bueno resumiendo la historia anterior. Plutarco, por su parte, criticaba a Heródoto en su ensayo Sobre la malignidad de Heródoto, describiéndole como "Philobarbaros" (amante de los bárbaros) por no haber sido suficientemente pro griego. Esto sugiere que Heródoto pudo haber realizado un buen trabajo en lo que a neutralidad se refiere.[11] A la Europa del Renacimiento acabó llegando una visión negativa sobre Heródoto, si bien su obra continuó leyéndose de forma habitual.[12] Sin embargo, a partir del siglo XIX su reputación fue rehabilitada drásticamente por los descubrimientos arqueológicos que fueron confirmando de forma repetida su versión de los hechos.[13] La visión que prevalece actualmente sobre Heródoto es que, en general, hizo un buen trabajo en su Historia, aunque algunos detalles específicos (en especial el número de soldados y las fechas) deberían observarse con escepticismo.[13] Por otro lado, sigue habiendo algunos historiadores que consideran que Heródoto inventó gran parte de su historia.[14]

El historiador siciliano Diodoro Sículo, que escribió en el siglo I a. C. su obra Biblioteca histórica, en la que también ofrece el relato de las Guerras Médicas, se basó parcialmente en el historiador griego Éforo de Cime. Sin embargo, su relato es bastante consistente en comparación con el de Heródoto.[15] Además, las Guerras Médicas también reciben la atención, con menor detalle, de otros historiadores antiguos, entre los que se incluyen Plutarco y Ctesias, y también aparecen en obras de otros autores, como en Los persas, del dramaturgo Esquilo. Las evidencias arqueológicas, tales como la Columna de las Serpientes, también ofrecen un respaldo a algunas de las afirmaciones concretas de Heródoto.[16]

Trasfondo histórico

La expansión constante de los griegos por el Mediterráneo, tanto hacia oriente como occidente, llevó a crear colonias en las costas de Asia Menor. Estas colonias se ubicaron en territorios controlados por el Imperio aqueménida, que siempre les concedió un elevado grado de autonomía,[17] a pesar de lo cual los colonos helenos siguieron aspirando a la libertad absoluta. Se sublevaron contra el poder imperial y obtuvieron algunas victorias iniciales, pero conocían su inferioridad ante el coloso asiático, por lo que pidieron ayuda a los griegos continentales. Los espartanos se negaron en un principio, pero los atenienses sí los apoyaron, dando comienzo a las Guerras Médicas.

Las ciudades estado de Atenas y Eretria apoyaron la revuelta jónica contra el Imperio persa de Darío I, la cual tuvo lugar entre los años 499 y 494 a. C. Por aquella época, el Imperio persa era todavía relativamente joven y, por tanto, más susceptible de sufrir revueltas entre sus súbditos.[18] [19] Además, Darío no había accedido al trono pacíficamente, sino tras asesinar a Gaumata, su predecesor, lo que había supuesto la necesidad de extinguir un serie de levantamientos en su contra.[18] Por todo ello, la revuelta jónica no era un tema menor, sino una verdadera amenaza a la integridad del Imperio, y por ese motivo Darío juró castigar no sólo a los jonios, sino también a todos aquellos que hubiesen estado involucrados en la rebelión (especialmente a aquellos pueblos que no eran parte del Imperio).[20] [21] Además, Darío vio la ocasión de expandir su poder hacia el fraccionado mundo de la Antigua Grecia.[21] Por ello, envió una expedición preliminar bajo el mando del general Mardonio en 492 a. C. para asegurar el acercamiento a tierra griega reconquistando Tracia y obligando al reino de Macedonia a convertirse en vasallo de Persia.[22]

En 491 a. C. Darío envió emisarios a todas las poleis de Grecia, solicitando la entrega 'del agua y la tierra' como símbolo de su sumisión a él[23] y tras la demostración del poder persa del año anterior, la mayoría de las ciudades griegas se sometieron. Sin embargo, Atenas juzgó a los embajadores persas y les ejecutó lanzándoles a un foso. En Esparta, simplemente fueron arrojados a un pozo.[23] [24] Esto provocó que Esparta también estuviera, oficialmente, en guerra con Persia.[23]

Darío comenzó a preparar en 490 a. C. una misión anfibia bajo el mando de Datis y de Artafernes, la cual comenzó con un ataque sobre Naxos y la posterior sumisión de las Cícladas. La fuerza invasora se trasladó luego a Eretria —ciudad de la isla de Eubea—, que asedió y destruyó.[25] Finalmente, se dirigió hacia Atenas y desembarcó en la bahía de Maratón, en donde se encontró con un ejército ateniense al que superaba en número. Sin embargo, en el enfrentamiento de los dos ejércitos en la batalla de Maratón, los atenienses obtuvieron una victoria decisiva que supuso la retirada del ejército persa de Europa y su retorno a Asia.[26]

Esparta no participó en la batalla contra los persas. Atenas, con la finalidad de hacer frente a la invasión, solicitó ayuda a los espartanos para luchar pero, como se ha dicho, el origen del problema residía en las colonias griegas en Asia, y Esparta no había fundado ninguna ni tampoco las había ayudado en la rebelión. Por tanto, los lacedemonios no se sentían implicados. Tanto es así que no acudieron a la batalla de Maratón por estar celebrando las fiestas de Apolo Carneo (llamadas Carneas).

Mapa de Grecia en el que se muestran las distintas invasiones persas que tuvieron lugar durante las Guerras Médicas.

En cualquier caso, y tras la derrota, Darío reaccionó comenzando a reclutar un nuevo ejército de inmenso tamaño, con el que pretendía sojuzgar Grecia. Sin embargo, sus planes se vieron interrumpidos cuando, en 486 a. C., se produjo una revuelta en Egipto que obligó a posponer indefinidamente la expedición.[19] Darío murió durante los preparativos para marchar contra Egipto y el trono de Persia pasó a su hijo, Jerjes I.[27] Jerjes aplastó la rebelión egipcia y rápidamente retomó los preparativos para la invasión de Grecia que, al tratarse de una invasión a gran escala, necesitaba una larga planificación que permitiese acumular las provisiones necesarias y para reclutar, equipar y entrenar a los soldados.[28] Jerjes decidió construir puentes sobre el Helesponto para permitir a su ejército atravesar desde Asia hasta Europa, y cavar un canal a través del istmo del monte Athos (canal de Jerjes) para que lo atravesasen sus naves (una flota persa había sido destruida en 492 a. C. mientras rodeaba ese cabo).[29] Estas obras de ingeniería eran operaciones de una gran ambición que estaban fuera del alcance de cualquier otro estado contemporáneo.[29] Finalmente, a comienzos de la década de 480 a. C., se completaron los preparativos para la invasión, y el ejército que Jerjes había reunido en Sardes marchó en dirección a Europa, cruzando el Helesponto sobre dos puentes flotantes.[30]

Los atenienses, por su parte, también se habían estado preparando para afrontar una guerra contra Persia desde mediados de la década de los años 480 a. C. Finalmente, en 482 a. C. se tomó la decisión, bajo la guía del estadista ateniense Temístocles, de construir una masiva flota de trirremes, imprescindible para que los griegos pudiesen enfrentarse a los persas.[31] Sin embargo, los atenienses carecían de la capacidad y la población suficiente para enfrentarse al enemigo a un mismo tiempo en tierra y en el mar, por lo que para combatir a los persas necesitaban llegar a una alianza con otras poleis de Grecia. En 481 a. C. el emperador Jerjes envió embajadores por toda Grecia solicitando de nuevo la tierra y el agua, pero omitiendo deliberadamente a Atenas y a Esparta.[32] Sin embargo, algunas ciudades fueron alineándose con estos dos estados líderes, para lo cual se celebró un congreso de poleis griegas en Corinto a finales del otoño de 481 a. C.,[33] del que surgió una confederación aliada de ciudades estado. Esta confederación tenía el poder de enviar emisarios solicitando ayuda y de enviar tropas desde los estados miembros hasta los puntos de defensa tras haberlo consultado conjuntamente. Este hecho en sí mismo era de gran trascendencia en atención a la desunión que había existido históricamente entre las ciudades estado, y en especial si se tiene en cuenta que muchas de ellas estaban todavía técnicamente en guerra unas con otras.[34]

La confederación volvió a reunirse en la primavera de 480 a. C. Una delegación tesalia sugirió que los aliados se reunieran en el angosto valle de Tempe, en las fronteras de Tesalia, para bloquear el avance de Jerjes.[35] Se envió una fuerza compuesta por 10.000 hoplitas al valle, considerando que el ejército persa iba a verse obligado a atravesarlo. Sin embargo, una vez ahí fueron avisados por Alejandro I de Macedonia de que el valle podía ser atravesado y rodeado por el paso Sarantoporo, y de que el ejército persa era de un tamaño inmenso, por lo que los griegos se retiraron.[36] Poco después recibieron la noticia de que Jerjes había atravesado el Helesponto.[35]

Temístocles sugirió entonces una segunda estrategia a los aliados. La ruta hacia el sur de Grecia (Beocia, Ática y el Peloponeso) exigía que el ejército de Jerjes atravesase el estrechísimo paso de las Termópilas. Este paso podía bloquearse fácilmente con los hoplitas griegos a pesar del abrumador número de soldados persas. Además, y para evitar que los persas superaran la posición griega por mar, los navíos atenienses y aliados podrían bloquear el estrecho de Artemisio. Esta estrategia dual fue finalmente aceptada por la confederación.[37] Sin embargo, las ciudades del Peloponeso prepararon planes de emergencia para defender el istmo de Corinto en el caso de que fuera necesario, a la vez que las mujeres y niños de Atenas fueron evacuados en masa hacia la ciudad peloponesia de Trecén.[38]

 Preludio

En el mapa se pueden observar los avances griegos y persas hacia las Termópilas y Artemisio.

Parece ser que el ejército persa se desplazó a un ritmo algo lento a través de Tracia y Macedonia y que sería finalmente en agosto cuando llegaron a Grecia las noticias de la inminente llegada de los persas.[39] En aquella época los espartanos, líderes militares de facto de la alianza, estaban celebrando la festividad religiosa de las Carneas. Durante ese festival la actividad militar estaba prohibida por la ley espartana y, de hecho, los espartanos no llegaron a tiempo a la batalla de Maratón por estar celebrando el festival.[40] También se estaban celebrando los Juegos Olímpicos, por lo que debido a la tregua imperante durante su celebración habría sido doblemente sacrílego para los espartanos si marchasen en su totalidad a la guerra.[40] [41] En esta ocasión, sin embargo, los éforos decidieron que la urgencia era lo suficientemente importante como para justificar el envío de una expedición avanzada para bloquear el paso; expedición que estaría comandada por uno de los dos reyes espartanos, Leónidas I. Leónidas llevó consigo a 300 hombres de la guardia real, los Hippeis, así como a un número mayor de tropas de apoyo procedentes de otros lugares de Lacedemonia (incluyendo hilotas).[41] La expedición debería intentar agrupar el mayor número posible de aliados sobre la marcha y esperar a la llegada del ejército espartano principal.[41]

La leyenda de las Termópilas, tal y como la cuenta Heródoto, dice que los espartanos consultaron al Oráculo de Delfos ese mismo año sobre el resultado de la guerra. Se dice que el Oráculo dictaminó que, o bien la ciudad de Esparta sería saqueada por los persas, o bien debían sufrir la pérdida de un rey descendiente de Heracles.[42] Heródoto dice que Leónidas, en línea con la profecía, estaba convencido de que se dirigía a una muerte segura al no contar con unas fuerzas adecuadas para la victoria y que por eso eligió como soldados sólo a espartanos que contaran con hijos vivos.[43]

En el camino hacia las Termópilas el ejército espartano fue reforzado por contingentes procedentes de diversas ciudades, llegando a alcanzar una cifra superior a los 5.000 soldados en el momento en que llegaron a su destino.[44] Leónidas eligió acampar y defender la parte más estrecha del paso de las Termópilas, en un lugar en el que los habitantes de Fócida habían levantado una muralla defensiva algún tiempo atrás.[45] También le llegaron noticias a Leónidas, desde la cercana ciudad de Traquinia, de la existencia de un camino montañoso que podía ser utilizado para rodear el paso de las Termópilas. En respuesta, Leónidas envió a 1.000 soldados focidios para que se estacionaran en las alturas y evitasen esa maniobra.[46]

Finalmente el ejército persa fue avistado atravesando el golfo Maliaco y acercándose a las Termópilas a mediados de agosto,[47] y ante este hecho los aliados mantuvieron un consejo de guerra en el que algunos peloponesios sugirieron retirarse hasta el istmo de Corinto para bloquear el paso al Peloponeso.[48] Sin embargo, los habitantes de Fócida y Lócrida, regiones cercanas a las Termópilas, se indignaron por la sugerencia, y aconsejaron defender el paso a la vez que enviaban emisarios a pedir más ayuda. Leónidas se mostró de acuerdo con defender las Termópilas.[48]

Entre las curiosidades y leyendas que Heródoto cuenta de la batalla, a propósito del gran tamaño del ejército persa, es famosa la anécdota según la cual, en palabras del autor, el más valiente de los griegos fue el espartano Dienekes, pues antes de entablarse el combate dijo a los suyos que le habían dado buenas noticias, que le habían dicho que los arqueros de los persas eran tantos que «sus flechas cubrían el sol» y «volvían el día en noche» (ὡς ἐπεάν ὁι βάρβαροι ἀπιέωσι τὰ τοξεύματα τὸν ἥλιον ὑπό τοῦ πλήθεος τῶν οῒστών ἀποκρύπτουσι "que cuando los bárbaros disparan sus arcos, ocultan el sol bajo la cantidad de sus flechas") y que de este modo, si los persas les tapaban el sol, en lugar de tener que combatir bajo él, podrían luchar a la sombra (εἰ ἀποκρυπτόντων τὣν Μήδων τὸν ἥλιον ὑπό σκιή ἔσοιτο πρὸς αυτούς ἡ μάχη καὶ οὐκ ἐν ἡλίω).[49] Dienekes, y los espartanos en general, consideraban el arco como un arma poco honorable, ya que evadía el enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

Jerjes envió un emisario para negociar con Leónidas. Ofreció a los aliados su libertad y el título de "Amigos del Pueblo Persa", indicándoles que serían asentados en tierras más fértiles que las que ocupaban en ese momento.[50] Cuando Leónidas rechazó los términos, el embajador le volvió a solicitar que depusiera las armas, a lo que Leónidas respondió con la famosa frase «Ven a buscarlas tú mismo» (en griego Μολών Λαβέ, que literalmente significa «ven y cógelas»).[51] Al fracasar la negociación la batalla se volvió inevitable. Sin embargo, Jerjes retrasó el ataque durante cuatro días, esperando que los aliados se dispersasen por sí mismos ante la gran diferencia de tamaño entre los dos ejércitos, hasta que se decidió finalmente a avanzar.[52]

Composición de los ejércitos

 Ejército persa

Imagen de Jerjes I en un relieve en su palacio de Persépolis, en la actual Irán.

Las cifras sobre los soldados reunidos por Jerjes para la segunda invasión de Grecia han sido objeto de interminables discusiones, debido al gran tamaño que ofrecen las fuentes clásicas griegas. Heródoto defendía que Jerjes había reunido 2,5 millones de hombres solamente en personal militar, que a su vez iban acompañados por un número equivalente de personal de apoyo.[53] El poeta Simónides de Ceos, que era casi contemporáneo, habla de cuatro millones. Ctesias, por su parte, cifra en 800.000 hombres el tamaño total del ejército de Jerjes.[5]

La historiografía actual considera más o menos realistas los datos sobre los efectivos griegos y, durante muchos años, la cantidad ofrecida por Heródoto sobre los persas no fue puesta en duda. No obstante, a principios del siglo XX el historiador militar Hans Delbrück calculó que la longitud de las columnas para abastecer a una fuerza de combate de millones de hombres sería tan larga que los últimos carros estarían saliendo de Susa cuando los primeros persas llegaran a las Termópilas.[54]

Los historiadores modernos tienden a valorar las cifras de Heródoto y de otras fuentes antiguas como completamente irreales, resultado de cálculos erróneos o exageraciones por parte del bando vencedor.[55] El tema ha sido debatido en profundidad, pero parece que existe un consenso en lo referente al tamaño del ejército, que oscilaría entre los 200.000 y los 250.000 hombres, lo que en cualquier caso sería un ejército colosal para los medios logísticos de la época.[55] [56] Sean cuales fueran las cifras exactas, sin embargo, lo que sí que parece claro es que Jerjes estaba ansioso por asegurar el éxito de la expedición, para lo cual reunió a un ejército numéricamente muy superior tanto en tierra como en mar al de sus enemigos.[56]

También existen dudas sobre si en las Termópilas se encontraba reunido la totalidad del ejército persa de invasión. No está claro si Jerjes dejó previamente guarniciones de soldados en Macedonia y Tesalia, o si avanzó con todos los soldados disponibles. La fuerza de las Termópilas probablemente estaba compuesta por la mayoría del ejército de invasión, contando con alrededor de unos 200.000 hombres.[55] La única fuente antigua que comenta este punto es Ctesias, que sugiere que 80.000 persas lucharon en las Termópilas. Sin embargo, este relato es sólo fragmentario y ofrece errores graves, como por ejemplo una afirmación según la cual la batalla de Platea habría tenido lugar antes que la batalla de Salamina.[5]

Ejército griego

De acuerdo con las cifras que aportan Heródoto[44] [57] y Diodoro Sículo,[58] el ejército aliado estaba compuesto por las siguientes fuerzas:

GrupoNúmeros - HeródotoNúmeros - Diodoro Sículo
Espartanos300300
Lacedemonios/
Periecos
900?[59]1.000
(¿incluyendo a los espartanos?)
Hilotas espartanos900?[59]-
Mantineos5003.000
(otros peloponesios enviados con Leónidas)
Tegeatas500
Arcadios de Orcómeno120
Otros arcadios1.000
Corintios400
Fliuncios200
Micenos80
Total Peloponesios3.100[44] ó 4.000[60]4.000 ó 4.300
Tespios700-
Malianos-1.000
Tebanos400400
Focidios1.0001.000
Locros"Todos los que tenían"1.000
Total5.200 (ó 6.100) más los locros7.400 (ó 7.700)
Estatua de Leónidas I.

Notas:

  • Sobre el número de peloponesios:

Diodoro Sículo sugiere la cifra de 1.000 lacedemonios y otros 3.000 peloponesios, de un total de 4.000. Heródoto concuerda con esta cifra en un párrafo, en el que hace mención a una inscripción atribuida a Simónides de Ceos, en la que se afirma que había 4.000 peloponesios.[60] Sin embargo, en otro punto del párrafo citado Heródoto reduce la cifra de peloponesios a 3.100 soldados antes de la batalla.[44] El historiador de Halicarnaso también afirma que cuando Jerjes mostró los cadáveres de los griegos al público también incluyó entre ellos los de los hilotas,[61] pero no dice cuántos había ni cuál era la labor en la que servían al ejército. Por lo tanto, una posible explicación para la diferencia entre estas dos cifras podría ser la existencia de 900 hilotas en la batalla (tres por cada espartano).[59] Si los hilotas estuvieron presentes en la batalla, no existe razón para dudar que sirviesen en su papel tradicional de escuderos de los espartanos. Otra alternativa, sin embargo, es que los 900 soldados de diferencia entre las dos cifras fueran periecos, y que se correspondieran con los 1.000 lacedemonios que menciona Diodoro Sículo.[59]

  • Sobre el número de lacedemonios:

Otra cifra en la que existe cierta confusión es el número de lacedemonios que incluye Diodoro, puesto que no queda claro si los 1.000 lacedemonios a los que hace referencia incluyen a los 300 espartanos o no. Por un lado dice que «Leónidas, cuando recibió el mandato, anunció que sólo un millar de hombres le acompañarían en la campaña».[58] Sin embargo, luego dice que «Había, por tanto, un millar de los lacedemonios, y con ellos trescientos espartiatas».[58]

El relato de Pausanias concuerda con las cifras de Heródoto (al que probablemente leyó), salvo por el hecho de que sí que ofrece el número de locros que Heródoto no llegó a estimar. Debido a que residían directamente en el lugar por el que iba a transcurrir el avance persa, los locros aportaron a todos los hombres en edad de combatir que poseían. Según Pausanias serían unos 6.000 hombres lo que, sumado a la cifra de Heródoto, daría un total de 11.200 soldados aliados.[62]

Muchos historiadores modernos, que normalmente consideran a Heródoto como el autor más creíble,[63] suman los 1.000 lacedemonios y los 900 hilotas a los 5.200 soldados de Heródoto, obteniendo una estimación de 7.100 (o alrededor de 7.000) hombres, y rechazan contabilizar los 1.000 soldados de Mélida que cita Diodoro y a los locros de Pausanias.[64] [65] Sin embargo, se trata de una sola aproximación, pudiendo haber muchas otras combinaciones probables. Además, los números cambiaron a lo largo de la batalla, esencialmente cuando la mayor parte del ejército se retiró y sólo permanecieron en el campo de batalla aproximadamente unos 3.000 hombres (300 espartanos, 700 tespios, 400 tebanos, probablemente 900 hilotas y 1.000 focidios, sin contar con las bajas sufridas en los días anteriores).[63]

 Consideraciones estratégicas y tácticas

Mapa de la batalla de las Termópilas.

Desde un punto de vista estratégico, la defensa de las Termópilas suponía para los aliados la mejor forma posible de emplear sus fuerzas.[66] Si lograban evitar que el ejército persa se internara dentro de Grecia, no tendrían necesidad de buscar una batalla decisiva, y podrían simplemente permanecer a la defensiva. Además, y con la defensa de dos pasos estrechos como las Termópilas y Artemisio, la inferioridad numérica de los aliados era menos problemática.[66] Por su parte, los persas se enfrentaban al problema de aprovisionamiento de un ejército tan grande, lo que significaba que no podían permanecer en un mismo lugar durante mucho tiempo.[67] Los persas, por tanto, se veían obligados a retirarse o avanzar, y avanzar implicaba atravesar las Termópilas por la fuerza.[67]

La batalla se libraría en un lugar conocido como el paso de las Termópilas, un angosto desfiladero de unos 100 m de anchura (actualmente más de un km debido a la erosión.[68] ) Tácticamente, el paso de las Termópilas era ideal para el tipo de lucha del ejército griego:[66] la estrechez del paso anulaba la diferencia numérica, y la formación de falange hoplita de los helenos podría ser capaz de bloquear el estrecho paso con facilidad y, al tener los flancos cubiertos, no se veía amenazada por la caballería enemiga. En esas circunstancias la falange supondría un enemigo muy difícil de superar para la infantería ligera persa, equipada con una panoplia mucho más ligera y por tanto menos protectora.[66] Además, las largas dory de la falange (lanzas de falange, no tan largas como las sarissas utilizadas por el ejército de Alejandro Magno) podrían ensartar a los enemigos antes incluso de que estos pudieran tocarlos, tal y como había sucedido en la confrontación de la batalla de Maratón.[3] Por consiguiente, la lucha no tenía inicialmente por qué ser suicida, dado que había posibilidades reales de aguantar la posición.

Por otro lado, el principal punto débil que ofrecía el campo de batalla elegido por los aliados era el pequeño paso montañoso que transcurría en paralelo a las Termópilas, y que permitía que el ejército fuese sobrepasado por el flanco y, por lo tanto, rodeado. Aunque probablemente este flanco no era practicable para la caballería, la infantería persa podría atravesarlo con facilidad (y más cuando buena parte de los soldados persas estaban familiarizados con la lucha en terreno montañoso).[69] Leónidas era consciente de la existencia de este paso gracias al aviso de los habitantes de Traquinia, por lo que posicionó a un destacamento de soldados focenses para que lo bloquearan.[46]

Topografía del campo de batalla

Mapa del área de las Termópilas comparando la línea de costa actual con la que existía en el año 480 a. C.[70]

En la época en la que tuvo lugar la batalla, el paso de las Termópilas consistía en un desfiladero a lo largo de la costa del golfo Maliaco tan estrecho que no podían atravesarlo dos carros al mismo tiempo.[71] Al sur el paso lindaba con unos grandes acantilados, mientras que al norte se encontraba el propio golfo Maliaco. A lo largo del paso había tres pasos más estrechos o "puertas" (pylai), y en la puerta central se erigía una muralla que había sido construida por los focidios en el siglo anterior para defenderse de las invasiones procedentes de Tesalia.[71] El lugar recibía el nombre de "Puertas Calientes" debido a los manantiales de agua caliente que se podían encontrar en ese lugar.[45]

Hoy en día el paso ya no se encuentra cerca del mar, sino varios kilómetros tierra adentro, lo cual se debe a la sedimentación que se ha ido produciendo en el golfo Maliaco. El viejo camino se encuentra al pie de las colinas que rodean la llanura, flanqueada por una carretera moderna. No obstante, se han tomado muestras de la composición del terreno que indican que en la época en la que tuvieron lugar los hechos el paso sólo tenía unos 100 metros de ancho y que el agua alcanzaba el nivel de las puertas.[72] Por otro lado, el paso ha seguido siendo utilizado como posición defensiva natural por ejércitos modernos, como por ejemplo durante la batalla de las Termópilas de 1941, en la que soldados británicos defendieron el paso frente a la Alemania Nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

 La batalla

 Primer día

Recreación de una falange griega basada en las fuentes de The Perseus Project.

En el quinto día a partir de la llegada de los persas a las Termópilas, Jerjes finalmente decidió lanzar un ataque sobre los aliados griegos. Primero envió a los soldados de Media y a los del Juzestán contra los aliados, con instrucciones de capturarlos y llevarlos ante él.[73] [74] Estos contingentes lanzaron un ataque frontal contra la posición griega,[73] que se había situado delante de la muralla focidia, en la parte más estrecha del paso.[75] [76] Sin embargo, se trataba de tropas de infantería ligera, numerosas pero en franca desventaja de armamento y armadura frente a los hoplitas griegos. Al parecer iban armados con escudos de mimbre, espadas cortas y lanzas arrojadizas, poco efectivas contra la muralla de escudos y lanzas largas de los espartanos. La táctica normal del Imperio aqueménida era lanzar una primera oleada que abrumara al enemigo por su número y, si no funcionaba, lanzar a los Inmortales; esta táctica era efectiva en las batallas en Medio y Lejano Oriente, pero no funcionaba igual de bien contra los griegos, cuyas tácticas, técnicas y armamento eran muy diferentes.[77]

Los detalles sobre las tácticas empleadas son escasos: Diodoro comenta que "los hombres se mantuvieron hombro con hombro" y que los griegos fueron "superiores en valor y en el gran tamaño de sus escudos",[78] lo cual probablemente describe el funcionamiento de la falange griega estándar, en la que los hombres formaban una muralla de escudos y de puntas de lanza y que habría sido altamente efectiva si era capaz de cubrir toda la anchura del paso.[79] Los escudos más débiles y las lanzas más cortas de los persas les impidieron enfrentarse cuerpo a cuerpo y en igualdad de condiciones con los hoplitas griegos.[78] [80] Heródoto afirma también que las unidades de cada ciudad se mantuvieron juntas, y que rotaban hacia el frente de batalla y hacia la retaguardia buscando con ello prevenir la fatiga, lo cual implica que los griegos contaban con más hombres de los que eran estrictamente necesarios para bloquear el paso.[81] Según Heródoto, los griegos mataron a tantos persas que se dice que Jerjes se levantó del asiento desde el que observaba la batalla hasta en tres ocasiones.[82] Según Ctesias, la primera oleada fue hecha pedazos con tan sólo dos o tres bajas entre los espartanos.[5]

Según Heródoto y Diodoro, el rey persa, tras haber tomado la medida del enemigo, envió a sus mejores tropas en un segundo asalto ese mismo día: los Inmortales, un cuerpo de soldados de élite formado por 10.000 hombres.[78] [80] Sin embargo, los Inmortales no lograron más de lo que habían hecho los soldados enviados con anterioridad, fracasando en abrir una brecha en las líneas de los aliados.[80] Los espartanos parece que emplearon una táctica de fingir una retirada para después darse la vuelta y matar a los desorganizados soldados persas que corrían en su persecución.[80]

Segundo día

Representación de soldados persas, probablemente del cuerpo de los Inmortales.

En el segundo día, Jerjes envió de nuevo a su infantería para atacar el paso, "suponiendo que sus enemigos, siendo tan pocos, estaban ya incapacitados por las heridas recibidas y no podrían resistir más."[82] Sin embargo, los persas no lograron ningún progreso[82] y el rey persa finalmente detuvo el asalto y se retiró a su campamento, totalmente perplejo.[5]

A finales del segundo día de batalla, y mientras el rey persa estaba valorando qué hacer, recibió la visita de un traidor griego de Tesalia llamado Efialtes que le informó de la existencia del paso montañoso que rodeaba las Termópilas, ofreciéndose a guiarles.[83] Efialtes actuó motivado por el deseo de una recompensa.[83] El nombre Efialtes, tras los hechos relatados, quedó estigmatizado durante muchos años. El nombre se tradujo por "pesadilla", y se convirtió en el arquetipo de "traidor" en Grecia (al igual que Judas para los cristianos).[84]

Heródoto comenta que Jerjes envió a su comandante Hidarnes esa misma noche junto con los hombres bajo su mando, los Inmortales, para que rodeasen a los aliados a través del paso, partiendo de noche. Sin embargo, no dice nada más sobre los hombres que comandaba.[85] Los Inmortales habían sufrido duras bajas durante el primer día de batalla, por lo que es posible que Hidarnes recibiera el mando sobre una fuerza incrementada, en la que estuvieran los Inmortales supervivientes y otros soldados. Según Diodoro, Hidarnes contó con una fuerza de 20.000 hombres para esta misión.[86] [87] El paso dirigía desde el este del campamento persa a lo largo de la colina del Monte Anopea por detrás de los acantilados que flanqueaban el paso y tenía una ramificación que dirigía a Fócida, y otra que bajaba hasta el golfo Maliaco en Alpeno, la primera ciudad de Lócrida.[88]

Diodoro añade que Tirrastíadas, un hombre de Cime, escapó de noche del campamento persa y reveló a Leónidas la trama del traquinio.[86] Dicho personaje no es mencionado por Heródoto, para quien los griegos fueron advertidos de la maniobra envolvente de los persas por desertores y por sus propios vigías.

Relata Diodoro que los soldados griegos se lanzaron a un ataque nocturno sobre el campamento persa, en el causaron una matanza y que Jerjes habría encontrado la muerte de haber estado en su tienda.[89] Heródoto no menciona ese episodio. La fuente de Diodoro tal vez fue Éforo de Cime.

Tercer día

El desfiladero de las Termópilas, pequeño paso que limitaba en un extremo con el Golfo Maliaco y en otro con los montes Eta y Calidromo. Comunicaba Lócrida con Tesalia.

Al amanecer del tercer día, los focidios que guardaban el paso sobre las Termópilas se dieron cuenta de la llegada de la columna persa por el crujido de sus pisadas sobre las hojas de los robles. Heródoto dice que se incorporaron de un salto y ciñeron sus armas.[90] Los persas quedaron sorprendidos al verles correr rápidamente para armarse, pues no esperaban encontrarse con ningún ejército en ese lugar.[91] Hidarnes temió que se tratase de los espartanos, pero fue informado por Efialtes de que no lo eran.[90] Los focidios se retiraron a una colina próxima para preparar su defensa asumiendo que los persas habían venido a atacarles,[90] pero los persas, que no querían retrasarse, les acosaron con flechas mientras continuaban su camino, buscando su principal objetivo de rodear al ejército aliado.[90]

Cuando un mensajero comunicó a Leónidas que los focidios no habían podido defender el paso, convocó un consejo de guerra al amanecer.[92] Algunos aliados defendieron la retirada, pero el monarca espartano decidió permanecer en el paso con sus guerreros.[92] Muchos de los contingentes aliados eligieron en ese momento retirarse o fueron ordenados a hacerlo por Leónidas (Heródoto admite que existen dudas sobre lo que realmente ocurrió).[92] [93] El contingente de 700 soldados de Tespias, liderados por Demófilo, se negó a retirarse con los demás griegos, y se quedaron para luchar.[94] También permanecieron los 400 tebanos, así como probablemente los hilotas que acompañaban a los espartanos.[91]

Las acciones de Leónidas han sido objeto de muchas discusiones. Una afirmación habitual es la que indica que los espartanos estaban obedeciendo las leyes de Esparta al no retirarse, pero parece que fue precisamente la no retirada en las Termópilas lo que hizo nacer la creencia de que los espartanos no se retiraban nunca.[95] También es posible (y era la creencia de Heródoto) que, recordando las palabras del Oráculo de Delfos, Leónidas estuviese decidido a sacrificar su vida para salvar a Esparta. La respuesta que recibieron de labios de la Pitia fue que Lacedemón sería devastada por los bárbaros o que su rey moriría.

Mirad, habitantes de la extensa Esparta,


o bien vuestra poderosa y eximia ciudad es arrasada por los descendientes de Perseo, o no lo es;
pero, en ese caso, la tierra de Lacedemón llorará la muerte de un rey de la estirpe de Heracles.
Pues al invasor no lo detendrá la fuerza de los toros o de los leones, ya que posee la fuerza de Zeus.


Proclamo, en fin, que no se detendrá hasta haber devorado a una u otro hasta los huesos.[96]

Sin embargo, dado que la profecía no hacía mención específica a Leónidas, parece una débil razón como para justificar que cerca de 1.500 hombres luchasen también hasta la muerte.[95]

Cita de Leónidas I en la batalla- Μολὼν λαβέ! (molon labe!)-Venid y conseguidlo!.

La teoría que quizá ofrece más credibilidad es aquella que afirma que Leónidas eligió formar una retaguardia con el fin de proteger la retirada del resto de contingentes aliados.[95] [97] Si todas las tropas se hubiesen retirado al mismo tiempo, los persas habrían podido atravesar el paso de las Termópilas rápidamente con su caballería para luego dar caza a los soldados en retirada. Por otro lado, si todos hubieran permanecido en el paso habrían sido rodeados y eventualmente habrían muerto todos.[91] Con la decisión de una retirada parcial, Leónidas podría salvar a más de 3.000 hombres, que podrían continuar la lucha más adelante.[97]

También ha sido objeto de discusión la decisión de los tebanos. Heródoto sugiere que fueron llevados a la batalla en calidad de rehenes para asegurar el buen comportamiento de Tebas en la guerra.[43] Sin embargo, y como ya Plutarco apuntó, eso no explicaría por qué no se les envió de vuelta con el resto de los aliados.[95] Lo más probable es que se tratase de tebanos leales que, contrariamente a la mayoría de tebanos, se opusiesen a la dominación persa.[95] Es probable que, por ello, acudieran a las Termópilas por su propia voluntad y permanecieron hasta el final porque no podían volver a Tebas si los persas conquistaban Beocia.[91]

Los tespios, por su parte, que no estaban dispuestos a someterse a Jerjes, se enfrentaban a la destrucción de su ciudad si los persas tomaban Beocia,[95] aunque este hecho por sí solo tampoco explica que permanecieran ahí, teniendo en cuenta que Tespias había sido evacuada con éxito antes de que los persas llegaran.[95] Parece que los tespios se ofrecieron voluntarios como un simple acto de sacrificio, lo cual es todavía más asombroso si se tiene en cuenta que su contingente representaba todos los soldados hoplitas que su ciudad podía reunir.[98] Esto parece un rasgo de los tespios: en al menos otras dos ocasiones en la historia un ejército tespio se sacrificaría en una lucha a muerte.[95]

Al amanecer Jerjes realizó una libación religiosa, esperó para dar a los Inmortales tiempo suficiente para finalizar el descenso por la montaña, y luego comenzó su avance.[76] Los aliados en esta ocasión avanzaron más allá de la muralla para hacer frente a los persas en la zona más ancha del paso, intentando con ello incrementar las bajas que pudieran infligir al ejército persa.[76] Lucharon con sus lanzas hasta que todas ellas estuvieron rotas por el uso y luego utilizaron sus xifos (espadas cortas).[99] Heródoto cuenta que en la lucha cayeron dos hermanos de Jerjes: Abrocomes e Hiperantes.[99] Leónidas también murió en la lucha y los dos bandos pelearon por hacerse con su cuerpo, consiguiéndolo finalmente los griegos.[99] A medida que se aproximaban los Inmortales, los aliados se retiraron y se hicieron fuertes en una colina tras la muralla.[100] Los tebanos, "se alejaron de sus compañeros y, con las manos levantadas, avanzaron hacia los bárbaros" (según la traducción de Rawlinson), pero todavía mataron a algunos antes de aceptar su rendición.[100] El rey persa más tarde haría que los prisioneros tebanos recibieran la marca real.[101] Del resto de defensores, Heródoto dice:

"Aquí se mantuvieron hasta el final, aquellos que todavía tenían espadas usándolas, y los otros resistiendo con sus manos y sus dientes."
Heródoto[100]

Derribando parte del muro, Jerjes ordenó rodear la colina y los persas hicieron llover flechas sobre los defensores hasta que todos los griegos estuvieron muertos.[100] En 1939, el arqueólogo Spyridon Marinatos descubrió excavando en las Termópilas un gran número de puntas de flecha de bronce de estilo persa en la colina Kolonos, lo que hizo que se modificaran las teorías acerca de la colina en la que habían muerto los aliados, puesto que antes de la excavación se creía que se trataba de otra más pequeña y cercana a la muralla.[102]

Finalmente, el paso de las Termópilas quedó abierto para el ejército persa. Según Heródoto, la batalla supuso un coste para los persas de 20.000 bajas.[103] Las fuerzas aliadas que quedaron en la retaguardia fueron aniquiladas, con una probable pérdida en vidas de unos 2.000 hombres, incluyendo a aquellos que murieron durante los dos primeros días de batalla.[104] Heródoto dice en un momento de su relato que murieron 4.000 aliados, pero asumiendo que los focidios que guardaban el paso montañoso no murieron en la batalla (como Heródoto insinúa), esto supondría la casi totalidad de soldados aliados presentes (según las propias estimaciones de Heródoto), por lo que ese número es probablemente demasiado alto.[105]

 Eventos posteriores

 
Paso de las Termópilas. Se cree que la línea de la costa en tiempos de la batalla se encontraba donde ahora pasa la carretera, o incluso más cerca de las montañas.

Cuando los persas se hicieron con el cuerpo de Leónidas, Jerjes, furioso, ordenó que se cortase la cabeza al cadáver y que su cuerpo fuese crucificado. Heródoto hace la observación de que este trato era muy poco común entre los persas, que tenían el hábito de tratar con gran honor a los soldados valientes.[100] [106] Por otro lado, Jerjes también era conocido por sus momentos de cólera, como el caso en el que ordenó que se dieran latigazos sobre el Helesponto por no obedecerle.[107] Tras la partida de los persas, los aliados recuperaron los cadáveres de sus soldados y los enterraron en la colina. Además, cuando finalizó la invasión persa, se erigió una estatua en forma de león en las Termópilas, para conmemorar a Leónidas.[108] Cuarenta años después de la batalla los huesos de Leónidas fueron llevados de vuelta a Esparta, en donde fue enterrado de nuevo con todos los honores. Se celebraron juegos funerarios anuales en su memoria.[109]

Con las Termópilas abiertas al paso del ejército persa, resultó ya innecesario continuar el bloqueo de Artemisio. Por lo tanto, finalizó la batalla naval que transcurría ahí de forma simultánea y que se había quedado en tablas, y la flota aliada pudo retirarse en orden hasta el golfo Sarónico, en donde ayudaron a transportar a la población ateniense que quedaba hasta la isla de Salamina.[97]

Tras atravesar las Termópilas, el ejército persa prosiguió su avance, saqueando e incendiando Platea y Tespias, ciudades de Beocia que no se habían sometido a los persas, para luego marchar sobre la ciudad de Atenas, que ya había sido evacuada por aquel entonces.[110] Mientras tanto, los aliados, en su mayoría del Peloponeso, prepararon la defensa del istmo de Corinto, demoliendo la única carretera que lo atravesaba y construyendo una muralla que lo cruzaba.[111] Como en el caso de las Termópilas, para que esta estrategia fuese efectiva se requería que la armada aliada bloquease simultáneamente a la flota persa, impidiéndole el paso a través del golfo Sarónico, para evitar que las tropas persas simplemente desembarcaran pasado el istmo, en el Peloponeso.[112] Sin embargo, en lugar de un mero bloqueo, Temístocles persuadió a los aliados para que buscaran una victoria decisiva contra la flota persa. Engañaron a los persas para que llevasen su armada hacia los estrechos de Salamina, en donde los aliados consiguieron destruir gran parte de sus naves en la batalla de Salamina, que acabó con la amenaza sobre el Peloponeso.[113]

Jerjes, temiendo que los griegos atacasen los puentes del Helesponto y que pudieran dejar atrapado a su ejército en Europa, se retiró con gran parte del mismo de vuelta a Asia.[114] Dejó un ejército más reducido de fuerzas escogidas al mando de Mardonio, para que completaran la conquista a lo largo del año siguiente.[115] Sin embargo, presionados por los atenienses, los aliados peloponesios finalmente aceptaron intentar atraer a Mardonio a una batalla, por lo que marcharon sobre el Ática.[116] Mardonio se retiró a Beocia para llevar a los griegos a terreno abierto y los dos bandos se acabaron enfrentando cerca de la ciudad de Platea.[116] Ahí tuvo lugar la batalla de Platea, en la que los griegos obtuvieron una victoria decisiva, destruyendo gran parte del ejército persa y finalizando la invasión de Grecia.[116] Mientras tanto, en la casi simultánea batalla naval de Mícala, los griegos destruyeron también lo que quedaba de la flota persa, reduciendo con ello la amenaza de futuras invasiones.[117]

No obstante, durante el transcurso de la invasión los ejércitos de Jerjes causaron serios daños a las ciudades griegas y muchas de ellas fueron quemadas y arrasadas, como le sucedió a la propia Atenas, que fue pasto de las llamas, incluyendo los principales templos de su Acrópolis.

Significatividad histórica

La batalla de las Termópilas es una de las batallas más famosas de la antigüedad, referida repetidamente tanto en la cultura antigua, como en la reciente y contemporánea. En Occidente, al menos, son los griegos lo que reciben las alabanzas por su actitud en la batalla.[118] Sin embargo, y dentro del contexto de la invasión persa, las Termópilas fue sin ningún género de dudas una grave derrota para los aliados, que supuso unas desastrosas consecuencias para los griegos.[119]

Cualquiera que hubiese sido el objetivo de los aliados, es presumible que su estrategia no fuese la rendición de toda Beocia y Ática a los persas.[66] Por ello, probablemente no se puedan sostener las lecturas de la batalla de las Termópilas en las que se considera un intento exitoso de retrasar la acción persa, dando tiempo suficiente a los aliados para prepararse para la batalla de Salamina,[120] [121] ni aquellas que sugieren que las bajas persas fueron tantas que supuso un gran golpe moral para ellos (sugiriendo que los persas obtuvieron una victoria pírrica).[66]

La teoría según la cual la batalla de las Termópilas dio tiempo suficiente a los aliados para prepararse para Salamina ignora el hecho de que la armada aliada se encontraba al mismo tiempo luchando y sufriendo bajas en la batalla de Artemisio. Es más, comparado con el tiempo probable que transcurrió entre las Termópilas y Salamina, el tiempo durante el cual los aliados fueron capaces de mantener la posición en las Termópilas frente a los persas no es particularmente significativo.[122] Parece claro que la estrategia aliada era mantener bloqueados a los persas en las Termópilas y en Artemisio y que, al fallar en su objetivo, sufrieron una dura derrota.[66] La posición griega en las Termópilas, a pesar de encontrarse en una gran inferioridad numérica, era casi inexpugnable.[97] Si hubiesen sido capaces de mantener la posición durante más tiempo, es posible que los persas hubiesen tenido que retirarse por falta de agua y comida.[67] Por ello, y a pesar de las bajas, forzar el paso por las Termópilas fue una clara victoria persa, tanto desde el punto de vista táctico como estratégico.[97] La retirada con éxito de la mayor parte de las tropas griegas, pese a ser una inyección de moral, no fue de ningún modo una victoria, aunque redujo un poco la magnitud de la derrota.[97]

La fama de las Termópilas deriva por lo tanto no de su efecto en el resultado final de la guerra, sino en el ejemplo inspirador que supuso.[122] [123] La batalla es famosa por causa del heroísmo de los soldados que se quedaron en la retaguardia pese a saber que su posición estaba perdida y que se enfrentaban a una muerte segura.[118] Desde entonces, los eventos que tuvieron lugar en las Termópilas han sido objeto de alabanzas desde multitud de fuentes.[124] Una segunda razón que sirvió como un ejemplo histórico de un grupo de hombres libres luchando por su país y su libertad:

"Por ello, casi inmediatamente, los griegos contemporáneos vieron las Termópilas como una lección moral y cultural crítica. En términos universales, un pequeño grupo de hombres libres habían luchado contra un inmenso número de enemigos imperiales que luchaban bajo el látigo. Más especialmente, la idea occidental de que los soldados decidían dónde, cómo y contra quién luchaban contrastaba con la noción oriental del despotismo y la monarquía - probándose la libertad como la idea más fuerte ante la mayor valentía mostrada por los griegos en las Termópilas, atestiguada por las posteriores victorias en Salamina y Platea."

Si bien este paradigma del "hombre libre" contra los "esclavos" podría verse como una generalización demasiado burda, es sin embargo cierto que muchos comentaristas han usado las Termópilas para ilustrar este punto.

Desde el punto de vista militar, aunque la batalla no fue demasiado significativa en el contexto de la invasión persa, sí que tiene alguna significatividad especial, basándose en lo acontecido durante los dos primeros días de lucha. En efecto, la capacidad de los defensores se usa como ejemplo de las ventajas que aporta el entrenamiento, el equipamiento y el buen uso del terreno como multiplicadores de la fuerza militar de un ejército.[

San Francisco de Asis

 

Francisco de Asís
San Francesco.jpg
Representación de San Francisco de Asís, en un fresco de Cimabue en la Basílica de Asís, se cree que es la imagen más fiel del santo
fundador
NombreGiovanni di Bernardone
Nacimiento5 de julio de 1182[1]
Asís (Italia)
Fallecimiento3 de octubre de 1226 (44 años)[2]
Asís (Italia)
Venerado enIglesia Católica
Canonización16 de julio de 1228, en Asís, por el papa Gregorio IX
Principal SantuarioBasílica de San Francisco de Asís (Italia)
Festividad4 de octubre[3] [4]
Atributosestigmas, calavera (en representación no sólo del rechazo de la vida de placer, sino de la "hermana muerte", lobo, aves
Patronazgoanimales, medio ambiente, comerciantes (en particular fabricantes de telas, sastres y tejedores), belenismo, Italia, Filipinas, Quito (Ecuador), ciudad de Meycauayan, Telchac Pueblo (México)

 

Francisco de Asís (en italiano Francesco d’Assisi) (Asís, 5 de julio de 1182 – ibídem, 3 de octubre de 1226), santo italiano, que fue diácono, fundador de la Orden Franciscana y de una segunda orden conocida como Hermanas Clarisas, ambas surgidas bajo la autoridad de la Iglesia Católica en la Edad Media, al contrario de otras hermandades —como los cátaros— que fueron consideradas herejes. De ser hijo de un rico comerciante de la ciudad en su juventud, pasó a vivir bajo la más estricta pobreza y observancia de los Evangelios. En Egipto, intentó infructuosamente la conversión de musulmanes al cristianismo.

Su vida religiosa fue austera y simple, por lo que animaba a sus seguidores a hacerlo de igual manera. Tal forma de vivir no fue aceptada por algunos de los nuevos miembros de la orden mientras ésta crecía; aún así, Francisco no fue reticente a una reorganización. Es el primer caso conocido en la historia de estigmatizaciones visibles y externas. Fue canonizado por la Iglesia Católica en 1228, y su festividad se celebra el 4 de octubre. Es conocido también como il poverello d’Assisi («el pobrecillo de Asís», en italiano).

Contexto histórico

Cruz cátara, también cruz de Occitania.

En el siglo XII se concretaron cambios fundamentales en la sociedad de la época: el comienzo de las Cruzadas, el incremento demográfico y la afluencia del oro, entre otros motivos, influyeron en el incremento del comercio y el desarrollo de las ciudades. La economía seguía teniendo su base fundamental en el campo dominado por el modo de producción feudal, pero los excedentes de su producción se canalizaban con mayor dinamismo que en la Alta Edad Media. Aunque todavía no se estaba produciendo una clara transición del feudalismo al capitalismo y los estamentos privilegiados (nobleza y clero) seguían siendo los dominantes, como lo fueron hasta la Edad Contemporánea, los burgueses (artesanos, mercaderes, profesionales liberales y hombres de negocios) comenzaban a tener posibilidades de ascenso social. La Iglesia, protagonista de ese tiempo, también se vio influida por la nueva riqueza: no eran pocas las críticas a algunos de sus ministros que se preocupaban más por el crecimiento patrimonial y sus relaciones políticas de conveniencia.

Debido a ello, diversos movimientos religiosos surgieron en rechazo a la creciente opulencia de la jerarquía eclesiástica en esa época, o se dedicaron a vivir más de acuerdo con los postulados de una vida pobre y evangélica. Algunos de ellos medraron afuera de la institución y vivieron a su manera; tales movimientos fueron condenados hasta el punto de considerarlos herejes. Los cátaros, por ejemplo, predicaban entre otras cosas el rechazo a los sacramentos, las imágenes y la cruz. Otras organizaciones como la creada por San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán, por el contrario, nacieron bajo sumisión a la autoridad católica y fueron conocidas con el nombre genérico de "los monjes mendicantes". Este movimiento logró que la mayoría de la Iglesia se alejase de la opulencia, vicio que tornaría en el siglo XIV.

 Infancia y juventud

Nació bajo el nombre de Giovanni. Sus padres fueron Pietro Bernardone dei Moriconi y Donna Pica Bourlemont, provenzal; tuvo al menos un hermano más, de nombre Angelo. Su padre era un próspero comerciante de telas que formaba parte de la burguesía de Asís y que viajaba constantemente a Francia a las ferias locales. Entre algunas versiones, fue la afición a esta tierra por lo que su padre lo apodó después como Francesco o el francesito; también es probable que el pequeño fuera conocido más adelante de este modo por su afición a la lengua francesa y los cantos de los trovadores

Francisco recibió la educación regular de la época, en la que aprendió latín. De joven se caracterizó por su vida despreocupada: no tenía reparos en hacer gastos cuando andaba en compañía de sus amigos, en sus correrías periódicas, ni en dar pródigas limosnas; como cualquier hijo de un potentado tenía ambiciones de ser exitoso.

En sus años juveniles la ciudad ya estaba envuelta en conflictos para reclamar su autonomía del Sacro Imperio. En 1197 lograron quitarse la autoridad germánica, pero desde 1201 se enfrascaron en otra guerra contra Perugia, apoyada por los nobles desterrados de Asís. En la batalla de Ponte San Giovanni, en noviembre de 1202, Francisco fue hecho prisionero y estuvo cautivo por lo menos un año.

Desde 1198 el pontificado se hallaba en conflicto con el Imperio, y Francisco formó parte del ejército papal bajo las órdenes de Gualterio de Brienne contra los germanos.

Estatua de San Francisco en Asís que lo representa regresando a la ciudad tras abandonar la guerra.
La renuncia a los bienes terrenales, según Giotto.

De acuerdo con los relatos, fue en un viaje a Apulia (1205) mientras marchaba a pelear, cuando durante la noche escuchó una voz que le recomendaba regresar a Asís. Así lo hizo y volvió ante la sorpresa de quienes lo vieron, siempre jovial pero envuelto ahora en meditaciones solitarias.

Empezó a mostrar una conducta de desapego a lo terrenal. Un día en que se mostró en un estado de quietud y paz sus amigos le preguntaron si estaba pensando en casarse, a lo que él respondió: Estais en lo correcto, pienso casarme, y la mujer con la que pienso comprometerme es tan noble, tan rica, tan buena, que ninguno de vosotros visteis otra igual. Hasta ese momento todavía no sabía él mismo exactamente el camino que había de tomar de ahí en adelante; fue después de reflexiones y oraciones que supo que la dama a quien se refería era la Pobreza.

El punto culminante de su transformación se dio cuando convivió con los leprosos, a quienes tiempo antes le parecía extremadamente amargo mirar. Se dedicó después a la reconstrucción de la capilla de San Damián. Según los relatos, lo hizo después de haber visto al crucifijo de esta iglesia decirle: Francisco, vete y repara mi iglesia, que se está cayendo en ruinas. Entonces decidió vender el caballo y las mercancías de su padre en Foligno, regresó a San Damián con lo ganado y se lo ofreció al sacerdote, pero este lo rechazó.

Su padre, al darse cuenta de la conducta de su hijo, fue enojado en su búsqueda, pero Francisco estaba escondido y no lo halló. Un mes después fue él mismo el que decidió encarar a su padre. En el camino a su casa, las personas con que se encontró lo recibieron mal y, creyéndolo un lunático, le lanzaron piedras y lodo.

Francisco ante las autoridades eclesiales

Su padre le reprendió severamente, tanto que lo encadenó y lo encerró en un calabozo.[16] Al ausentarse el airado padre por los negocios, la madre lo libró de las cadenas. Cuando regresó, fue ella quien recibió las reprimendas del señor de la casa, y fue otra vez en búsqueda del muchacho a San Damián, pero Francisco se plantó con calma y le reafirmó que enfrentaría cualquier cosa por amor a Cristo. Pedro Bernardone, más preocupado por lo perdido de su patrimonio,[16] acudió a las autoridades civiles a forzarlo a presentarse, pero el joven rehusó hacerlo con el argumento de no pertenecer ya a la jurisdicción civil, por lo que las autoridades dejaron el caso en manos de la Iglesia.

Francisco se sometió al llamado de la autoridad eclesial. Ante el requerimiento de devolver el dinero frente a su padre y al obispo de Asís, de nombre Guido, no sólo lo hizo, sino que se despojó de todas sus vestimentas ante los jueces, proclamando a Dios desde ese momento como su verdadero Padre. Ante esto, el obispo lo abrazó y le envolvió con su manto.

 Comienzos de la orden

Porciúncula.

No se sabe con certeza cuántas iglesias en ruinas o deterioradas reconstruyó; entre ellas, a la que más estima tenía era la capilla de la Porciúncula (“la partecita”, llamada así porque estaba junto a una construcción mayor).

Allí fue donde recibió la revelación definitiva de su misión, probablemente el 24 de febrero de 1208, cuando escuchó estas palabras del evangelio: No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos... (Lc., 10). Así, cambió su afán de reconstruir las iglesias por la vida austera y la prédica del Evangelio. Después de someterse a las burlas de quienes lo veían vestido casi de trapos, ahora su mensaje era escuchado con atención, y al contrario de otros grupos reformadores de la época, el suyo no era un mensaje de descalificaciones ni anatemas.

En unos meses sus discípulos eran once: Bernardo di Quintavalle, Pedro Catani, Gil, Morico, Bárbaro, Sabatino, Bernardo Vigilante, Juan de San Constanzo, Angelo Tancredo, Felipe y Giovanni de la Capella.

Bajo la pobreza que Francisco predicaba y pedía, los frailes hacían sus labores diarias atendiendo leprosos, empleándose en faenas humildes para los monasterios y casas particulares, y trabajando para granjeros. Pero las necesidades cotidianas hacían la colecta de limosna inevitable, labor que Francisco alentaba con alegría por haber elegido el camino de la pobreza. Comenzó también la expansión del mensaje evangélico, y para ello los estimuló a viajar de dos en dos.

 Audiencia ante el Papa para la aprobación de la regla

Francisco de Asís en la pintura de Francisco Zurbarán.

Hacia abril o mayo de 1209, Francisco se decidió a presentarse ante el papa Inocencio III, para que le aprobara la primera regla de la Orden. Con ese fin, él y sus acompañantes emprendieron el viaje a Roma.

Fue bajo la intervención del obispo Guido de Asís como pudo tener audiencia con el Papa. Éste y ciertos cardenales objetaban el programa franciscano por el peligro de crear otra organización nueva, debido a los movimientos anticlericales de la época y a la falta de una mínima base material de la orden; pero bajo la influencia del cardenal Juan de San Pablo y su apoyo, Francisco pudo tener una nueva audiencia para que se considerara la aprobación de su hermandad de pobres.

El Papa por fin aprobó la regla verbalmente, al convencerse de que la ayuda de un hombre como Francisco reforzaría la imagen de la Iglesia con su prédica y su práctica del Evangelio. No se conoce el contenido de esta primera regla. Fue por esta época (seis años después de su conversión según Celano) cuando fundó, junto a Clara de Asís, la llamada segunda orden.

 Rivo Torto

Camino de vuelta a Asís, él y sus acompañantes se ubicaron en un lugar llamado Rivo Torto, donde consolidaron sus principios de vivir en la pobreza, conviviendo entre los campesinos locales y atendiendo a leprosos; desde entonces se hacían llamar a sí mismos Hermanos Menores o Frailes Menores (el nombre fundacional de la congregación es Ordinis Fratrorum Minorum, abreviado O.F.M.).

Después de la estadía en Rivo Torto, buscó una sede para su orden; para ello pidió la ayuda del obispo Guido, pero no consiguió respuesta favorable. Fue un abad benedictino del Monte Subasio quien le ofreció la capilla de la Porciúncula y un terreno adyacente (propiamente la partecita, la porcioncita). Francisco aceptó, pero no como un regalo, sino que pagaba como renta canastas con peces.

 Crecimiento y expansión

Francisco dando un sermón a las aves según fresco en la Basílica dedicada al santo.

Dentro del ánimo de la época de los viajes hacia el Este, hizo un intento de ir a Siria para la expansión del Evangelio en la tierra de los llamados «infieles». Esto sucedió probablemente a finales del año 1212 y nuevamente dos años más tarde, pero ambas empresas se frustraron.

Antes de 1215 el número de frailes se había incrementado, no sólo en Italia sino en el sur de Francia y en los reinos de España. Viajaban los franciscanos de dos en dos y convivían con la gente común; además, establecían ermitas en las afueras de las ciudades.

Concilio de Letrán

Durante el Concilio de Letrán de 1215, la organización adquirió un fuerte estatus legal; en ese año se decretó que toda nueva orden debía adoptar la Regla de San Benito o la de San Agustín. Para los Frailes Menores no hubo necesidad de esto, por haber sido aceptados seis años antes (aunque de palabra y no oficialmente). En este concilio el Papa Inocencio III tomó la letra Tau como símbolo de conversión y señal de la cruz; de ahí en adelante el poverello fue devoto de este símbolo.

En esa época, el cardenal Hugolino les ofreció a él y a Domingo de Guzmán la posibilidad de formar cardenales de las filas de sus órdenes. Francisco, según las crónicas de Tomás de Celano, acorde con sus principios respondió: «Eminencia: mis hermanos son llamados frailes menores, y ellos no intentan convertirse en mayores. Su vocación les enseña a permanecer siempre en condición humilde. Mantenedlos así, aún en contra de su voluntad, si Vuestra Eminencia los considera útiles para la Iglesia. Y nunca, os lo ruego, les permitáis convertirse en prelados.»

 Indulgencia en la Porciúncula

Bajo el pontificado de Honorio III en 1216, se promovió la indulgencia plenaria a favor de todo aquel que visitara la iglesia de Santa María de los Ángeles de Porciúncula. Obtuvo Francisco esa gracia del Papa para que la peregrinación se realizara una vez al año, pero bajo fuerte oposición, puesto que pocos lugares podían disfrutar de tan alto privilegio.

Desde el año 1217[32] organizó capítulos en el que los Frailes Menores se reunían para intercambiar experiencias; para la organización apropiada de los territorios en que los frailes se habían dispersado, organizó también provincias de evangelización.

 Viaje a Oriente

Captura de Damieta durante las cruzadas.

Hacia el capítulo de 1219, la orden tuvo sus primeras disensiones respecto de las normas de pobreza dictadas por Francisco. Algunos persuadieron al cardenal Hugolino para que hablara con él, a fin de que la orden fuera dirigida por hermanos «más sabios» y de acuerdo con reglas como la de San Benito, a lo que el poverello se opuso recalcando la forma de vida de humildad y simplicidad. La innovación que brotó de este encuentro fue la organización de misiones a las llamadas «tierras paganas».

En 1219 se embarcó hacia el oriente, pasando por Chipre, San Juan de Acre y Damieta en el delta del Nilo, donde los cruzados estaban bajo la orden del duque Leopoldo VI de Austria. Allí, Francisco los previno de que había sido alertado por Dios de que no realizaran ningún ataque; ante sus palabras, los soldados se burlaron de él. El resultado de la siguiente batalla fue un desastre para los cruzados. Continuó su estadía y el aprecio hacia su persona crecía, incluso algunos caballeros abandonaron las armas para convertirse en frailes menores.

Frente al sultán de Egipto

Tomó como misión la conversión de los musulmanes. Para ello se acompañó del hermano Illuminato para adentrarse en esas tierras; al encontrarse con los primeros soldados sarracenos fue golpeado, pero inmediatamente pidió ser llevado ante el Sultán, que entonces era al-Malik al-Kamil.

Según las crónicas de Buenaventura, el poverello, en su afán de convertirlo al cristianismo, invitó a los ministros religiosos musulmanes a entrar con él en una gran fogata, para así demostrar qué religión era la verdadera; los mulás rehuyeron la propuesta. Francisco ofreció entrar solo y retó al Sultán a que, si salía ileso, se convertiría al cristianismo e incitaría a su pueblo a hacerlo; el príncipe rechazó también esa posibilidad. Al final, sus pretensiones se frustraron. Tiempo después obtuvo del sultán al-Mu’azzam de Damasco, hermano de al-Malik, permiso sólo para visitar Siria y Tierra Santa.

Crisis y reorganización

La orden, durante su ausencia, sufrió una crisis: hubo disensiones, falta de organización y desacuerdos con la ruda vida diaria. El rumor de la muerte de Francisco en el Oriente dio pie a implantar reformas, entre ellas ciertas medidas disciplinarias, ayunos e incluso la institución de una casa de estudio en Bolonia; muchos consideraron estos cambios contrarios a la idea original del fundador. Enterado de estos sucesos, Francisco fue ante el Papa Honorio III y le rogó que designara al cardenal Hugolino para reorganizar la orden.

La nuevas disposiciones tuvieron un nuevo Ministro General, Elias Bombarone, y una nueva regla, la de 1221 (Regla no bulada) que entre otros temas trató el año de noviciado, la prohibición del vagabundeo y de la desobediencia ante órdenes contrarias a los principios franciscanos.

 La tercera orden

Ante el incremento de las vocaciones y el peligro de inclusión de gente de dudosa vocación espiritual, nació la llamada Tercera Orden, para permitir a hombres y mujeres laicos vivir una vida franciscana. Obtuvo su estatus legal en 1221 también con la ayuda del cardenal Hugolino. Es en posteriores escritos como se rescata su contenido, porque el original se perdió. Consistía de trece capítulos en los que se reglamentaba la santificación personal de los terciarios, su vida social y la organización de la nueva fraternidad.

Bajo influencia nuevamente de este cardenal, la orden reabrió el convento de Bolonia para el estudio, a pesar de la convicción de Francisco de la primacía de la oración y la prédica de los Evangelios por sobre la educación formal.

 La regla definitiva

La regla definitiva

Bajo la insistencia de ministros de la orden, fue obligado a redactar una nueva regla, ya que ciertos opositores a la entonces vigente consideraban que le faltaba consistencia y definición, y que eso le impedía obtener una definitiva aprobación del Papado. Nuevamente aceptó las exigencias. Para ello se retiró dos veces a la ermita de Fonte Colombo cerca de Rieti, a redactar una definitiva regla bajo ayuno y oración. El 29 de noviembre de 1223, con otra participación del cardenal Hugolino, la regla tuvo su forma definitiva y fue aprobada por el Papa Honorio III.

Navidad en Greccio

Terminada la labor de aprobación de la regla definitiva, Francisco decidió retornar a Umbría. Debido a la cercanía de la Navidad, a la que él tenía especial aprecio, quiso celebrarla de manera particular ese año de 1223; para ello convidó a un noble de la ciudad de Greccio, de nombre Juan, a festejar el nacimiento de Jesucristo en una loma rodeada de árboles y llena de cuevas de un terreno de su propiedad.

Pretendió que la celebración se asemejara lo más posible a la natividad de Jesús, y montó un pesebre con animales y heno; pobladores y frailes de los alrededores acudieron a la misa en procesión. Allí el poverello asistió como diácono y predicó un sermón. Aunque no fue la primera celebración de este tipo, es considerada un importante evento religioso, una fiesta única.

 Los estigmas

La estigmatización según un fresco en la Basílica de San Francisco.

Francisco asistió en junio de 1224 a lo que fue su último capítulo general de la orden. Hacia principios de agosto resolvió hacer un viaje a un lugar aislado llamado Monte Alvernia, a unos 160 kilómetros al norte de Asís; escogió para este viaje a algunos de sus compañeros: León, Angelo, Illuminato, Rufino y Masseo, a quien el poverello puso al mando del grupo.

Estando en la cima, fue visitado por el conde Orlando, quien llevaba provisiones a los hermanos. Francisco le pidió construirle una cabaña a manera de celda, donde después se aisló. La oración ocupó un lugar central en la vida de Francisco; para ello buscaba la vida eremítica, el silencio y soledad interior. Reforzaba sus plegarias postrándose, ayunando, e incluso, gesticulando.

En ese lugar, León fue testigo de los actos de su soledad: lamentos por el futuro de la orden y estados de éxtasis. Al saber que era espiado, decidió irse a un sitio más apartado en una saliente de montaña. En la fiesta de la Asunción Francisco decidió hacer un ayuno de cuarenta días.

Por órdenes del poverello, León lo visitaba dos veces para llevarle pan y agua. Según los relatos que recogieron los testimonios de León, éste fue testigo de la aproximación y alejamiento de una bola de fuego que bajaba del cielo; por este prodigio, Francisco le comentó que algo grande estaría por ocurrir. Le hizo abrir tres veces el misal para encontrar respuesta, y las tres veces se abrió en la historia de la Pasión de Jesús.

Probablemente el 14 de septiembre de 1224, oró para recibir dos gracias antes de morir: Sentir la pasión de Jesús, y una enfermedad larga con una muerte dolorosa. Después de intensas oraciones, entonces en un trance profundo —según relato de San Buenaventura — el mismo Nazareno se le presentó, crucificado, rodeado por seis alas angélicas, y le imprimió las señales de la crucifixión en las manos, los pies y el costado; posteriormente, sus hermanos vieron los estigmas de Francisco, que él conservó por el resto de su vida. Sin embargo, Francisco -al igual que otros santos estigmatizados- hizo todo lo posible para ocultarlos a la vista de los demás por considerarse indigno, no del dolor que sentía, sino de ser portador de las señales de la Pasión de Jesús. Por eso, fue desde entonces con las manos metidas entre las mangas del hábito, y con los pies cubiertos por medias y zapatos.

Muerte

Basílica de San Francisco.

Retornó a la Porciúncula acompañado sólo por León; en su camino hubo muestras de veneración al estigmatizado, aparentemente su acompañante hacía saber a todos acerca del prodigio. Mientras tanto, su salud —que desde mucho tiempo antes nunca fue buena del todo— empeoraba: El sangrado de sus heridas lo hacía sufrir constantemente. En el verano de 1225 pasó un tiempo en San Damián bajo el cuidado de sus allegados.

Fue durante esta temporada cuando compuso el Cántico del Hermano Sol, que hizo también cantar a sus compañeros. Se encaminó luego a Rieti, rodeado del entusiasmo popular por tocarlo o arrancar algún pedacito del pobrísimo sayo que vestía, y se instaló en el palacio del obispo. Después se hospedó en Fonte Colombo, donde fue sometido a tratamiento médico, que incluyó cauterizar con un hierro ardiente la zona desde la oreja hasta la altura de la ceja de uno de sus ojos; según los relatos, Francisco no sintió dolor al «platicar» con el fuego para que no lo dañara. Otro intento para ser tratado por renombrados médicos fue hecho en Siena, sin buen resultado.

Deseó volver a la Porciúncula a pasar sus últimos días. Arribó a Asís y fue llevado al palacio del obispo y resguardado por hombres armados, puesto que la localidad estaba en estado de guerra. En su lecho escribió su Testamento. En sus últimos momentos entonó nuevamente su Cántico al Hermano Sol —al que agregó un nuevo verso dedicado a la hermana Muerte— junto a Angelo y León.

La tumba de Francisco en Asís

De acuerdo con su último deseo, fue encaminado a la Porciúncula, donde se estableció en una cabaña cercana a la capilla. Murió el 3 de octubre de 1226 a la edad de 43.

Así relata San Buenaventura la verificación de las llagas de Francisco después de su muerte:

"Al emigrar de este mundo, el bienaventurado Francisco dejó impresas en su cuerpo las señales de la pasión de Cristo. Se veían en aquellos dichosos miembros unos clavos de su misma carne, fabricados maravillosamente por el poder divino y tan connaturales a ella, que, si se les presionaba por una parte, al momento sobresalían por la otra, como si fueran nervios duros y de una sola pieza. Apareció también muy visible en su cuerpo la llaga del costado, semejante a la del costado herido del Salvador. El aspecto de los clavos era negro, parecido al hierro; mas la herida del costado era rojiza y formaba, por la contracción de la carne, una especie de círculo, presentándose a la vista como una rosa bellísima. El resto de su cuerpo, que antes, tanto por la enfermedad como por su modo natural de ser, era de color moreno, brillaba ahora con una blancura extraordinaria. Los miembros de su cuerpo se mostraban al tacto tan blandos y flexibles, que parecían haber vuelto a ser tiernos como los de la infancia. Tan pronto como se tuvo noticia del tránsito del bienaventurado Padre y se divulgó la fama del milagro de la estigmatización, el pueblo en masa acudió en seguida al lugar para ver con sus propios ojos aquel portento, que disipara toda duda de sus mentes y colmara de gozo sus corazones afectados por el dolor. Muchos ciudadanos de Asís fueron admitidos para contemplar y besar las sagradas llagas. Uno de ellos llamado Jerónimo, caballero culto y prudente además de famoso y célebre, como dudase de estas sagradas llagas, siendo incrédulo como Tomás, movió con mucho fervor y audacia los clavos y con sus propias manos tocó las manos, los pies y el costado del Santo en presencia de los hermanos y de otros ciudadanos; y resultó que, a medida que iba palpando aquellas señales auténticas de las llagas de Cristo, amputaba de su corazón y del corazón de todos la más leve herida de duda. Por lo cual desde entonces se convirtió, entre otros, en un testigo cualificado de esta verdad conocida con tanta certeza, y la confirmó bajo juramento poniendo las manos sobre los libros sagrados."
San Buenaventura, Leyenda Mayor de San Francisco 15,4

Al día siguiente, el cortejo fúnebre se encaminó hacia San Damiano y después a San Giorgio, donde fue sepultado. Fue canonizado el 16 de julio de 1228. Sus restos se encuentran en la Basílica de San Francisco en Asís.

19º Libro 2011 (7 de Octubre)

19º Libro 2011 (7 de Octubre)

 

EN EL PAÍS DE LA NUBE BLANCA
Autor: LARK, SARAH
Editorial: EDICIONES B
Año de la Edición: 2011
Género: Ficción literaria
ISBN: 9788466646710

 

Sinopsis
 
En el país de la nube blanca es una novela cautivadora sobre el amor y el odio, la confianza y la enemistad. Protagonizada por dos fuertes personajes femeninos y ambientada en la Nueva Zelanda colonial del siglo XIX, recuerda inevitablemente a la película El piano (en la que Holly Hunter interpretaba a una mujer escocesa enviada junto con su hija a Nueva Zelanda tras un matrimonio por poderes). La acción arranca en Londres en 1852, cuando dos chicas emprenden la travesía en barco hacia Nueva Zelanda. Para ellas significa el comienzo de una nueva vida como futuras esposas de unos hombres a quienes no conocen. Gwyneira, de origen noble, está prometida al hijo de un magnate de la lana, mientras que Helen, institutriz de profesión, ha respondido a la solicitud de matrimonio de un granjero. Ambas deberán seguir su destino en una tierra comparada con el paraíso. Pero ¿hallarán el amor y la felicidad en el extremo opuesto del mundo?

18º Libro 2011 (3 de Octubre)

18º Libro 2011 (3 de Octubre)

 

EL ALMA DE LAS PIEDRAS

PALOMA SANCHEZ-GARNICA

Editorial:PLANETA

Dimensiones:15.0x23.0 cm

Nº páginas: 600 pags
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788408093848
Año de edición:2010
Plaza edición: BARCELONA

 

Sinopsis

El alma de las piedras cuenta dos historias separadas en el tiempo sobre el origen del mito jacobeo. 

Martín de Bilibio es un monje ayudante del obispo Teodomiro que, en el año 824, asiste al milagroso descubrimiento de una tumba que se le adjudica al apóstol Santiago en base a unas endebles teorías. El portentoso hallazgo tiene su razón de ser, en principio, en la necesidad de un acicate que diera esperanza y fortaleciera la fe a los fieles de la zona de Galicia, abatidos por el abandono y arrojados a los ritos paganos que el obispado era incapaz de erradicar.

Veinte años después y unos días antes de la muerte del obispo, Martín de Bilibio emprende una extraña peregrinación llevando consigo un pergamino, que él mismo titula La Inventio, en el que explica cómo discurrió el hallazgo del excelso túmulo. Durante ese viaje será consciente del engaño urdido a su alrededor, en el que se mezcla, de forma muy artera, la realidad de las creencias herejes y los ritos paganos con lo sagrado. Además, en su camino se cruzará con un cantero con el que descubrirá los secretos de las marcas de las piedras.

Por otro lado, a finales del siglo XI, Mabilia de Montmerle, perteneciente a una familia noble del ducado de Borgoña, relata cómo por una traición a su padre, el conde de Montmerle, se ve arrojada a una huida constante que la obligará a entrar en un mundo de hombres. En su involuntario peregrinaje, recorrerá la senda de las estrellas que lleva a muchos hasta un lugar en el extremo más occidental, llamado el fin de la tierra, el finis terrae, donde todo lo pagano se sacraliza para “mayor gloria de Dios”. Será consciente de la evolución y la bondad que produce esa ruta: la construcción de ciudades, monasterios, caminos, puentes. Conocerá el lado más oscuro de los canteros y su extraña labor de “arrancarle el alma a las piedras”, con el fin de evitar el olvido, la ausencia de la memoria y mantener la dignidad del recuerdo.