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Supercopa ACB

Supercopa ACB

 

Historial

EdiciónAño SedeCampeónResultadoSubcampeónTerceroCuarto↓
I2004MálagaFlag of Catalonia.svg CATFC Barcelona76 - 75 (OT)Bandera de la Comunidad de Madrid MADReal Madrid CFFlag of Andalucía.svg ANDUnicaja MálagaIkurrina EUSTAU Cerámica Baskonia
II2005GranadaIkurrina EUSTAU Cerámica Baskonia61 - 55Flag of Andalucía.svg ANDCB GranadaBandera de la Comunidad de Madrid MADReal Madrid CFFlag of Andalucía.svg ANDUnicaja Málaga
III2006MálagaIkurrina EUSTAU Cerámica Baskonia83 - 78Flag of Andalucía.svg ANDUnicaja MálagaFlag of Catalonia.svg CATDKV Joventut BadalonaFlag of Catalonia.svg CATFC Barcelona
IV2007BilbaoIkurrina EUSTAU Cerámica Baskonia85 - 73Ikurrina EUSIurbentia Bilbao BasketBandera de la Comunidad de Madrid MADReal Madrid CFFlag of Catalonia.svg CATFC Barcelona
V2008ZaragozaIkurrina EUSTAU Cerámica Baskonia86 - 85Flag of Aragon.svg ARACAI ZaragozaFlag of Catalonia.svg CATFC BarcelonaFlag of Catalonia.svg CATDKV Joventut Badalona
VI2009Las PalmasFlag of Catalonia.svg CATFC Barcelona86 - 82Bandera de la Comunidad de Madrid MADReal Madrid CFFlag of the Canary Islands.svg ICNGran Canaria 2014Ikurrina EUSCaja Laboral Baskonia
VII2010VitoriaFlag of Catalonia.svg CATFC Barcelona83 - 63Bandera de la Comunidad Valenciana CVAPower Electronics ValenciaIkurrina EUSCaja Laboral BaskoniaBandera de la Comunidad de Madrid MADReal Madrid CF
VIII2011BilbaoFlag of Catalonia.svg CATFC Barcelona82 - 73Ikurrina EUSCaja Laboral BaskoniaBandera de la Comunidad de Madrid MADReal Madrid CFIkurrina EUSBizkaia Bilbao Basket

 

  • A partir de 2006 no se disputó el partido por el 3º y 4º Puesto.
  • 

 Clasificación histórica

#EquipoPartic.Camp.Subc.PGPP
1Ikurrina Caja Laboral Baskonia84195
2Flag of Catalonia.svg FC Barcelona74084
3Bandera de la Comunidad de Madrid Real Madrid CF60236
4Flag of Andalucía.svg Unicaja Málaga30124
5Ikurrina Bizkaia Bilbao Basket20112
6Flag of Andalucía.svg CB Granada10111
*Flag of Aragon.svg CAI Zaragoza10111
*Bandera de la Comunidad Valenciana Valencia Basket Club10111
9Flag of Catalonia.svg DKV Joventut Badalona20012
10Flag of the Canary Islands.svg Gran Canaria 201410001
 Total 882727

 MVP

Ed.AñoMVPEquipo
I2004Bandera de Serbia y Montenegro Dejan BodirogaFC Barcelona
II2005Bandera de Argentina Luis ScolaTAU Cerámica Baskonia
III2006Bandera de Brasil Tiago SplitterTAU Cerámica Baskonia
IV2007Bandera de Brasil Tiago SplitterTAU Cerámica Baskonia
V2008Bandera de Argentina Pablo PrigioniTAU Cerámica Baskonia
VI2009Bandera de España Juan Carlos NavarroFC Barcelona
VII2010Bandera de España Juan Carlos NavarroFC Barcelona
VIII2011Bandera de España Juan Carlos NavarroFC Barcelona

Orden del Cister

Orden del Cister

Orden del Císter

Orden del Císter
Arms of Ordo cisterciensis.svg
Nombre latino Ordo Cisterciensis
Siglas O. Cist.
Nombre común Bernardos
Gentilicio Cistercenses
Tipo Orden monástica
Regla Regla de San Benito
Hábito Blanco
Fundador San Roberto de Molesmes
Fundación 1098
Lugar de fundación Abadía de Citeaux
Aprobación 1100 por el Papa Pascual II
Superior General Abad General Mauro Giuseppe Lepori
Religiosos 1470
Sacerdotes 717
Curia Piazza del Tempio di Diana, 14
00153 Roma, Italia
Sitio web www.ocist.org

La orden cisterciense (en latín: Ordo cisterciensis, o.Cist.), igualmente conocida como orden del Císter o incluso como santa orden del Císter (Sacer ordo cisterciensis, s.o.c.) es una orden monástica católica reformada, cuyo origen se remonta a la fundación de la Abadía de Císter por Roberto de Molesmes en 1098. Ésta se encuentra donde se originó la antigua Cistercium romana, localidad próxima a Dijon, Francia.

La orden cisterciense desempeñó un papel protagonista en la historia religiosa del siglo XII. Por su organización y por su autoridad espiritual, se impuso en todo el occidente, incluso en sus márgenes. Su influencia fue particularmente importante en el este del Elba donde la orden hizo «progresar al mismo tiempo el cristianismo, la civilización y el desarrollo de las tierras».

Como restauración de la regla benedictina inspirada en la reforma gregoriana, la orden cisterciense promueve el ascetismo, el rigor litúrgico y trata, con cierta mesura, el trabajo como un elemento cardinal, como lo demuestra su patrimonio técnico, artístico y arquitectónico. Además de la función social que ocupó hasta la Revolución francesa, la orden ejerció una influencia importante en los ámbitos intelectual o económico, así como en el ámbito de las artes y de la espiritualidad.

Debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval (1090-1153), hombre de una personalidad y de un carisma excepcionales. Su influencia y su prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cisterciense más importante del siglo XII. Pues, aun no siendo el fundador, sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la orden.

La orden cisterciense, en nuestros días, está de hecho formada por dos órdenes y varias congregaciones. La orden de la «Común Observancia» contaba en 1988 con más de 1.300 monjes y 1.500 monjas, repartidos respectivamente en 62 y 64 monasterios. La Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia», también llamada O.C.S.O., comprende hoy en día cerca de 2.000 monjes y 1.700 monjas, comúnmente llamados trapenses porque provienen de la reforma de la abadía de la Trapa, repartidos en 106 monasterios masculinos —abadías y prioratos y nuevas fundaciones—, y 76 monasterios femeninos, también llamados abadías o prioratos, junto con otras fundaciones, en el mundo entero.Pero si las dos órdenes cistercienses están actualmente separadas, mantienen estrechos vínculos de amistad y colaboración entre ellos, sobre todo en el ámbito de la formación y de la reflexión sobre el carisma común.

Su hábito es prácticamente el mismo: túnica blanca y escapulario negro, retenida por un cinturón que se lleva por debajo; el hábito de coro es la tradicional cogulla monástica, de color blanco, de donde viene la denominación de monjes blancos. De hecho, se les llamó en la Edad Media los monjes blancos en oposición a los monjes negros, que eran los benedictinos. También es frecuente la denominación monjes bernardos o simplemente bernardos por el impulso que dio a la orden Bernardo de Fontaine.

Aunque siguen la regla de san Benito, los cistercienses no son propiamente considerados como benedictinos. En efecto, es en el IV Concilio de Letrán (1215) cuando la palabra benedictino apareció para designar a los monjes que no pertenecían a ninguna Orden centralizada, por oposición a los cistercienses. Pero numerosos vínculos unen a ambas familias

Lista de los abades generales de la orden

  • 1850-1853: Tommaso Mossi, 1er prior general
  • 1853-1856: Angelo Geniani, 2º prior general
  • 1856-1879: Teobaldo Cesari, 1er abad general
  • 1880-1890: Gregorio Bartolini, 2º abad general
  • 1892-1901: Anton-Leopold Wackarz, 3er abad general
  • 1901-1920: Gerhard-Franz Bie de Amadeus, 4º abad general
  • 1920-1927: Cassien-Joseph Haid, 5º abad general
  • 1927-1937: Albert-François Janssens, 6º abad general
  • 1937-1950: Edmondo-Augusto Bernardini, 7º abad general
  • 1950-1953: Matthew-Gregory Ember, 8º abad general
  • 1953-1985: Sighard-Karl Petits, 9º abad general
  • 1985-1995: Polikarp-Ferenc Zakar, 10º abad general
  • 1995-2010: Mauro-Daniel Esteva y Alsina, 11º abad general
  • 2010-: Mauro Giuseppe Lepori. 12º abad general

Historia

  La génesis de la orden cisterciense

En Occidente, en el cambio entre el siglo XI y el siglo XII, son numerosos los fieles que buscan «nuevas vías de perfección»,6 «deseo inexpresado, pero exaltando todo el fervor de rejuvenecer el mundo».7 Sin embargo, las peregrinaciones y cruzadas no alimentan espiritualmente a todos los creyentes.

También, conjugando el ascetismo y el rigor litúrgico y rechazando la ociosidad en contraposición al trabajo manual, la Regula Sancti Benedicti es a finales del siglo XI una formidable fuente de inspiración para los movimientos que se esforzaban en buscar la perfección, tales como la Orden de Grandmont o la Orden Cartuja, fundada por San Bruno en 1084. La Orden Cisterciense está marcada en su nacimiento por la necesidad de reforma y la inspiración evangélica que apuntala igualmente la experiencia de Robert de Arbrissel, fundador de la Orden de Fontevraud en 1091, y la eclosión de los capítulos de canónigos regulares.

 Los padres fundadores

La aventura cisterciense comienza con la fundación de la abadía de Notre-Dame de Molesmes por Roberto de Molesmes en 1075, en la región de Tonnerre.

Nacido en Champaña y emparentado con la familia Maligny, una de las más importantes de la región, Roberto de Molesmes comienza su noviciado a la edad de quince años en la abadía de Moutiers-la-Celle, en la diócesis de Troyes, donde se convirtió en prior. Imbuido del ideal de restauración de la vida monástica tal como había sido instituido por San Benito, abandona el monasterio en 1075. Consigue poner en práctica ese ideal compartiendo la soledad, la pobreza, el ayuno y la oración con siete ermitaños, cuya vida espiritual dirige, e instalándose en el bosque de Collan (o Colán), cerca de Tonnerre. Gracias a los señores de Maligny, el grupo se establece en el valle del Laignes, en la localidad de Molesmes, adoptando reglas similares a las de los camaldulenses y combinando la vida comunal de trabajo y el oficio benedictino con el eremitismo.

Esta fundación es un éxito: la nueva abadía atrae a numerosos visitantes y donantes, religiosos y laicos. «Quince años después de su fundación, Molesmes se asemeja a cualquier abadía benedictina próspera de su época.»10 Pero las exigencias de Roberto y de Albéric son mal aceptadas. Se producen divisiones en el seno de la comunidad. En 1090, Roberto, con algunos compañeros, decide alejarse durante un tiempo de la abadía y sus disensiones y se establece con algunos hermanos en Aulx, para llevar allí una vida de ermitaño. Sin embargo, es obligado a regresar a la abadía que dirige en Molesmes.

Sabiendo que no conseguirá satisfacer su ideal de soledad y pobreza en el clima de Molesmes, donde los partidarios de la tradición se oponen a los de la renovación, Roberto, con autorización del legado del Papa Hugues de Die, acepta un lugar solitario ubicado en el bosque pantanoso de la baja región de Dijon que le proponen el duque de Borgoña, Eudes I, y sus primos lejanos los vizcondes de Beaune, para retirarse y practicar, con la mayor austeridad, la regla de San Benito. En este lugar cercano al valle del Saona, a veintidós kilómetros al sur de Dijon, encuentra un «desierto» cubierto de cañas. Alberico y Esteban Harding, así como otros veintiún monjes fervorosos, lo acompañan en su "terrible soledad", en la que se instalan el 21 de marzo de 1098, en el lugar conocido como La Forgeotte, alodio concedido por Renard, vizconde de Beaune, para fundar allí otra comunidad denominada durante un tiempo el novum monasterium.

  El «nuevo monasterio»

El abaciado de Roberto

Los inicios del novum monasterium, en edificios de madera rodeados de una naturaleza hostil, son difíciles para la comunidad. La nueva fundación se beneficia, no obstante, del apoyo del obispo de Dijon. Eudes de Borgoña también da muestras de generosidad; Renard de Beaune, su vasallo, cede a la comunidad las tierras que lindan con el monasterio. La benévola protección del arzobispo Hugues permite la edificación de un monasterio de madera y de una humilde iglesia. Roberto tiene el tiempo justo de recibir del duque de Borgoña una viña en Meursault, ya que, tras un sínodo celebrado en Port d’Anselle en 1099 que legitima la fundación del novum monasterium, se ve obligado volver a Molesmes, donde encontrará la muerte en 1111.

La historiografía cisterciense censura durante algún un tiempo la memoria de los monjes que regresan a Molesmes. Así, los escritos de Guillermo de Malmesbury, y luego el Pequeño y el Gran Exordio, se hallan en el origen de la leyenda negra que, en el seno de la orden, persigue a Roberto y a sus compañeros de Molesmes «a quienes no les gustaba el desierto.»

El abaciado de Alberico

Los fundadores de Cîteaux: Roberto de Molesmes, Alberico y Esteban Harding venerando a la Virgen María.

Roberto deja la comunidad en manos de Alberico, uno de los más fervientes partidarios de la ruptura con Molesmes. Alberico, administrador eficaz y competente, obtiene la protección del papa Pascual II (Privilegium Romanum) que promulga el 19 de octubre de 1100 la bula Desiderium quod. Alberico, enfrentado a numerosas dificultades materiales, desplaza su comunidad dos kilómetros más al sur, a orillas del Vouge, para encontrar un suministro suficiente de agua.14 Bajo sus órdenes, se construye una iglesia a unos centenares de metros del lugar inicial. El 16 de noviembre de 1106 Gauthier, obispo de Chalon, consagra en este nuevo lugar la primera iglesia construida en piedra. Alberico consigue mantener el fervor espiritual en el seno de su comunidad, a la que somete a una ascesis muy dura. Pero Cîteaux vegeta, las vocaciones son escasas y sus miembros envejecen. Los años parecen difíciles para la pequeña comunidad ya que «los hermanos de la Iglesia de Molesmes y otros monjes vecinos no dejan de acosarlos y de perturbarlos porque temen parecer ellos mismos más viles y despreciables a los ojos del mundo si se ve a los otros vivir entre ellos como monjes nuevos y singulares».15

Sin embargo, la protección del duque de Borgoña, la de su hijo Hugo II, con posterioridad a 1102, y los clérigos surgidos del valor de la comunidad, permiten un primer desarrollo. A partir de 1100, el monasterio atrae a algunos neófitos; algunos novicios se incorporan al grupo. Durante su abaciado, Alberico hace adoptar a los monjes el hábito de lana cruda a cambio del hábito negro de los monjes de la orden de Cluny, lo que valdrá a los monjes cistercienses el apodo de «monjes blancos», el de «benedictinos blancos», a veces, o el de «bernardinos», del nombre de san Bernardo, por oposición a los benedictinos o «monjes negros».

Alberico define también el estatuto de los hermanos conversos —religiosos que no son ni clérigos ni monjes, pero sujetos a la obediencia y a la estabilidad y que llevan a cabo el grueso de los trabajos manuales— y hace emprender el trabajo de revisión de la Biblia, que será concluido bajo el abaciado de Esteban Harding.

El abaciado de Esteban Harding

Esteban Harding y el abad de Saint-Vaast d’Arras depositando su abadía a los pies de la Virgen.16

En 1109, Esteban Harding se hace cargo de los destinos de Cîteaux, sucediendo a Alberico tras la muerte de este último. Esteban, noble anglosajón de sólida formación intelectual, es un monje formado en la escuela de Vallombreuse que ya desempeñó un papel protagonista en los acontecimientos de 1098. Mantiene excelentes relaciones con los señores locales.

La benevolencia de la castellana de Vergy y del duque de Borgoña garantizan el desarrollo material de la abadía. La revalorización de las tierras garantiza a la comunidad los recursos necesarios para su subsistencia. El fervor de los monjes confiere a la abadía un gran renombre. En abril de 1112 o mayo de 1113,17 el joven caballero Bernardo de Fontaine, junto a una treintena de compañeros, hace su entrada en el monasterio cuyos destinos va a transformar. Con la llegada de Bernardo, la abadía se engrandece. Los postulantes fluyen, los efectivos crecen e impulsan a Esteban Harding a fundar «abadías filiales».

La fundación de la orden

En 1113 se funda la primera abadía filial en La Ferté, en la diócesis de Chalon-sur-Saône, seguida por la de Pontigny, en la diócesis de Auxerre, en 1114. En junio de 1115, Esteban Harding envía a Bernardo con doce camaradas a fundar la abadía de Claraval, en Champaña. El mismo día, una comunidad monástica parte de Cîteaux para fundar la abadía de Morimond.

Sobre este tronco de las cuatro filiales de Cîteaux, la orden cisterciense va a desarrollarse y la familia cisterciense crecerá durante el todo el siglo XII. A partir de 1120, la orden se establece en el extranjero. Finalmente, junto a los monasterios de hombres se crearán conventos de monjas. El primero se establece en 1132 por iniciativa de Esteban Harding en Tart-l’Abbaye, siendo el de Port-Royal-des-Champs uno de los más célebres.

Para Esteban Harding, organizador de la orden y gran legislador, la obra que ve nacer es aún frágil y precisa ser reforzada. Las abadías creadas por Cîteaux necesitan el vínculo que será la marca de su pertenencia a la aplicación estricta de la regla de San Benito y hacer solidarias a las comunidades monásticas. La Carta de Caridad que él elabora se convierte en el «cimiento» que garantizará la solidez del edificio cisterciense.

La Carta de caridad

Entre 1114 y 1118, Esteban Harding redacta la «Carta Caritatis» o Carta de caridad, texto constitucional fundamental en el cual se basa la cohesión de la orden. En ella establece la igualdad entre los monasterios de la orden. En cumplimiento de la unidad de observancia de la regla de San Benito, tiene por objeto organizar la vida diaria e instaurar una disciplina uniforme en el conjunto de las abadías. El papa Calixto II la aprueba el 23 de diciembre de 1119 en Saulieu. La Carta fue objeto de diferentes actualizaciones.

Esteban Harding prevé que cada abadía, aun conservando una gran autonomía, en particular financiera, dependa de una abadía-madre: la abadía que la fundó o aquélla a la que está vinculada. Sus abades, elegidos por la comunidad, controlan la abadía a su criterio. Al mismo tiempo, ha sabido prever sistemas eficaces de control, evitando al mismo tiempo la centralización: la abadía-madre tiene derecho de fiscalización y su abad debe visitarla anualmente.

Esteban Harding instituyó, en la cumbre del edificio, el Capítulo general como órgano supremo de control. El Capítulo general reúne, cada 14 de septiembre, bajo la presidencia del abad de Cîteaux que fija el programa, a todos los abades de la orden, que están obligados a asistir personalmente o, excepcionalmente, a estar representados. Todos tienen el mismo rango, excepto los abades de las cuatro ramas principales.

Por otra parte, el Capítulo general decreta estatutos y aporta las adaptaciones necesarias para las normas que rigen la orden. Las decisiones tomadas en estas asambleas se anotan en registros llamados statuta, instituta et capitula.

Este sistema, como subraya Dom J. M. Canivez, permitió «una unión, una intensa circulación de vida y un verdadero espíritu de familia que agrupaba en un cuerpo compacto a las abadías surgidas de Cîteaux».

Bernardo de Claraval y la expansión de la orden

Bernardo de Claraval

La orden debe el considerable desarrollo que conoció en la primera mitad del siglo XII a Bernardo de Claraval, (1090-1153), el más célebre de los cistercienses y a quien se puede considerar como su maestro espiritual.18 Sus orígenes familiares y su formación, sus apoyos y sus relaciones, su propia personalidad, explican en gran parte el éxito cisterciense.

Su familia es conocida por su piedad; su madre le transmite su inclinación por la soledad y la meditación. Decide no abrazar el oficio de las armas e intenta retirarse del mundo. Sin embargo, durante su vida religiosa conserva un agudo sentido del combate. «Una vez convertido en monje, Bernardo sigue siendo un caballero que alienta a los que combaten por Dios». Persuasivo y carismático, anima a muchos de sus parientes a seguirlo a Cîteaux, abadía próxima a las tierras de su familia.20

Solamente tres años después de su entrada en la orden cisterciense, Bernardo, consagrado abad por Guillermo de Champeaux, obispo de Châlons-sur-Marne, se pone a la cabeza de la abadía de Claraval el 25 de junio de 1115.

«Durante diez años se entrega por entero a la comunidad de la que era [...] el padre. Después de Claraval, ya bien establecido y arraigado, a su vez prolífico, esparcida también su descendencia por todas partes, en Trois-Fontaines, en Fontenay, en Foigny, Bernardo habla solamente para los religiosos de su monasterio». — Georges Duby, Saint Bernard et l’art cistercien, op cit., p. 10.
Bernardo de Claraval enseñando en la sala capitular, Heures d’Étienne Chevalier, ilustradas por Jean Fouquet, museo Condé, Chantilly.

Sin dejar de ocuparse de Claraval, de donde seguirá siendo abad toda su vida, Bernardo tiene una influencia religiosa y política considerable fuera de su orden.21 Durante toda su vida se guía por la defensa de la orden cisterciense y sus ideales de reforma de la Iglesia. Se lo encuentra en todos los frentes y su vida es rica en paradojas: proclama su deseo de retirarse del mundo y, sin embargo, no deja de mezclarse en los asuntos del mundo. De buen grado imparte lecciones, pero, seguro de la superioridad del espíritu cisterciense, abruma con sus reproches a sus hermanos cluniacenses. Tiene muy duras palabras para fustigar a los clérigos y a los prelados que sucumben a las riquezas materiales y al lujo. No desdeña la picardía, la astucia, la mala fe o las injurias para abatir a su adversario —el teólogo Pedro Abelardo sufrió en persona esta dura experiencia —. Se lo ve en el Languedoc intentando frenar los progresos de la herejía. Recorre Francia y Alemania, movilizando a las muchedumbres tras la predicación de Vézelay, el 31 de marzo de 1146, para lanzar la Segunda Cruzada. Interviene en la designación de los papas, cuya causa consigue hacer triunfar: Inocencio II contra Anacleto II, y llega incluso a dar lecciones a los soberanos pontífices.

Las fundaciones prosiguen a un ritmo constante. Así, las abadías de la Cour-Dieu y de Bonnevaux. La orden, con su base borgoñona, conquista el Dauphiné y el Marne; luego, en poco tiempo, todo el Occidente cristiano. No hay una nación católica, desde Escocia a Tierra Santa, de Lituania y Hungría a Portugal, que no haya conocido a los cistercienses en alguno de sus setecientos sesenta y dos monasterios. De Claraval surge, en suma, la mayor rama de la orden cisterciense: trescientas cuarenta y una casas, ochenta de ellas filiales directas, dispersadas por toda Europa; aún más que Cluny que sólo cuenta con alrededor de 300. Así pues, gracias al número de sus filiales que sobrepasa a las de Cîteaux, el peso de la Abadía de Claraval no deja de crecer, en particular en las decisiones tomadas en los Capítulos generales.

Cuando muere, el 20 de agosto de 1153, honrado por todo el mundo cristiano, convierte a Cîteaux en uno de los principales centros de la cristiandad, en un alto lugar espiritual.

 La organización de la orden

«Debemos ser unánimes, sin divisiones entre nosotros: todos juntos, un solo cuerpo en Cristo, siendo miembros los unos de los otros»
— San Bernardo, Sermon pour la Saint-Michel, I, 8.

La regla benedictina se presenta como una síntesis entre exigencias contrarias: independencia económica y actividad litúrgica, actividad apostólica y rechazo del mundo. Los Statuts des moines cisterciens venus de Molesme (Estatutos de los monjes cistercienses venidos de Molesmes), redactados en los años 1140, son una propuesta de normalización del ideal primitivo: estricta observancia de la regla benedictina, búsqueda del aislamiento, pobreza integral, rechazo de los beneficios eclesiásticos, trabajo manual y autarquía.

Los primeros abades de Cîteaux habían encontrado este equilibrio en la sencillez rústica, en la ascesis y el gusto por el cultivo. Los siglos XII y XIII, marcados por los escritos de los «cuatro evangelistas de Cîteaux», debían permitir profundizar y apuntalar estos principios de organización. Pero a partir del abaciado de Esteban Harding, aparece una legislación bajo la forma La Charte de charité et d’unanimité (La Carta de Caridad y de unanimidad) que regula las relaciones de las abadías-madre, de sus filiales y pequeñas filiales. La multiplicación de las creaciones y la extensión de este nuevo monacato exigen una nueva reflexión sobre su administración. Para Philippe Racinet, «la organización cisterciense es una obra maestra de construcción institucional medieval». La exención de la jurisdicción episcopal permite a la orden de Cîteaux poner a punto dos instituciones que debían convertirse en su fuerza: el sistema de visitas de los abades-padres y el Capítulo general anual. Al mismo tiempo, muy probablemente entre 1097-1099, el abad Esteban hace poner por escrito el relato de las fundaciones.

La «abadía madre» y sus filiales
Primeras filiales de Cîteaux en el siglo XII

En los años 1120, los recién llegados, integrados en establecimientos geográficamente distantes, reciben formación apropiada en la casa que los acoge. Para favorecer la cohesión, evitar las discordias y fundar relaciones orgánicas entre los monasterios, a partir de 1114 Esteban redacta una «Carta de unanimidad y de caridad». Esta carta, en tanto que documento jurídico, «regula el control y la continuidad de la administración de cada casa, [...] define las relaciones de las casas entre ellas y asegura la unidad de la orden». No se completa hasta 1119; después, debido a nuevas dificultades, se modifica hacia 1170, para dar nacimiento a la Charte de charité postérieure (Carta de caridad posterior).

Por su espíritu, se separa del modelo cluniacense de «familia» jerarquizada, ofreciendo amplia autonomía a cada monasterio. Cîteaux permanece como autoridad espiritual guardiana de «la observancia de la santa regla» establecida en el «nuevo monasterio».

Cada monasterio, según el principio de caridad, tiene el deber de socorro a las fundaciones más desamparadas, mientras que las abadías madres garantizan el control y la elección de los abades dentro de las abadías filiales. El abad de Cîteaux, por medio de sus consejos y en sus visitas, conserva una autoridad superior. Cada abad debe ir a Cîteaux todos los años, en torno a la fiesta de la Santa Cruz, el 14 de septiembre, para el Capítulo general, como órgano supremo de gobierno y de justicia, a resultas del cual se promulgaban estatutos. Este procedimiento no es enteramente original puesto que se remonta, también, a los orígenes de la orden de Vallombreuse, pero la inspiración procede, obviamente, del convenio entre Molesmes y Aulps, firmado en 1097 bajo el abaciado de Roberto. Desde finales del siglo XII, el Capítulo es asistido por un comité de definidores nombrados por el abad de Cîteaux; es el Définitoire (Definitorio). Los cistercienses aceptan, sin embargo, el apoyo y el control del obispo del lugar en caso de conflicto en el seno de la orden. Así, a partir de 1120, en el plano jurídico y normativo, lo esencial de lo que constituye la orden reposa sobre principios sólidos y coherentes.

Los lugares cistercienses
La abadía de Pontigny, éstablecida en el valle del Serein, en la frontera de los condados de Auxerre, Nevers y Tonnerre.

«Bernardus valles amabat», «Bernardo amaba los valles». La elección del lugar cisterciense ha respondido con frecuencia a este proverbio, como prueba la toponimia cisterciense: abadía de Císter, Clairvaux, Bellevaux, Clairefontaine, Droiteval. El valle arbolado debe contener, en extensiones amplias, todos los ingredientes que respondan a las necesidades de la vida monástica, sin encontrarse demasiado lejos de los ejes de circulación. ¿Cómo explicar la elección de esos valles poco soleados, que reclaman necesarios acondicionamientos y, a veces, un cambio de implantación cuando el medio se muestra demasiado ingrato?

Ciertamente, el lugar debe permitir el aislamiento, conforme a una vida fuera del mundo; además, deben tenerse en cuenta las posibles relaciones con los señores locales. En opinión de Terryl N. Kinder, los valles, no man’s land, «delimitaban un territorio “neutral” donde los nobles belicosos de las dos orillas estaban en tregua, pero que, por su posición estratégica, no servían para uso doméstico.» Pero, sobre todo, los valles están disponibles ya que son poco atractivos.

Emplazamiento de la abadía de Fontfroide.

Sin embargo, no conviene exagerar el carácter malsano de estos lugares; los cistercienses no buscaban deliberadamente pantanos insalubres. Las numerosas referencias a «lugares de horror» en los documentos primitivos remiten a topoi bíblicos. El lugar debe presentar ventajas y recursos suficientes, y a menudo la elección inicial no presenta todas las características requeridas. Por ello, las fundaciones son a menudo largas y peligrosas y la nueva abadía solo se consagra a condición de que el oratorio, el refectorio, el dormitorio, el alojamiento y la portería estén bien situados.

En definitiva, si la elección de una fundación depende de «una sabia mezcla hecha de piedad, política y pragmatismo, [...] el paisaje quizá desempeñó un papel en la formación de la espiritualidad de la nueva orden».

Cîteaux, vanguardia de la Iglesia

La espiritualidad cisterciense, de acuerdo con el ideal de pobreza en boga en aquella época, atrae numerosas vocaciones, en particular gracias a la energía y al carisma de Bernardo de Claraval. La orden recibe también numerosas donaciones tanto de gente humilde como de los poderosos. Entre estos donantes se cuentan personalidades de primer orden, como los reyes de Francia, Inglaterra, España o Portugal, el duque de Borgoña, el conde de Champaña, obispos y arzobispos.37

Esta evolución sostiene el desarrollo de las filiales de la orden que, a la muerte de Bernardo, cuenta con trescientos cincuenta monasterios,38 sesenta y ocho de ellos establecidos por Claraval. La expansión se produce por diáspora, por sustitución o por incorporación.

Entre las nuevas comunidades, citemos la Abadía de Noirlac y la de Fontmorigny, cuyos edificios todavía existen en el Cher. La línea de Claraval cuenta hasta 350 monasterios, la de Morimond más de 200, la de Cîteaux un centenar, solamente una cuarentena la de Pontigny y menos de veinte la de La Ferté. A partir de 1113, las primeras monjas se instalan en el castillo de Jully. Se instituyen en 1128 en la Abadía de Tart, en la diócesis de Langres, y adoptan el nombre de Bernardines. Los monasterios del suburbio de Saint-Antoine, en París, y de Port-Royal-des-Champs son los más famosos de los que las monjas ocupan posteriormente.

El desarrollo cisterciense en los siglos XII y XIII

Periodos Número de establecimientos
integrados en la orden
En territorio francés
1151-1200 209 59 / (28%)
1201-1250 120 13 / (11%)
1251-1300 46 3 / (6,5%)
1151-1300 375 75

Como consecuencia del crecimiento de la orden con la fundación de centenares da abadías y la incorporación de varias congregaciones (las de Savigny, que cuenta con treinta monasterios, y la de Obazine en vida de San Bernardo), la uniformidad de las costumbres se altera imperceptiblemente. En 1354, la orden cuenta con 690 casas de hombres y se extiende de Portugal a Suecia, de Irlanda a Estonia y de Escocia hasta Sicilia. Nos obstante, la mayor concentración se da en tierras francesas y más concretamente en Borgoña y Champaña.

Las monjas cistercienses

Hacia 1125, algunas monjas benedictinas abandonan su priorato de Jully-les-Nonnains y se instalan en la Abadía de Tart, solicitando la protección del abad de Císter, Esteban Harding, que se la concede en 1132. Luego se crean otros monasterios y se incorporan a la orden. El de Tart, la abadía madre, alberga cada año el capítulo general de las abadesas. Hacia 1200 se contabilizan dieciocho monasterios de monjas cistercienses en Francia. Luego, durante el siglo XII, las monjas crean abadías en Bélgica, Alemania, Inglaterra, Dinamarca y España. Algunas de estas fundaciones españolas existen aún hoy, como el Monasterio Real de las Huelgas de Burgos, creado en 1187 por Alfonso VIII de Castilla, y que sigue estando afiliado al espiritual de la orden de Cîteaux.

Entre las monjas cistercienses, principalmente en el siglo XIII, se han contado varias santas, como Santa Lutgarda en Bélgica, Santa Eduviges en Polonia, las santas Gertrudis de Helfta y Matilde de Magdeburgo, ambas del convento de Helfta, en Sajonia, lugar señero de la mística renana y uno de los numerosos monasterios femeninos que seguían los usos de Cîteaux sin estar jurídicamente afiliados a la orden, ya que ésta temía tener que proporcionar limosnas a demasiadas casas de monjas. Entre las místicas cistercienses podemos nombrar a Béatrice de Nazareth, hacia 1200-1261, o también a Santa Juliana de Cornillon (1191-1254), que fue la instigadora de la fiesta del Corpus Christi, fiesta instituida en la Iglesia por el papa Urbano IV en 1268.

El apogeo político de los siglos XII y XIII

Con San Bernardo interviniendo de manera más o menos directa como árbitro, consejero o guía espiritual en las grandes cuestiones del siglo, la orden cisterciense adopta el papel de guardián de la paz religiosa. Con el apoyo del papado, de reyes y de obispos, la orden prospera y crece. Las autoridades laicas y eclesiásticas desean que insufle su espíritu en la Iglesia regular y secular. Por ejemplo, Pedro, abad de La Ferté, es elevado a la dignidad episcopal hacia 1125. La orden parece destinada a desempeñar un nuevo papel en la sociedad, papel que había rehusado asumir hasta entonces a lo largo del siglo.

En el siglo doce, el orden cisterciense ejerce una gran influencia política. Bernardo de Claraval influye decisivamente en la elección del papa Inocencio II en 1130, y luego en la de Eugenio III en 1145. Este antiguo abad cisterciense predica, a petición de la orden, la Segunda Cruzada que lleva a Tierra Santa a Luis VII y a Conrado II. Bernardo es quien hace reconocer la Orden del Temple. En el siglo XII la orden proporciona a la iglesia 94 obispos y el papa Eugenio III.

San Bernardo predicando la 2ª Cruzada, en Vézelay, en 1147. Cuadro del siglo XIX.

Esta expansión garantiza a los cistercienses un lugar preponderante no sólo en el seno del monacato europeo sino también en la vida cultural, política y económica. Bernardo, líder del pensamiento de la Cristiandad, llama a los señores a la reconquista de Tierra Santa el 16 de febrero de 1147; los cistercienses predican durante la Tercera Cruzada (1188-1192) y algunos hermanos participan en ella personalmente. La orden se manifiesta durante la evangelización de la región francesa de Midi y en la lucha contra los cátaros, cuya doctrina es condenada y combatida por la Iglesia. Arnaud Amaury, abad de Cîteaux, es designado Legado por el papa y organiza la cruzada contra los Albigenses. Los cistercienses preceden a los dominicos en estos territorios, en los que garantizan la predicación y organizan la represión de la herejía. Se les encargan misiones de cristianización y, protegidos por el brazo secular, penetran en Prusia y en las provincias bálticas.

Defensores de los intereses de la Santa Sede, toman partido en la querella entre el Papa y el Emperador, donde los cistercienses apoyan los objetivos teocráticos del pontífice. En el plano institucional, esta crisis refuerza a la orden que trata de ganar coherencia. Con el favor de estas nuevas prerrogativas, «nace una nueva comunidad [...] que se aleja del modelo creado por los padres fundadores, pero que ni se pervierte ni es pervertida [...]; se trata de lo que podríamos llamar el segundo orden cisterciense».

En 1334, un cisterciense, antiguo abad de la Abadía de Fontfroide, accede a la dignidad papal bajo el nombre de Benedicto XII. Bajo su pontificado, la orden gana en coherencia y traza una nueva organización en 1336, bajo la forma de la Constitución Benedictina. El Capítulo general ejerce en lo sucesivo un control más estrecho sobre la gestión de las finanzas y bienes inmobiliarios de las abadías, función que hasta ese momento dependía únicamente del poder del abad. De este modo, en la primera mitad del siglo XIV, y fiel al espíritu de los primeros tiempos, la orden goza de un ascendiente sobre el conjunto de la cristiandad. La Constitución subraya la importancia de su acción en el seno de la Iglesia.

«Brillante como la estrella de la mañana en un cielo cargado de nubes, la Santa Orden cisterciense, por sus buenas obras y su edificante ejemplo, comparte el combate de la Iglesia militante. Por la dulzura de la santa contemplación y los méritos de una vida pura, se esfuerza en escalar con María la montaña de Dios, mientras que, por una encomiable actividad y piadosos servicios, intenta imitar los diligentes cuidados de Marta [...] esta orden ha merecido extenderse de un extremo a otro de Europa.» — Benedicto XII, Constitución Benedectina, 1335.

Una orden enfrentada a las dificultades y críticas: retroceso y reformas

Debido a las numerosas adhesiones y donaciones, y también a una perfecta organización y un gran dominio técnico y comercial en una Europa en plena expansión económica, la orden se convierte rápidamente en protagonista de todos los sectores. Pero el extraordinario éxito económico de la orden en el siglo XIII acaba por volverse contra ella. Las abadías aceptan numerosas donaciones, que a veces son participaciones en molinos o en censos. Las abadías recurren, pues, de hecho, al arrendamiento rústico o a la aparcería, mientras que originariamente la orden explotaba sus tierras mediante el trabajo manual de los conversos. El desarrollo económico es poco compatible con la vocación inicial de pobreza que dio lugar al éxito de la orden en el siglo XII. Por ello, la disminución de las vocaciones hace cada vez más difícil reclutar conversos. Los cistercienses recurren entonces de manera creciente a mano de obra asalariada, en contradicción con los preceptos originales de la orden.

Si bien la orden conserva en el siglo XIV un verdadero poder económico, se enfrenta a la crisis económica que comienza y que empeorará con la Guerra de los Cien Años. Muchas abadías se empobrecen. Aunque durante la Guerra de los Cien Años los monasterios cistercienses se benefician de su relativa autonomía, el conflicto daña a numerosos establecimientos. En particular, el reino de Francia es explotado por las compañías de mercenarios, muy presentes en Borgoña y en sus grandes ejes comerciales. En 1360, los hermanos de Cîteaux se ven obligados a refugiarse en Dijon. El monasterio es presa del pillaje en 1438. Golpeada por el desafecto y el hundimiento demográfico consecuencia de la guerra y de la Gran peste, la orden se enfrenta a la disminución de sus comunidades. En el siglo XVI, la abadía de Vauluisant sólo cuenta con trece monjes, y a finales de siglo solamente con diez.46

Por último, en el siglo XIII, con el desarrollo de las ciudades y de las universidades, los cistercienses, instalados principalmente en lugares remotos, pierden su influencia intelectual en favor de las órdenes mendicantes que predican en las ciudades y que proporcionan a las universidades sus más grandes maestros.47

El Gran Cisma de Occidente asesta un segundo golpe a la organización de la orden. Por una parte, la exacerbación de los particularismos nacionales perjudica la unidad; por otra parte, los dos papas compiten en generosidad para garantizarse el apoyo de los monasterios, lo que supone «un perjuicio considerable a la uniformidad de la observancia.»48 Las consecuencias del Cisma y en particular las guerras husitas son especialmente dolorosas para los monasterios situados en los confines orientales de Europa. Las abadías de Hungría, Grecia y Siria son destruidas durante las conquistas otomanas. La celebración de un Capítulo general plenario en estas condiciones se hace cada vez más difícil a causa de los conflictos armados pero, también, de las distancias que separan a las distintas comunidades. En 1560, sólo están presentes trece abades.49

Las transformaciones medievales y las crisis políticas y religiosas de los siglos XIV y XV obligan a la orden a adaptarse. El clero y el poder real franceses critican cada vez más violentamente sus privilegios. En el siglo XV nacen nuevas obediencias y se hacen esfuerzos para conservar la unidad original y restaurar el edificio cisterciense. Como consecuencia, los siglos XV y XVI constituyen un período de desarrollo de las congregaciones en el seno de la orden.

Con la multiplicación de las propiedades inmobiliarias, aparecen otras desviaciones a partir del siglo XV: abades ausentes o mundanos, e incluso un modo de vida señorial cada vez más marcado. La introducción del sistema de «encomienda», en la Edad Media tardía, por la cual el rey nombra a un abad laico cuyo primer cometido es, a menudo, obtener el máximo de beneficios financieros, no hace sino acentuar este estado de cosas. El papado de Aviñón decide cambiar el método de elección de los abades que, en adelante, no serán elegidos por su comunidad sino nombrados por los príncipes o el Soberano Pontífice. El reclutamiento se hace cada vez más entre prelados seculares, alejados de las preocupaciones monásticas pero preocupados por las rentas abaciales. Este sistema de encomienda resulta especialmente desastroso en tierras francesas e italianas, que a lo largo del siglo XVI asisten a un rápido deterioro de los edificios cistercienses. Un cierto laxismo se apodera de algunas abadías.

En las regiones orientales de occidente y de la península ibérica no se da la misma situación. En los edificios de Bohemia, Polonia, Baviera, España y Portugal se instaura un movimiento de reconstrucción de inspiración barroca.

No obstante, algunas voluntades de reforma aparecen en el reino de Francia. El Capítulo general de 1422 se pronuncia claramente sobre la cuestión: «Nuestra Orden, en las distintas partes del mundo donde se encuentra extendida, parece deformada y decaída en lo que afecta a la disciplina regular y a la vida monástica.»50 Se restaura el sistema de visitas. La urgencia de la reforma se revela pronto en toda la orden. En 1439 se promulga una «Rúbrica de definidores» para recordar las exigencias de la vida monástica, las distintas prohibiciones de indumentaria y alimentarias y la necesidad de denunciar las prácticas abusivas. Por esa misma época, la Santa Sede decide abolir la práctica de la encomienda.51

En ese contexto, un movimiento de reafirmación de la disciplina y las exigencias espirituales se desarrolla en los Países Bajos, en Bohemia y luego en Polonia, antes de conquistar toda Europa. Algunos monasterios se reúnen localmente, bajo el impulso de las comunidades o del poder pontificio, para formar congregaciones cada vez más autónomas respecto al Capítulo general. No obstante, aprovechando la reconquista de Borgoña por Luis XI, Jean de Cirey, abad de Cîteaux, recupera su papel de jefe de la orden, papel que había perdido desde el Gran Cisma.52 En 1494 reúne a los abades más influyentes en el colegio de los Bernardinos donde se promulgan los artículos reformadores llamados «de París». Aunque son bien acogidos, la reforma es sin embargo poco perceptible y se debe a menudo a iniciativas individuales efímeras.

El movimiento de reforma protestante conmociona profundamente la situación. Un gran movimiento de deserción afecta a las comunidades del norte de Europa y los príncipes ganados para la Reforma confiscan los bienes de la orden. Los monasterios ingleses, luego los escoceses y finalmente los irlandeses lo son entre 1536 y 1580. Más de 200 establecimientos desaparecen antes del final del siglo XVII. Con la deserción de Inglaterra y de numerosos estados germánicos pasados a la Reforma, la historia de la orden se halla circunscrita, a partir de ese momento y durante dos siglos, al reino de Francia.

  La orden en el momento de la Contrarreforma

Con el movimiento de reforma católico, la orden cisterciense se enfrenta a profundas modificaciones a nivel constitucional. La organización se hace provincial y se introducen algunas modificaciones en la administración central. Algunas congregaciones con vínculos tenues o inexistentes con la casa matriz y el Capítulo general florecen en toda Europa.

En Francia nace una reforma con un carácter original bajo el impulso del abad Jean de la Barrière (1544-1600). El antiguo comendador del monasterio de los Feuillants, en Alto Garona, funde las congregaciones de los «feuillants», aprobada por Sixto V desde de 1586. Establece en su comunidad una tradición de una particular austeridad, basada en una vuelta al primitivo ideal cisterciense. Encuentra imitadores en Italia y Luxemburgo. En estas condiciones, el Capítulo general se convierte en una institución caduca. No produce más que una reunión de 1699 a 1738. En definitiva, este estado de cosas beneficia al abad de Cîteaux, única autoridad que ofrece a los ojos del mundo una prueba de visibilidad, y a quien algunas fuentes describen a menudo como «abad general».53 En 1601, se impone un noviciado común para mantener una disciplina única y para paliar las dificultades de reclutamiento.

Retrato del abad Armand Jean le Bouthillier de Rancé, por Hyacinthe Rigaud. Museo Duplessis, Carpentras, Francia.

En el siglo XVII, la historia de la orden se ve perturbada por un conflicto que la historiografía recuerda bajo el nombre de «guerra de las observancias» y que se extiende desde 1618 hasta los primeros años del siglo XVIII, suscitando numerosas y ásperas polémicas en el seno de la familia cisterciense. Este conflicto concierne, al menos en apariencia, al respeto a las obligaciones regulares -en particular la abstinencia del consumo de carne-. Más allá de esta cuestión, lo que está en juego no es sino la aceptación o el rechazo del ascetismo. La controversia aumenta con los conflictos locales entre monasterios rivales. Al principio, siguiendo el ejemplo de Octave Arnolfini, abad de Châtillon, y de Étienne Maugier, Denis Largentier introduce en Claraval y en sus filiales una reforma de una gran austeridad entre 1615 y 1618. Luego, ante el Capítulo general de 1618, se presenta una propuesta de generalización que es adoptada.

Ésta es la partida de nacimiento de la Estricta Observancia. Gregorio XV apoya la iniciativa de los reformadores. Pero, tras le celebración de una asamblea, la congregación provoca el descontento del abad de Cîteaux, Pierre de Nivelle, que se empeña en denunciar «a una pretendida congregación que tiende a la división, a la separación y al cisma, [y] que no puede ser tolerada de ninguna manera.»54 En 1635, el cardenal Richelieu convoca un capítulo «nacional» en Cîteaux, a resultas del cual Pierre de Nivelle es obligado a abdicar. Las dos partes terminan por disponer de estructuras administrativas propias; pero, aunque la Estricta Observancia conserva el derecho de enviar a diez abades al Definitorio, permanece sujeta a Cîteaux y al Capítulo general.

Por su influencia, la experiencia de Armand Jean le Bouthillier de Rancé en el monasterio de la Trapa, sigue siendo emblemática de la exigencia de la estricta observancia y de las aspiraciones reformadoras. Su influencia, tanto en el seno de su monasterio como en el mundo, constituye un modelo de la vida monástica del «Gran Siglo».55

 Un siglo de declive

En la segunda mitad del siglo XVIII, se difunden críticas virulentas contra del monacato. En Francia, la orden se estremece profundamente en este final de siglo en que son raras las vocaciones y donde el entusiasmo por un monacato austero da paso a la adopción de una vida monástica mucho menos exigente y, en consecuencia, más expuesta a las críticas, aunque se detectan aún focos de fervor y fidelidad a los orígenes, e incluso algunas iniciativas. En 1782, por iniciativa de José II de Austria, nace una efímera congregación belga, antes de que los cistercienses sean expulsados de sus tierras al año siguiente.

En febrero de 1790, la Asamblea Nacional francesa vota la supresión de la orden por motivos de inutilidad.

Monjes y ejército Austríaco en Salem, 1804, por Johann Sebastian Dirr. Fotografía coloreada de un original desaparecido.

Tras la Revolución francesa no subsisten en Europa más que una docena de establecimientos cistercienses. La Estricta Observancia se refugia en Suiza, dentro de la cartuja de La Valsainte, después de haber sido expulsada de La Trappe, que no es restaurada hasta después de la derrota de Napoleón. Las abadías supervivientes de las guerras y expulsiones comienzan a reconstruir sus vínculos y a restaurar las congregaciones. La destrucción de la abadía de Císter ha privado a la orden de su jefe natural y la consolidación de los nacionalismos en Europa no facilita la búsqueda de una solución común.

Una primera reunión de abades cistercienses se celebra en Roma en 1869. En 1891, se elige a un abad general: Dom Wackarz, abad de Vissy Brod (Imperio Austrohúngaro). Más tarde llevará el título de Presidente general de la orden cisterciense.

En Francia, los trapenses se reúnen en 1892 bajo la denominación de «Cistercienses reformados de Notre-Dame de la Trappe». A partir de 1898, los capítulos generales se celebran en Cîteaux, recién recuperado. El abad general se instala en Roma.

La orden en los siglos XX y XXI


Fábrica de cerveza de la abadía de Saint-Rémy de Rochefort, donde los monjes producen cerveza trapense.

En 1902, los trapenses se convierten en la Orden Cistercienses Reformados de la Estricta Observancia. Durante el siglo XIX, los trapenses fundaron numerosos monasterios en Canadá, Estados Unidos, Australia, Siria, Jordania, Sudáfrica y China.

En el siglo XX, la orden se ha dispersado ampliamente fuera de Europa. El número de monasterios se ha duplicado en los últimos 60 años: de 82 monasterios en 1940 a 127 en 1970 y 169 en 2008. En los años cuarenta sólo había un monasterio de la orden en África, seis en Asia y el Pacífico y ninguno en América Latina. Hoy en día, hay diecisiete en África, trece en América Latina y veintitrés en Asia. La orden del cisterciense se ha implantado en los países en vías de desarrollo, particularmente en Brasil, Nigeria, Etiopía y Vietnam. A veces, en países inestables: en 1996, durante la guerra civil argelina, siete monjes del monasterio de Tibhirine, en Argelia, fueron secuestrados durante dos meses, antes de que los encontrasen muertos el 21 de mayo.

No obstante, la expansión de la orden es más espacial que cuantitativa: durante esos mismos 60 años, el número total de monjes y monjas de la orden se redujo un 15%. En este momento hay alrededor de 2.500 monjes trapenses y 1.800 monjas en todo el mundo. Esto hace una media de 25 miembros en cada comunidad, es decir, la mitad de los que había.

Junto a los cistercienses incorporados oficialmente a cualquiera de las dos ramas, son numerosas las comunidades de mujeres que viven en una esfera de influencia espiritual cisterciense, ya sea en una orden o en una congregación, como las bernardinas de Esquermes, las de Oudenaarde y las de Suiza romanda.

 

Actualidad

La nueva constitución define a la Orden Cisterciense en ciento nueve artículos, como una «unión de congregaciones» gobernadas por un Capítulo General bajo la presidencia de un Abad General. Sumados a todos los abades, los miembros del Capítulo General incluyen a delegados de cada casa o congregación, proporcionales al número de monjes. El Capítulo debe ser convocado cada cinco años, para legislar sobre la Orden en conjunto. El Abad General debe ser elegido por el Capítulo General por un término de diez años, aunque siempre sigue siendo reelegible. Debe residir en Roma, y está ayudado por un consejo de cuatro miembros, también elegido por el Capítulo. El histórico definitorium, que ha sido rebautizado como «Sínodo», debe incluir al Abad General, al Procurador General, a los presidentes de cada congregación y a otros cinco miembros elegidos por el Capítulo General. El Sínodo debe reunirse al menos año por otro y debe tratar los asuntos urgentes que se susciten entre las reuniones del Capítulo General.

La reglamentación de la vida monástica a nivel local reservada a las Congregaciones autónomas, cada una bajo un Abad Presidente y un «capítulo congregacional» que regulan temas tan importantes como el tiempo de duración del abadiato, la posición legal de los conversos, la reforma litúrgica y las observancias monásticas. La tarea primordial de cada Abad Presidente es la visita trienal a cada casa de su congregación. Su propia abadía es visitada por el Abad General.

El Capítulo General de 1974, reunido en Casamari, contó con la participación, por primera vez, de algunas abadesas cistercienses como observadoras.

Orden de Cluny

Orden de Cluny

 

Orden de Cluny

 

En el 910 D.C. surge, dentro de la Iglesia Católica, la voluntad de reformar las órdenes monásticas. Esta restauración se produjo tomando como base la Regla de Benito de Nursia, un reglamento que rige la vida de los monjes detallando cómo debe ser su vida. Esta regla alcanza un importante desarrollo gracias a la intervención de Benito de Aniane, pero está limitada por las tradiciones propias de las abadías, y por la rutina de su aplicación. En este proceso, la abadía de Cluny decide imponerse agrupando un gran número de conventos y convirtiéndose en la orden más importante de la Edad Media, con monasterios por toda Europa.

La fundación

La orden de Cluny es una reforma de la orden benedictina. Fue creada el 11 de septiembre de 910 cuando Guillermo I, duque de Aquitania, donó la villa de Cluny al papado para que fundara en ella un monasterio con doce monjes. El monasterio se situó en Mâconnais, en Saona y Loira. La donación hecha por Guillermo I no es gratuita, pretende obtener la protección y la garantía de la Santa Sede dado que su poder era muy escaso. Guillermo el Piadoso intentó evitar su control por los laicos. En la Carta de fundación de la abadía se establece la libre elección del abad por parte de los monjes, un punto de suma importancia en la orden benedictina. La Carta condena gravemente a los que transgredan este artículo. La donación de Cluny no es la única. En esta época, numerosos dominios son legados al papado, como Vézelay. El prestigio de los pontífices del siglo X es relevante. La reforma monástica es apoyada por el monasterio de San Martín d’Autun y el de Fleury-sur-Loire. En el 914, se funda el monasterio de Brogne convirtiéndose en un centro de gran influencia junto con su fundador Gérard.

Guillermo el Piadoso nombró al abad Bernón, hombre importante de la reforma, como abad de Baume. Bernón estableció la observancia de la regla de Benito de Nursia, reformada por Benito de Aniane, respetando, no obstante, las directrices de los monasterios. Bernon murió en 926 tras una vida dedicada a la expansión de la regla por numerosos monasterios.

La expansión de Cluny

Le sucedió el abad Odón. Era compañero de viaje de Bernón y también de su compañera Isabel del Arco, próximo a las concepciones de su predecesor. Odón viajó de convento en convento para enseñar la reforma. Algunos se negaron a admitirle como abad, adoptando al de Cluny. La influencia de Cluny va aumentando, pero carece de organización. El monasterio obtiene el derecho de acuñar moneda, se abren escuelas y una biblioteca. A la muerte de Odón, en 942, el prestigio de Cluny es ya muy importante. Le sucede Aimar, prosiguiendo su obra, pero en 948 queda ciego y nombra como coadjutor a Mayolo, que acaba dirigiendo Cluny desde 954 hasta 994. Proveniente de una rica e importante familia de señores de Válenosle, Mayolo utiliza toda la experiencia adquirida para gestionar y administrar la gran pujanza de Cluny.

La Regla (llamada clunisienne o cluniacense) es adoptada por otros monasterios, que forman, junto con Cluny, un verdadero imperio monástico de prioratos autónomos pero sometidos al gobierno común del abad de Cluny. El debilitamiento de la reforma en Alemania y la Lorena, fortalecieron la situación de Cluny durante el monaquismo. La orden se apoyaba en la alta aristocracia, el emperador, el rey de Borgoña, los condes y los obispos. Se fundan nuevos monasterios cluniacienses, y se reconvierten otros al aceptar la disciplina cluniacense. La Orden de Cluny está presente en el Jura, el Delfinado, la Provenza, el valle del Ródano, el sur de Borgoña, y el Borbonesado. Mantiene una treintena de conventos muy dinámicos.

Mayolo fue llamado el "Árbitro de los reyes" por sus relaciones con la aristocracia. Su prestigio fue notable, y rehusó ejercer la función papal en 973. Sus funerales corrieron a cargo de Hugo Capeto, fue beatificado poco después de su muerte, convirtiéndose en uno de los santos más populares.

Tras la gran expansión realizada en el siglo X, la Orden continuó desarrollándose durante el siglo XI y la primera mitad del siglo XII, ganando en organización al aplicar unos reglamentos muy precisos.

En 994, Odilón es nombrado abad de Cluny y dirige el monasterio durante 55 años. Hijo de los señores de Mercoeur, mantiene relaciones con los personajes más ilustres de su tiempo y aprovecha las oportunidades que se le ofrecen a la Orden. Pero en una época marcada por el desmoronamiento de las estructuras carolingias y el desmantelamiento laico, no puede contar con la protección de la alta aristocracia y se alía con los señores, la fuerza preponderante en el año mil. Trata de apaciguar la violencia de éstos, apoyándose en la Tregua de Dios. Ayuda a los caballeros y recurre a los servicios espirituales de sus monjes para que favorezcan a sus familias, y se encarga de afirmar la vocación (a veces forzada) de los jóvenes hidalgos. La política de Cluny a favor de la asociación y creación de grandes conventos, disminuye, en tanto que los pequeños van creciendo. Sin embargo siguen controlados, bien por el propio Odilón, bien por la mediación de los grandes abades. Cuando muere Odilón, se cuenta con 70 conventos, y Cluny se asocia con pujantes abadías, que mantienen, en ocasiones, su autonomía.

En 1049 Hugo de Semur es nombrado abad. Siguiendo las directrices de Odilón, continúa ampliando el poder de Cluny. Es un borgoñón procedente de Semur-en-Brionnais. Posee una gran elocuencia y un gran sentido político. Concluye la integración con el Feudalismo que acaba de nacer. Pequeños conventos van creándose todavía. El principio hierático va flexibilizándose hacia 1075, cuando Cluny acepta en la orden abadías de otras órdenes, diferentes a la benedictina, como Vézelay, que se hallan dispuestas a ingresar en la Orden sin tener que renunciar a su rango para convertirse en prioratos. Durante su abadiato se incorporaron a Cluny grandes abadías, como las de Moissac (Sur-Oeste), Lézat (Ariège), Figeac (Quercy). La Orden se extendió por España, Italia e Inglaterra, contando con 10.000 monjes.

El abad Hugo tuvo una importantísima intervención en la Querella de las Investiduras que enfrentó al papado con el emperador germánico.

En 1109, tras un mandato de pocas semanas, Pons de Melgueil es nombrado nuevo abad. Un meridional hábil pero muy intransigente. Intervino activamente al final de la Querella de las Investiduras, y prosiguió con la idea de engrandecer la Orden. A tal fin, inicia la construcción de Cluny III, una abadía gigantesca que acabaría con todas las donaciones y compromisos adquiridos provenientes del Reino de León y Castilla. Empiezan las primeras dificultades económicas de la Orden que generan una protesta contra el abad. Las críticas se hacen patentes mediante la inclinación hacia otra orden monástica llamada cisterciense, fundada en 1098. Pons solicita una entrevista con el Papa Calixto II, y presenta su dimisión a la salida de la misma sin que se conozcan las razones.

Pedro de Montboissier, más conocido como Pedro el Venerable, le sustituye en 1122. Es un hombre cultivado y muy hábil. Tendrá que enfrentarse a Pons en 1126, tras un peregrinaje a Tierra Santa. Pons retomará el poder de Cluny haciendo uso tanto de su influencia, como de las armas. Finalmente, Pons será excomulgado y la Orden quedará en manos de Pedro el Venerable. Retorna la paz y se restaura la disciplina, pero las finanzas son catastróficas, sobre todo tras el episodio violento registrado a cargo de unos mercenarios que robaron todo el oro. Pedro intenta imponer una sana gestión de dominio público con la ayuda de Enrique de Blois, obispo de Winchester, que aporta, desde Inglaterra, tanto sus conocimientos como su riqueza. Se advierte una restauración de las tradiciones, pero la Orden de Cluny ha empezado un lento declive que irá acrecentándose tras la muerte de Pedro el Venerable sucedida en 1157.

  La influencia de Cluny

Planos de la abadía de Cluny.

En el siglo XII, la llamada Orden de Cluny, cuenta con dos mil prioratos, algunos de ellos considerados como los más grandes monasterios de la época: La Charité-sur-Loire, Souviny, Saint-Martin-des-Champs, cercano a París. Si la mayoría de los monasterios pasan a ser simples prioratos, un reducido número de ellos, conserva, sin embargo, su rango de abadía, aceptando, no obstante, la disciplina común y la autoridad del abad de Cluny.

Directamente sometida a la Santa Sede, Cluny es, en el siglo XI, el instrumento más eficaz en la consecución de la paz y en la reforma gregoriana. Muchos Papas y legados pontificios procedían de Cluny. La red de Cluny difunde los principios de la reforma contra los vicios de la Iglesia ligada a los estados feudales del mundo laico: simonía, nicolaísmo. Acusada por su enriquecimiento y un poder temporal excesivo, la orden de Cluny pierde su influencia espiritual a finales del siglo XI y principios del siglo XII, cuando eclosionan nuevas órdenes inspiradas en un idealismo de pobreza y austeridad: Cister, Prémontrés, la Chartreuse, Camaldoli.

San Bernardo sostiene una áspera disputa con Pedro el Venerable defendiendo el ideal cisterciense frente a los ideales de Cluny, uno de los principales focos de la vida intelectual y artística de Occidente.

Odón escribe la Historia Sagrada en verso y elabora una moral práctica. Los sermones de Odilón serán durante mucho tiempo modelos de una elocuencia elegante y concisa. Abbón de Fleury definió los equilibrios del poder político. Pedro el Venerable indujo a los cristianos a conocer el Corán y recurrir con frecuencia a las traducciones del árabe. Cluny fue el origen de muchos teólogos, moralistas, poetas e historiadores.

La arquitectura es otra muestra de la pujanza y el poder de Cluny. A una iglesia contemporánea de la fundación le sucede la abadía de Bernón, después las de Aymard y Maïeul, llamado San Pedro el Viejo, cuyo plano característico, el coro y sus colaterales es, más o menos, reproducido en casi todas las iglesias monásticas. El mismo se encuentra en San Pedro el Viejo, en Borgoña, Alemania y Suiza.

Orden de San Benito

Orden de San Benito

 

Orden de San Benito

 
Nombre latino Ordo Sancti Benedicti
Siglas O.S.B.
Gentilicio Benedictinos
Tipo Orden Orden contemplativa
Regla Regla de San Benito
Hábito Hábito negro con túnica, escapulario y capucha negras, cinturón negro sobre la túnica
Fundador San Benito de Nursia
Fundación 529
Lugar de fundación Montecasino
Aprobación 1734
Superior General Abad Primado Notker Wolf, OSB
Curia Abadía Primada de San Anselmo
Piazza dei Cavalieri di Malta, 5
00153 Roma
Coordenadas 14.882754, 12.478731
Presencia 47 países
Actividades Fundamentalmente vida contemplativa, oración, claustro, silencio, aunque también se dedican a Misiones, colegios, universidades, etc.
Sitio web www.osb.org
San Benito de Nursia (c. 480-543), de un detalle del fresco de Fra Angelico, Basílica de San Marco, Florencia (c. 1400-1455).

La Orden de San Benito (en latín: Ordo Sancti Benedicti), (O.S.B.) es la orden religiosa, dedicada a la contemplación, fundada por Benito de Nursia, que sigue la Regla dictada por éste a principios del siglo VI para la abadía de Montecassino. Benito de Nursia contribuyó decididamente a la evangelización cristiana de Europa, por lo que es patrón de Europa.

Actualmente la Orden está extendida por todo el mundo, con monasterios masculinos y femeninos.

Siguiendo su ejemplo e inspiración, diversos fundadores de órdenes religiosas han basado la normativa de sus monasterios en la Regla dejada por Benito, cuyo principio fundamental es Ora et labora, es decir, Oración y Trabajo.

Los monasterios benedictinos están siempre dirigidos por un superior que, dependiendo de la categoría del monasterio, puede llamarse prior o abad; este es escogido por el resto de la comunidad. El ritmo de vida benedictino tiene como eje principal el Oficio Divino, también llamado Liturgia de las Horas, que se reza siete veces al día, tal como San Benito lo ordenó. Junto con la intensa vida de oración en cada monasterio, se trabaja arduamente en diversas actividades manuales, agrícolas, etc., para el sustento y el autoabastecimiento de la comunidad.

  Reformas de la Orden Benedictina

Durante el transcurso de su historia, la Orden Benedictina ha sufrido numerosas reformas, debido a la eventual decadencia de la disciplina en el interior de los monasterios. La primera reforma importante fue la hecha por Odón de Cluny en el siglo X; esta reforma, llamada cluniacense (nombre proveniente de Cluny, lugar de Francia donde se fundó el primer monasterio de esta reforma, en el que Odón fue el segundo abad), llegó a tener un gran influjo, hasta el punto que durante gran parte de la Edad Media prácticamente todos los monasterios benedictinos estaban bajo el dominio de Cluny.

Los cluniacenses adquirieron gran poder económico y político, y los abades más importantes llegaron a formar parte de las cortes imperiales y papales. Varios pontífices romanos fueron benedictinos provenientes de los monasterios cluniacenses (Alejandro II, 1061-73; san Gregorio VII, 1073-85; beato Víctor III, 1086-87; beato Urbano II, 1088-99; Pascual II, 1099-1118; Gelasio II, 1118-19; y un largo etcétera).

Tanto poder adquirido llevó a la decadencia de la reforma cluniacense, que encontró una importante contraparte en la reforma cisterciense, palabra proveniente de Císter (Cîteaux en idioma francés), lugar de Francia donde se estableció el primer monasterio de esta reforma. San Roberto de Molesmes, san Esteban Harding y san Roberto de Chaise-Dieu fueron los fundadores de la Abadía de Císter en 1098. Buscaban apartarse del estilo cluniacense, que había caído en la indisciplina y el relajamiento de la vida monástica. El principal objetivo de los fundadores de Císter fue imponer la práctica estricta de la Regla de San Benito y el regreso a la vida contemplativa.

El principal impulsor de esta reforma fue san Bernardo de Claraval (1090-1153), quien fue discípulo de los fundadores de Cîteaux, habiendo ingresado allí hacia el año de 1108. Se le encargó la fundación de la Abadía de Claraval (Clairvaux, en francés), de la que fue abad durante unos 38 años, hasta su muerte. Bernardo de Claraval se convirtió en el principal consejero de los papas, y varios de sus monjes llegaron igualmente a ocupar la Sede Pontificia. Bernardo predicó también la Segunda Cruzada. Al morir había fundado 68 monasterios de su orden.

La reforma cisterciense subsiste hasta hoy como orden benedictina independiente, dividida igualmente en dos ramas: la Orden del Císter (O. Cist.) y la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO), también conocidos como Trapenses. Se les llama también "benedictinos blancos", debido al color de su hábito, en contraposición a los demás monjes de la Orden de San Benito, a quienes se llama "benedictinos negros".

Durante la Edad Media surgieron otras reformas importantes de la Orden Benedictina. La de san Romualdo (†1027), quien dio inicio a la reforma camaldulense. Esta reforma subsiste hasta hoy en dos ramas: la primera forma parte de Confederación Benedictina (benedictinos negros); la segunda es independiente, pero se rige igualmente por la Regla de San Benito. Otra reforma importante fue la emprendida por san Juan Gualberto (†1073), quien fundó los Benedictinos de Valle Umbrosa, por el lugar en Italia en que se construyó el primer monasterio de esta reforma; es igualmente hoy en día una congregación de la Confederación Benedictina. La reforma de san Silvestre (1177-1267), fundador de los Benedictinos de Montefano, que subsiste también hoy como congregación asociada a la Confederación Benedictina. La reforma de san Bernardo Tolomei (1272-1348), que dio origen a los Benedictinos de Monte Oliveto, hoy también parte integrante de la Confederación Benedictina.

Después de agitados períodos de la historia, como la Reforma en Alemania y los Países Bajos, la expulsión o ejecución de religiosos católicos por Enrique VIII en Inglaterra o, mucho después, del período revolucionario en Francia, así como también la decadencia de la disciplina en los monasterios, llevó a que se diezmara la población de monjes. Después de la Revolución francesa, fue Dom Prosper Guéranger quien hizo renacer la orden benedictina en Solesmes a partir de 1833, en Francia.

  Hábito

En la Edad Media los monjes benedictinos llevaban camisa de lana y escapulario. El hábito o vestidura superior es negro, por lo que el pueblo los llamó los monjes negros, en oposición a los cistercienses, que llevan túnica blanca y escapulario negro, denominados los monjes blancos.

1.10.2011 - LIGA 1ªDiv. 2011/12 JORNADA Nº 7

1.10.2011 - LIGA 1ªDiv. 2011/12 JORNADA Nº 7

 

1.10.2011 - LIGA 1ªDiv. 2011/12 - JORNADA Nº 7

Partido Nº 1916 del R.ZARAGOZA  en 1ª Div.

  VILLARREAL 2-2 REAL ZARAGOZA  

 

Villarreal

2

 

 

2

Zaragoza

 

  13

Diego López

  4

Musacchio

  12

Zapata

  14

Mario

  15

Catalá

  8

De Guzmán

  10

Cani

  17

Camuñas

  20

Borja Valero

  21

Bruno

  22

Rossi

 

 

  1

Roberto

  2

Juárez

  3

Paredes

  5

Lanzaro

  6

Meira

  14

Da Silva

  16

Barrera

  17

Lafita

  23

Ponzio

  9

Hélder Postiga

  10

Luis García

 

 

CAMBIOS

 

63'

Zapata por Hernán Pérez

76'

De Guzmán por Gerard

80'

Catalá por Marcos Senna

 

 

58'

Lafita por R. Micael

65'

Luis García por Juan Carlos

72'

Barrera por Zuculini

 

 

ENTRENADORES

 

Juan Carlos Garrido

 

 

Javier Aguirre

 

 

GOLES

 

 41' 

1-1 Gol penalty Rossi

 83' 

2-2 Gol Hernán Pérez

 

 

 34' 

0-1 Gol Luis García

 43' 

1-2 Gol Barrera

 

 

TARJETAS

 

40' 

Rossi Tarj. A

 

 

23' 

Juárez Tarj. A

26' 

Lanzaro Tarj. A

65' 

Paredes Tarj. A

80' 

Lanzaro Doble A

86' 

Roberto Tarj. A

 

 

OTROS DATOS DE INTERÉS

 

1ª División

Estadio: El Madrigal

01/10/2011 18:00

Arbitro: Cerro Grande

Cuarto Arbitro: Cuesta Ferreiro

Jueces de Línea:Huerga Cermeño , Alvarez Moreno

 

 

 

 

 

0-1

L. García  35’

G. Rossi  (Pen)  38’

1-1

 

 

1-2

P. Barrera  45’

H. Pérez  83’

2-2

 

Des: 1-2El Madrigal (Asistencia: 19,300)

Árbitro: Carlos Del Cerro Grande

Ficha técnica:

2 - Villarreal: Diego López, Mario, Musacchio, Zapata (Hernán Pérez, m.63), Catalá (Senna, m.80); Bruno, Borja Valero, Cani, De Guzmán (Gerard Bordas, m.76), Camuñas y Rossi.

2 - Real Zaragoza: Roberto, Juárez, Lanzaro, Da Silva, Paredes (Zuculini, m.73), Meira, Ponzio, Barrera, Luís García (Juan Carlos, m.65), Lafita (Ruben Micael, m.57) y Helder Postiga.

Goles: 0-1, m.35: Luís García. 1-1, m.41: Rossi, de penalti. 1-2, m.45: Barrera. 2-2, m.81: Hernán Pérez.

Árbitro:
Del Cerro Grande (Comité madrileño): mostró tarjeta amarilla al local Rossi y a los visitantes Juarez, Paredes y Roberto. Expulsó a Lanzaro (m.80), por doble tarjeta amarilla.

Incidencias: partido de la séptima jornada del campeonato nacional de Liga, disputado en el campo municipal de deportes el Madrigal, ante 17.000.espectadores. Terreno de juego en buenas condiciones. 

Estadísticas

Villarreal


Zaragoza

2

Goles

2

1

Asistencias

2

26

Disparos

14

13

Disparos a portería

9

7

Paradas

11

1

Goles de penalti

0

1

Penaltis

0

17

Centros

7

13

Saques de esquina

4

3

Fueras de juego

0

3

Faltas cometidas

23

1

Tarjetas amarillas

3

0

Tarjetas rojas

1

 

Sin encontrar la perfección

El Real Zaragoza logró un valioso empate a dos en El Madrigal ensombrecido por un fallo defensivo que supuso el segundo gol de los locales y una discutible actuación arbitral.

El Real Zaragoza no pudo deshacer la maldición que parece pesar sobre él cuando juega en El Madrigal. Dos acciones desafortunadas, una por parte del colegiado y otra en la defensa de un córner, echaron por tierra el trabajo de un equipo que, poco a poco, va definiendo su estilo a practicar esta temporada.

Así, desde el inicio del encuentro, el conjunto aragonés cedió el peso del partido a los locales para usar la amenaza del contraataque. Los amarillos aceptaron la situación y comenzaron a rondar la meta zaragocista. Representativa es una jugada ocurrida en el minuto ocho cuando Cani, muy motivado ante el equipo que le vio nacer, intentaba batir a Roberto con un disparo pegado a la cepa del palo derecho que el portero zaragocista despejó en una acrobática posición.

Fue la primera de una interminable lista de intervenciones protagonizadas por el meta blanquillo, que fue, una tarde más, el más destacado de los zaragozanos.

Dos minutos más tarde, el Real Zaragoza avisaría por medio de Helder Postiga. El ariete portugués, en carrera, realizó un brillante regate a Musacchio que le habilitó para ejercer el mano a mano ante Diego López. Sin embargo, disparó a romper y su chut fue despejado por el meta castellonense. En el rechace, el balón cayó a Luis García, cuyo intento corrió la misma suerte que la de su compañero luso.

Golpe visitante

No falló en el minuto 34. El asturiano se asoció con Meira en una pared que el centrocampista devolvió picada y en profundidad. Su magnífico pase fue aprovechado por el número diez, que de una precisa volea, con la pierna izquierda y directa al palo largo, hizo su tercera diana del curso.

Sin embargo, no hubo tiempo para celebraciones. Cuatro minutos más tarde, en una polémica decisión, Del Cerro Grande se erigió como protagonista al señalar un penalti por una razón sin determinar. De hecho, no hubo sancionado alguno por una acción que supuso el primer tanto de los locales. Rossi, a la segunda, después de que le anularan su primer lanzamiento por realizar una ’paradinha’, convirtió a lo Panenka.

Fue un golpe bajo. Directo a la moral. Un contratiempo del que los zaragocistas se repusieron rápido. A través de una contra magistral, digna de ilustrar un manual de fútbol básico, Barrera hacía valer su velocidad y volvía a colocar a los aragoneses por delante del marcador. Robó Ponzio, Lafita sirvió rápido y el mexicano, letal con espacio por delante, hizo el resto.

Un gigante llamado Roberto

La vuelta de vestuarios trajo un Villarreal nuevo. Con mayores similitudes respecto a su potencial teórico, los pupilos de Juan Carlos Garrido comenzaron a acorralar a los visitantes. Contra las cuerdas, el Zaragoza solo respondía por medio de Roberto. El guardameta sacó ocasiones claras a Borja Valero, a Catalá, a De Guzmán, a Cani... Y a Rossi. Sobre todo a Rossi, al que llegó a desesperar.

Para paliar este asedio, Aguirre dio entrada a Micael por Lafita. El cambio tuvo su efecto y los aragoneses empezaron a respirar. Pero el encuentro le deparaba otro revés a los zaragozanos. En el 80, Lanzaro dejó al equipo con diez tras ser expulsado por doble amarilla. Poco más tarde, en un córner, y tras un flagrante desajuste defensivo, los amarillos empataban por medio de Hernán Pérez, que remató libre de marca.

A la desesperada, y por medio de una magnífica jugada de Zuculini, que había entrado por un lesionado Barrera, el Real Zaragoza pudo ganar. En el 86, el argentino llegó hasta línea de fondo con el balón y cedió para Postiga, que falló en el remate. Un error que indicó que el marcador no se movería más.

video cancion: el pais perdido

 

EL PAIS PERDIDO

 

LA RONDA DE BOLTAÑA

 

Plantilla del Real Zaragoza 2011/12

Plantilla del Real Zaragoza 2011/12

 

Plantilla del Real Zaragoza 2011/12

  • Actualizado a 14 de septiembre de 2011.
Dorsal↓ Jugador↓ Posición↓ Altura (m.)↓ Edad↓ Procedencia↓ En el club desde↓ Contrato hasta↓ Observaciones↓
1 Bandera de España Roberto Jiménez Portero 1’91 25 años Sport Lisboa e Benfica 2011 201618 Jugador cedido19
2 Bandera de México Efraín Juárez Defensa 1’78 23 años Celtic Football Club 2011 201220 Jugador cedido
3 Bandera de España Javier Paredes Defensa 1’75 29 años Getafe Club de Fútbol 2007 201221
4 Bandera de España David Mateos Defensa 1’91 24 años Real Madrid Club de Fútbol 2011 201222 Jugador cedido
5 Bandera de Italia Maurizio Lanzaro Defensa 1’83 28 años Reggina Calcio 2010 201323
6 Bandera de Portugal Fernando Meira Defensa 1’90 33 años FC Zenit San Petersburgo 2011 201324
7 Bandera de España Braulio Nóbrega Delantero 1’80 26 años Getafe Club de Fútbol 2008 201225
8 Bandera de España Edu Oriol Centrocampista 1’74 24 años Fútbol Club Barcelona "B" 2011 201426
9 Bandera de Portugal Hélder Postiga Delantero 1’82 29 años Sporting Clube de Portugal 2011 201427
10 Bandera de España Luis García Delantero 1’80 30 años Real Club Deportivo Español 2011 201428
11 Bandera de España Juan Carlos Pérez Centrocampista 1’78 21 años Real Madrid Castilla Club de Fútbol 2011 201629 Jugador cedido29
14 Bandera de Paraguay Paulo Da Silva Defensa 1’80 31 años Sunderland Association Football Club 2011 201330
16 Bandera de México Pablo Barrera Centrocampista 1’72 24 años West Ham United Football Club 2011 201231 Jugador cedido
17 Bandera de EspañaÁngel Lafita Centrocampista 1’86 25 años Real Club Deportivo de La Coruña 2009 201232
18 Bandera de Portugal Rúben Micael Centrocampista 1’76 25 años Club Atlético de Madrid 2011 201233 Jugador cedido
19 Bandera de España Antonio Tomás Centrocampista 1’78 26 años Real Club Deportivo de La Coruña 2011 201234
20 Bandera de Argentina Franco Zuculini Centrocampista 1’76 21 años TSG 1899 Hoffenheim 2011 201224 Jugador cedido
21 Bandera de España Abraham Minero Defensa 1’75 25 años Fútbol Club Barcelona "B" 2011 201426
22 Bandera de Hungría Ádám Pintér Defensa 1’92 23 años MTK Budapest FC 2010 201435
23 Bandera de Argentina Leo Ponzio Capitán Centrocampista 1’74 29 años Club Atlético River Plate 2009 201236
25 Bandera de Argentina Leo Franco Portero 1’88 34 años Galatasaray Spor Kulübü 2010 201237
26 Bandera de España Jorge Ortí Delantero 1’80 18 años Real Zaragoza "B" - - [cita requerida]
27 Bandera de Ecuador Joel Valencia Centrocampista 1’65 16 años Real Zaragoza "B" - - [cita requerida]
29 Bandera de España Kevin Lacruz Centrocampista 1’78 19 años Real Zaragoza "B" - - [cita requerida]

Bandera de Serbia Ivan Obradović Defensa 1’81 23 años FK Partizan Belgrado 2009 201438 Jugador sin ficha39
  • Capitán = Capitán
  • Lesionado = Lesionado de larga duración
  • Los jugadores con dorsales superiores al 25 son, a todos los efectos, jugadores del Real Zaragoza B y como tales, podrán compaginar partidos con el primer y segundo equipo. Como exigen las normas de la LFP, los jugadores de la primera plantilla deberán llevar los dorsales del 1 al 25. Del 26 en adelante serán jugadores del equipo filial.
  • Los equipos españoles están limitados a tener en la plantilla un máximo de tres jugadores sin pasaporte de la Unión Europea. La lista incluye sólo la principal nacionalidad de cada jugador, algunos de los jugadores no europeos tienen doble nacionalidad de algún país de la UE:
    • Leo Ponzio posee la doble nacionalidad italiana y argentina.
    • Franco Zuculini posee la doble nacionalidad italiana y argentina.
    • Leo Franco posee la doble nacionalidad italiana y argentina.

    Altas y bajas 2011/12

    Altas
    Jugador Posición Procedencia Tipo Costo
    Bandera de España Juan Carlos Centrocampista Real Madrid Castilla Club de Fútbol Regresa de cesión
    Bandera de Brasil Pablo de Barros Defensa Cruzeiro Esporte Clube Regresa de cesión
    Bandera de España Abraham Defensa Fútbol Club Barcelona "B" Libre
    Bandera de España Edu Oriol Centrocampista Fútbol Club Barcelona "B" Libre
    Bandera de España David Mateos Defensa Real Madrid Club de Fútbol Cesión
    Bandera de España Juan Carlos Centrocampista Real Madrid Castilla Club de Fútbol Cesión
    Bandera de México Efraín Juárez Defensa Celtic Football Club Cesión
    Bandera de España Roberto Portero Sport Lisboa e Benfica Cesión 86.000 €
    Bandera de Portugal Fernando Meira Defensa FC Zenit San Petersburgo Libre
    Bandera de Argentina Franco Zuculini Centrocampista TSG 1899 Hoffenheim Cesión
    Bandera de Portugal Rúben Micael Centrocampista Club Atlético de Madrid Cesión
    Bandera de México Pablo Barrera Centrocampista West Ham United Football Club Cesión
    Bandera de Portugal Hélder Postiga Delantero Sporting Clube de Portugal Traspaso 500.000 €
    Bandera de España Luis García Delantero Real Club Deportivo Español Libre
    Bandera de España Antonio Tomás Centrocampista Real Club Deportivo de La Coruña Libre

     

    Bajas
    Jugador Posición Destino Tipo Cobro
    Bandera de España Ander Herrera Centrocampista Athletic Club Traspaso 7.500.000 €
    Bandera de España Gabi Centrocampista Club Atlético de Madrid Traspaso 3.000.000 €
    Bandera de Colombia Marco Pérez Delantero Boyacá Chicó Fútbol Club Regresa de cesión
    Bandera de Senegal Guirane N’Daw Centrocampista Association Sportive de Saint-Étienne Loire Regresa de cesión
    Bandera de Argentina Nicolás Bertolo Centrocampista Unione Sportiva Città di Palermo Regresa de cesión
    Bandera de Francia Florent Sinama-Pongolle Delantero Sporting Clube de Portugal Regresa de cesión
    Bandera de Brasil Pablo de Barros Defensa Figueirense Futebol Clube Cesión
    Bandera de Brasil Edmílson Defensa Ceará Sporting Club Fin de contrato
    Bandera de la República Checa Jiří Jarošík Defensa AC Sparta Praga Fin de contrato
    Bandera de los Países Bajos Saïd Boutahar Centrocampista Al-Wakrah SC Fin de contrato
    Bandera de España Jorge López Centrocampista OFI Creta  Fin de contrato
    Bandera de Uruguay Carlos Diogo Defensa - Fin de contrato
    Bandera de Italia Matteo Contini Defensa Associazione Calcio Siena Cesión
    Bandera de España Raúl Goni Defensa Fútbol Club Cartagena Cesión
    Bandera de Nigeria Ikechukwu Uche Delantero Villarreal Club de Fútbol Traspaso 3.500.000 €
    Bandera de España Víctor Laguardia Defensa Unión Deportiva Las Palmas Cesión
    Bandera de España Toni Doblas Portero Xerez Club Deportivo Cesión

500 aniversario nacimiento de Miguel Servet

500 aniversario nacimiento de Miguel Servet

 

Miguel Servet

Miguel Servet, llamado también Miguel de Villanueva, Michel de Villeneuve o, en latín, Michael Servetus (su nombre auténtico era Miguel Serveto y Conesa, alias «Revés») (Villanueva de Sigena, Huesca, 29 de septiembre de 15111 – Ginebra, 27 de octubre de 1553) fue un teólogo y científico español.

Sus intereses abarcaron muchas ciencias: astronomía, meteorología, geografía, jurisprudencia, teología y el estudio de la Biblia, matemáticas, anatomía y medicina. Parte de su fama posterior se debe a su trabajo sobre la circulación pulmonar descrita en su obra Christianismi Restitutio.

Participó en la Reforma Protestante y desarrolló una cristología contraria a la Trinidad. Repudiado tanto por los católicos como por los protestantes fue arrestado en Ginebra, sometido a juicio y condenado a morir en la hoguera por orden del Consejo de la ciudad y las iglesias reformadas de los cantones, cuando en ella predominaba la influencia de Juan Calvino.

Nacimiento y años de formación

Fachada de la casa natal de Miguel Servet en Villanueva de Sigena, sede del Instituto de Estudios Sijenenses "Miguel Servet"/Michael Servetus Institute y centro de investigación de su vida y obra.

Actualmente existe un consenso casi general en situar el lugar de nacimiento de Servet en Villanueva de Sigena, aunque hay investigadores que mantienen la opinión de que nació en Tudela de Navarra, basándose en los documentos en que Servet se atribuía dicho origen mientras mantenía en Francia la falsa identidad de Michel de Villeneuve, que haría alusión a su localidad natal, Villanueva de Sigena, donde se conserva la casa familiar, hoy convertida en centro de interpretación.2

Fue hijo de Antón Serveto, noble infanzón y notario del Monasterio de Sigena, y de Catalina Conesa, que por línea materna descendía de la familia judeoconversa de los Zaporta. Tenía dos hermanos menores: Pedro, quien continuó con la notaría paterna, y Juan, que fue ordenado sacerdote.

Joven con dotes sobresalientes para las letras y gran conocedor del latín, griego y hebreo, Miguel abandonó su población de origen para ampliar estudios, quizá en el castillo de Montearagón. Es aceptado como pupilo por fray Juan de Quintana, quien llegaría a ser confesor de Carlos I. Tras una estancia en Tolosa (Francia) para realizar estudios de Derecho, donde entra por primera vez en contacto con círculos próximos a la Reforma, viaja con Quintana por Italia y Alemania como parte del séquito imperial y presencia la coronación de Carlos V como emperador en Bolonia (1530).

  Primeras obras teológicas

Posteriormente abandona a su mentor e inicia un periplo por varias ciudades de Centroeuropa afines al naciente protestantismo. Establece una relación cada vez más difícil y polémica con algunos líderes reformadores, como Ecolampadio de Basilea, y se dirige más tarde a Estrasburgo, donde se relaciona con Bucer, y a Hagenau (ciudad alsaciana entonces perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico).

En 1531 publica De Trinitatis Erroribus (De los errores acerca de la Trinidad), que produjo gran escándalo entre los reformadores alemanes.Tampoco caló bien en su patria, ya que Servet tuvo la osadía de enviar una copia al obispo de Zaragoza, quien no tardó en solicitar la intervención de la Inquisición. El año siguiente publicó Dialogorum de Trinitate (Diálogos sobre la Trinidad), acompañado de una obra suplementaria, De Iustitia Regni Christi (Sobre la Justicia del Reino de Dios). Otro opúsculo atribuido a Servet, aunque de datación imprecisa, es Declarationis Iesu Christi Filii Dei (Declaración de Jesucristo Hijo de Dios), también conocido como «Manuscrito de Stuttgart».

 De los errores acerca de la Trinidad: estructura y contenido

Edición de los Errores acerca de la Trinidad.

En esta obra, dividida en siete libros o capítulos, Servet argumenta que el dogma de la Trinidad carece de base bíblica, ya que no se halla en las Escrituras, sino que es fruto posterior de elucubraciones de «filósofos». Basándose en abundantes citas de la Biblia, Servet concluye que Jesús es hombre en tanto que nacido de mujer, por más que su nacimiento fuese milagroso. A su vez, Jesús es también hijo de Dios, en tanto que su nacimiento es el fruto de la fecundación por el Logos divino de la Virgen María.

Niega así Servet, por tanto, que el Hijo sea eterno, ya que fue engendrado como tal en la encarnación, aunque es divino por gracia de Dios, su Padre. Tampoco es, pues, una Persona de la Trinidad, cuya existencia niega vehementemente definiéndola como «tres fantasmas» o «Perro Cerbero de tres cabezas». Asimismo califica a los que creen en tal doctrina como «ateos, es decir, sin Dios» y «triteístas». A su vez, el Espíritu Santo no sería una tercera Persona trinitaria, sino la fuerza o manifestación del espíritu de Dios tal como actúa en el mundo a través de los hombres.

 Diálogos sobre la Trinidad y De la Justicia: estructura y contenido

Obra de tamaño y ambición inferiores a Errores..., Diálogos está estructurada en dos libros como una conversación ficticia entre dos personajes: Miguel (el propio autor) y un tal Petrucho. Según Servet, la escribe para despejar las dudas e inquietudes sembradas por su obra anterior, que a su juicio se deben «a mi propia impericia y a la negligencia del tipógrafo». A diferencia de lo afirmado en Errores..., Servet dice que Jesús no es sólo divino por gracia, sino también por naturaleza, aunque aclara que sólo en tanto que participa de la sustancia divina de su Padre.

A su vez, en el opúsculo De la Justicia del Reino de Dios incluido al final, explica entre otras cosas la complementariedad entre fe y caridad, pues, aunque la justificación del creyente es sólo por la fe, la caridad y las buenas obras son encomiables y complacen a Dios, aspecto en el que se diferencia claramente de Lutero y otros reformadores protestantes. Al final se encuentra uno de los textos por los que Servet es considerado como adalid de la tolerancia y la libertad de conciencia, ya que afirma que «ni con estos ni con aquellos estoy de acuerdo en todos los puntos, ni tampoco en desacuerdo. Me parece que todos tienen parte de verdad y parte de error y que cada uno ve el error del otro, mas nadie el suyo... Fácil sería decidir todas las cuestiones si a todos les estuviera permitido hablar pacíficamente en la iglesia contendiendo en deseo de profetizar».

  Tiempo de ocultación

Miguel Servet se dirige a Lyon. Había estado brevemente en París, donde un encuentro previsto, pero finalmente no efectuado, con Calvino se transforma en el inicio de una relación epistolar entre ambos. Servet llega a Lyon con una nueva identidad, Michel de Villeneuve, supuestamente originario de Tudela de Navarra, para evitar las persecuciones de la Inquisición española. Estuvo empleado en una imprenta, primero como corrector de pruebas. En 1535 le encargaron la publicación y anotación de la Geografía de Claudio Ptolomeo, lo que llevó a cabo dando pruebas de su gran erudición. En Lyon fue la etapa más feliz de su vida. Conoció al médico Symphorien Champier, quien le anima a estudiar Medicina y fue a París.

En 1537 se matricula en la Universidad de París para estudiar Medicina. Allí estudia junto a los grandes médicos de la época, enseñando Matemáticas y Medicina en la Universidad. Sin embargo, pronto se encuentra en dificultades, puesto que dicta un curso de Astrología, en el que defendía la influencia de las estrellas en los eventos futuros (astrología judiciaria), lo cual, junto con un opúsculo en el que describe el uso de jarabes para administrar los remedios de la época, le enfrenta con la comunidad universitaria.

Deja de nuevo París y reside en diversas localidades de Francia, hasta que en Lyon se encuentra con el arzobispo de Viena del Delfinado, Pedro Palmier, al que había conocido previamente en París. De esta forma entra a su servicio como médico personal en 1541.

 La Restitución del Cristianismo

Portada de su obra Christianismi restitutio (1553).

En Vienne de Isère, Servet se dedica a proseguir sus estudios y publicaciones y prepara en secreto la que será su obra cumbre. Prosigue su correspondencia con Calvino, a quien envía una primera versión de su libro, Christianismi Restitutio (Restitución del Cristianismo), de carácter fundamentalmente teológico, en espera de sus comentarios (1546). El concepto de cristianismo ahí expuesto es cercano al panteísmo. Cristo está en todas las cosas. El mundo está lleno con él. Se mostraba también contrario al bautismo de los niños, puesto que el bautismo debe ser un acto maduro y consciente de discipulado cristiano, lo que le acerca a las posiciones anabaptistas. Sobre la edad adecuada para recibir el bautismo, sugirió seguir el ejemplo de Jesús: Jesucristo fue él mismo bautizado cerca de los treinta años.

Curiosamente el libro pasaría a la posteridad por contener en su «Libro V» la primera exposición en el Occidente cristiano de la función de la circulación pulmonar o menor: según Servet, la sangre es transmitida por la arteria pulmonar a la vena pulmonar por un paso prolongado a través de los pulmones, en cuyo curso se torna de color rojo y se libera de los vapores fuliginosos por el acto de la espiración. Servet sostenía que el alma era una emanación de la Divinidad y que tenía como sede a la sangre. Gracias a la sangre, el alma podía estar diseminada por todo el cuerpo, pudiendo asumir así el hombre su condición divina. Por tanto, los descubrimientos relativos a la circulación de la sangre tenían un impulso más religioso que científico. De ahí que la descripción de la circulación pulmonar esté dentro de una obra de teología y no de una de fisiología. Para Servet no había diferencia entre ambos ámbitos, dado que todo obedecía a un mismo gran designio divino.

En respuesta, Calvino le conmina a leer su propio libro Institutio religionis Christianae (Institución de la Religión Cristiana), publicado en 1536. Servet leyó el libro de Calvino e hizo anotaciones muy críticas en los márgenes del libro, devolviéndole la copia corregida, lo que desagradó enormemente al reformador, quien avisó que si Servet ponía los pies en Ginebra «no saldría vivo de ella».

Finalmente, Christianismi Restitutio es publicado anónimamente a principios de 1553, de nuevo con gran escándalo. Un calvinista de Ginebra escribe a un amigo católico revelándole que el autor del libro es el hereje Miguel Servet, oculto bajo la falsa identidad de Villeneuve. Se sospecha que detrás de esta denuncia podría estar el propio Calvino, quien había tenido acceso al texto gracias al mismo Servet. La Inquisición de Lyon recibe parte de la correspondencia intercambiada entre ellos, tras lo cual Servet es detenido, interrogado y encarcelado en Vienne. El 7 de abril, sin embargo, logra evadirse y el 17 de junio es sentenciado a muerte in absentia, siendo quemado en efigie.

  Juicio en Ginebra y muerte

Monumento a Servet en la plaza del Ayuntamiento de Annemasse (Francia), villa situada a 4 km de Ginebra, al otro lado de la frontera franco-suiza. La inscripción bajo la escultura dice: a Miguel Servet, apóstol de las libres creencias, nacido en Villanueva de Aragón el 20 de septiembre de 1511, quemado simbólicamente en Viena por la Inquisición Católica el 17 de junio de 1553 y quemado vivo en Ginebra el 27 de octubre de 1553 a instigación de Calvino

Posiblemente mientras iba rumbo a Italia, por alguna razón Servet acaba haciendo una estancia en Ginebra, donde fue reconocido en la iglesia donde predicaba el propio Calvino (13 de agosto). La ciudad se regía por los principios de la Reforma tal como Calvino los había definido en sus Ordenanzas eclesiásticas, basadas en su obra magna, Institución de la religión cristiana. Servet fue detenido y juzgado por herejía (por su negación de la Trinidad y por su defensa del bautismo a la edad adulta).

Servet sufrió grandes penalidades durante su cautiverio, como atestigua su carta al Consejo de Ginebra de 15 de septiembre de 1553. Durante el juicio, sostuvo diversos debates de carácter teológico. El 22 de septiembre, Servet escribe una última alegación en la que culpa a Calvino de hacer acusaciones falsas de herejía contra él y solicita que también sea detenido e interrogado como él, y concluye: "Estaré contento de morir si no le convenzo tanto de esto como de otras cosas de que le acuso más abajo. Os pido Justicia, Señores, Justicia, Justicia, Justicia."12 Finalizado el proceso, fueron consultadas las iglesias reformadas de los cantones de Zúrich, Schaffhausen, Berna y Basilea, tras lo cual el acusado fue condenado y sentenciado a morir en la hoguera el 27 de octubre de 1553. En una carta fechada el día anterior, Calvino comentaba a Farel que Servet iba a ser condenado sin discusión y conducido al suplicio, y aseguraba que él había intentado cambiar la forma de su ejecución, aunque inútilmente.

La sentencia dictada en su contra por el Consejo (Petit Counseil) de Ginebra dice:14

Contra Miguel Servet del Reino de Aragón, en España: Porque su libro llama a la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los pequeños infantes es una obra de la brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes. Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo.

  Consecuencias de la ejecución de Servet

Independientemente de la importancia de sus descubrimientos fisiológicos o de su labor como polemista religioso, los sucesos que acarrearon el juicio y muerte de Miguel Servet se han considerado como punto de arranque de la discusión que condujo al reconocimiento de la libertad de pensamiento y de expresión de las ideas. Asimismo, las Iglesias Unitarias, surgidas de los movimientos antitrinitarios del siglo XVI y posteriores, consideran a Servet su pionero y primer mártir.

La ejecución de Servet escandalizó a muchos pensadores de toda Europa, principalmente en el ámbito protestante, que se oponían a que se matara a las personas por razones de fe. Destaca particularmente la defensa de Servet que realizó Sebastián Castellion: «Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet, no defendieron una doctrina, mataron a un hombre.»

Por otro lado, desde mediados del siglo XIX y principios del XX, Servet comenzó a ser reivindicado por partidarios del librepensamiento, que veían en su ejecución una prueba de los peligros que conlleva el fanatismo religioso, aunque a menudo como resultado de un análisis superficial y sin tener en cuenta la obra y conceptos teológicos del propio Servet.

Marian Hillar, estudioso polaco-norteamericano de la obra de Servet, hizo la siguiente evaluación sobre el impacto perdurable que tuvo la ejecución del erudito español: «Fue el punto de inflexión en la ideología y mentalidad dominantes desde el siglo IV. [...] Históricamente hablando, Servet murió para que la libertad de conciencia se convirtiera en un derecho civil en la sociedad moderna».