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HISTORIA

Historia de Danone

Historia de Danone

Tarro de Danone años 1920

Danone, la gran empresa que nació en España con la venta de yogures medicinales

Daniel Carasso, el ya fallecido hijo del fundador Danone

Danone, la gran empresa que nació en España con la venta de yogures medicinales


Pocos conocen el origen español de la marca de yogures Danone. La multinacional, actualmente francesa, tiene su germen en la ciudad de Barcelona, donde el judío sefardí Isaac Carasso comercializó los primeros productos en farmacias allá por 1919. La leche fermentada era considerada entonces un producto medicinal, un «remedio heroico» que prolongaba la vida de quienes la consumían.

La sede del «postre de la digestión feliz», que llegó incluso a ser recetado por los médicos de la época, se trasladó en 1929 desde la Ciudad Condal a París, donde levantó su primera gran fábrica. La marca pasó a estar dirigida por Daniel, hijo de Carasso, y desde entonces su crecimiento ha sido imparable. El primer éxito de la compañía fue el lanzamiento del yogur de sabores, que encadiló a la sociedad parisina.

El verdadero despegue de Danone llegaría con el salto del charco desde el continente europeo y su apertura en Estados Unidos en 1937. Daniel Carasso decidió cambiar allí el nombre de la marca por Dannon para facilitar su pronunciación y por ende las ventas. En España, Danone S.A. pasará a estar presidida por Luis Portablella Comte-Lacoste desde 1941 y durante 40 años de prosperidad empresarial.

Danone, la gran empresa que nació en España con la venta de yogures medicinales

La primera gran fábrica de Danone en nuestro país se inauguró en 1963 en Aldaia (Valencia). Hoy en día sigue en pie reconvertida en una de las plantas más modernas de la multinacional. Danone también cuenta con las instalaciones industriales de Salas (Asturias), Parets del Vallés (Barcelona) y la de Tres Cantos (Madrid). Esta última cumplía ayer 20 años de vida con una producción actual de 160.000 toneladas anuales. Está especializada en la fabricación del yogur natural y de sabor, Activia natural y desnatado, Vitalínea sabores y Danet.

El ascenso de la compañía de alimentación continúa imparable. Danone se ha convertido en la marca con mejor reputación entre los españolesgracias a la calidad de sus productos y a su constante innovación. Lanzamientos como Petit Suisse, Actimel y Danacol han impulsado su éxito y han ayudado a mantener el consumo de artículos Danone pese al auge de las marcas blancas.

Estatua del rey Ibbit-Lim

Estatua del rey Ibbit-Lim

Título

Estatua del rey Ibbit-Lim

Descripción

La importancia de esta estatua de basalto dañado radica en su inscripción dedicatoria en lugar de su valor como obra de arte. Este fragmento de 1,8 pies de altura representa una figura masculina con barba que llevaba una capa.Sólo el torso se conserva, pero sus hombros están cubiertos con una inscripción cuneiforme en acadio provincial que lo identifica como Ibbit-Lim, rey de Ebla, que dedicó su estatua de la diosa Ishtar de su ciudad. El descubrimiento de esta estatua en la temporada 1968 en Tell Mardikh presenta la primera evidencia concreta para la identificación del sitio con la antigua Ebla, una ciudad conocida por las referencias históricas de los reyes acadios Sargón y Naram-Sin (siglos 23 de 24 y BCE) . El posterior descubrimiento de los archivos del tercer milenio aC en Tell Mardikh en 1975 confirmó el nombre de la ciudad antigua. 

La estatua ha sido fechado, principalmente por motivos epigráficos, a la temprana Edad del Bronce Medio, sobre 2000- 1850 aC La torpeza de los signos cuneiformes y los acadia gramaticalmente pobres sugieren que, en este periodo, al menos, Ebla era más provincial que en su apogeo 400 años antes.La calidad del crudo de la talla de la estatua (la verdad, gran parte dañada) está en línea con el estilo de su escritura; tanto en contraste con los ricos archivos y hallazgos escultóricos a Mari que datan de la misma época. Esta estatua de Ibbit-Lim él la única figura histórica atestiguada desde la Edad del Bronce Medio Ebla hace. Que, junto con ser uno de los pocos de Ebla a partir de ese periodo la inscripción, hace que esta estatua parcialmente conservado un precioso documento. 

Reyes de Ebla

_ Igris-Kalam ca. 2575 a. C.

_ Irkab-Damu ca. 2455 a. C.

_ Ar-Ennum ca. 2430 a. C.

_ Ishak Malek

_ Enar Damu

_ Baga Damu

_ Agur Lim

_ Kun Damu

_ Igrit Khalam (Igrit Khalab)

_ Adub Damu

_ Ishtar Damu ca. 2300 a. C.

_ Eberu

_ Ibbi Sipis

_ dominio de Akkad ca. 2250 a. C.

_ independiente, reyes desconocidos, ca. 2220-2050a. C.

_ dominio de Ur ca. 2050 a. C.

_ dominio de Yamkhad ca. 2003 a. C.

_ Ibit-Lim ca. 2000 a. C.

_ Sucesores desconocidos 2000-1600 a. C.

Civilizaciones de Grecia

Civilizaciones de Grecia

Civilizaciones de Grecia

Civilización egea y cicládica

Las primeras civilizaciones registradas en lo que actualmente es Grecia, son las civilizaciones prehistóricas, que no produjeron registros escritos y por tanto, solo se pueden estudiar mediante la arqueología.

Civilización minoica

Es la primera civilización del mundo griego, y floreció en la isla de Creta. Sus habitantes se establecieron en la zona hacia el año 6000 a. C., y alcanzó el máximo esplendor entre los años 2000 a. C. y 1600 a. C. Contaban con abundantes riquezas, acumuladas gracias al comercio con otras ciudades de la edad de bronce, y a la fertilidad de su suelo, que producía aceitunas, cereales y vino en abundancia. Todo el sistema económico se centralizaba en torno a sus ricos palacios, caracterizados por su decoración a base de escenas pintadas en los muros o “frescos”. Se trataba de construcciones edificadas cerca del mar, y son una muestra del desarrollo artístico y arquitectónico de la cultura minoica.

Civilización micénica

Del año 1600 a. C. hasta el año 1100 a. C. Grecia disponía en la Edad de Bronce de centros palaciegos importantes que dominaban distintos territorios, entre ellos Micenas, que fue uno de los centros principales de sus actividades. El rey o señor vivía en estos grandes palacios que desempeñaban el papel de cuartel general del ejército y centro administrativo. El pueblo micénico se caracterizó por su activo comercio marítimo y sus numerosas exportaciones de productos manufacturados. Alcanzaron su cenit sobre el año 1600 a. C., y poco a poco fueron desapareciendo los palacios en circunstancias aún desconocidas hasta la invasión de los dorios.

Civilización clásica y postclásica

No es fácil delimitar la civilización griega ni en cuanto a espacio ni tiempo. Convencionalmente se hace la siguiente división:

I: Arcaica (723-453 a. C.).II: Clásica (siglo V-III a. C.).III: Helenística (siglo III-I a. C.).

En este curso histórico surgieron varios hechos importantes y fundamentales en la formación definitiva de lo que fue Grecia posteriormente: la formación de las polis (ciudades), el siglo V a. C., la Edad Ateniense, las guerras Médicas o la del Peloponeso (cinco años después de la cual se trataron de modificar las ciudades estados), la preeminencia de Macedonia (con Filipo II y su hijo, Alejandro Magno) y la extensión por Asia del mundo helenístico. La dominación romana en el siglo II a. C. pondría punto final a la civilización griega políticamente, pero dejaría una impronta indeleble en sus invasores a través de los siglos.

Gobiernos de España

Gobiernos de España

Gobiernos de España

Isabel II (1833-1868)

Sexenio Democrático (1868-1874)

Gobierno Provisional

Amadeo I, Rey de España (elegido democráticamente)

Primera República

Alfonso XII (1874-1885)

Regencia de María Cristina de Habsburgo (1885-1902)

Alfonso XIII (1902-1931)

Segunda República (1931-1939)

Periodo Constituyente

Niceto Alcalá Zamora y Torres, Presidente de la República

Diego Martínez Barrio, Presidente de la República (interino)

Manuel Azaña Díaz, Presidente de la República

Presidencia de la República vacante

Gobiernos del Exilio (1939-1977)

Dictadura de Francisco Franco Bahamonde (1936/1939-1975)

Monarquía constitucional (1975 - Actualidad)

Juan Carlos I, Rey de España

Felipe VI, Rey de España

**************

Presidentes del Consejo de Ministros de España

https://es.wikipedia.org/wiki/Presidente_del_Consejo_de_Ministros_de_Espa%C3%B1a

Gobiernos de España

https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Gobiernos_de_Espa%C3%B1a

Sistema Político principios del Siglo XIX e España

Sistema Político principios del Siglo XIX e España

EL LIBERALISMO

Con la Constitución de 1812 el sistema político liberal queda definitivamente establecido. Frente al absolutismo el nuevo sistema establece la igualdad ante la ley y la participación política de los ciudadanos. En la interpretación de estos derechos y en su realización política concreta fue donde se definieron los dos partidos básicos del segundo tercio del siglo XIX: El Partido Moderado y el Partido Progresista. A la izquierda de estos últimos comenzaron a formarse los primeros grupos de demócratas y de republicanos que quedaron excluidos en el pacto constitucional del 1837.
No eran partidos como los del siglo XX sino incipientes partidos de notables que carecían de organización interna y estructura permanente.
Principios del liberalismo doctrinario
Existencia de una ley fundamental escrita
División de poderes
Estructuración de órganos representativos basados en el sufragio censitario
Consagración de un régimen de libertades individuales

Moderados:
Defensores de la soberanía compartida entre la Corona y las Cortes, el llamado liberalismo doctrinario. Así la Corona quedaba dotada de considerables atribuciones que la convertían en factor decisivo del proceso político, pues, en los conflictos entre el poder ejecutivo y el legislativo, ella era quien determinaba la sustitución del primer ministro o la disolución de las Cortes
Partidarios del sufragio restringido, en los gobiernos moderados elevaron el grado de riqueza necesario para ser elector. Para los moderados, la clase inferior era incapaz de gobernar y debía, por tanto ser excluida
Defensores de la propiedad privada como principio sagrado e inviolable, el orden público, el centralismo y el entendimiento con la Iglesia
Sus bases sociales eran las clase medias enriquecidas por la desamortización, la aristocracia latifundista y la burguesía de negocios industriales, comerciantes y financieros, vinculada con frecuencia a las compañías de ferrocarril

Progresistas:
Defensores de la soberanía nacional como única base del poder y recortar las atribuciones de la Corona, aunque esta conservara la facultad de disolver las Cortes
El sufragio se restringió menos: de un 0,5 % de votantes con el estatuto Real, la Ley Electoral de 1837 lo elevó a un 2,2 %, y en 1843 fue ya del 4,3 %
La declaración de derechos solía ser más amplia, incluyendo la libertad de imprenta y de asociación
Sus bases sociales eran pequeños comerciantes, menestrales, artesanos, empleados modestos y militares de baja graduación. Siempre dispuestos a unirse a cualquier movimiento revolucionario, critican las inmoralidades del gobierno y la preponderancia del clero y postulan la supresión de los “consumos” (impuestos que gravaban los artículo de primera necesidad)


El liberalismo radical a partir de la Constitución de 1837 se fue consolidando poco a poco un liberalismo radical, opuesto a la revisión de la Constitución de 1812, este grupo fue bastante heterogéneo, pero se pueden identificar rasgos comunes:
Defendían la soberanía nacional plena y una ampliación del sufragio que podía llegar hasta el sufragio universal masculino
Desconfían de la Corona, lo que llevó a algunos liberales radicales hasta el republicanismo
Eran defensores de la aplicación radical del decreto de abolición de señoríos y participación popular en el poder local y provincial.
Casi todas las corrientes radicales se aglutinaron en la década siguiente en torno al Partido Demócrata, creado en 1849, y cuyas demandas se centraban en la soberanía nacional, el sufragio universal masculino, la tolerancia religiosa, el sistema fiscal proporcional a la riqueza, la enseñanza primaria gratuita, 

Ebla, una ciudad olvidada

Giovanni Pettinato

Ebla, una ciudad olvidada

Arqueología e historia

Pliegos de Oriente

ISBN: 978-84-8164-353-4

424 páginas

1ª edición

Fecha de publicación: abril 2000

Encuadernado en Rústica

Dimensiones: 140 x 230 mm, peso 460 g

Materias: Ciencias bíblicas y orientales ; Medio Oriente

Cuando en los años sesenta en Tell Mardikh (Siria), la misión arqueológica de la Universidad La Sapienza de Roma identificó, a pesar de la incredulidad y el escepticismo del mundo académico internacional, el yacimiento de la antigua ciudad de Ebla, los arqueólogos comprendieron que se hallaban ante un acontecimiento de una relevancia extraordinaria.

Resurgida tras siglos de silencio, Ebla, sobre la que se habían avanzado las más diversas hipótesis de localización, ha resultado ser uno de los principales centros económicos y culturales del Próximo Oriente ya desde el III milenio a.e. Desde el punto de vista arqueológico, y sobre todo, desde el epigráfico, su descubrimiento ha sido uno de los más importantes de este siglo, especialmente gracias al sorprendente hallazgo de la Biblioteca del Palacio Real, que albergaba nada menos que veinte mil tablillas. Se trata del archivo más grande hasta ahora excavado en el área del Próximo Oriente Antiguo, un auténtico tesoro epigráfico, una biblioteca, en el sentido más moderno del término, que contenía balances económicos, textos históricos y literarios, e incluso vocabularios bilingües, léxicos y listas enciclopédicas, fundamentales para la reconstrucción de los rasgos esenciales de aquella civilización.

En este volumen, Giovanni Pettinato, uno de los mayores expertos del mundo de las civilizaciones sumeria y asirio-babilónica, nos acompaña, en un apasionante viaje a través de los milenios, hacia el descubrimiento de la cultura, la economía y la original estructura del poder vigente en la «metropoli de la antigüedad», donde, al contrario de lo que pudiera pensarse trantándose de una sociedad oriental, las mujeres desempeñaban un papel de relieve. Además, y puesto que él fue el primero que consiguió interpretar la lengua de Ebla, inscrita sobre tablillas de arcilla mediante los ya conocidos caracteres cuneiformes sumerios, el autor nos ofrece la ocasión única de seguir paso a paso la aventura del desciframiento de una lengua desconocida.

Ebla: antigua ciudad que emerge del olvido

Ebla: antigua ciudad que emerge del olvido

Ebla: antigua ciudad que emerge del olvido

En el verano de 1962, Paolo Matthiae comenzó a explorar las llanuras del noroeste de Siria. Este joven arqueólogo italiano no estaba muy seguro de lo que encontraría, pues esa zona carecía de interés arqueológico en aquel entonces. Pero contra todo pronóstico, las excavaciones que inició dos años después en Tell Mardij (a 60 kilómetros [40 millas] al sur de Alepo) sacarían a la luz lo que para muchos entendidos constituye ‘el hallazgo arqueológico más importante del siglo XX’.

CIERTAS inscripciones antiguas atestiguaban la existencia de una ciudad llamada Ebla. Sin embargo, nadie sabía bajo cuál de los numerosos tells dispersos por el Oriente Medio podría encontrarse. (Un tell es una colina artificial formada por la superposición de ruinas.) En uno de esos textos se narraba la victoria del rey Sargón de Akkad sobre “Mari, Yarmuti y Ebla”. En otra inscripción, el monarca sumerio Gudea aludía a la valiosa madera que había recibido procedente de “las montañas de Ibla [Ebla]”. El nombre de Ebla también aparece en Karnak (Egipto), en una lista de antiguas urbes conquistadas por el faraón Tutmosis III. No sorprende, pues, el interés de los arqueólogos por hallar esta ciudad.

Finalmente, las continuas excavaciones dieron su fruto. En 1968 se desenterró parte de una estatua de un rey de Ebla, Ibbit-Lim, en la que aparecía una inscripción en lengua acadia. Esta explicaba que la estatua había sido dedicada a la diosa Istar, quien “resplandecía en Ebla”. Así es, los hallazgos arqueológicos estaban sacando a la luz “una nueva lengua, una nueva historia, una nueva cultura”.

Con todo, la prueba determinante de que la antigua ciudad de Ebla se localizaba en la actual Tell Mardij fueron unas tablillas de escritura cuneiforme —descubiertas entre 1974 y 1975—, en las que se mencionaba a Ebla en repetidas ocasiones. Las excavaciones también revelaron que la ciudad había vivido dos períodos. Tras una primera época de esplendor, fue conquistada y arrasada. Y pese a que más tarde fue reconstruida, con el tiempo volvió a caer en manos de sus enemigos y quedó relegada al olvido durante siglos.

Una ciudad con muchas historias

Las ciudades más antiguas se edificaron en llanuras aluviales —como la formada entre los ríos Tigris y Éufrates, por ejemplo—, que posibilitaban la agricultura intensiva. De hecho, los primeros centros urbanos mencionados en la Biblia se hallaban en el área de Mesopotamia (Génesis 10:10). Por el contrario, Ebla —cuyo nombre probablemente significa “roca blanca” en alusión al sustrato de piedra caliza sobre el que se erigía— estaba situada en una región alejada de los principales ríos. Es posible que en la elección del lugar tuviera mucho que ver dicho sustrato, pues garantizaba la presencia de reservas naturales de agua.

Como las precipitaciones eran escasas, la agricultura se limitaba al cultivo extensivo de cereales, vides y olivos. La zona también era apropiada para la cría de ganado, en particular de ovejas. Por otra parte, la situación estratégica de esta metrópoli —a medio camino entre la llanura de Mesopotamia y la costa mediterránea— favorecía el comercio de madera, piedras semipreciosas y metales. Así pues, Ebla era el centro neurálgico de una región de aproximadamente 200.000 habitantes, una décima parte de los cuales vivían en la capital.

Las ruinas de un gran palacio ilustran el esplendor de este período de la civilización eblaíta. Tan solo el pórtico de entrada tenía entre 12 y 15 metros [40 y 50 pies] de altura. A lo largo de los años, el palacio tuvo que ser ampliado para satisfacer las crecientes necesidades de un cuerpo administrativo cada vez más numeroso. Los funcionarios trabajaban bajo una compleja jerarquía, en la que el rey y su consorte contaban con la ayuda de “señores” y “ancianos”.

También se han desenterrado más de diecisiete mil piezas de arcilla, entre tablillas enteras y fragmentos. Se piensa que, en su origen, se trataba de unas cuatro mil tablillas, cuidadosamente colocadas en estanterías de madera. Estos textos nos dan una idea de la magnitud del imperio comercial eblaíta. Los símbolos reales de dos faraones revelan, por ejemplo, que la ciudad mantuvo tratos comerciales con Egipto. Aunque la mayoría de las tablillas fueron escritas en lenguaje cuneiforme sumerio, algunas están en eblaíta, una lengua semítica muy antigua que pudo ser descifrada gracias a estos textos. A los estudiosos de la cultura oriental les sorprendió mucho descubrir una lengua semítica de tanta antigüedad. Un detalle interesante es que algunas de tales tablillas contienen listas bilingües de vocabulario en sumerio y eblaíta. El libro Ebla: una nueva historia, una nueva cultura dice que forman en conjunto el “más antiguo Vocabulario conocido en la Historia”.

Ebla también fue una potencia militar. Así lo demuestran algunos mosaicos que se han desenterrado: en ellos se ve a soldados eblaítas ejecutando a sus enemigos o entregando cabezas cortadas. Con todo, el esplendor de esta civilización llegó a su fin cuando se cruzó en el camino de las incipientes potencias de Asiria y Babilonia. No resulta fácil saber con exactitud cuándo ocurrió, pero parece que Ebla fue atacada, en un primer momento, por Sargón I (diferente del Sargón mencionado en Isaías 20:1) y luego por su nieto Naram-Sin. Los restos arqueológicos indican que los enfrentamientos fueron violentos, y los ataques, feroces.

Pero, como ya se dijo antes, la ciudad resurgió de sus cenizas tiempo después, e incluso recobró cierta importancia en la zona. Fue reconstruida siguiendo un plan preciso que hacía resaltar su grandeza. En la ciudad baja había un área sagrada dedicada a la diosa Istar, quien para los babilonios era la diosa de la fertilidad. De hecho, es probable que hayamos oído hablar de la famosa Puerta de Istar que se desenterró en las ruinas de Babilonia. En Ebla también se ha encontrado una impresionante edificación donde se cree que se guardaban los leones consagrados a esa misma diosa. Todo lo dicho nos lleva a preguntarnos cómo era la religión de los habitantes de Ebla.

La religión de los eblaítas

Como en todo el antiguo Oriente, los eblaítas adoraban a un panteón de dioses, entre ellos a Baal, Hadad (un componente del nombre de algunos reyes sirios) y Dagan (1 Reyes 11:23;15:18; 2 Reyes 17:16). Los habitantes de Ebla no solo reverenciaban a todos sus dioses, sino que incluso honraban a los de otras naciones. Los hallazgos arqueológicos revelan que, especialmente en el segundo milenio antes de nuestra era, también divinizaban a los antepasados de los reyes.

No obstante, los eblaítas no confiaban ciegamente en sus dioses. Cuando reconstruyeron la ciudad, la protegieron con unas imponentes murallas dobles capaces de disuadir a cualquier enemigo. Tan solo el muro externo tenía un perímetro de tres kilómetros [2 millas]. Sus ruinas todavía se pueden ver en la actualidad.

Sin embargo, esta segunda Ebla también llegó a su fin. Es probable que fueran los hititas quienes, alrededor del año 1600 antes de nuestra era, asestaran el golpe final a lo que quedaba de esta gran potencia. Un antiguo poema dice que Ebla fue destruida “como una vasija de cerámica hecha añicos”. Poco a poco, su mera mención fue desapareciendo de las páginas de la historia. Solo reaparece brevemente en un documento escrito por los cruzados que se dirigían a Jerusalén en 1098, donde se describe el lugar en el que una vez se levantó Ebla como un remoto puesto de avanzada de nombre Mardij. Su recuerdo había quedado enterrado en la memoria del tiempo, y tuvo que esperar muchos siglos para emerger del olvido.

En el verano de 1962, Paolo Matthiae comenzó a explorar las llanuras del noroeste de Siria. Este joven arqueólogo italiano no estaba muy seguro de lo que encontraría, pues esa zona carecía de interés arqueológico en aquel entonces. Pero contra todo pronóstico, las excavaciones que inició dos años después en Tell Mardij (a 60 kilómetros [40 millas] al sur de Alepo) sacarían a la luz lo que para muchos entendidos constituye ‘el hallazgo arqueológico más importante del siglo XX’.

CIERTAS inscripciones antiguas atestiguaban la existencia de una ciudad llamada Ebla. Sin embargo, nadie sabía bajo cuál de los numerosos tells dispersos por el Oriente Medio podría encontrarse. (Un tell es una colina artificial formada por la superposición de ruinas.) En uno de esos textos se narraba la victoria del rey Sargón de Akkad sobre “Mari, Yarmuti y Ebla”. En otra inscripción, el monarca sumerio Gudea aludía a la valiosa madera que había recibido procedente de “las montañas de Ibla [Ebla]”. El nombre de Ebla también aparece en Karnak (Egipto), en una lista de antiguas urbes conquistadas por el faraón Tutmosis III. No sorprende, pues, el interés de los arqueólogos por hallar esta ciudad.

Finalmente, las continuas excavaciones dieron su fruto. En 1968 se desenterró parte de una estatua de un rey de Ebla, Ibbit-Lim, en la que aparecía una inscripción en lengua acadia. Esta explicaba que la estatua había sido dedicada a la diosa Istar, quien “resplandecía en Ebla”. Así es, los hallazgos arqueológicos estaban sacando a la luz “una nueva lengua, una nueva historia, una nueva cultura”.

Con todo, la prueba determinante de que la antigua ciudad de Ebla se localizaba en la actual Tell Mardij fueron unas tablillas de escritura cuneiforme —descubiertas entre 1974 y 1975—, en las que se mencionaba a Ebla en repetidas ocasiones. Las excavaciones también revelaron que la ciudad había vivido dos períodos. Tras una primera época de esplendor, fue conquistada y arrasada. Y pese a que más tarde fue reconstruida, con el tiempo volvió a caer en manos de sus enemigos y quedó relegada al olvido durante siglos.

Una ciudad con muchas historias

Las ciudades más antiguas se edificaron en llanuras aluviales —como la formada entre los ríos Tigris y Éufrates, por ejemplo—, que posibilitaban la agricultura intensiva. De hecho, los primeros centros urbanos mencionados en la Biblia se hallaban en el área de Mesopotamia (Génesis 10:10). Por el contrario, Ebla —cuyo nombre probablemente significa “roca blanca” en alusión al sustrato de piedra caliza sobre el que se erigía— estaba situada en una región alejada de los principales ríos. Es posible que en la elección del lugar tuviera mucho que ver dicho sustrato, pues garantizaba la presencia de reservas naturales de agua.

Como las precipitaciones eran escasas, la agricultura se limitaba al cultivo extensivo de cereales, vides y olivos. La zona también era apropiada para la cría de ganado, en particular de ovejas. Por otra parte, la situación estratégica de esta metrópoli —a medio camino entre la llanura de Mesopotamia y la costa mediterránea— favorecía el comercio de madera, piedras semipreciosas y metales. Así pues, Ebla era el centro neurálgico de una región de aproximadamente 200.000 habitantes, una décima parte de los cuales vivían en la capital.

Las ruinas de un gran palacio ilustran el esplendor de este período de la civilización eblaíta. Tan solo el pórtico de entrada tenía entre 12 y 15 metros [40 y 50 pies] de altura. A lo largo de los años, el palacio tuvo que ser ampliado para satisfacer las crecientes necesidades de un cuerpo administrativo cada vez más numeroso. Los funcionarios trabajaban bajo una compleja jerarquía, en la que el rey y su consorte contaban con la ayuda de “señores” y “ancianos”.

También se han desenterrado más de diecisiete mil piezas de arcilla, entre tablillas enteras y fragmentos. Se piensa que, en su origen, se trataba de unas cuatro mil tablillas, cuidadosamente colocadas en estanterías de madera. Estos textos nos dan una idea de la magnitud del imperio comercial eblaíta. Los símbolos reales de dos faraones revelan, por ejemplo, que la ciudad mantuvo tratos comerciales con Egipto. Aunque la mayoría de las tablillas fueron escritas en lenguaje cuneiforme sumerio, algunas están en eblaíta, una lengua semítica muy antigua que pudo ser descifrada gracias a estos textos. A los estudiosos de la cultura oriental les sorprendió mucho descubrir una lengua semítica de tanta antigüedad. Un detalle interesante es que algunas de tales tablillas contienen listas bilingües de vocabulario en sumerio y eblaíta. El libro Ebla: una nueva historia, una nueva cultura dice que forman en conjunto el “más antiguo Vocabulario conocido en la Historia”.

Ebla también fue una potencia militar. Así lo demuestran algunos mosaicos que se han desenterrado: en ellos se ve a soldados eblaítas ejecutando a sus enemigos o entregando cabezas cortadas. Con todo, el esplendor de esta civilización llegó a su fin cuando se cruzó en el camino de las incipientes potencias de Asiria y Babilonia. No resulta fácil saber con exactitud cuándo ocurrió, pero parece que Ebla fue atacada, en un primer momento, por Sargón I (diferente del Sargón mencionado en Isaías 20:1) y luego por su nieto Naram-Sin. Los restos arqueológicos indican que los enfrentamientos fueron violentos, y los ataques, feroces.

Pero, como ya se dijo antes, la ciudad resurgió de sus cenizas tiempo después, e incluso recobró cierta importancia en la zona. Fue reconstruida siguiendo un plan preciso que hacía resaltar su grandeza. En la ciudad baja había un área sagrada dedicada a la diosa Istar, quien para los babilonios era la diosa de la fertilidad. De hecho, es probable que hayamos oído hablar de la famosa Puerta de Istar que se desenterró en las ruinas de Babilonia. En Ebla también se ha encontrado una impresionante edificación donde se cree que se guardaban los leones consagrados a esa misma diosa. Todo lo dicho nos lleva a preguntarnos cómo era la religión de los habitantes de Ebla.

La religión de los eblaítas

Como en todo el antiguo Oriente, los eblaítas adoraban a un panteón de dioses, entre ellos a Baal, Hadad (un componente del nombre de algunos reyes sirios) y Dagan (1 Reyes 11:23;15:18; 2 Reyes 17:16). Los habitantes de Ebla no solo reverenciaban a todos sus dioses, sino que incluso honraban a los de otras naciones. Los hallazgos arqueológicos revelan que, especialmente en el segundo milenio antes de nuestra era, también divinizaban a los antepasados de los reyes.

No obstante, los eblaítas no confiaban ciegamente en sus dioses. Cuando reconstruyeron la ciudad, la protegieron con unas imponentes murallas dobles capaces de disuadir a cualquier enemigo. Tan solo el muro externo tenía un perímetro de tres kilómetros [2 millas]. Sus ruinas todavía se pueden ver en la actualidad.

Sin embargo, esta segunda Ebla también llegó a su fin. Es probable que fueran los hititas quienes, alrededor del año 1600 antes de nuestra era, asestaran el golpe final a lo que quedaba de esta gran potencia. Un antiguo poema dice que Ebla fue destruida “como una vasija de cerámica hecha añicos”. Poco a poco, su mera mención fue desapareciendo de las páginas de la historia. Solo reaparece brevemente en un documento escrito por los cruzados que se dirigían a Jerusalén en 1098, donde se describe el lugar en el que una vez se levantó Ebla como un remoto puesto de avanzada de nombre Mardij. Su recuerdo había quedado enterrado en la memoria del tiempo, y tuvo que esperar muchos siglos para emerger del olvido.

Ebla y la Biblia

Un artículo publicado en 1976 en la revista Biblical Archeologist despertó la curiosidad de los investigadores bíblicos. El traductor de las tablillas eblaítas planteó la posibilidad de que, además de otros datos, estos textos citaran nombres de personas y lugares mencionados siglos después en la Biblia. Parece ser que algunos eruditos fueron un poco más allá de lo que en realidad decía el artículo, pues comenzaron a escribir que en Ebla se habían encontrado pruebas arqueológicas que confirmaban la veracidad del relato de Génesis.* El jesuita Mitchell Dahood llegó a decir que las tablillas de arcilla de Ebla “arrojan luz sobre los pasajes oscuros de la Biblia”. Entre otras cosas sostenía que dichas tablillas podían aclarar “la cuestión de la antigüedad del nombre del Dios de Israel”.

En la actualidad se están examinando estos textos con más objetividad. En vista de que tanto el hebreo como el eblaíta son lenguas semíticas, no se puede descartar la posibilidad de que algunos nombres de lugares o personas puedan parecerse, o incluso ser idénticos, a los que aparecen en la Biblia. Sin embargo, esto no quiere decir que aludan a los mismos lugares o personajes. Todavía queda por ver si los descubrimientos de Ebla de veras tendrán repercusión en las investigaciones de los eruditos bíblicos. En lo concerniente al nombre divino, el escritor del artículo antes mencionado negó haber declarado alguna vez que los textos eblaítas nombraran a “Yavé”. Hay quienes opinan que el signo cuneiforme que se interpreta como ja se refiere a una de las numerosas deidades del panteón eblaíta. Otros especialistas, por su parte, sostienen que no es más que un signo gramatical. En cualquier caso, está claro que no alude al único Dios verdadero, Jehová (Deuteronomio 4:35; Isaías 45:5).

[Nota]

Para más información sobre cómo la arqueología corrobora el relato bíblico, véase el capítulo 4 del libro La Biblia... ¿la Palabra de Dios, o palabra del hombre?, editado por los testigos de Jehová.

Enlace:

http://cdli.ucla.edu/

http://cdli.ucla.edu/collections/syria/idlib_en.html@section=3.html

http://www.sedin.org/propesp/Mardikh-TELL.htm

http://web.archive.org/web/20071231130750/http://155.210.60.15/HAnt/POA/ebla.html

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=51362

http://www.webislam.com/noticias/44490-nombres_de_profetas_aparecen_en_las_tablas_de_ebla_1500_anos_mas_antiguas_que_la.html

Real Señorío de Molina

Real Señorío de Molina

El Real Señorío de Molina fue un señorío jurisdiccional medieval en España establecido en torno a la villa de Molina de Aragón, en la actual provincia de Guadalajara. Fue fundado como señorío independiente entre los reinos de Castilla y de Aragón por Manrique Pérez de Lara. Desde 1321 el título de señor de Molina quedó ligado los de rey de Castilla, primero, y rey de España, después. Mantuvo el fuero casi invariado desde su fundación hasta su abolición en 1813 y tuvo una división administrativa similar a la de las comunidades de villa y tierra.

 

División administrativa

Mapa de las sexmas del Señorío de Molina.

El Señorío de Molina, al igual que las otras comunidades de villa y tierra de la Extremadura castellana, estaba estructurada en torno a una villa principal, en este caso Molina, rodeada por las tierras que se dividían en sexmas, cuatro en este caso en lugar de las seis más habituales. Estas sexmas eran la del Campo, la del Pedregal, la del Sabinar y la de la Sierra. A su vez, cada sexma se dividía en unas veinteveintenas, que correspondían a cada una de las aldeas de la sexma y sus tierras, que a su vez se dividían cada una en unos cinco quiñones con el fin de repartir las tierras de cada pueblo.

Sexma del Campo

La sexma del Campo es la más septentrional y más extensa, abarcando los valles altos del Mesa y delPiedra y la paramera nororiental de Molina.

Algar de Mesa, Amayas, Anchuela del Campo, Campillo de Dueñas, Chilluentes, Cillas, Concha, Cubillejo de la Sierra, Cubillejo del Sitio, Embid, Establés, Fuentelsaz, Hinojosa, Labros, Milmarcos, Mochales, Pardos,Rueda de la Sierra, Tartanedo, Torrubia, Tortuera, Villel de Mesa y La Yunta.

Sexma del Pedregal

La sexma del Pedregal se sitúa al este de Molina en torno al camino que llevaba a Teruel y Valencia.

Aldehuela, Anchuela del Pedregal, Anquela del Pedregal, Castellar de la Muela, Castilnuevo, Chera, El Pobo de Dueñas, Hombrados, Morenilla, Novella, Otilla, El Pedregal, Pradilla, Prados Redondos, Setiles, Tordellego, Tordelpalo, Tordesilos,Torrecuadrada de Molina y Torremochuela.

Sexma del Sabinar

La sexma del Sabinar se sitúa al oeste de Molina y comprende sobre todo los cursos del río Arandilla y del medio y bajo Gallo.

Aragoncillo, Baños de Tajo, Buenafuente del Sistal, Canales de Molina, Castellote, Cobeta, Corduente, Cuevas Labradas, Cuevas Minadas,Escalera, Fuembellida, Herrería, Lebrancón, Luzón, Olmeda de Cobeta, Rillo de Gallo, Selas, Taravilla, Teroleja, Torete, Torrecilla del Pinar,Torremocha del Pinar, Valhermoso, Valsalobre, Ventosa y Villar de Cobeta.

Sexma de la Sierra

La sexma de la Sierra es la más meridional y comprende los pueblos que se sitúan en la orilla oriental del Alto Tajo, frontera natural con el común de villa y tierras de Cuenca, y en la sierra de Molina.

Adobes, Alcoroches, Alustante, Checa, Chequilla, Megina, Motos, Orea, Peralejos de las Truchas, Pinilla de Molina, Piqueras, Terzaga, Terzaguilla,Traíd y Villanueva de las Tres Fuentes.

Historia

Con la conquista cristiana de la península Ibérica se establece en la zona de frontera con las taifas andalusíes, las Extremaduras aragonesa ycastellana, un nuevo régimen administrativo basado en los fueros y en las comunidades de aldeas del Reino de Aragón y comunidades de villa y tierra del Reino de Castilla. La taifa de Molina fue conquistada en 1129 por Alfonso I de Aragón, pero la repoblación corrió a cargo del Reino de Castilla, lo que provocó las disputas de ambas coronas por el territorio molinés. Manrique Pérez de Lara, conde y señor de Lara, con influencia ante ambos reyes, hizo de mediador en la concordia de Carrión de 1137, donde Castilla devolvió a Aragón las plazas de Calatayud y Daroca, y donde se consiguió que todas las tierras de Molina fueran declaradas solariegas y que ambos soberanos le aceptasen como señor de Molina y de Mesa, naciendo así en 1138 el señorío de Molina, independiente de ambas Coronas durante más de siglo y medio, y recibiendo un fuero propio.

En 1293 falleció Blanca Alfonso de Molina, hermana de la reina María de Molina, quien dispuso en su testamento otorgado el 10 de mayo de 1293, que el señorío lo heredara el rey Sancho IV «lo que se traduce en la transmisión del señorío de Molina a los reyes Sancho y María».2 Desde 1295, tras la muerte de Sancho IV, María de Molina se convirtió, hasta la mayoría de edad de su hijo Fernando IV de Castilla, en su tutora. Tras la muerte del rey Fernando IV en 1312, María de Molina volvió a desempeñar el cargo de tutora del rey, en la persona de su nieto Alfonso XI de Castilla, que alcanzó la mayoría de edad en 1325, cuatro años después de la muerte de su abuela, el cual heredaría también el señorío de Molina, que quedó vinculado desde ese momento a la Corona de Castilla.

Pedro I heredó en 1350, como rey de Castilla, el señorío de Molina tras la muerte de su padre, Alfonso XI. Durante su vida se ve involucrado en una nueva guerra con el rey Pedro IV de Aragón, la conocida comoguerra de los Dos Pedros, en la que el señorío de Molina se encuentra profundamente inmerso. Con la muerte de Pedro I en 1369 de manos de su hermanastro Enrique de Trastámara, futuro rey de Castilla, éste le entrega el señorío de Molina al monje francés y capitán de las Compañías Blancas, Bertrand du Guesclin, en forma de ducado como agradecimiento a su colaboración. La Villa y el Señorío no aceptaron a Duguesclin como su señor y se entregaron a Pedro IV de Aragón, al que reconocieron como señor de Molina. Desde entonces, en su homenaje la villa de Molina substituyó el apellido de los Caballeros por el de Aragón y llamó como este reino a la torre más alta de su fortaleza. Con la Paz de Almazán de 1375 el señorío es devuelto al rey de Castilla y el título de señor de Molina quedaría desde entonces vinculado al de rey de Castilla, primero, y al de Rey de España, después.

La importancia estratégica militar del señorío y de Molina de Aragón durante los siglos XIV y XV, como zona fronteriza, continuó siendo clave en tanto en cuanto se sucedían las batallas entre las coronas de Castilla y de Aragón. Aun así, el Señorío de Molina mantuvo inalterados sus fueros.

En 1465, Enrique IV de Castilla quiso entregar el Real Señorío de Molina a su valido Beltrán de la Cueva. Los molineses se levantan en armas contra de la Cueva y vencen a sus tropas en la acción de Rueda, lo que haría que el Rey y su valido desistiesen de la empresa y el Señorío de Molina pudiera mantener su fuero.

La unión de las Coronas de Castilla y de Aragón produjo una estabilidad en el señorío en lo referente a las batallas militares, y genera un ricocomercio lanar y merced a su situación fronteriza y de paso aduanero entre Aragón y Castilla. Sería durante la época del reinado de los llamadosReyes Católicos cuando se produce una mayor entrada de capital al señorío lo que hace crecer económica y urbanísticamente a Molina de Aragón.

En la década de los años 1630 vuelve a convertirse en centro de batallas durante la Guerra de los Treinta Años y, sobre todo, en 1641 cuandoFelipe IV y el Conde-Duque de Olivares reúnen a las Cortes y a los ejércitos en Molina para preparar la marcha a Cataluña con el fin de apaciguar su sublevación.

Entre 1704 y 1710, durante la Guerra de Sucesión española, el Real Señorío de Molina se mantuvo fiel a Felipe V de Borbón y fue campo de batalla entre los Austrias, apoyados por Aragón, y los Borbones, apoyados por Castilla. Molina fue ocupada por las tropas austracistas en 1706 y recuperadas ese mismo año por las borbónicas de Juan de Nassau. Estas batallas y las epidemias de peste que asolaron la península Ibérica durante el siglo XVIII dieron lugar a que el Real Señorío de Molina comenzase una decadencia económica y demográfica. Aun así siguió manteniendo sus fueros pese al proceso de deseñorialización desde finales de siglo hasta que fue incluido en la intendencia de Cuenca, primero, y en la de Guadalajara, desde 1802, aunque durante la guerra de la Independencia se constituyó en Molina una Junta Superior y en la Constitución española de 1812 se citara como una entidad regional más.3 En 1813 se constituye la que llamarían Diputación Provincial de Guadalajara con Molina, germen de la actual provincia de Guadalajara creada en [1833, donde se integra el señorío de Molina, produciéndose así su disolución y abolición definitiva de su fuero.4

Señores de Molina

Escudo de la Casa de Manrique de Lara.

El primer Señor de Molina fue Manrique de Lara que consigue el fuero independiente de los reinos deCastilla y de Aragón tras mediar entre ellos por la disputa de aquel territorio. El título fue heredándose de padres a hijos, que fueron emparentándose con la alta nobleza de la época hasta que cayó en manos de Alfonso XI, nieto de María de Molina y bisnieto de Blanca de Molina, últimas señoras independientes de Molina, momento en el que quedaría ligado a los títulos primero de rey de Castilla y después de rey de España.5

I. Manrique Pérez de Lara6 ( fallecido el 9 de julio de 1164). Fundador del señorío (1138-1164)II. Pedro Manrique de Lara (1164-1202)7III. Gonzalo Pérez de Lara (1212-1239)8IV. Mafalda González de Lara y su esposo, el infante Alfonso de Molina,9 hijo de Alfonso IX de León. (1239-1272)V. Blanca Alfonso de Molina, y Alfonso Fernández "el Niño", hijo ilegítimo de Alfonso X el Sabio (1262-1293)10VI. Sancho IV y María de Molina, reina consorte de Castilla (1293-1321)

Desde entonces el título de señor de Molina quedó vinculado al reino de Castilla.10

VII. Alfonso XI de Castilla, (1321-1350)VIII. Pedro I de Castilla, (1350-1369)

El título de señor de Molina pasó a ser del rey de Aragón

IX. Pedro IV de Aragón; (1369-1375)

Desde este momento el título de Señor de Molina queda definitivamente ligado al de rey de Castilla.

X. Enrique II de Castilla, (1375-1379)XI. Juan I de Castilla, (1379-1390)XII. Enrique III de Castilla (1390-1406)XIII. Juan II de Castilla (1406-1454)XIV. Enrique IV de Castilla (1454-1474)XV. Isabel I de Castilla (1474-1504)XVI. Juana I de Castilla (1504-1516)

Desde este momento el título de Señor de Molina queda ligado al de Rey de España.

XVII. Carlos I de Austria, rey de España (1516-1556)XVIII. Felipe II de Austria (1556-1598)XIX. Felipe III de Austria (1598-1621)XX. Felipe IV de Austria (1621-1665)XXI. Carlos II de Austria (1665-1700)XXII. Felipe V de Borbón (1700-1746)XXIII. Fernando VI de Borbón (1746-1759)XXIV. Carlos III de Borbón (1759-1788)XXV. Carlos IV de Borbón (1788-1808)XXVI. Fernando VII de Borbón (1808-1833)XXVII. Isabel II de Borbón (1833-1868)XXVIII. Amadeo I de Saboya (1871-1873)XXIX. Alfonso XII de Borbón (1875-1886)XXX. Alfonso XIII de Borbón (1886-1931)XXXI. Juan Carlos I de Borbón (1975-2014)XXXII. Felipe VI de Borbón (2014-)