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HISTORIA

Orden del Cister

Orden del Cister

Orden del Císter

Orden del Císter
Arms of Ordo cisterciensis.svg
Nombre latino Ordo Cisterciensis
Siglas O. Cist.
Nombre común Bernardos
Gentilicio Cistercenses
Tipo Orden monástica
Regla Regla de San Benito
Hábito Blanco
Fundador San Roberto de Molesmes
Fundación 1098
Lugar de fundación Abadía de Citeaux
Aprobación 1100 por el Papa Pascual II
Superior General Abad General Mauro Giuseppe Lepori
Religiosos 1470
Sacerdotes 717
Curia Piazza del Tempio di Diana, 14
00153 Roma, Italia
Sitio web www.ocist.org

La orden cisterciense (en latín: Ordo cisterciensis, o.Cist.), igualmente conocida como orden del Císter o incluso como santa orden del Císter (Sacer ordo cisterciensis, s.o.c.) es una orden monástica católica reformada, cuyo origen se remonta a la fundación de la Abadía de Císter por Roberto de Molesmes en 1098. Ésta se encuentra donde se originó la antigua Cistercium romana, localidad próxima a Dijon, Francia.

La orden cisterciense desempeñó un papel protagonista en la historia religiosa del siglo XII. Por su organización y por su autoridad espiritual, se impuso en todo el occidente, incluso en sus márgenes. Su influencia fue particularmente importante en el este del Elba donde la orden hizo «progresar al mismo tiempo el cristianismo, la civilización y el desarrollo de las tierras».

Como restauración de la regla benedictina inspirada en la reforma gregoriana, la orden cisterciense promueve el ascetismo, el rigor litúrgico y trata, con cierta mesura, el trabajo como un elemento cardinal, como lo demuestra su patrimonio técnico, artístico y arquitectónico. Además de la función social que ocupó hasta la Revolución francesa, la orden ejerció una influencia importante en los ámbitos intelectual o económico, así como en el ámbito de las artes y de la espiritualidad.

Debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval (1090-1153), hombre de una personalidad y de un carisma excepcionales. Su influencia y su prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cisterciense más importante del siglo XII. Pues, aun no siendo el fundador, sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la orden.

La orden cisterciense, en nuestros días, está de hecho formada por dos órdenes y varias congregaciones. La orden de la «Común Observancia» contaba en 1988 con más de 1.300 monjes y 1.500 monjas, repartidos respectivamente en 62 y 64 monasterios. La Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia», también llamada O.C.S.O., comprende hoy en día cerca de 2.000 monjes y 1.700 monjas, comúnmente llamados trapenses porque provienen de la reforma de la abadía de la Trapa, repartidos en 106 monasterios masculinos —abadías y prioratos y nuevas fundaciones—, y 76 monasterios femeninos, también llamados abadías o prioratos, junto con otras fundaciones, en el mundo entero.Pero si las dos órdenes cistercienses están actualmente separadas, mantienen estrechos vínculos de amistad y colaboración entre ellos, sobre todo en el ámbito de la formación y de la reflexión sobre el carisma común.

Su hábito es prácticamente el mismo: túnica blanca y escapulario negro, retenida por un cinturón que se lleva por debajo; el hábito de coro es la tradicional cogulla monástica, de color blanco, de donde viene la denominación de monjes blancos. De hecho, se les llamó en la Edad Media los monjes blancos en oposición a los monjes negros, que eran los benedictinos. También es frecuente la denominación monjes bernardos o simplemente bernardos por el impulso que dio a la orden Bernardo de Fontaine.

Aunque siguen la regla de san Benito, los cistercienses no son propiamente considerados como benedictinos. En efecto, es en el IV Concilio de Letrán (1215) cuando la palabra benedictino apareció para designar a los monjes que no pertenecían a ninguna Orden centralizada, por oposición a los cistercienses. Pero numerosos vínculos unen a ambas familias

Lista de los abades generales de la orden

  • 1850-1853: Tommaso Mossi, 1er prior general
  • 1853-1856: Angelo Geniani, 2º prior general
  • 1856-1879: Teobaldo Cesari, 1er abad general
  • 1880-1890: Gregorio Bartolini, 2º abad general
  • 1892-1901: Anton-Leopold Wackarz, 3er abad general
  • 1901-1920: Gerhard-Franz Bie de Amadeus, 4º abad general
  • 1920-1927: Cassien-Joseph Haid, 5º abad general
  • 1927-1937: Albert-François Janssens, 6º abad general
  • 1937-1950: Edmondo-Augusto Bernardini, 7º abad general
  • 1950-1953: Matthew-Gregory Ember, 8º abad general
  • 1953-1985: Sighard-Karl Petits, 9º abad general
  • 1985-1995: Polikarp-Ferenc Zakar, 10º abad general
  • 1995-2010: Mauro-Daniel Esteva y Alsina, 11º abad general
  • 2010-: Mauro Giuseppe Lepori. 12º abad general

Historia

  La génesis de la orden cisterciense

En Occidente, en el cambio entre el siglo XI y el siglo XII, son numerosos los fieles que buscan «nuevas vías de perfección»,6 «deseo inexpresado, pero exaltando todo el fervor de rejuvenecer el mundo».7 Sin embargo, las peregrinaciones y cruzadas no alimentan espiritualmente a todos los creyentes.

También, conjugando el ascetismo y el rigor litúrgico y rechazando la ociosidad en contraposición al trabajo manual, la Regula Sancti Benedicti es a finales del siglo XI una formidable fuente de inspiración para los movimientos que se esforzaban en buscar la perfección, tales como la Orden de Grandmont o la Orden Cartuja, fundada por San Bruno en 1084. La Orden Cisterciense está marcada en su nacimiento por la necesidad de reforma y la inspiración evangélica que apuntala igualmente la experiencia de Robert de Arbrissel, fundador de la Orden de Fontevraud en 1091, y la eclosión de los capítulos de canónigos regulares.

 Los padres fundadores

La aventura cisterciense comienza con la fundación de la abadía de Notre-Dame de Molesmes por Roberto de Molesmes en 1075, en la región de Tonnerre.

Nacido en Champaña y emparentado con la familia Maligny, una de las más importantes de la región, Roberto de Molesmes comienza su noviciado a la edad de quince años en la abadía de Moutiers-la-Celle, en la diócesis de Troyes, donde se convirtió en prior. Imbuido del ideal de restauración de la vida monástica tal como había sido instituido por San Benito, abandona el monasterio en 1075. Consigue poner en práctica ese ideal compartiendo la soledad, la pobreza, el ayuno y la oración con siete ermitaños, cuya vida espiritual dirige, e instalándose en el bosque de Collan (o Colán), cerca de Tonnerre. Gracias a los señores de Maligny, el grupo se establece en el valle del Laignes, en la localidad de Molesmes, adoptando reglas similares a las de los camaldulenses y combinando la vida comunal de trabajo y el oficio benedictino con el eremitismo.

Esta fundación es un éxito: la nueva abadía atrae a numerosos visitantes y donantes, religiosos y laicos. «Quince años después de su fundación, Molesmes se asemeja a cualquier abadía benedictina próspera de su época.»10 Pero las exigencias de Roberto y de Albéric son mal aceptadas. Se producen divisiones en el seno de la comunidad. En 1090, Roberto, con algunos compañeros, decide alejarse durante un tiempo de la abadía y sus disensiones y se establece con algunos hermanos en Aulx, para llevar allí una vida de ermitaño. Sin embargo, es obligado a regresar a la abadía que dirige en Molesmes.

Sabiendo que no conseguirá satisfacer su ideal de soledad y pobreza en el clima de Molesmes, donde los partidarios de la tradición se oponen a los de la renovación, Roberto, con autorización del legado del Papa Hugues de Die, acepta un lugar solitario ubicado en el bosque pantanoso de la baja región de Dijon que le proponen el duque de Borgoña, Eudes I, y sus primos lejanos los vizcondes de Beaune, para retirarse y practicar, con la mayor austeridad, la regla de San Benito. En este lugar cercano al valle del Saona, a veintidós kilómetros al sur de Dijon, encuentra un «desierto» cubierto de cañas. Alberico y Esteban Harding, así como otros veintiún monjes fervorosos, lo acompañan en su "terrible soledad", en la que se instalan el 21 de marzo de 1098, en el lugar conocido como La Forgeotte, alodio concedido por Renard, vizconde de Beaune, para fundar allí otra comunidad denominada durante un tiempo el novum monasterium.

  El «nuevo monasterio»

El abaciado de Roberto

Los inicios del novum monasterium, en edificios de madera rodeados de una naturaleza hostil, son difíciles para la comunidad. La nueva fundación se beneficia, no obstante, del apoyo del obispo de Dijon. Eudes de Borgoña también da muestras de generosidad; Renard de Beaune, su vasallo, cede a la comunidad las tierras que lindan con el monasterio. La benévola protección del arzobispo Hugues permite la edificación de un monasterio de madera y de una humilde iglesia. Roberto tiene el tiempo justo de recibir del duque de Borgoña una viña en Meursault, ya que, tras un sínodo celebrado en Port d’Anselle en 1099 que legitima la fundación del novum monasterium, se ve obligado volver a Molesmes, donde encontrará la muerte en 1111.

La historiografía cisterciense censura durante algún un tiempo la memoria de los monjes que regresan a Molesmes. Así, los escritos de Guillermo de Malmesbury, y luego el Pequeño y el Gran Exordio, se hallan en el origen de la leyenda negra que, en el seno de la orden, persigue a Roberto y a sus compañeros de Molesmes «a quienes no les gustaba el desierto.»

El abaciado de Alberico

Los fundadores de Cîteaux: Roberto de Molesmes, Alberico y Esteban Harding venerando a la Virgen María.

Roberto deja la comunidad en manos de Alberico, uno de los más fervientes partidarios de la ruptura con Molesmes. Alberico, administrador eficaz y competente, obtiene la protección del papa Pascual II (Privilegium Romanum) que promulga el 19 de octubre de 1100 la bula Desiderium quod. Alberico, enfrentado a numerosas dificultades materiales, desplaza su comunidad dos kilómetros más al sur, a orillas del Vouge, para encontrar un suministro suficiente de agua.14 Bajo sus órdenes, se construye una iglesia a unos centenares de metros del lugar inicial. El 16 de noviembre de 1106 Gauthier, obispo de Chalon, consagra en este nuevo lugar la primera iglesia construida en piedra. Alberico consigue mantener el fervor espiritual en el seno de su comunidad, a la que somete a una ascesis muy dura. Pero Cîteaux vegeta, las vocaciones son escasas y sus miembros envejecen. Los años parecen difíciles para la pequeña comunidad ya que «los hermanos de la Iglesia de Molesmes y otros monjes vecinos no dejan de acosarlos y de perturbarlos porque temen parecer ellos mismos más viles y despreciables a los ojos del mundo si se ve a los otros vivir entre ellos como monjes nuevos y singulares».15

Sin embargo, la protección del duque de Borgoña, la de su hijo Hugo II, con posterioridad a 1102, y los clérigos surgidos del valor de la comunidad, permiten un primer desarrollo. A partir de 1100, el monasterio atrae a algunos neófitos; algunos novicios se incorporan al grupo. Durante su abaciado, Alberico hace adoptar a los monjes el hábito de lana cruda a cambio del hábito negro de los monjes de la orden de Cluny, lo que valdrá a los monjes cistercienses el apodo de «monjes blancos», el de «benedictinos blancos», a veces, o el de «bernardinos», del nombre de san Bernardo, por oposición a los benedictinos o «monjes negros».

Alberico define también el estatuto de los hermanos conversos —religiosos que no son ni clérigos ni monjes, pero sujetos a la obediencia y a la estabilidad y que llevan a cabo el grueso de los trabajos manuales— y hace emprender el trabajo de revisión de la Biblia, que será concluido bajo el abaciado de Esteban Harding.

El abaciado de Esteban Harding

Esteban Harding y el abad de Saint-Vaast d’Arras depositando su abadía a los pies de la Virgen.16

En 1109, Esteban Harding se hace cargo de los destinos de Cîteaux, sucediendo a Alberico tras la muerte de este último. Esteban, noble anglosajón de sólida formación intelectual, es un monje formado en la escuela de Vallombreuse que ya desempeñó un papel protagonista en los acontecimientos de 1098. Mantiene excelentes relaciones con los señores locales.

La benevolencia de la castellana de Vergy y del duque de Borgoña garantizan el desarrollo material de la abadía. La revalorización de las tierras garantiza a la comunidad los recursos necesarios para su subsistencia. El fervor de los monjes confiere a la abadía un gran renombre. En abril de 1112 o mayo de 1113,17 el joven caballero Bernardo de Fontaine, junto a una treintena de compañeros, hace su entrada en el monasterio cuyos destinos va a transformar. Con la llegada de Bernardo, la abadía se engrandece. Los postulantes fluyen, los efectivos crecen e impulsan a Esteban Harding a fundar «abadías filiales».

La fundación de la orden

En 1113 se funda la primera abadía filial en La Ferté, en la diócesis de Chalon-sur-Saône, seguida por la de Pontigny, en la diócesis de Auxerre, en 1114. En junio de 1115, Esteban Harding envía a Bernardo con doce camaradas a fundar la abadía de Claraval, en Champaña. El mismo día, una comunidad monástica parte de Cîteaux para fundar la abadía de Morimond.

Sobre este tronco de las cuatro filiales de Cîteaux, la orden cisterciense va a desarrollarse y la familia cisterciense crecerá durante el todo el siglo XII. A partir de 1120, la orden se establece en el extranjero. Finalmente, junto a los monasterios de hombres se crearán conventos de monjas. El primero se establece en 1132 por iniciativa de Esteban Harding en Tart-l’Abbaye, siendo el de Port-Royal-des-Champs uno de los más célebres.

Para Esteban Harding, organizador de la orden y gran legislador, la obra que ve nacer es aún frágil y precisa ser reforzada. Las abadías creadas por Cîteaux necesitan el vínculo que será la marca de su pertenencia a la aplicación estricta de la regla de San Benito y hacer solidarias a las comunidades monásticas. La Carta de Caridad que él elabora se convierte en el «cimiento» que garantizará la solidez del edificio cisterciense.

La Carta de caridad

Entre 1114 y 1118, Esteban Harding redacta la «Carta Caritatis» o Carta de caridad, texto constitucional fundamental en el cual se basa la cohesión de la orden. En ella establece la igualdad entre los monasterios de la orden. En cumplimiento de la unidad de observancia de la regla de San Benito, tiene por objeto organizar la vida diaria e instaurar una disciplina uniforme en el conjunto de las abadías. El papa Calixto II la aprueba el 23 de diciembre de 1119 en Saulieu. La Carta fue objeto de diferentes actualizaciones.

Esteban Harding prevé que cada abadía, aun conservando una gran autonomía, en particular financiera, dependa de una abadía-madre: la abadía que la fundó o aquélla a la que está vinculada. Sus abades, elegidos por la comunidad, controlan la abadía a su criterio. Al mismo tiempo, ha sabido prever sistemas eficaces de control, evitando al mismo tiempo la centralización: la abadía-madre tiene derecho de fiscalización y su abad debe visitarla anualmente.

Esteban Harding instituyó, en la cumbre del edificio, el Capítulo general como órgano supremo de control. El Capítulo general reúne, cada 14 de septiembre, bajo la presidencia del abad de Cîteaux que fija el programa, a todos los abades de la orden, que están obligados a asistir personalmente o, excepcionalmente, a estar representados. Todos tienen el mismo rango, excepto los abades de las cuatro ramas principales.

Por otra parte, el Capítulo general decreta estatutos y aporta las adaptaciones necesarias para las normas que rigen la orden. Las decisiones tomadas en estas asambleas se anotan en registros llamados statuta, instituta et capitula.

Este sistema, como subraya Dom J. M. Canivez, permitió «una unión, una intensa circulación de vida y un verdadero espíritu de familia que agrupaba en un cuerpo compacto a las abadías surgidas de Cîteaux».

Bernardo de Claraval y la expansión de la orden

Bernardo de Claraval

La orden debe el considerable desarrollo que conoció en la primera mitad del siglo XII a Bernardo de Claraval, (1090-1153), el más célebre de los cistercienses y a quien se puede considerar como su maestro espiritual.18 Sus orígenes familiares y su formación, sus apoyos y sus relaciones, su propia personalidad, explican en gran parte el éxito cisterciense.

Su familia es conocida por su piedad; su madre le transmite su inclinación por la soledad y la meditación. Decide no abrazar el oficio de las armas e intenta retirarse del mundo. Sin embargo, durante su vida religiosa conserva un agudo sentido del combate. «Una vez convertido en monje, Bernardo sigue siendo un caballero que alienta a los que combaten por Dios». Persuasivo y carismático, anima a muchos de sus parientes a seguirlo a Cîteaux, abadía próxima a las tierras de su familia.20

Solamente tres años después de su entrada en la orden cisterciense, Bernardo, consagrado abad por Guillermo de Champeaux, obispo de Châlons-sur-Marne, se pone a la cabeza de la abadía de Claraval el 25 de junio de 1115.

«Durante diez años se entrega por entero a la comunidad de la que era [...] el padre. Después de Claraval, ya bien establecido y arraigado, a su vez prolífico, esparcida también su descendencia por todas partes, en Trois-Fontaines, en Fontenay, en Foigny, Bernardo habla solamente para los religiosos de su monasterio». — Georges Duby, Saint Bernard et l’art cistercien, op cit., p. 10.
Bernardo de Claraval enseñando en la sala capitular, Heures d’Étienne Chevalier, ilustradas por Jean Fouquet, museo Condé, Chantilly.

Sin dejar de ocuparse de Claraval, de donde seguirá siendo abad toda su vida, Bernardo tiene una influencia religiosa y política considerable fuera de su orden.21 Durante toda su vida se guía por la defensa de la orden cisterciense y sus ideales de reforma de la Iglesia. Se lo encuentra en todos los frentes y su vida es rica en paradojas: proclama su deseo de retirarse del mundo y, sin embargo, no deja de mezclarse en los asuntos del mundo. De buen grado imparte lecciones, pero, seguro de la superioridad del espíritu cisterciense, abruma con sus reproches a sus hermanos cluniacenses. Tiene muy duras palabras para fustigar a los clérigos y a los prelados que sucumben a las riquezas materiales y al lujo. No desdeña la picardía, la astucia, la mala fe o las injurias para abatir a su adversario —el teólogo Pedro Abelardo sufrió en persona esta dura experiencia —. Se lo ve en el Languedoc intentando frenar los progresos de la herejía. Recorre Francia y Alemania, movilizando a las muchedumbres tras la predicación de Vézelay, el 31 de marzo de 1146, para lanzar la Segunda Cruzada. Interviene en la designación de los papas, cuya causa consigue hacer triunfar: Inocencio II contra Anacleto II, y llega incluso a dar lecciones a los soberanos pontífices.

Las fundaciones prosiguen a un ritmo constante. Así, las abadías de la Cour-Dieu y de Bonnevaux. La orden, con su base borgoñona, conquista el Dauphiné y el Marne; luego, en poco tiempo, todo el Occidente cristiano. No hay una nación católica, desde Escocia a Tierra Santa, de Lituania y Hungría a Portugal, que no haya conocido a los cistercienses en alguno de sus setecientos sesenta y dos monasterios. De Claraval surge, en suma, la mayor rama de la orden cisterciense: trescientas cuarenta y una casas, ochenta de ellas filiales directas, dispersadas por toda Europa; aún más que Cluny que sólo cuenta con alrededor de 300. Así pues, gracias al número de sus filiales que sobrepasa a las de Cîteaux, el peso de la Abadía de Claraval no deja de crecer, en particular en las decisiones tomadas en los Capítulos generales.

Cuando muere, el 20 de agosto de 1153, honrado por todo el mundo cristiano, convierte a Cîteaux en uno de los principales centros de la cristiandad, en un alto lugar espiritual.

 La organización de la orden

«Debemos ser unánimes, sin divisiones entre nosotros: todos juntos, un solo cuerpo en Cristo, siendo miembros los unos de los otros»
— San Bernardo, Sermon pour la Saint-Michel, I, 8.

La regla benedictina se presenta como una síntesis entre exigencias contrarias: independencia económica y actividad litúrgica, actividad apostólica y rechazo del mundo. Los Statuts des moines cisterciens venus de Molesme (Estatutos de los monjes cistercienses venidos de Molesmes), redactados en los años 1140, son una propuesta de normalización del ideal primitivo: estricta observancia de la regla benedictina, búsqueda del aislamiento, pobreza integral, rechazo de los beneficios eclesiásticos, trabajo manual y autarquía.

Los primeros abades de Cîteaux habían encontrado este equilibrio en la sencillez rústica, en la ascesis y el gusto por el cultivo. Los siglos XII y XIII, marcados por los escritos de los «cuatro evangelistas de Cîteaux», debían permitir profundizar y apuntalar estos principios de organización. Pero a partir del abaciado de Esteban Harding, aparece una legislación bajo la forma La Charte de charité et d’unanimité (La Carta de Caridad y de unanimidad) que regula las relaciones de las abadías-madre, de sus filiales y pequeñas filiales. La multiplicación de las creaciones y la extensión de este nuevo monacato exigen una nueva reflexión sobre su administración. Para Philippe Racinet, «la organización cisterciense es una obra maestra de construcción institucional medieval». La exención de la jurisdicción episcopal permite a la orden de Cîteaux poner a punto dos instituciones que debían convertirse en su fuerza: el sistema de visitas de los abades-padres y el Capítulo general anual. Al mismo tiempo, muy probablemente entre 1097-1099, el abad Esteban hace poner por escrito el relato de las fundaciones.

La «abadía madre» y sus filiales
Primeras filiales de Cîteaux en el siglo XII

En los años 1120, los recién llegados, integrados en establecimientos geográficamente distantes, reciben formación apropiada en la casa que los acoge. Para favorecer la cohesión, evitar las discordias y fundar relaciones orgánicas entre los monasterios, a partir de 1114 Esteban redacta una «Carta de unanimidad y de caridad». Esta carta, en tanto que documento jurídico, «regula el control y la continuidad de la administración de cada casa, [...] define las relaciones de las casas entre ellas y asegura la unidad de la orden». No se completa hasta 1119; después, debido a nuevas dificultades, se modifica hacia 1170, para dar nacimiento a la Charte de charité postérieure (Carta de caridad posterior).

Por su espíritu, se separa del modelo cluniacense de «familia» jerarquizada, ofreciendo amplia autonomía a cada monasterio. Cîteaux permanece como autoridad espiritual guardiana de «la observancia de la santa regla» establecida en el «nuevo monasterio».

Cada monasterio, según el principio de caridad, tiene el deber de socorro a las fundaciones más desamparadas, mientras que las abadías madres garantizan el control y la elección de los abades dentro de las abadías filiales. El abad de Cîteaux, por medio de sus consejos y en sus visitas, conserva una autoridad superior. Cada abad debe ir a Cîteaux todos los años, en torno a la fiesta de la Santa Cruz, el 14 de septiembre, para el Capítulo general, como órgano supremo de gobierno y de justicia, a resultas del cual se promulgaban estatutos. Este procedimiento no es enteramente original puesto que se remonta, también, a los orígenes de la orden de Vallombreuse, pero la inspiración procede, obviamente, del convenio entre Molesmes y Aulps, firmado en 1097 bajo el abaciado de Roberto. Desde finales del siglo XII, el Capítulo es asistido por un comité de definidores nombrados por el abad de Cîteaux; es el Définitoire (Definitorio). Los cistercienses aceptan, sin embargo, el apoyo y el control del obispo del lugar en caso de conflicto en el seno de la orden. Así, a partir de 1120, en el plano jurídico y normativo, lo esencial de lo que constituye la orden reposa sobre principios sólidos y coherentes.

Los lugares cistercienses
La abadía de Pontigny, éstablecida en el valle del Serein, en la frontera de los condados de Auxerre, Nevers y Tonnerre.

«Bernardus valles amabat», «Bernardo amaba los valles». La elección del lugar cisterciense ha respondido con frecuencia a este proverbio, como prueba la toponimia cisterciense: abadía de Císter, Clairvaux, Bellevaux, Clairefontaine, Droiteval. El valle arbolado debe contener, en extensiones amplias, todos los ingredientes que respondan a las necesidades de la vida monástica, sin encontrarse demasiado lejos de los ejes de circulación. ¿Cómo explicar la elección de esos valles poco soleados, que reclaman necesarios acondicionamientos y, a veces, un cambio de implantación cuando el medio se muestra demasiado ingrato?

Ciertamente, el lugar debe permitir el aislamiento, conforme a una vida fuera del mundo; además, deben tenerse en cuenta las posibles relaciones con los señores locales. En opinión de Terryl N. Kinder, los valles, no man’s land, «delimitaban un territorio “neutral” donde los nobles belicosos de las dos orillas estaban en tregua, pero que, por su posición estratégica, no servían para uso doméstico.» Pero, sobre todo, los valles están disponibles ya que son poco atractivos.

Emplazamiento de la abadía de Fontfroide.

Sin embargo, no conviene exagerar el carácter malsano de estos lugares; los cistercienses no buscaban deliberadamente pantanos insalubres. Las numerosas referencias a «lugares de horror» en los documentos primitivos remiten a topoi bíblicos. El lugar debe presentar ventajas y recursos suficientes, y a menudo la elección inicial no presenta todas las características requeridas. Por ello, las fundaciones son a menudo largas y peligrosas y la nueva abadía solo se consagra a condición de que el oratorio, el refectorio, el dormitorio, el alojamiento y la portería estén bien situados.

En definitiva, si la elección de una fundación depende de «una sabia mezcla hecha de piedad, política y pragmatismo, [...] el paisaje quizá desempeñó un papel en la formación de la espiritualidad de la nueva orden».

Cîteaux, vanguardia de la Iglesia

La espiritualidad cisterciense, de acuerdo con el ideal de pobreza en boga en aquella época, atrae numerosas vocaciones, en particular gracias a la energía y al carisma de Bernardo de Claraval. La orden recibe también numerosas donaciones tanto de gente humilde como de los poderosos. Entre estos donantes se cuentan personalidades de primer orden, como los reyes de Francia, Inglaterra, España o Portugal, el duque de Borgoña, el conde de Champaña, obispos y arzobispos.37

Esta evolución sostiene el desarrollo de las filiales de la orden que, a la muerte de Bernardo, cuenta con trescientos cincuenta monasterios,38 sesenta y ocho de ellos establecidos por Claraval. La expansión se produce por diáspora, por sustitución o por incorporación.

Entre las nuevas comunidades, citemos la Abadía de Noirlac y la de Fontmorigny, cuyos edificios todavía existen en el Cher. La línea de Claraval cuenta hasta 350 monasterios, la de Morimond más de 200, la de Cîteaux un centenar, solamente una cuarentena la de Pontigny y menos de veinte la de La Ferté. A partir de 1113, las primeras monjas se instalan en el castillo de Jully. Se instituyen en 1128 en la Abadía de Tart, en la diócesis de Langres, y adoptan el nombre de Bernardines. Los monasterios del suburbio de Saint-Antoine, en París, y de Port-Royal-des-Champs son los más famosos de los que las monjas ocupan posteriormente.

El desarrollo cisterciense en los siglos XII y XIII

Periodos Número de establecimientos
integrados en la orden
En territorio francés
1151-1200 209 59 / (28%)
1201-1250 120 13 / (11%)
1251-1300 46 3 / (6,5%)
1151-1300 375 75

Como consecuencia del crecimiento de la orden con la fundación de centenares da abadías y la incorporación de varias congregaciones (las de Savigny, que cuenta con treinta monasterios, y la de Obazine en vida de San Bernardo), la uniformidad de las costumbres se altera imperceptiblemente. En 1354, la orden cuenta con 690 casas de hombres y se extiende de Portugal a Suecia, de Irlanda a Estonia y de Escocia hasta Sicilia. Nos obstante, la mayor concentración se da en tierras francesas y más concretamente en Borgoña y Champaña.

Las monjas cistercienses

Hacia 1125, algunas monjas benedictinas abandonan su priorato de Jully-les-Nonnains y se instalan en la Abadía de Tart, solicitando la protección del abad de Císter, Esteban Harding, que se la concede en 1132. Luego se crean otros monasterios y se incorporan a la orden. El de Tart, la abadía madre, alberga cada año el capítulo general de las abadesas. Hacia 1200 se contabilizan dieciocho monasterios de monjas cistercienses en Francia. Luego, durante el siglo XII, las monjas crean abadías en Bélgica, Alemania, Inglaterra, Dinamarca y España. Algunas de estas fundaciones españolas existen aún hoy, como el Monasterio Real de las Huelgas de Burgos, creado en 1187 por Alfonso VIII de Castilla, y que sigue estando afiliado al espiritual de la orden de Cîteaux.

Entre las monjas cistercienses, principalmente en el siglo XIII, se han contado varias santas, como Santa Lutgarda en Bélgica, Santa Eduviges en Polonia, las santas Gertrudis de Helfta y Matilde de Magdeburgo, ambas del convento de Helfta, en Sajonia, lugar señero de la mística renana y uno de los numerosos monasterios femeninos que seguían los usos de Cîteaux sin estar jurídicamente afiliados a la orden, ya que ésta temía tener que proporcionar limosnas a demasiadas casas de monjas. Entre las místicas cistercienses podemos nombrar a Béatrice de Nazareth, hacia 1200-1261, o también a Santa Juliana de Cornillon (1191-1254), que fue la instigadora de la fiesta del Corpus Christi, fiesta instituida en la Iglesia por el papa Urbano IV en 1268.

El apogeo político de los siglos XII y XIII

Con San Bernardo interviniendo de manera más o menos directa como árbitro, consejero o guía espiritual en las grandes cuestiones del siglo, la orden cisterciense adopta el papel de guardián de la paz religiosa. Con el apoyo del papado, de reyes y de obispos, la orden prospera y crece. Las autoridades laicas y eclesiásticas desean que insufle su espíritu en la Iglesia regular y secular. Por ejemplo, Pedro, abad de La Ferté, es elevado a la dignidad episcopal hacia 1125. La orden parece destinada a desempeñar un nuevo papel en la sociedad, papel que había rehusado asumir hasta entonces a lo largo del siglo.

En el siglo doce, el orden cisterciense ejerce una gran influencia política. Bernardo de Claraval influye decisivamente en la elección del papa Inocencio II en 1130, y luego en la de Eugenio III en 1145. Este antiguo abad cisterciense predica, a petición de la orden, la Segunda Cruzada que lleva a Tierra Santa a Luis VII y a Conrado II. Bernardo es quien hace reconocer la Orden del Temple. En el siglo XII la orden proporciona a la iglesia 94 obispos y el papa Eugenio III.

San Bernardo predicando la 2ª Cruzada, en Vézelay, en 1147. Cuadro del siglo XIX.

Esta expansión garantiza a los cistercienses un lugar preponderante no sólo en el seno del monacato europeo sino también en la vida cultural, política y económica. Bernardo, líder del pensamiento de la Cristiandad, llama a los señores a la reconquista de Tierra Santa el 16 de febrero de 1147; los cistercienses predican durante la Tercera Cruzada (1188-1192) y algunos hermanos participan en ella personalmente. La orden se manifiesta durante la evangelización de la región francesa de Midi y en la lucha contra los cátaros, cuya doctrina es condenada y combatida por la Iglesia. Arnaud Amaury, abad de Cîteaux, es designado Legado por el papa y organiza la cruzada contra los Albigenses. Los cistercienses preceden a los dominicos en estos territorios, en los que garantizan la predicación y organizan la represión de la herejía. Se les encargan misiones de cristianización y, protegidos por el brazo secular, penetran en Prusia y en las provincias bálticas.

Defensores de los intereses de la Santa Sede, toman partido en la querella entre el Papa y el Emperador, donde los cistercienses apoyan los objetivos teocráticos del pontífice. En el plano institucional, esta crisis refuerza a la orden que trata de ganar coherencia. Con el favor de estas nuevas prerrogativas, «nace una nueva comunidad [...] que se aleja del modelo creado por los padres fundadores, pero que ni se pervierte ni es pervertida [...]; se trata de lo que podríamos llamar el segundo orden cisterciense».

En 1334, un cisterciense, antiguo abad de la Abadía de Fontfroide, accede a la dignidad papal bajo el nombre de Benedicto XII. Bajo su pontificado, la orden gana en coherencia y traza una nueva organización en 1336, bajo la forma de la Constitución Benedictina. El Capítulo general ejerce en lo sucesivo un control más estrecho sobre la gestión de las finanzas y bienes inmobiliarios de las abadías, función que hasta ese momento dependía únicamente del poder del abad. De este modo, en la primera mitad del siglo XIV, y fiel al espíritu de los primeros tiempos, la orden goza de un ascendiente sobre el conjunto de la cristiandad. La Constitución subraya la importancia de su acción en el seno de la Iglesia.

«Brillante como la estrella de la mañana en un cielo cargado de nubes, la Santa Orden cisterciense, por sus buenas obras y su edificante ejemplo, comparte el combate de la Iglesia militante. Por la dulzura de la santa contemplación y los méritos de una vida pura, se esfuerza en escalar con María la montaña de Dios, mientras que, por una encomiable actividad y piadosos servicios, intenta imitar los diligentes cuidados de Marta [...] esta orden ha merecido extenderse de un extremo a otro de Europa.» — Benedicto XII, Constitución Benedectina, 1335.

Una orden enfrentada a las dificultades y críticas: retroceso y reformas

Debido a las numerosas adhesiones y donaciones, y también a una perfecta organización y un gran dominio técnico y comercial en una Europa en plena expansión económica, la orden se convierte rápidamente en protagonista de todos los sectores. Pero el extraordinario éxito económico de la orden en el siglo XIII acaba por volverse contra ella. Las abadías aceptan numerosas donaciones, que a veces son participaciones en molinos o en censos. Las abadías recurren, pues, de hecho, al arrendamiento rústico o a la aparcería, mientras que originariamente la orden explotaba sus tierras mediante el trabajo manual de los conversos. El desarrollo económico es poco compatible con la vocación inicial de pobreza que dio lugar al éxito de la orden en el siglo XII. Por ello, la disminución de las vocaciones hace cada vez más difícil reclutar conversos. Los cistercienses recurren entonces de manera creciente a mano de obra asalariada, en contradicción con los preceptos originales de la orden.

Si bien la orden conserva en el siglo XIV un verdadero poder económico, se enfrenta a la crisis económica que comienza y que empeorará con la Guerra de los Cien Años. Muchas abadías se empobrecen. Aunque durante la Guerra de los Cien Años los monasterios cistercienses se benefician de su relativa autonomía, el conflicto daña a numerosos establecimientos. En particular, el reino de Francia es explotado por las compañías de mercenarios, muy presentes en Borgoña y en sus grandes ejes comerciales. En 1360, los hermanos de Cîteaux se ven obligados a refugiarse en Dijon. El monasterio es presa del pillaje en 1438. Golpeada por el desafecto y el hundimiento demográfico consecuencia de la guerra y de la Gran peste, la orden se enfrenta a la disminución de sus comunidades. En el siglo XVI, la abadía de Vauluisant sólo cuenta con trece monjes, y a finales de siglo solamente con diez.46

Por último, en el siglo XIII, con el desarrollo de las ciudades y de las universidades, los cistercienses, instalados principalmente en lugares remotos, pierden su influencia intelectual en favor de las órdenes mendicantes que predican en las ciudades y que proporcionan a las universidades sus más grandes maestros.47

El Gran Cisma de Occidente asesta un segundo golpe a la organización de la orden. Por una parte, la exacerbación de los particularismos nacionales perjudica la unidad; por otra parte, los dos papas compiten en generosidad para garantizarse el apoyo de los monasterios, lo que supone «un perjuicio considerable a la uniformidad de la observancia.»48 Las consecuencias del Cisma y en particular las guerras husitas son especialmente dolorosas para los monasterios situados en los confines orientales de Europa. Las abadías de Hungría, Grecia y Siria son destruidas durante las conquistas otomanas. La celebración de un Capítulo general plenario en estas condiciones se hace cada vez más difícil a causa de los conflictos armados pero, también, de las distancias que separan a las distintas comunidades. En 1560, sólo están presentes trece abades.49

Las transformaciones medievales y las crisis políticas y religiosas de los siglos XIV y XV obligan a la orden a adaptarse. El clero y el poder real franceses critican cada vez más violentamente sus privilegios. En el siglo XV nacen nuevas obediencias y se hacen esfuerzos para conservar la unidad original y restaurar el edificio cisterciense. Como consecuencia, los siglos XV y XVI constituyen un período de desarrollo de las congregaciones en el seno de la orden.

Con la multiplicación de las propiedades inmobiliarias, aparecen otras desviaciones a partir del siglo XV: abades ausentes o mundanos, e incluso un modo de vida señorial cada vez más marcado. La introducción del sistema de «encomienda», en la Edad Media tardía, por la cual el rey nombra a un abad laico cuyo primer cometido es, a menudo, obtener el máximo de beneficios financieros, no hace sino acentuar este estado de cosas. El papado de Aviñón decide cambiar el método de elección de los abades que, en adelante, no serán elegidos por su comunidad sino nombrados por los príncipes o el Soberano Pontífice. El reclutamiento se hace cada vez más entre prelados seculares, alejados de las preocupaciones monásticas pero preocupados por las rentas abaciales. Este sistema de encomienda resulta especialmente desastroso en tierras francesas e italianas, que a lo largo del siglo XVI asisten a un rápido deterioro de los edificios cistercienses. Un cierto laxismo se apodera de algunas abadías.

En las regiones orientales de occidente y de la península ibérica no se da la misma situación. En los edificios de Bohemia, Polonia, Baviera, España y Portugal se instaura un movimiento de reconstrucción de inspiración barroca.

No obstante, algunas voluntades de reforma aparecen en el reino de Francia. El Capítulo general de 1422 se pronuncia claramente sobre la cuestión: «Nuestra Orden, en las distintas partes del mundo donde se encuentra extendida, parece deformada y decaída en lo que afecta a la disciplina regular y a la vida monástica.»50 Se restaura el sistema de visitas. La urgencia de la reforma se revela pronto en toda la orden. En 1439 se promulga una «Rúbrica de definidores» para recordar las exigencias de la vida monástica, las distintas prohibiciones de indumentaria y alimentarias y la necesidad de denunciar las prácticas abusivas. Por esa misma época, la Santa Sede decide abolir la práctica de la encomienda.51

En ese contexto, un movimiento de reafirmación de la disciplina y las exigencias espirituales se desarrolla en los Países Bajos, en Bohemia y luego en Polonia, antes de conquistar toda Europa. Algunos monasterios se reúnen localmente, bajo el impulso de las comunidades o del poder pontificio, para formar congregaciones cada vez más autónomas respecto al Capítulo general. No obstante, aprovechando la reconquista de Borgoña por Luis XI, Jean de Cirey, abad de Cîteaux, recupera su papel de jefe de la orden, papel que había perdido desde el Gran Cisma.52 En 1494 reúne a los abades más influyentes en el colegio de los Bernardinos donde se promulgan los artículos reformadores llamados «de París». Aunque son bien acogidos, la reforma es sin embargo poco perceptible y se debe a menudo a iniciativas individuales efímeras.

El movimiento de reforma protestante conmociona profundamente la situación. Un gran movimiento de deserción afecta a las comunidades del norte de Europa y los príncipes ganados para la Reforma confiscan los bienes de la orden. Los monasterios ingleses, luego los escoceses y finalmente los irlandeses lo son entre 1536 y 1580. Más de 200 establecimientos desaparecen antes del final del siglo XVII. Con la deserción de Inglaterra y de numerosos estados germánicos pasados a la Reforma, la historia de la orden se halla circunscrita, a partir de ese momento y durante dos siglos, al reino de Francia.

  La orden en el momento de la Contrarreforma

Con el movimiento de reforma católico, la orden cisterciense se enfrenta a profundas modificaciones a nivel constitucional. La organización se hace provincial y se introducen algunas modificaciones en la administración central. Algunas congregaciones con vínculos tenues o inexistentes con la casa matriz y el Capítulo general florecen en toda Europa.

En Francia nace una reforma con un carácter original bajo el impulso del abad Jean de la Barrière (1544-1600). El antiguo comendador del monasterio de los Feuillants, en Alto Garona, funde las congregaciones de los «feuillants», aprobada por Sixto V desde de 1586. Establece en su comunidad una tradición de una particular austeridad, basada en una vuelta al primitivo ideal cisterciense. Encuentra imitadores en Italia y Luxemburgo. En estas condiciones, el Capítulo general se convierte en una institución caduca. No produce más que una reunión de 1699 a 1738. En definitiva, este estado de cosas beneficia al abad de Cîteaux, única autoridad que ofrece a los ojos del mundo una prueba de visibilidad, y a quien algunas fuentes describen a menudo como «abad general».53 En 1601, se impone un noviciado común para mantener una disciplina única y para paliar las dificultades de reclutamiento.

Retrato del abad Armand Jean le Bouthillier de Rancé, por Hyacinthe Rigaud. Museo Duplessis, Carpentras, Francia.

En el siglo XVII, la historia de la orden se ve perturbada por un conflicto que la historiografía recuerda bajo el nombre de «guerra de las observancias» y que se extiende desde 1618 hasta los primeros años del siglo XVIII, suscitando numerosas y ásperas polémicas en el seno de la familia cisterciense. Este conflicto concierne, al menos en apariencia, al respeto a las obligaciones regulares -en particular la abstinencia del consumo de carne-. Más allá de esta cuestión, lo que está en juego no es sino la aceptación o el rechazo del ascetismo. La controversia aumenta con los conflictos locales entre monasterios rivales. Al principio, siguiendo el ejemplo de Octave Arnolfini, abad de Châtillon, y de Étienne Maugier, Denis Largentier introduce en Claraval y en sus filiales una reforma de una gran austeridad entre 1615 y 1618. Luego, ante el Capítulo general de 1618, se presenta una propuesta de generalización que es adoptada.

Ésta es la partida de nacimiento de la Estricta Observancia. Gregorio XV apoya la iniciativa de los reformadores. Pero, tras le celebración de una asamblea, la congregación provoca el descontento del abad de Cîteaux, Pierre de Nivelle, que se empeña en denunciar «a una pretendida congregación que tiende a la división, a la separación y al cisma, [y] que no puede ser tolerada de ninguna manera.»54 En 1635, el cardenal Richelieu convoca un capítulo «nacional» en Cîteaux, a resultas del cual Pierre de Nivelle es obligado a abdicar. Las dos partes terminan por disponer de estructuras administrativas propias; pero, aunque la Estricta Observancia conserva el derecho de enviar a diez abades al Definitorio, permanece sujeta a Cîteaux y al Capítulo general.

Por su influencia, la experiencia de Armand Jean le Bouthillier de Rancé en el monasterio de la Trapa, sigue siendo emblemática de la exigencia de la estricta observancia y de las aspiraciones reformadoras. Su influencia, tanto en el seno de su monasterio como en el mundo, constituye un modelo de la vida monástica del «Gran Siglo».55

 Un siglo de declive

En la segunda mitad del siglo XVIII, se difunden críticas virulentas contra del monacato. En Francia, la orden se estremece profundamente en este final de siglo en que son raras las vocaciones y donde el entusiasmo por un monacato austero da paso a la adopción de una vida monástica mucho menos exigente y, en consecuencia, más expuesta a las críticas, aunque se detectan aún focos de fervor y fidelidad a los orígenes, e incluso algunas iniciativas. En 1782, por iniciativa de José II de Austria, nace una efímera congregación belga, antes de que los cistercienses sean expulsados de sus tierras al año siguiente.

En febrero de 1790, la Asamblea Nacional francesa vota la supresión de la orden por motivos de inutilidad.

Monjes y ejército Austríaco en Salem, 1804, por Johann Sebastian Dirr. Fotografía coloreada de un original desaparecido.

Tras la Revolución francesa no subsisten en Europa más que una docena de establecimientos cistercienses. La Estricta Observancia se refugia en Suiza, dentro de la cartuja de La Valsainte, después de haber sido expulsada de La Trappe, que no es restaurada hasta después de la derrota de Napoleón. Las abadías supervivientes de las guerras y expulsiones comienzan a reconstruir sus vínculos y a restaurar las congregaciones. La destrucción de la abadía de Císter ha privado a la orden de su jefe natural y la consolidación de los nacionalismos en Europa no facilita la búsqueda de una solución común.

Una primera reunión de abades cistercienses se celebra en Roma en 1869. En 1891, se elige a un abad general: Dom Wackarz, abad de Vissy Brod (Imperio Austrohúngaro). Más tarde llevará el título de Presidente general de la orden cisterciense.

En Francia, los trapenses se reúnen en 1892 bajo la denominación de «Cistercienses reformados de Notre-Dame de la Trappe». A partir de 1898, los capítulos generales se celebran en Cîteaux, recién recuperado. El abad general se instala en Roma.

La orden en los siglos XX y XXI


Fábrica de cerveza de la abadía de Saint-Rémy de Rochefort, donde los monjes producen cerveza trapense.

En 1902, los trapenses se convierten en la Orden Cistercienses Reformados de la Estricta Observancia. Durante el siglo XIX, los trapenses fundaron numerosos monasterios en Canadá, Estados Unidos, Australia, Siria, Jordania, Sudáfrica y China.

En el siglo XX, la orden se ha dispersado ampliamente fuera de Europa. El número de monasterios se ha duplicado en los últimos 60 años: de 82 monasterios en 1940 a 127 en 1970 y 169 en 2008. En los años cuarenta sólo había un monasterio de la orden en África, seis en Asia y el Pacífico y ninguno en América Latina. Hoy en día, hay diecisiete en África, trece en América Latina y veintitrés en Asia. La orden del cisterciense se ha implantado en los países en vías de desarrollo, particularmente en Brasil, Nigeria, Etiopía y Vietnam. A veces, en países inestables: en 1996, durante la guerra civil argelina, siete monjes del monasterio de Tibhirine, en Argelia, fueron secuestrados durante dos meses, antes de que los encontrasen muertos el 21 de mayo.

No obstante, la expansión de la orden es más espacial que cuantitativa: durante esos mismos 60 años, el número total de monjes y monjas de la orden se redujo un 15%. En este momento hay alrededor de 2.500 monjes trapenses y 1.800 monjas en todo el mundo. Esto hace una media de 25 miembros en cada comunidad, es decir, la mitad de los que había.

Junto a los cistercienses incorporados oficialmente a cualquiera de las dos ramas, son numerosas las comunidades de mujeres que viven en una esfera de influencia espiritual cisterciense, ya sea en una orden o en una congregación, como las bernardinas de Esquermes, las de Oudenaarde y las de Suiza romanda.

 

Actualidad

La nueva constitución define a la Orden Cisterciense en ciento nueve artículos, como una «unión de congregaciones» gobernadas por un Capítulo General bajo la presidencia de un Abad General. Sumados a todos los abades, los miembros del Capítulo General incluyen a delegados de cada casa o congregación, proporcionales al número de monjes. El Capítulo debe ser convocado cada cinco años, para legislar sobre la Orden en conjunto. El Abad General debe ser elegido por el Capítulo General por un término de diez años, aunque siempre sigue siendo reelegible. Debe residir en Roma, y está ayudado por un consejo de cuatro miembros, también elegido por el Capítulo. El histórico definitorium, que ha sido rebautizado como «Sínodo», debe incluir al Abad General, al Procurador General, a los presidentes de cada congregación y a otros cinco miembros elegidos por el Capítulo General. El Sínodo debe reunirse al menos año por otro y debe tratar los asuntos urgentes que se susciten entre las reuniones del Capítulo General.

La reglamentación de la vida monástica a nivel local reservada a las Congregaciones autónomas, cada una bajo un Abad Presidente y un «capítulo congregacional» que regulan temas tan importantes como el tiempo de duración del abadiato, la posición legal de los conversos, la reforma litúrgica y las observancias monásticas. La tarea primordial de cada Abad Presidente es la visita trienal a cada casa de su congregación. Su propia abadía es visitada por el Abad General.

El Capítulo General de 1974, reunido en Casamari, contó con la participación, por primera vez, de algunas abadesas cistercienses como observadoras.

Orden de Cluny

Orden de Cluny

 

Orden de Cluny

 

En el 910 D.C. surge, dentro de la Iglesia Católica, la voluntad de reformar las órdenes monásticas. Esta restauración se produjo tomando como base la Regla de Benito de Nursia, un reglamento que rige la vida de los monjes detallando cómo debe ser su vida. Esta regla alcanza un importante desarrollo gracias a la intervención de Benito de Aniane, pero está limitada por las tradiciones propias de las abadías, y por la rutina de su aplicación. En este proceso, la abadía de Cluny decide imponerse agrupando un gran número de conventos y convirtiéndose en la orden más importante de la Edad Media, con monasterios por toda Europa.

La fundación

La orden de Cluny es una reforma de la orden benedictina. Fue creada el 11 de septiembre de 910 cuando Guillermo I, duque de Aquitania, donó la villa de Cluny al papado para que fundara en ella un monasterio con doce monjes. El monasterio se situó en Mâconnais, en Saona y Loira. La donación hecha por Guillermo I no es gratuita, pretende obtener la protección y la garantía de la Santa Sede dado que su poder era muy escaso. Guillermo el Piadoso intentó evitar su control por los laicos. En la Carta de fundación de la abadía se establece la libre elección del abad por parte de los monjes, un punto de suma importancia en la orden benedictina. La Carta condena gravemente a los que transgredan este artículo. La donación de Cluny no es la única. En esta época, numerosos dominios son legados al papado, como Vézelay. El prestigio de los pontífices del siglo X es relevante. La reforma monástica es apoyada por el monasterio de San Martín d’Autun y el de Fleury-sur-Loire. En el 914, se funda el monasterio de Brogne convirtiéndose en un centro de gran influencia junto con su fundador Gérard.

Guillermo el Piadoso nombró al abad Bernón, hombre importante de la reforma, como abad de Baume. Bernón estableció la observancia de la regla de Benito de Nursia, reformada por Benito de Aniane, respetando, no obstante, las directrices de los monasterios. Bernon murió en 926 tras una vida dedicada a la expansión de la regla por numerosos monasterios.

La expansión de Cluny

Le sucedió el abad Odón. Era compañero de viaje de Bernón y también de su compañera Isabel del Arco, próximo a las concepciones de su predecesor. Odón viajó de convento en convento para enseñar la reforma. Algunos se negaron a admitirle como abad, adoptando al de Cluny. La influencia de Cluny va aumentando, pero carece de organización. El monasterio obtiene el derecho de acuñar moneda, se abren escuelas y una biblioteca. A la muerte de Odón, en 942, el prestigio de Cluny es ya muy importante. Le sucede Aimar, prosiguiendo su obra, pero en 948 queda ciego y nombra como coadjutor a Mayolo, que acaba dirigiendo Cluny desde 954 hasta 994. Proveniente de una rica e importante familia de señores de Válenosle, Mayolo utiliza toda la experiencia adquirida para gestionar y administrar la gran pujanza de Cluny.

La Regla (llamada clunisienne o cluniacense) es adoptada por otros monasterios, que forman, junto con Cluny, un verdadero imperio monástico de prioratos autónomos pero sometidos al gobierno común del abad de Cluny. El debilitamiento de la reforma en Alemania y la Lorena, fortalecieron la situación de Cluny durante el monaquismo. La orden se apoyaba en la alta aristocracia, el emperador, el rey de Borgoña, los condes y los obispos. Se fundan nuevos monasterios cluniacienses, y se reconvierten otros al aceptar la disciplina cluniacense. La Orden de Cluny está presente en el Jura, el Delfinado, la Provenza, el valle del Ródano, el sur de Borgoña, y el Borbonesado. Mantiene una treintena de conventos muy dinámicos.

Mayolo fue llamado el "Árbitro de los reyes" por sus relaciones con la aristocracia. Su prestigio fue notable, y rehusó ejercer la función papal en 973. Sus funerales corrieron a cargo de Hugo Capeto, fue beatificado poco después de su muerte, convirtiéndose en uno de los santos más populares.

Tras la gran expansión realizada en el siglo X, la Orden continuó desarrollándose durante el siglo XI y la primera mitad del siglo XII, ganando en organización al aplicar unos reglamentos muy precisos.

En 994, Odilón es nombrado abad de Cluny y dirige el monasterio durante 55 años. Hijo de los señores de Mercoeur, mantiene relaciones con los personajes más ilustres de su tiempo y aprovecha las oportunidades que se le ofrecen a la Orden. Pero en una época marcada por el desmoronamiento de las estructuras carolingias y el desmantelamiento laico, no puede contar con la protección de la alta aristocracia y se alía con los señores, la fuerza preponderante en el año mil. Trata de apaciguar la violencia de éstos, apoyándose en la Tregua de Dios. Ayuda a los caballeros y recurre a los servicios espirituales de sus monjes para que favorezcan a sus familias, y se encarga de afirmar la vocación (a veces forzada) de los jóvenes hidalgos. La política de Cluny a favor de la asociación y creación de grandes conventos, disminuye, en tanto que los pequeños van creciendo. Sin embargo siguen controlados, bien por el propio Odilón, bien por la mediación de los grandes abades. Cuando muere Odilón, se cuenta con 70 conventos, y Cluny se asocia con pujantes abadías, que mantienen, en ocasiones, su autonomía.

En 1049 Hugo de Semur es nombrado abad. Siguiendo las directrices de Odilón, continúa ampliando el poder de Cluny. Es un borgoñón procedente de Semur-en-Brionnais. Posee una gran elocuencia y un gran sentido político. Concluye la integración con el Feudalismo que acaba de nacer. Pequeños conventos van creándose todavía. El principio hierático va flexibilizándose hacia 1075, cuando Cluny acepta en la orden abadías de otras órdenes, diferentes a la benedictina, como Vézelay, que se hallan dispuestas a ingresar en la Orden sin tener que renunciar a su rango para convertirse en prioratos. Durante su abadiato se incorporaron a Cluny grandes abadías, como las de Moissac (Sur-Oeste), Lézat (Ariège), Figeac (Quercy). La Orden se extendió por España, Italia e Inglaterra, contando con 10.000 monjes.

El abad Hugo tuvo una importantísima intervención en la Querella de las Investiduras que enfrentó al papado con el emperador germánico.

En 1109, tras un mandato de pocas semanas, Pons de Melgueil es nombrado nuevo abad. Un meridional hábil pero muy intransigente. Intervino activamente al final de la Querella de las Investiduras, y prosiguió con la idea de engrandecer la Orden. A tal fin, inicia la construcción de Cluny III, una abadía gigantesca que acabaría con todas las donaciones y compromisos adquiridos provenientes del Reino de León y Castilla. Empiezan las primeras dificultades económicas de la Orden que generan una protesta contra el abad. Las críticas se hacen patentes mediante la inclinación hacia otra orden monástica llamada cisterciense, fundada en 1098. Pons solicita una entrevista con el Papa Calixto II, y presenta su dimisión a la salida de la misma sin que se conozcan las razones.

Pedro de Montboissier, más conocido como Pedro el Venerable, le sustituye en 1122. Es un hombre cultivado y muy hábil. Tendrá que enfrentarse a Pons en 1126, tras un peregrinaje a Tierra Santa. Pons retomará el poder de Cluny haciendo uso tanto de su influencia, como de las armas. Finalmente, Pons será excomulgado y la Orden quedará en manos de Pedro el Venerable. Retorna la paz y se restaura la disciplina, pero las finanzas son catastróficas, sobre todo tras el episodio violento registrado a cargo de unos mercenarios que robaron todo el oro. Pedro intenta imponer una sana gestión de dominio público con la ayuda de Enrique de Blois, obispo de Winchester, que aporta, desde Inglaterra, tanto sus conocimientos como su riqueza. Se advierte una restauración de las tradiciones, pero la Orden de Cluny ha empezado un lento declive que irá acrecentándose tras la muerte de Pedro el Venerable sucedida en 1157.

  La influencia de Cluny

Planos de la abadía de Cluny.

En el siglo XII, la llamada Orden de Cluny, cuenta con dos mil prioratos, algunos de ellos considerados como los más grandes monasterios de la época: La Charité-sur-Loire, Souviny, Saint-Martin-des-Champs, cercano a París. Si la mayoría de los monasterios pasan a ser simples prioratos, un reducido número de ellos, conserva, sin embargo, su rango de abadía, aceptando, no obstante, la disciplina común y la autoridad del abad de Cluny.

Directamente sometida a la Santa Sede, Cluny es, en el siglo XI, el instrumento más eficaz en la consecución de la paz y en la reforma gregoriana. Muchos Papas y legados pontificios procedían de Cluny. La red de Cluny difunde los principios de la reforma contra los vicios de la Iglesia ligada a los estados feudales del mundo laico: simonía, nicolaísmo. Acusada por su enriquecimiento y un poder temporal excesivo, la orden de Cluny pierde su influencia espiritual a finales del siglo XI y principios del siglo XII, cuando eclosionan nuevas órdenes inspiradas en un idealismo de pobreza y austeridad: Cister, Prémontrés, la Chartreuse, Camaldoli.

San Bernardo sostiene una áspera disputa con Pedro el Venerable defendiendo el ideal cisterciense frente a los ideales de Cluny, uno de los principales focos de la vida intelectual y artística de Occidente.

Odón escribe la Historia Sagrada en verso y elabora una moral práctica. Los sermones de Odilón serán durante mucho tiempo modelos de una elocuencia elegante y concisa. Abbón de Fleury definió los equilibrios del poder político. Pedro el Venerable indujo a los cristianos a conocer el Corán y recurrir con frecuencia a las traducciones del árabe. Cluny fue el origen de muchos teólogos, moralistas, poetas e historiadores.

La arquitectura es otra muestra de la pujanza y el poder de Cluny. A una iglesia contemporánea de la fundación le sucede la abadía de Bernón, después las de Aymard y Maïeul, llamado San Pedro el Viejo, cuyo plano característico, el coro y sus colaterales es, más o menos, reproducido en casi todas las iglesias monásticas. El mismo se encuentra en San Pedro el Viejo, en Borgoña, Alemania y Suiza.

Orden de San Benito

Orden de San Benito

 

Orden de San Benito

 
Nombre latino Ordo Sancti Benedicti
Siglas O.S.B.
Gentilicio Benedictinos
Tipo Orden Orden contemplativa
Regla Regla de San Benito
Hábito Hábito negro con túnica, escapulario y capucha negras, cinturón negro sobre la túnica
Fundador San Benito de Nursia
Fundación 529
Lugar de fundación Montecasino
Aprobación 1734
Superior General Abad Primado Notker Wolf, OSB
Curia Abadía Primada de San Anselmo
Piazza dei Cavalieri di Malta, 5
00153 Roma
Coordenadas 14.882754, 12.478731
Presencia 47 países
Actividades Fundamentalmente vida contemplativa, oración, claustro, silencio, aunque también se dedican a Misiones, colegios, universidades, etc.
Sitio web www.osb.org
San Benito de Nursia (c. 480-543), de un detalle del fresco de Fra Angelico, Basílica de San Marco, Florencia (c. 1400-1455).

La Orden de San Benito (en latín: Ordo Sancti Benedicti), (O.S.B.) es la orden religiosa, dedicada a la contemplación, fundada por Benito de Nursia, que sigue la Regla dictada por éste a principios del siglo VI para la abadía de Montecassino. Benito de Nursia contribuyó decididamente a la evangelización cristiana de Europa, por lo que es patrón de Europa.

Actualmente la Orden está extendida por todo el mundo, con monasterios masculinos y femeninos.

Siguiendo su ejemplo e inspiración, diversos fundadores de órdenes religiosas han basado la normativa de sus monasterios en la Regla dejada por Benito, cuyo principio fundamental es Ora et labora, es decir, Oración y Trabajo.

Los monasterios benedictinos están siempre dirigidos por un superior que, dependiendo de la categoría del monasterio, puede llamarse prior o abad; este es escogido por el resto de la comunidad. El ritmo de vida benedictino tiene como eje principal el Oficio Divino, también llamado Liturgia de las Horas, que se reza siete veces al día, tal como San Benito lo ordenó. Junto con la intensa vida de oración en cada monasterio, se trabaja arduamente en diversas actividades manuales, agrícolas, etc., para el sustento y el autoabastecimiento de la comunidad.

  Reformas de la Orden Benedictina

Durante el transcurso de su historia, la Orden Benedictina ha sufrido numerosas reformas, debido a la eventual decadencia de la disciplina en el interior de los monasterios. La primera reforma importante fue la hecha por Odón de Cluny en el siglo X; esta reforma, llamada cluniacense (nombre proveniente de Cluny, lugar de Francia donde se fundó el primer monasterio de esta reforma, en el que Odón fue el segundo abad), llegó a tener un gran influjo, hasta el punto que durante gran parte de la Edad Media prácticamente todos los monasterios benedictinos estaban bajo el dominio de Cluny.

Los cluniacenses adquirieron gran poder económico y político, y los abades más importantes llegaron a formar parte de las cortes imperiales y papales. Varios pontífices romanos fueron benedictinos provenientes de los monasterios cluniacenses (Alejandro II, 1061-73; san Gregorio VII, 1073-85; beato Víctor III, 1086-87; beato Urbano II, 1088-99; Pascual II, 1099-1118; Gelasio II, 1118-19; y un largo etcétera).

Tanto poder adquirido llevó a la decadencia de la reforma cluniacense, que encontró una importante contraparte en la reforma cisterciense, palabra proveniente de Císter (Cîteaux en idioma francés), lugar de Francia donde se estableció el primer monasterio de esta reforma. San Roberto de Molesmes, san Esteban Harding y san Roberto de Chaise-Dieu fueron los fundadores de la Abadía de Císter en 1098. Buscaban apartarse del estilo cluniacense, que había caído en la indisciplina y el relajamiento de la vida monástica. El principal objetivo de los fundadores de Císter fue imponer la práctica estricta de la Regla de San Benito y el regreso a la vida contemplativa.

El principal impulsor de esta reforma fue san Bernardo de Claraval (1090-1153), quien fue discípulo de los fundadores de Cîteaux, habiendo ingresado allí hacia el año de 1108. Se le encargó la fundación de la Abadía de Claraval (Clairvaux, en francés), de la que fue abad durante unos 38 años, hasta su muerte. Bernardo de Claraval se convirtió en el principal consejero de los papas, y varios de sus monjes llegaron igualmente a ocupar la Sede Pontificia. Bernardo predicó también la Segunda Cruzada. Al morir había fundado 68 monasterios de su orden.

La reforma cisterciense subsiste hasta hoy como orden benedictina independiente, dividida igualmente en dos ramas: la Orden del Císter (O. Cist.) y la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO), también conocidos como Trapenses. Se les llama también "benedictinos blancos", debido al color de su hábito, en contraposición a los demás monjes de la Orden de San Benito, a quienes se llama "benedictinos negros".

Durante la Edad Media surgieron otras reformas importantes de la Orden Benedictina. La de san Romualdo (†1027), quien dio inicio a la reforma camaldulense. Esta reforma subsiste hasta hoy en dos ramas: la primera forma parte de Confederación Benedictina (benedictinos negros); la segunda es independiente, pero se rige igualmente por la Regla de San Benito. Otra reforma importante fue la emprendida por san Juan Gualberto (†1073), quien fundó los Benedictinos de Valle Umbrosa, por el lugar en Italia en que se construyó el primer monasterio de esta reforma; es igualmente hoy en día una congregación de la Confederación Benedictina. La reforma de san Silvestre (1177-1267), fundador de los Benedictinos de Montefano, que subsiste también hoy como congregación asociada a la Confederación Benedictina. La reforma de san Bernardo Tolomei (1272-1348), que dio origen a los Benedictinos de Monte Oliveto, hoy también parte integrante de la Confederación Benedictina.

Después de agitados períodos de la historia, como la Reforma en Alemania y los Países Bajos, la expulsión o ejecución de religiosos católicos por Enrique VIII en Inglaterra o, mucho después, del período revolucionario en Francia, así como también la decadencia de la disciplina en los monasterios, llevó a que se diezmara la población de monjes. Después de la Revolución francesa, fue Dom Prosper Guéranger quien hizo renacer la orden benedictina en Solesmes a partir de 1833, en Francia.

  Hábito

En la Edad Media los monjes benedictinos llevaban camisa de lana y escapulario. El hábito o vestidura superior es negro, por lo que el pueblo los llamó los monjes negros, en oposición a los cistercienses, que llevan túnica blanca y escapulario negro, denominados los monjes blancos.

Emperadores Sacro Imperio Romano Germánico

 

 

Emperadores Sacro Imperio Romano Germánico

Emperador

Dinastía

Coronación

Final

Carlos I
(Carlomagno)

Carolingia

25 de diciembre de 800
y 11 de septiembre de 813

28 de enero de 814

Luis I
(Ludovico Pío)

Carolingia

11 de septiembre de 813
y 5 de octubre de 816

13 de noviembre de 833 Depuesto

Luis I

Carolingia
(2ª vez)

1 de marzo de 834

20 de junio de 840

Lotario I

Carolingia

Julio de 817
y 5 de abril de 823

29 de septiembre de 855

Luis II

Carolingia

6 de abril de 850

12 de agosto de 875

Carlos II

Carolingia

25 de diciembre de 875

6 de octubre de 877

Carlos III

Carolingia

12 de febrero de 881

11 de noviembre de 887 Depuesto
/ ó 13 de enero de 888 †

Guido de Spoleto

Carolingia
(Ducado de Spoleto)

21 de febrero de 891

11 de noviembre de 894

Lamberto de Spoleto

Carolingia
(Ducado de Spoleto)

30 de abril de 892

15 de octubre de 898

Arnulfo de Carintia

Carolingia

22 de febrero de 896

8 de diciembre de 899

Luis III

Carolingia

12 de febrero de 901

21 de julio de 905

Berengario de Friuli

Carolingia

25 de diciembre de 915

7 de abril de 924

 

 

 

 

Otón I

Sajona

2 de febrero de 962

7 de mayo de 973

Otón II

Sajona

25 de diciembre de 967

7 de diciembre de 983

Otón III

Sajona

21 de mayo de 996

23 de enero de 1002

Enrique II

Sajona

26 de abril de 1014

13 de julio de 1024

 

 

 

 

Conrado II

Salia

26 de marzo de 1027

4 de junio de 1039

Enrique III

Salia

25 de diciembre de 1046

5 de octubre de 1056

Enrique IV

Salia

31 de marzo de 1084

31 de diciembre de 1105

Enrique V

Salia

13 de abril de 1111

23 de mayo de 1125

 

 

 

 

Lotario II

Supplinburgo

4 de junio de 1133

4 de diciembre de 1137

 

 

 

 

Federico I

Hohenstaufen

18 de junio de 1155

10 de junio de 1190

Enrique VI

Hohenstaufen

15 de abril de 1191

28 de septiembre de 1197

 

 

 

 

Otón IV

Güelfa

4 de octubre de 1209

25 de julio de 1215
Depuesto

 

 

 

 

Federico II

Hohenstaufen

22 de noviembre de 1220

13 de diciembre de 1250

 

 

 

 

Enrique VII

Luxemburgo

29 de junio de 1312

24 de agosto de 1313

 

 

 

 

Luis IV

Wittelsbach

17 de enero de 1328

11 de octubre de 1347

 

 

 

 

Carlos IV

Luxemburgo

5 de abril de 1355

29 de noviembre de 1378

Segismundo

Luxemburgo

31 de mayo de 1433

9 de diciembre de 1437

 

 

 

 

Federico III

Habsburgo

19 de marzo de 1452

19 de agosto de 1493

Maximiliano I

Habsburgo

4 de febrero de 1508
Emperador electo

12 de enero de 1519

Carlos V

Habsburgo

26 de octubre de 1520
Emperador electo
24 de febrero de 1530
Emperador coronado

28 de febrero de 1558

Fernando I

Habsburgo

24 de marzo de 1558
Emperador electo

25 de julio de 1564

Maximiliano II

Habsburgo

25 de julio de 1564
Emperador electo

12 de octubre de 1576

Rodolfo II

Habsburgo

12 de octubre de 1576
Emperador electo

20 de enero de 1612

Matías

Habsburgo

13 de junio / 24 de junio de 1612
Elección / coronación como Emperador electo

20 de marzo de 1619

Fernando II

Habsburgo

28 de agosto / 9 de septiembre de 1619
Elección / coronación como Emperador electo

15 de febrero de 1637

Fernando III

Habsburgo

15 de febrero de 1637
Emperador electo

2 de abril de 1657

Leopoldo I

Habsburgo

18 de julio / 1 de agosto de 1658
Elección / coronación como Emperador electo

5 de mayo de 1705

José I

Habsburgo

5 de mayo de 1705
Emperador electo

17 de abril de 1711

Carlos VI

Habsburgo

12 de octubre / 22 de diciembre de 1711
Elección / coronación como Emperador electo

20 de octubre de 1740

 

 

 

 

Carlos VII

Wittelsbach

24 de enero / 12 de febrero de 1742
Elección / coronación como Emperador electo

20 de enero de 1745

 

 

 

 

Francisco I

Lorena

13 de septiembre / 4 de octubre de 1745
Elección / coronación como Emperador electo

18 de agosto de 1765

 

 

 

 

José II

Habsburgo-Lorena

18 de agosto de 1765
Emperador electo

20 de febrero de 1790

Leopoldo II

Habsburgo-Lorena

30 de septiembre / 9 de octubre de 1790
Elección / coronación como Emperador electo

1 de marzo de 1792

Francisco II

Habsburgo-Lorena

5 de julio / 14 de julio de 1792
Elección / coronación como Emperador electo

6 de agosto de 1806

Cronología de reyes de Asiria

Cronología de reyes de Asiria

 

Cronología de reyes de Asiria

Esta cronología se basa en los registros del reinado de Asarhaddón de tres eclipses solares, proporcionando fechas bastante exactas desde el 911 hasta el 640 a. C.

Periodo paleoasirio

 Reyes que vivían en tiendas de campaña

  • Tudia (c. 2150 a. C.)
  • Adamu
  • Yangi
  • Kitlamu
  • Kharkharu
  • Mandaru
  • Imsu
  • Kharsu
  • Didanu
  • Khanu
  • Zuabu
  • Nuabu, hijo de Zuabu
  • Abazu, virrey de Manishtusu de Acad, hijo de Nuabu
  • Belu o Tillu, hijo de Abazu
  • Asarah o Azarakh, hijo de Belu
  • Ushpia (c. 2020 a. C.)
  • Apiashal

En este punto, la lista real menciona a una serie de reyes de Assur en orden cronológico inverso (aunque aquí se ordenaron cronológicamente), tendentes a enlazar al padre de Shamshi-Adad I con la vieja dinastía de Assur, para legitimar su ascenso al trono. Nunca reinaron en Assur.

  • Khale
  • Samanu
  • Khayanu
  • Ilu-Mer
  • Yakmesi
  • Yakmeni
  • Yazkur-ilu
  • Ila-Kabkabi
  • Aminum

 Reyes efectivos de Assur

Sulili no puede ser hijo de Aminum, por lo que se le supone hijo de Apiashal.

  • Sulili
  • Kikkia
  • Akiya
  • Zariqum, (c. 2040 a. C.) no figura en la Lista real asiria, pero está atestiguado arqueológicamente como gobernador de Assur.

 Dinastía de Puzur-Ashur

  • Puzur-Ashur I (c. 2003 a. C.-1975 a. C.)
  • Shalim-akhe (hacia 1950 a. C.)
  • Ilushuma (c. 1915 a. C.-1890 a. C.)
  • Erishum I (c. 1890 a. C.-1851 a. C.)
  • Ikunum (hacia 1850 a. C.)
  • Sargón I (hacia 1845 a. C.) (no confundir con Sargón de Akkad)
  • Puzur-Ashur II (hacia 1840 a. C.)
  • Naram-Sin (1830 a. C.-1818 a. C.)
  • Erishum II (1818 a. C.-1813 a. C.)

 Dinastía amorrea o de Shamshiadad I

  • Shamshiadad I (1813-1781 a. C.)
  • Ishme-Dagan I (1780-1741 a. C.)
  • Mut-ashkur (c.1740-1730 a. C.)
  • Rimush (c.1730-1727 a. C.)
  • Asinum (c.1726 a. C.)

Anarquía

  • Puzur-Sin (c. hacia 1740 a. C.)
  • Assur-dugul, usurpador
  • Ashur-apla-idi, usurpador
  • Nasir-Sin, usurpador
  • Sin-namir, usurpador
  • Ipqi-Ishtar, usurpador
  • Adad-salulu, usurpador

 Dinastía de Adasi

  • Adasi (c. 1700 a. C.)[1]
  • Belu-bani (1700-1691 a. C.)
  • Libaia (1690-1674 a. C.)
  • Sharma-Adad I (1673-1662 a. C.)
  • Iptar-Sin (1661-1650 a. C.)
  • Bazaya (1649-1622 a. C.)
  • Lullaia, usurpador (1621-1616 a. C.)
  • Kidin-Ninua (1615-1602 a. C.)
  • Sharma-Adad II (1601 a. C.)
  • Erishum III (1598-1586 a. C.)
  • Shamshi-Adad II (1585-1580 a. C.)
  • Ishme-Dagan II (1580-1564 a. C.)
  • Shamshi-Adad III (1564-1549 a. C.)
  • Ashur-nirari I (1548-1522 a. C.)
  • Puzur-Ashur III (1521-1498 a. C.)
  • Enlil-nasir I (1498-1485 a. C.)
  • Nur-ili (1485-1473 a. C.)
  • Ashur-shaduni (1473 a. C.)
  • Ashur-rabi I (1473 a. C.)
  • Ashur-nadin-ahhe I (hacia 1450 a. C.)
  • Enlil-nasir II (1430-1425 a. C.)
  • Ashur-nirari II (1424-1418 a. C.)
  • Ashur-bel-nisheshu (1417-1409 a. C.)
  • Ashur-rim-nisheshu (1409-1401 a. C.)
  • Ashur-nadin-ahhe II (1401-1391 a. C.)

 Periodo mesoasirio

  • Eriba-Adad I (1391-1366 a. C.)
  • Ashur-uballit I (1365-1330 a. C.)
  • Enlil-nirari (1330-1319 a. C.)
  • Arik-den-ili (1319-1308 a. C.)
  • Adad-nirari I (1307-1275 a. C.)
  • Salmanasar I (1274-1245 a. C.)
  • Tukultininurta I (1244-1208 a. C.)
  • Ashur-nadin-apli (1208-1204 a. C.)
  • Ashur-nirari III (1203-1198 a. C.)
  • Enlil-kudurri-usur (1197-1193 a. C.)
  • Ninurta-apil-Ekur (1192-1180 a. C.)
  • Ashur-dan I (1179-1134 a. C.)
  • Ninurta-Tukulti-Ashur (1133 a. C.)
  • Mutakkil-Nusku (1133 a. C.)
  • Ashur-resh-ishi I (1132-1115 a. C.)
  • Tiglatpileser I (llamado también Teglat-Falasar) (1114-1076 a. C.)
  • Asharid-apal-Ekur (1075-1074 a. C.)
  • Ashur-bel-kala (1074-1056 a. C.)
  • Eriba-Adad II (1056-1054 a. C.)
  • Shamshiadad IV (1054-1050 a. C.)
  • Asurnasirpal I (1050-1032 a. C.)
  • Salmanasar II (1031-1020 a. C.)
  • Ashur-nirari IV (1020-1016 a. C.)
  • Ashur-rabi II (1016-973 a. C.)
  • Ashur-resh-ishi II (973-967 a. C.)
  • Tiglatpileser II, llamado también Teglat-Falasar (967-935 a. C.)
  • Ashur-dan II (934-912 a. C.)

 Periodo neoasirio

  • Adad-nirari II (911-891 a. C.)
  • Tukulti-ninurta II (891-883 a. C.)
  • Asurnasirpal II (883-859 a. C.)
  • Salmanasar III (858-824 a. C.)
  • Shamshi-Adad V (823-811 a. C.)
  • Adadnarari III (810-783 a. C.)
    • Semíramis o Samuramat, regente (810-805 a. C.)
  • Salmanasar IV (783-772 a. C.)
  • Ashur-dan III (772-755 a. C.)
  • Ashur-nirari V (754-745 a. C.)
  • Tiglatpileser III (744-727 a. C.)
  • Salmanasar V (727-722 a. C.)
  • Sargón II (722-705 a. C.)
  • Senaquerib (705-681 a. C.)
  • Asarhaddón (681-669 a. C.)
  • Asurbanipal (669-630 o 627 a. C.)
  • Assur-etil-ilani (627-626 a. C.)
  • Sin-shumu-lisir, usurpador (626 a. C.)
  • Sin-shar-ishkun (626-612 a. C.)

En el 612 a. C., Nínive (la capital asiria), cayó ante los medos y babilonios; un general asirio —apoyado por los egipcios— continuó gobernando unos cuantos años desde Harrán con el nombre de

  • Ashur-uballit II (c.612 – c. 609 a. C.)

Sargón I de Acad

Sargón I de Acad

 

Sargón I de Acad

Mapa de la extensión del Imperio acadio con las conquistas de Sargón y las principales revueltas posteriores. Los 150 años de dominio acadio dejaron un profundo recuerdo en la mentalidad mesopotámica, que, en los siglos posteriores, sería la cuna de grandes imperios sucesivos, cuyos monarcas, Sargón y su nieto, Naram-Sim, se convertirán en los modelos arquetípicos de un Emperador. Sobre el primero se proyectarán las virtudes a seguir, convirtiéndole en mito; sobre el segundo, el antimodelo del Imperio agotado en sofocar rebeliones.

Sargón de Acad, también conocido como Sargón el Grande (en acadio Sharrum-kin, "rey legítimo", "rey verdadero") (c. 2270 a.C. – 2215 a.C., según la cronología corta)[2] [3] fue la primera persona de la historia registrada en crear un verdadero Imperio: el Imperio acadio. Su descendencia gobernó Mesopotamia durante el siguiente siglo y medio. Su Imperio se extendía desde Elam hasta el mar Mediterráneo incluyendo la región de los ríos Tigris y Éufrates, partes de las modernas Irán, Siria y posiblemente partes de la actual Turquía. Su capital fue Acad (conocida también como Agadé).

 Orígenes y ascenso al poder

La leyenda sumeria de Sargón presenta a su padre como La’ibum. Describe cómo Sargón se convirtió en el copero de Urzababa, el rey de Kish en Sumeria. Sargón tuvo un sueño en el que fue favorecido por la diosa Inanna, la cual ahoga a Ur-Zababa en un río de sangre. Sargón se lo cuenta a Urzababa y éste intenta eliminar a Sargón, pero Inanna le previene. Ur-Zababa envía a Sargón al rey Lugalzagesi de Uruk con un mensaje en una tabla de arcilla para que mate a Sargón. Sin embargo, los sobres no se habían inventado todavía (la leyenda parece estar perdida en este punto, supuestamente describe cómo Sargón llega a hacerse rey).

En la batalla de Uruk, aprox. 2271 a.C. venció con cerca de 5.000 hombres a Lugalzagesi, pasando a dominar Mesopotamia. Los sumerios acostumbrados a la lucha cuerpo a cuerpo (con espadas, lanzas y escudos) no podían hacer frente a los poderosos arcos de los semitas, que además estaban mejor entrenados y tenían mejores carros de batalla.[4]

Los acadios impusieron la táctica que se estableció en Medio Oriente por milenios, primero un feroz ataque con arcos y flechas, luego al acercarse usar lanzas y en combate cuerpo a cuerpo recurrir a las espadas. En caso de derrota podían refugiarse en fortalezas y siempre tenían grupos de exploradores para evitar emboscadas. Los carros de combate se usaban para destrozar las fuerzas enemigas, rodearlas y perseguirlas.

De la lista de reyes sumerios: "en Agadé, Sargón, cuyo padre era jardinero, el copero de Urzababa, llegó a ser rey de Agadé, quien construyó Agadé, gobernó durante 56 años". Desconcertantemente, Urzababa y Lugalzagesi están listados como reyes, pero varias generaciones aparte. Sin embargo, se supone que Urzababa tenía que haber vivido en el palacio de Kish mucho después de perder su reino de Sumeria.

Un texto asirio del siglo VII a.C., que se presenta como la autobiografía de Sargón, afirma que el gran rey era el hijo ilegítimo de una sacerdotisa. En el texto Sargón cuenta su nacimiento, y su primera infancia se describe así: "Mi madre fue una gran sacerdotisa, mí padre no lo conocí. Los hermanos de mi padre amaban las colinas. Mi ciudad es Azupiranu, que está situada a orillas del Éufrates. Mí madre me concibió, en secreto, ella me llevaba. Ella me dejó en una cesta de junco, sellada con el betún que mi tapa. Ella me llevó al río que pasó sobre mí. El río me llevaba y me llevó a Akki, el cajón de agua. Akki, el cajón de agua, me tomó como su hijo y se ha criado conmigo. Akki, el cajón de agua, me designó como su jardinero. Aunque yo era un jardinero, Ishtar me concedió su amor, y para cuatro y [...] años he ejercido monarquía [15]. Sargón es el sucesor de Lugalzagesi y fundador de una nueva dinastía. Sus hijos son Rimush, Manishtushu y su hija Enheduanna, la que fue autora de diversos himnos acadios.

Sargón murió alrededor de 2215 a.C. Su Imperio se rebeló de inmediato al enterarse de la muerte del rey. La mayoría de las revueltas fueron reprimidas por su hijo y sucesor Rimush, que reinó durante los siguientes 9 años.

Listado de reyes britanicos

 

Corona británica

La Monarquía británica es una monarquía compartida en cuatro países. Este artículo describe la Monarquía desde la perspectiva del Reino Unido. En los otros reinos de la Mancomunidad Británica de Naciones, su papel constitucional es similar, pero el significado histórico y cultural puede variar. 

La Corona británica es una institución monárquica del tipo constitucional, cuyo titular, el Monarca británico o Soberano, es el jefe de Estado del Reino Unido y de los territorios británicos de ultramar. El monarca británico es también el jefe de Estado de otros quince países, cada uno de los cuales formaron alguna vez parte del Imperio británico —éstos, juntos con el Reino Unido, son conocidos como los Reinos de la Mancomunidad Británica de Naciones. La monarquía británica actual puede remontar su linaje ancestral al período anglosajón y, por último, más atrás a los reyes de los anglos. Durante el siglo IX, Wessex se hizo con otros reinos en Inglaterra, especialmente como resultado de la extinción de líneas rivales en el país durante la primera Era de los vikingos y, por el siglo X, Inglaterra quedó consolidada bajo un solo reino. Las coronas inglesa y escocesa fueron unidas en la persona de un solo monarca hacia 1603, cuando Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra accedió al trono. Los reinos de Escocia e Inglaterra fueron unidos en el Acta de Unión de 1707 para constituir el Gran Bretaña.

Los poderes de la monarquía, conocidos como la prerrogativa real, siguen siendo muy amplios. Muchos de ellos no los ejerce personalmente el monarca, lo hacen ministros que actúan bajo su voluntad. Ejemplo de lo antedicho lo constituye el poder para regular el servicio civil y el poder para expedir pasaportes. Algunos poderes mayores los ejerce nominalmente el propio monarca, actuando bajo consejo el Primer Ministro y el Gabinete del Reino Unido, y conforme a la convención constitucional. Un ejemplo es el poder para disolver al Parlamento. De acuerdo con un informe parlamentario,1 "La Corona no puede crear nuevos poderes prerrogativos".

Se ha establecido desde hace bastante tiempo, en la constitución no codificada del Reino Unido, que el poder político es ejercido en última instancia por el Parlamento, dentro del cual el soberano no es un componente partidario, junto con la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes, así como por el Primer Ministro y el Gabinete. De este modo, como la monarquía británica moderna es constitucional, el papel del soberano en la práctica se encuentra limitado a funciones no partidarias (como la de ser fuente de honor). Este rol ha sido reconocido desde el siglo XIX; Walter Bagehot identificó a la monarquía como la "parte digna" más que como la "parte eficiente" del gobierno en The English Constitution (1867). El poder político es ejercido en la actualidad a través del Parlamento, el Primer Ministro y el Gabinete. El soberano también posee el título de Gobernante Supremo de la religión oficial, la Iglesia de Inglaterra, aunque en la práctica el liderazgo espiritual de la Iglesia corresponde al Arzobispo de Canterbury.

La actual soberana es la reina Isabel II, que ha reinado desde el 6 de febrero de 1952. El heredero presunto es su primogénito, el príncipe Carlos, Príncipe de Gales y Duque de Rothesay. El Príncipe de Gales se encarga de varias funciones ceremoniales públicas, como lo hace el marido de la reina, el príncipe Felipe, Duque de Edimburgo. Hay otros miembros de la Familia Real, además de los ya mencionados, incluyendo los otros hijos, nietos y primos de la reina.

El monarca británico es también el Jefe de la Mancomunidad, y el monarca de otros quince reinos mancomunitarios, cada uno —incluyendo al Reino Unido— son soberanos e independientes de los otros.

 

Lista de reyes británicos

Reyes de Inglaterra Reyes de Escocia
Nombre Periodo
La Casa de Wessex
Alfredo el Grande 871–899
Eduardo el Viejo 899–924
Ethelweard 924
Athelstan 924–939
Edmundo I el Magnífico 939–946
Edred 946–955
Edwy 955–959
Edgar 959–975
San Eduardo el Mártir 975–978
Etelredo II 978–1013
1014–1016
Edmundo II 1016
La dinastía danesa
(Durante los primeros años hubo pretendientes sajones al trono).
Svend 1013–1014
Canuto I el Grande 1016–1035
Haroldo I 1035–1040
Harthacanute (Canuto Hardeknut) 1040–1042
La Casa de Wessex (restauración)
San Eduardo el Confesor 1042–1066
Haroldo II 1066
Edgar Ætheling 1066
La dinastía de Normandía
Guillermo I 1066–1087
Guillermo II "Rufus" 1087–1100
Enrique I 1100–1135
Esteban 1135–1154
Matilde 1141 (Abril - Noviembre)
La dinastía de Plantagenêt
Enrique II "Plantagenêt", conde de Anjou 1154–1189
Ricardo I "Corazón de León" 1189–1199
Nombre Periodo
La dinastía de Alpin
Kenneth I 843–858
Donald I 858–862
Constantino I 862–877
Aedh 877–878
Eochaid 878–889
Giric 878–889
Donald II 889–900
Constantino II 900–943
Malcolm I 943–954
Indulf 954–962
Dubh 962–966
Culen 966–971
Kenneth II 971–995
Constantino III 995–997
Kenneth III 997–1005
Malcolm II 1005–1034
Duncan I 1034–1040
Macbeth 1040–1057
Lulach 1057–1058
La dinastía de Dunkeld
Malcolm III 1058–1093
Donald III 1093–1094
1094–1097
Duncan II 1094
Edgardo 1097–1107
Alejandro I 1107–1124
David I 1124–1153
Malcolm IV 1153–1165
Guillermo I 1165–1214
Reyes de Inglaterra y señores de Irlanda Reyes de Escocia (continuación)
Nombre Periodo
La dinastía de Plantagenêt (continuación)
Juan 1199–1216
Enrique III 1216–1272
Eduardo I "Piernas Largas" 1272–1307
Eduardo II 1307–1327
Eduardo III 1327–1377
Ricardo II 1377–1399
La dinastía de Lancaster
Enrique IV, duque de Lancaster 1399–1413
Enrique V 1413–1422
Enrique VI 1422–1461
La dinastía de York
Eduardo IV, duque de York 1461–1483
Eduardo V 1483
Ricardo III 1483–1485
La dinastía de Tudor
Enrique VII 1485–1509
Nombre Periodo
La dinastía de Dunkeld (continuación)
Alejandro II 1214–1249
Alejandro III 1249–1286
Margarita I 1286–1290
La dinastía de Balliol
Juan Balliol 1292–1296
La dinastía de Bruce
Roberto I 1306–1329
David II 1329–1371
La dinastía de Balliol
Eduardo Balliol y David II lucharon por el trono.
Eduardo Balliol 1332–1338
La dinastía de Estuardo
Roberto II 1371–1390
Roberto III 1390–1406
Jacobo I 1406–1437
Jacobo II 1437–1460
Jacobo III 1460–1488
Jacobo IV 1488–1513
Reyes de Inglaterra e Irlanda Reyes de Escocia (continuación)
Nombre Periodo
La dinastía de Tudor (continuación)
Enrique VIII 1509–1547
Eduardo VI 1547–1553
Jane Grey 1553
María I 1553–1558
María I y Felipe I (II de España) 1554-1558
Isabel I 1558–1603
Nombre Periodo
La dinastía de Estuardo (continuación)
Jacobo V 1513–1542
María I 1542–1567
Jacobo VI de Escocia 1567–1625
Reyes de Escocia, Inglaterra e Irlanda
Nombre Periodo
La dinastía de Estuardo (continuación en el caso de Escocia)
Jacobo I de Inglaterra 1567 (Escocia), 1603 (Inglaterra) –1625
Carlos I 1625–1649
La República de Inglaterra y el Protectorado
La república duró hasta 1653, y fue sucedida por el Protectorado que terminó en 1659 y fue seguido de anarquía hasta la restauración de 1660.
Oliver Cromwell 1653–1658
Richard Cromwell 1658–1659
La dinastía de Estuardo (restauración)
Carlos II "el Alegre Monarca" 1660–1685
Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia 1685–1689
María II de Inglaterra y Guillermo III de Inglaterra (reinado conjunto) 1689–1694
Guillermo III de Inglaterra (solo) 1694–1702
Reyes de Gran Bretaña e Irlanda
Nombre Periodo
La dinastía de Estuardo (continuación)
Ana 1702–1714
Reyes de Gran Bretaña e Irlanda y electores de Hanóver
Nombre Periodo
La dinastía de Hanóver
Jorge I 1714–1727
Jorge II 1727–1760
Reyes del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y del reino de Hanóver
Nombre Periodo
La dinastía de Hanóver (continuación)
Jorge III 1760–1820

(Rey de Hanóver:1814-1820)

Jorge IV 1820–1830
Guillermo IV 1830–1837
Reyes del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y emperadores de la India
Nombre Periodo
La dinastía de Hanóver (continuación)
Victoria 1837–1901
La dinastía de Sajonia-Coburgo-Gotha
Eduardo VII 1901–1910
Reyes del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y emperadores de la India
Nombre Periodo
La dinastía de Windsor
Jorge V 1910–1936
Eduardo VIII 1936
Jorge VI 1936–1952
Reyes del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte
Nombre Periodo
La dinastía de Windsor (continuación)
Isabel II 1952–actualidad

Periodo Dinastico Acadio

Periodo Dinastico Acadio

 

Período Dinástico Arcaico

Se denomina período Dinástico Arcaico a la etapa de la historia de Mesopotamia comprendida entre 2900 a. C. y 2334 a. C.: esto es, en el período sumerio. Está marcada por el desplazamiento de las poblaciones rurales hacia las ciudades; lo cual se traducirá en el florecimiento de nuevas urbes. Existe una escasez de hallazgos escritos de su etapa inicial, por lo que su historia es relativamente desconocida. Sin embargo, los textos reaparecen en los últimos siglos del período, mostrando una generalización de las guerras entre ciudades por disputas territoriales

Predecesor:
Período Yemdet Nasr
Historia de Mesopotamia

Período Dinástico Arcaico
2900 a. C.–2350 a. C.

Sucesor:
Imperio Acadio

Historia

A principios de este periodo se produjeron importantes cambios en el paisaje de a Baja Mesopotamia; los cursos fluviales se concentraron, reduciéndose el número de pequeños ríos y aumentando el caudal de los mayores. Se han observado capas de limo en diferentes excavaciones en los registros correspondientes al 2900 a. C. aproximadamente,3 lo que podría indicar que, o bien se alternaron inundaciones de importancia en diferentes regiones, o bien se produjo un único evento catastrófico que inundó completamente la región, como defienden algunos académicos. Esa última hipótesis explicaría lo recurrente del tema de un mítica gran inundación en la literatura sumeria posterior, como la narrada en el Atrahasis.

La concentración de los caudales fluviales propició el crecimiento de las ciudades situadas a las orillas de los grandes ríos en detrimento de las zonas agrestes. Este movimiento demográfico se vivió especialmente en la Baja Mesopotamia, si bien también tuvo representantes más al norte. La aparición de numerosas ciudades rivales llevó al fin de la hegemonía de Uruk, que había dominado la región durante los siglos anteriores, en lo que de hecho de se denomina el período de Uruk.

No se conoce mucho de la historia durante estos primeros siglos debido a la escasez de registros escritos, si bien, tomando como referencia los textos posteriores, se supone que estuvo marcada por las distintas alianzas y facciones de ciudades posiblemente enfrentadas entre sí. De hecho, es en este período cuando las ciudades se rodean de murallas.

Fragmento de la estela de los buitres que conmemora la victoria del rey Eannatum de Lagash sobre Umma. El fragmento en cuestión representa una falange de soldados de Eannatum atacando la ciudad de Umma.

A finales del período los registros escritos reaparecen y demuestran haber sufrido una gran transformación desde los pertenecientes al período de Uruk. En estos nuevos textos se vislumbra la situación bélica que vivía la región. La más antigua de estas inscripciones (2600 a. C.) se ha hallado en un vaso de alabastro y sólo contiene el nombre de un lugal (rey) de Kish, Mebaragesi. Es el primer documento donde aparece la palabra lugal para referirse a un gobernante. Otras inscripciones mencionan a Uhub, considerado hijo de Mebaragesi y el Agga de la lista Real Sumeria y a los reyes de Ur Meskalamdug y Mesanepada.5

En Shuruppak se han encontrado unas tablillas que hablan de forma poco clara sobre la llegada de un contingente, posiblemente militar y aliado, para una tarea que no se especifica pero que bien podría tratarse de la defensa de la ciudad ante un previsible ataque. De hecho, tiempo después la ciudad fue incendiada; si bien ningún otro documento atestigua que Sharrupak se viese envuelta en conflicto alguno.1

Sin embargo, es en el último siglo del período cuando las inscripciones se convierten en verdaderos textos conmemorativos que narran con detalle las victorias y logros de sus protagonistas. Uno de los más importantes de los que se tienen es la llamada estela de los buitres, en la cual se narra una disputa entre las ciudades de Lagash y Umma. El conflicto habría sido tratado inicialmente de forma diplomática, con el arbitraje del rey de Kish Mesilim. Al parecer esto no fue suficiente y unas generaciones después Akurgal, nuevo rey de Lagash, reanudó la guerra contra Umma. La guerra duró hasta el reinado de su hijo, Eannatum (hacia el 2500 a. C.) quien no sólo logró la victoria sobre Umma, si no que se impuso en toda la región de Sumeria, venciendo también a Mari en Asiria y al reino de Elam (actual Irán). Tras esto Lagash mantuvo la hegemonía hasta el reinado del sobrino de Eannatum, Entemena quien tuvo que enfrentarse de nuevo contra Umma. Pese a que Lagash resultó victoriosa de nuevo, perdió la posición hegemónica sobre al resto de región.4

Hacia el siglo XXIV a. C. llegó al trono de Umma un nuevo rey, Lugalzagesi, quien comenzó la conquista de las ciudades vecinas enfrentandose a Urukagina de Lagash. Urukagina se había hecho famoso por sus reformas, que habían disminuido los privilegios de la monarquía y el clero y rebajado los impuestos al pueblo. Lugalzagesi venció a Urukagina y, tras conquistar también Ur, Uruk, y Kish, se impuso en toda Sumeria. Finalmente mandó una expedición hacia el Mediterráneo siguiendo el cauce del Éufrates río arriba. No llegó a completar su imperio debido a la repentina aparición de un nuevo conquistador: Sargón de Acad.4

  Gobierno

En el Dinástico Arcaico se observa una evolución en las formas de gobierno urbanas. En el período de Uruk el máximo responsable de la administración era denominado ensi o en y no parece que tuviese excesivos privilegios, tratándose tal vez de un puesto simplemente administrativo. En este mismo período el término lugal hacía referencia a un supervisor, un puesto subordinado al ensi. A principios del Dinástico Arcaico es posible que el cargo de ensi pasase a tener principalmente atribuciones religiosas, ganando importancia el cargo de lugal. Esta transferencia de poder se acentuó según avanzaba el período. Parece además que las atribuciones del ensi tenían un carácter más urbano y social, mientras que el lugal se encargaría de la administración del territorio agrícola de la periferia, controlando así el ejército. Al no necesitar la aprobación del templo para su otorgación, es probable que el título de lugal adquiriese carácter hereditario.5

 Escritura

A principios del Dinástico Arcaico existe una laguna en los textos escritos conservados, volviendo a aparecer estos en la segunda mitad del período. La comparación entre los textos previos y los posteriores muestra una importante evolución en el sistema de escritura: mientras que en período Uruk la escritura era pictográfica —dibujos cuyo significado es la figura que representan—, a mediados del Dinástico Arcaico los textos podían leerse, esto es, que los caracteres que antes representaban objetos ahora representaban sonidos. Es a partir de estos textos cuando podemos conocer la lengua que se hablaba entonces, el sumerio. El momento en que la escritura dio este salto se ha situado a principios del III milenio a. C., en el período Yemdet Nasr; donde se ha hallado un texto en sumerio que utiliza el signo de la flecha para representar el sonido ti.6 Por tanto, puede atribuirse a los sumerios la invención del primer sistema fonético de escritura.

Las causas de el cambio no están claras. Se sabe que en el período Uruk el intercambio y la relación entre los distintos pueblos fue mucho mayor que los posteriores. Así en ese período el sistema de escritura tenía que ser legible por personas de distintas lenguas, función que una escritura pictográfica conseguía mejor. Al reducirse el ámbito de acción de las ciudades, la escritura pudo centrarse en un solo idioma, pudiéndose así hacer el traslado a un sistema fonológico.

La transición se produjo mediante la sustitución del significado de los caracteres. Por ejemplo, en el período de Uruk dos líneas onduladas representaban el concepto "agua" y se leían "a". En el nuevo sistema, este mismo símbolo representaba directamente el sonido a. En algún momento del Dinástico Arcaico la forma de lectura de las tablillas cambió y los signos pasaron a dibujarse girados 90°.1