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HISTORIA

Civilización micénica

Civilización micénica

La civilización micénica es una civilización prehelénica del Heládico reciente (final de la Edad del Bronce). Obtiene su nombre de la villa de Micenas, situada en el Peloponeso.
Máscara micénica realizada en una lámina dorada, llamada «máscara de Agamenón», Museo nacional de arqueología de Atenas.

 Historia del descubrimiento

Tablilla inscrita en lineal B, siglo XIII a. C. Museo nacional de arqueología de Atenas.

Esta civilización fue descubierta a finales del siglo XIX por Heinrich Schliemann quien hizo excavaciones en Micenas (1874) y Tirinto (1886). Schliemann cree haber encontrado el mundo descrito por las epopeyas de Homero, la Ilíada y la Odisea. En una tumba micénica descubre una máscara que denomina «máscara de Agamenón». Igualmente se bautiza como «palacio de Néstor» un palacio excavado en Pilos. Habrá que esperar a los estudios de Arthur Evans, de comienzos del siglo XX, para que el mundo micénico adquiera una autonomía propia con respecto a la civilización minoica, que la precede cronológicamente.

En las excavaciones de Cnosos (Creta), Evans descubre miles de tablillas de arcilla, cocidas accidentalmente durante el incendio del palacio, hacia el 1450 a. C. Bautiza esta escritura como «lineal B», puesto que lo estima más avanzado que el lineal A. En 1952, el desciframiento del lineal B –identificado como un tipo de griego antiguo– por Michael Ventris y John Chadwick traslada la civilización micénica de la protohistoria a la historia, y la inserta en su posición correcta dentro de la Edad del bronce del mundo egeo.

Sin embargo, las tablillas de lineal B siguen siendo una fuente de información muy escasa. Añadiendo las inscripciones sobre jarrones, no representan más que unos 5.000 textos, mientras que se calcula que hay varias centenas de millares de tablillas sumerias y acadias. Además, los textos son cortos y de carácter administrativo: se trata de inventarios y otros documentos contables que no estaban destinados al archivo. Sin embargo, tienen la ventaja de mostrar una visión objetiva de su mundo, sin la marca de la propaganda real.

Cronología

Ruinas de Micenas.

La cronología de la civilización micénica ha sido establecida por el arqueólogo sueco Arne Furumark en función de la tipología de los objetos descubiertos y de los niveles estratigráficos de los yacimientos excavados.[1] A pesar de que esta clasificación ha sido criticada, sigue siendo utilizada. Se emplea para estos periodos el término de Heládico Reciente (HR).

  • 1550–1500: Heládico Reciente I (círculos de tumbas de fosa A y B de Micenas);
  • 1500–1450: Heládico Reciente II A;
  • 1450–1425: Heládico Reciente II B (llegada de los micénicos a Cnosos);
  • 1425–1380: Heládico Reciente III A1 (destrucción de Cnosos, comienzo de los palacios micénicos continentales);
  • 1380–1300: Heládico Reciente III A2 (apogeo de la construcción de palacios micénicos);
  • 1300–1250: Heládico Reciente III B1;
  • 1250–1200: Heládico Reciente III B2 (destrucción de los palacios micénicos continentales a finales del periodo);
  • 1200–1125: Heládico Reciente III C1;
  • 1125–1100: Heládico Reciente III C2.

El HR I corresponde a la transición entre el Heládico Medio y el Heládico Reciente. Las características culturales de la civilización micénica se constituyen en este periodo.

El HR II ve un fuerte incremento del número de yacimientos arqueológicos. Hacia finales de este periodo los palacios minoicos de Cnosos, Festos, Malia y Zakros son destruidos. Solamente el yacimiento de Cnosos es reconstruido, para mostrar una tipología micénica. Se ha supuesto que habría sido ocupado por los micénicos, que habían invadido Creta y tomado el poder. Los archivos en lineal B de Pilos datan de hacia el HR II B.

Durante el HR III la civilización micénica prosigue su expansión. Además de Creta, otras islas del mar Egeo (como las Cícladas y Rodas) y lugares de Asia Menor muestran yacimientos micénicos. Objetos micénicos se encuentran en todas las costas mediterráneas e incluso en Europa central y las Islas Británicas. Colonias micénicas han sido encontradas en Chipre y el Levante.

En la misma Grecia, los palacios fortaleza, los tholoi, se vuelven más monumentales. Durante el HR III B1, los tesoros encontrados en Micenas y Orcómeno muestran la considerable riqueza monumental que los reyes micénicos han acumulado. Este periodo constituye el apogeo de la civilización micénica. Los archivos de Cnosos datan sin duda del HR III b (hacia el 1250 a. C.).

Grecia y el Egeo hasta el final de la civilización micénica
 TroyaCícladasCretaContinente griego
Bronce
antiguo
Troya I
2920-2450 a. C.

Troya II
2600-2350 a. C.

Troya III
2350-2200 a. C.

Grotta-Pilos
3200-2700 a. C.

Karos-Siros
2700-2200 a. C.

Filacopí I
2200-2000 a. C.

Minoico antiguo (Prepalacial)
2500-1850 a. C.
Heládico antiguo
2700-1850 a. C.
Bronce
medio
Troya IV
2200-1900 a. C.

Troya V
1900-1700 a. C.

Troya VI
1700-1300 a. C.

Filacopí II
2000-1800 a. C.

Minoico medio I-IIIA (Protopalacial)
1850-1550 a. C.

Heládico Medio
1850-1580 a. C.
Bronce
tardío
Troya VII-A
1300-1200 a. C.

Troya VII-B-1
1200-1100 a. C.

 Minoico Medio IIIB-Minoico tardío II (Neopalacial)
1550-1400 a. C.

Minoico tardío III
1400-1100 a. C.

Micénico I
1580-1500 a. C.

Micénico II
1500-1425 a. C.

Micénico III
1425-1100 a. C.

Origen de los micénicos

Fresco del siglo XIII a. C. en Micenas, participante en una procesión religiosa, Museo nacional de arqueología de Atenas.

Tras la traducción de las tablillas en lineal B, se ha descubierto que aquellos que se llaman impropiamente «micénicos» son en realidad griegos. Ninguna fuente escrita que provenga de un yacimiento micénico indica cómo se llamaba este pueblo a sí mismo (su autoetnónimo). Según una lectura de la Ilíada, donde se llama aqueos a los griegos, y teniendo en cuenta la mención de los ahhiyawa en fuentes hititas del Bronce reciente, se ha pensado en dar a los micénicos el nombre de aqueos. Sin embargo, el segundo argumento está lejos de ser aceptado por todos, y para el primero, el término de aqueos puede tener varias lecturas en los textos de Homero.

El análisis lingüístico de los textos en lineal B relaciona la lengua micénica con los dialectos griegos de épocas posteriores, pero más al jonio, ático o eólico que a los dialectos aqueos de la época clásica. Los primeros derivarían por lo tanto del micénico, mientras que los segundos estarían emparentados, pero pertenecerían ya a un grupo distinto del de los micénicos del Bronce reciente.

La cuestión lingüística, basándose en la comparación con lenguas de periodos posteriores, no constituye una prueba suficiente para identificar claramente a los micénicos. Además, nada prueba que estos hayan formado una única comunidad étnica o lingüística y es más probable ver en ellos un conjunto de pueblos, ancestros de los aqueos, jonios, etc. de las épocas posteriores, más que un sólo pueblo.

Organización política

El mundo micénico

Situación de los principales yacimientos micénicos en Grecia.

En ausencia de fuentes directas, la organización política general del mundo micénico no puede ser conocida con seguridad. Según Homero, Grecia estaba dividida en diversos estados. Los citados en la Ilíada son: Micenas, Pilos, Orcómeno, que son conocidos por la arqueología, pero quizás también Esparta o Ítaca. Pero la arqueología no puede confirmar estos últimos. Tan solo los estados de Pilos y Cnosos están claramente atestiguados por los textos en lineal B. Dicho esto, es imposible conocer cual era el centro político dominante de la Argólida (si es que hubo uno): Micenas, Tirinto o Argos, o quizás incluso Atenas, Gla o Yolco.

La mención de un «rey de los ahhiyawa» en las fuentes hititas ha sido comparada con el «rey de los aqueos», que sería el rey de Micenas, Agamenón, en la Ilíada. Pero nada prueba que los ahhiyawa sean los aqueos (aunque sea la solución más lógica) y la localización de su reino continúa discutida: Asia Menor, Rodas, Grecia continental... Si ciertos investigadores quieren convertir la Grecia micénica en una confederación de estados dominados por un rey, primus inter pares, que podría ser el rey de Micenas, hasta el momento no hay nada que pueda confirmarlo.

Los estados de Pilos y Cnosos

A una escala más reducida, existe información a través de las fuentes en lineal B sobre la organización interna de los reinos mejor conocidos: Pilos y Cnosos. Pero tampoco ahí existen muchas certezas.

La forma del estado parece ser un reino, dirigido por un rey, el wa-na-ka (ϝάναξ / wánax), cuyo papel es sin duda militar, jurídico y religioso. Es identificable con el ἄναξ / anax homérico («señor divino, soberano, señor de la casa»). La palabra aparece nueve veces en los textos de ofrendas, lo que sugiere que los soberanos de Pilos y Cnosos eran objeto de culto. Sin embargo, como en Homero, el término también puede designar a un dios.

El wa-na-ka está secundado por el ra-wa-ke-ta (lawagetas), sin duda el jefe del ejército. Ambos poseen un dominio territorial propio, el te-me-no (τέμενος / témenos). Otros dignatarios son los te-re-ta (telestai), que aparecen en los textos como propietarios terratenientes. Quizás tengan una función religiosa. Los e-qe-ta (equetai), literalmente los «seguidores», tenían esclavos a su servicio y pertenecían a un entorno social alto pero se desconoce las funciones que desempeñaban con exactitud.

Además de los miembros de la corte, otros dignatarios están a cargo de la administración local del territorio. El reino de Pilos está dividido en dos grandes provincias, la de-we-ra ka-ra-i-ja, la provincia próxima, alrededor de Pilos, y la pe-ra-ko-ra-i-ja, la provincia lejana, alrededor de la villa de Re-u-ko-to-ro. El reino se subdivide además en dieciséis distritos, que a su vez están formados por una serie de pueblos o municipios. Para dirigir los distritos, el rey nombra a un ko-re-te (koreter, «gobernador») y un pro-ko-re-te (prokoreter, «subgobernador»). Un da-mo-ko-ro (damokoros, «aquel que se ocupa del damos »), se ocupa de los pueblos o municipios, los da-mo (literalmente «pueblos», comparar con δῆμος / dễmos), y un pa-si-re-u (palabra directamente predecesora de βασιλεύς / basileús) ejerce igualmente un cargo a nivel local, mal conocido — parece dirigir un Consejo de Ancianos, el ke-ro-si-ja (γερουσία / gerousía).

Resulta interesante observar que entre los griegos clásicos, el basileus será el rey, el monarca, como si entre la desintegración de la sociedad micénica y la época clásica hubiese sobrevivido como autoridad más alta, de facto, y al cabo de algunas generaciones de jure, el funcionario municipal.

Sociedad

La sociedad micénica parece estar dividida en dos grupos de hombres libres: el entorno del rey, que se ocupa de la administración del palacio y el pueblo, el da-mo (demos), que vive a nivel local. Como se ha visto anteriormente, este último está gobernado por agentes reales; debe cumplir con trabajos comunales y pagar impuestos al palacio.

En cuanto a aquellos que evolucionan en el palacio, nos encontramos con altos funcionarios acomodados, aquellos que probablemente habitan en las grandes casas que se encuentran en las proximidades de los palacios micénicos, pero también con otras personas ligadas por su trabajo al palacio, aunque no necesariamente más adinerados que los miembros del da-mo: artesanos, agricultores, quizás mercaderes.

En lo más bajo de la escala social se encuentran los esclavos, do-e-ro (masculino) y do-e-ra (femenino) (compárese con el griego δούλος / doúlos). Solo existen testimonios sobre aquellos que trabajaban para el palacio.

Economía

La organización económica de los reinos micénicos conocida por los textos: un grupo trabaja en la órbita del palacio, mientras que un segundo grupo parece que trabaja por su propia cuenta. Esto se refleja en la organización social vista más arriba. Pero nada impide que las personas que trabajan para el palacio no puedan tener paralelamente sus propios asuntos personales.

La economía está controlada por los escribas que anotan las entradas y salidas de productos, reparten los trabajos y se encargan de la distribución de las raciones. El du-ma-te parece ser un tipo de intendente que supervisa un dominio de la economía.

Agricultura

Predominio comunal, cultivado por aquellos a los que los textos llaman ka-ma-na-e-we, sin duda el da-mo. Las tierras del palacio son atestiguadas por los textos. Una parte componía el te-me-no del wa-ka-na y del ra-wa-ge-ta, como se ha visto más arriba. La otra se entrega para su explotación (o-na-te-re) a los miembros de la administración del palacio. Estos pueden explotarla con esclavos o por hombres libres, en régimen de arrendamiento.

La producción agrícola de estos reinos sigue la tradicional «tríada mediterránea»: cereales, olivos y viña. Los cereales cultivados son el trigo y la cebada. También hay plantaciones de olivos para la producción de aceite de oliva, que no se emplea necesariamente en la alimentación, sino para los cuidados corporales y los perfumes. Con la vid se realizan diversos vinos. Además se cultiva el lino para la vestimenta, el sésamo para el aceite y árboles como la higuera.

La ganadería está dominada por los ovinos y los caprinos. Las vacas y los cerdos son más raros. Los caballos se dedican fundamentalmente a tirar de los carros de guerra.

Industria

Tablilla micénica que trata de un pedido de lana, Museo nacional de arqueología de Atenas.

La organización del trabajo artesanal es conocida sobre todo en relación a los palacios. Los archivos de Pilos muestran un trabajo especializado: cada obrero pertenece a una categoría precisa y dispone de un lugar específico en las etapas de producción, especialmente en la textil.

La industria textil es uno de los principales sectores de la economía micénica. Las tablillas de Cnosos permiten seguir toda la cadena de producción, desde los rebaños de ovejas al almacenaje de los productos finalizados en los almacenes del palacio, pasando por el teñido, el reparto de la lana por los diferentes talleres y las condiciones de trabajo en dichos talleres. El palacio de Pilos cuenta así con unos 550 obreros textiles. En Cnosos llegaban a los 900. Se ha podido identificar quince especialidades textiles. Además de la lana, el lino es la fibra más usada.

La industria metalúrgica está bien atestiguada en Pilos, donde se empleaba a 400 obreros en estos menesteres. Se sabe por las fuentes escritas, que se les distribuía el metal para que realizaran sus trabajos: como media 3,5 kg de bronce por forjador. Sin embargo, no se sabe cuál era la remuneración: está misteriosamente ausente de las listas de distribución de raciones. En Cnosos algunas tablillas atestiguan la fabricación de espadas, pero sin evocar una auténtica industria.

La industria de la perfumería también está atestiguada. Las tablillas describen la fabricación de aceites perfumados: con olor a rosa, a salvia, etc. También se sabe por la arqueología que los talleres dependientes del palacio comprendían otro tipo de artesanos: orfebres, trabajadores del marfil, talladores, alfareros. También se hacía aceite de oliva. Algunos de estos productos se dedicaban a la exportación.

Comercio

El comercio está curiosamente ausente de las fuentes escritas. Así, una vez que el aceite perfumado de Pilos se almacena en pequeñas jarras, se ignora qué ocurre con él. Grandes ánforas con señales de haber contenido el aceite han sido encontradas en Tebas, en Beocia. Tienen inscripciones en lineal B indicando como origen la Creta occidental. Sin embargo, las tablillas cretenses no revelan ni una palabra sobre la exportación de aceite.

Se dispone de poca información sobre el circuito de distribución de los textiles. Se sabe que los minoicos exportaban telas finas al Antiguo Egipto; sin duda los micénicos hicieron lo mismo. Probablemente retomaron por su cuenta los conocimientos minoicos en materia de navegación, como lo demuestra el hecho de que su comercio marítimo comienza su desarrollo tras la caída de la civilización minoica. A pesar de esta falta de fuentes, es probable que ciertos productos, sobre todo los tejidos, el aceite y la metalurgia, estuvieran destinados a ser vendidos en el exterior del reino, porque su producción es demasiado importante para estar destinada sólo al consumo interno.

El seguimiento de los productos micénicos de exportación se puede hacer sin embargo a través de la arqueología. Numerosas ánforas han sido encontradas en el mar Egeo, Anatolia, Levante, Egipto, pero también el oeste de Sicilia, o incluso en Europa Central y Gran Bretaña.

De forma general, la circulación de bienes micénicos se puede trazar gracias a los «nódulos», ancestros de las etiquetas modernas. Se trata de pequeñas bolas de arcilla, hechas entre los dedos alrededor de una correa (probablemente de cuero) que sirve para atar el nódulo al objeto. A veces se añaden otras informaciones, como la calidad, el origen, el destino, etc. 55 nódulos, que han sido encontrados en Tebas en 1982, llevan ideogramas que representan un buey. Gracias a ellos se ha podido reconstruir el itinerario de los bovinos:[2] venidos de toda Beocia y Eubea, son llevados a Tebas para ser sacrificados. Los nódulos servían para probar que no se trataba de animales robados y para demostrar su origen. Una vez que los animales llegan a su destino los nódulos son comprobados y recogidos para realizar una tablilla contable. Los nódulos son usados para todo tipo de objetos y explican la rigurosidad de la contabilidad micénica: el escriba no tiene que contar él mismo los objetos, se basa en los nódulos para realizar sus tablillas.

Religión

«Dama de Micenas», fresco del siglo XIII a. C. de Micenas representando una diosa, Museo nacional de arqueología de Atenas

El hecho religioso es bastante difícil de identificar en la civilización micénica, en particular cuando se trata de yacimientos arqueológicos, donde resulta complicado identificar con seguridad un lugar de culto. En cuanto a los textos, sólo las listas de ofrendas dan los nombres de los dioses, pero no nos enseñan nada sobre las prácticas religiosas.

El panteón micénico ya muestra numerosas divinidades que se encuentran más tarde en la Grecia clásica. Poseidón parece ocupar un lugar privilegiado, sobre todo en los textos de Cnosos. En esta época se trata probablemente de una divinidad ctónica, asociada a los terremotos. También se encuentran una serie de «Damas» o «Madonas» (Potnia), asociadas a los lugares de culto, como una «Dama del Laberinto» en Creta —que recuerda el mito del laberinto minoico, al igual que la presencia de un dios llamado Dédalo. También se encuentra una «Diosa Madre» llamada Diwia. Otras divinidades identificadas que se encuentran durante épocas posteriores son la pareja Zeus-Hera, Ares, Hermes, Atenea, Artemisa, Dioniso, Erinia, etc. Es de notar la ausencia de Apolo, Afrodita, Deméter (divinidades de origen oriental) y de Hefesto.

Ningún gran templo de época micénica ha podido ser identificado. Algunos edificios encontrados en las ciudadelas y que constan de una habitación central de forma oblonga rodeada de pequeñas habitaciones podrían haber servido de lugar de culto.

Se puede además suponer que existió un culto doméstico. Algunos santuarios han podido ser recuperados, como el de Filakopi, donde se ha encontrado una importante cantidad de estatuas que sin duda formaban parte de ofrendas, y se cree que lugares como Delfos, Dodona, Delos o Eleusis eran ya santuarios importantes. Pero esto resulta difícil de probar de forma evidente.

Arquitectura

Las fortalezas

Puerta de los Leones en Micenas.

Las principales villas micénicas están todas fortificadas. Pueden estar situadas sobre una acrópolis, como Atenas o Tirinto, adosadas a una gran colina como Micenas o frente al mar, como Gla o Pilos. Además de las ciudadelas, se han encontrado también fortalezas aisladas que servían sin duda para el control militar del territorio.

Las murallas micénicas son a menudo de tipo «ciclópeo»: están construidas de grandes bloques que pueden llegar a tener hasta ocho metros de espesor, apilados unos sobre otros sin argamasa para unirlas, o bien, cuando no se dispone de grandes bloques, de grandes piedras encastradas unas en otras. Diferentes tipos de entradas y salidas fueron empleadas: puerta monumental, rampa de acceso, puertas secretas o galerías abovedadas para salir en caso de asedio.

El temor a un ataque hace que el lugar elegido posea también una cisterna o un pozo.

Hábitat

Los yacimientos micénicos muestran diferentes tipos de residencias. Las más pequeñas son de forma cuadrangular y miden entre 5 y 20 metros de lado. En ellas residen las capas más bajas de la población. Pueden estar compuestas por una o más salas. Este último caso es más extendido en épocas más recientes.

Más elaboradas son las residencias más grandes, que miden entre 20 y 35 metros de lado aproximadamente y están constituidas por varias salas e incluso de patio central. Están organizadas según un modelo próximo al del palacio. Sin embargo, no es seguro que se trate de residencias de aristócratas micénicos, puesto que existe otra hipótesis que quiere ver en estos edificios dependencias auxiliares del palacio, a menudo situado en su proximidad.

Los palacios micénicos

Plano del palacio de Tirinto.

Los palacios micénicos tienen sus más bellos ejemplos en los excavados en Micenas, Tirinto y Pilos. Son los centros de la administración de los estados micénicos, como lo han demostrado los archivos encontrados. Desde el punto de vista arquitectónico, son los herederos de los palacios minoicos, pero también de otras grandes residencias de la Grecia continental del período Heládico medio.

Están organizados alrededor de un conjunto de patios a las que se abren diversas salas de diferentes dimensiones, entre las que se encuentran almacenes y talleres, además de zonas de residencia y representación. El corazón del palacio es el megaron, la sala del trono, organizada alrededor de un hogar circular rodeado de cuatro columnas, El trono se encontraba generalmente sobre el lado izquierdo según se entra en la sala. Parece que los edificios sólo tenían una planta.

En los palacios micénicos también se ha excavado un importante mobiliario, además de frescos.

Arte y artesanía

Cerámica

Jarrón micénico exportado a Ugarit, siglos XIV al XIII a. C., Museo del Louvre

La arqueología ha encontrado gran cantidad de cerámica de época micénica, de estilos muy diversos: jarras, cántaros, cráteras, jarrones llamados de «copa de cava» por su forma, etc. La talla de las jarras es muy variable. Los modelos son muy homogéneos en todo el espacio micénico durante el HR III B, donde la producción aumenta considerablemente en cantidad, sobre todo en la Argólida, de donde provienen gran cantidad de jarras exportadas fuera de Grecia. La producción destinada a la exportación era en general más lujosa y disponía de decoración pintada muy trabajada, utilizando motivos mitológicos, guerreros o animales.

Otro tipo de vajilla, de metal (principalmente de bronce) se ha encontrado en cantidades importantes en los yacimientos micénicos. Las formas en este caso son más bien los trípodes, barreños o lámparas.

Se han encontrado algunos ejemplos de jarras de loza o de marfil.

Escultura

Cabeza de mujer, uno de los raros ejemplos de plástica monumental micénica, Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

El periodo micénico no produjo estatuas de gran tamaño. La mayor parte de la escultura del periodo consiste en estatuillas finas de tierra cocida, encontradas sobre todo en el yacimiento de Filacopi, pero también en Micenas, Tirinto o Asine. La mayoría de las estatuillas representa figuras antropomórficas (aunque también las hay zoomorfas), masculinas o femeninas. Las figuras están en diferentes posturas: brazos extendidos, elevados hacia el cielo; brazos plegados sobre las caderas; sentados. Están pintadas, monocromas o polícromas. Su sentido no está claro, pero parece probable que se trate de objetos votivos, encontrados en contextos que parecen ser de lugares de culto.

La figura más representativa es la llamada Triada Divina, que representa a dos diosas y a un niño, quizás precedentes de Deméter, Perséfone y Triptólemo, divinidades vinculadas a la fertilidad de los campos. También destaca una imagen de la diosa madre con su hijo en el regazo.

También son corrientes los ídolos en psi, en fi o en tau, así llamados por su semejanza a éstas letras del alfabeto griego. Se encuentra principalmente en tumbas y en santuarios.

Pintura

Fresco de Micenas representando un escudo, símbolo de la diosa de la guerra, Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

La pintura micénica está muy influenciada por la minoica. Se han encontrado algunos frescos murales en los palacios micénicos. Los temas representados son varios: caza (incluyendo tauromaquias), combates, procesiones, relatos mitológicos. Otros frescos están formados por motivos geométricos. Una parte de la cerámica estaba pintada con temas idénticos (véase más arriba).

Armas

Elementos militares han sido encontrados entre los tesoros del periodo micénico. El hallazgo más impresionante es el de la armadura de Dendra, el equipamiento completo de un guerrero. La coraza que lleva está compuesta de placas de bronce cosidas sobre un vestido de cuero. El peso de la armadura debía impedir la movilidad del guerrero, por lo que se creía que se trataba de un combatiente sobre carro. Sin embargo diferentes experimentos han demostrado que también se podía usar de pie.

El armamento defensivo encontrado en los yacimientos micénicos está formado por algunos cascos, a destacar un modelo en forma de cabeza de jabalí, que está ausente de los últimos niveles del Heládico reciente. Se empleaban dos tipos de escudos: un modelo en forma de 8 (Los escudos en ocho) (llamado de «perfil pinzado», véase imagen a la derecha) y otro modelo rectangular, redondeado arriba. Estaban realizados en cuero.

Las armas ofensivas son sobre todo en bronce. Se han encontrado lanzas y jabalinas, además de un conjunto de espadas de diferentes tallas, hechas para golpear con el filo como de estoque. El resto del armamento encontrado para este periodo se compone de puñales y flechas, demostrando la existencia de arqueros.

Prácticas funerarias

Entrada a la «tumba de Agamenón» en Micenas.

La forma de enterramiento más corriente durante el Heládico reciente es la inhumación. Se entierra bajo el suelo mismo de las viviendas o en el exterior de las zonas residenciales, en cementerios, a veces en túmulos (θόλος / thólos). Esta forma se remonta a los más antiguos periodos de poblamiento indoeuropeo de Grecia y sus raíces hay que buscarlas en las culturas balcánicas del III milenio adC e incluso en la cultura de los kurganes. Las tumbas individuales son en forma de cista, con un paramento de piedras. En el HR I aparece mobiliario funerario, que estaba ausente en los periodos anteriores. A principios del Heládico reciente también se nota la presencia de tumbas comunes, de forma rectangular. Resulta difícil establecer si las diferentes formas de inhumación se traducen en una jerarquización social, como se ha creído en ocasiones, convirtiendo los thóloi en las tumbas de las elites dirigentes, las individuales en las tumbas de las clases pudientes y las tumbas comunes en las del pueblo.

La cremación aumenta en número a lo largo de la época, hasta convertirse en muy importante hacia el HR III C. Quizás sea la prueba de la llegada de un pueblo nuevo a Grecia.

Las tumbas más impresionantes de la época micénica son las tumbas reales monumentales de Micenas, sin duda dedicadas a la familia real de la ciudad. La más célebre es la «tumba de Agamenón» (el «Tesoro de Atreo») en Micenas, que tiene forma de thólos. Cerca se encuentran otras tumbas (llamadas del «círculo A»), las llamadas «de Clitemnestra» y «de Egisto». Todas han dado impresionantes tesoros, exhumados por Schliemann durante sus excavaciones de Micenas.

Decadencia y final

El final de los palacios

Las excavaciones realizadas en Micenas permiten dividir el HR III B en dos fases. Esta distinción está basada en la destrucción, al final del HR III B1, de un barrio de la ciudad: un violento incendio destruyó de una vez los edificios conocidos bajo el nombre de casa del Mercader de aceite, casa de los Escudos, casa de las Esfinges y casa Oeste. La destrucción del gran edificio de Ziguries parece haber ocurrido en el mismo momento. Los asentamientos o los sectores afectados no volverían a reconstruirse.

En todo caso se observa en el HR III B2 un refuerzo general de las obras de defensa: el noreste de la ciudadela de Micenas se refuerza para proteger el acceso a la cisterna subterránea. Se reconstruye la ciudadela baja de Tirinto y se la dota de cisternas para recoger agua bajo el nuevo muro. La acrópolis de Atenas se amuralla por primera vez e igualmente se conecta a una fuente subterránea. La destrucción de Gla, que ocurre poco después y la construcción de un supuesto baluarte cortando el istmo de Corinto, así como las modificaciones efectuadas en el complejo palacial de Pilos podrían ser interpretadas como otros signos de la creciente inseguridad que reinaría en las diferentes zonas de la Grecia micénica.

Sin embargo no se limitan a reforzar las murallas de las ciudadelas ni a construir en el interior de estos conjuntos a menudo estrechamente ligados con los palacios: Además, asentamientos sin fortificar como Korakú, Muriatada, Nicoria, Orcómeno y Pilos parecen conocer durante la segunda mitad del siglo XIII a. C. una notable prosperidad.

Hacia finales del HR III B2, casi todos los grandes centros del continente son total o parcialmente destruidos. Estas nuevas destrucciones,a menudo acompañadas de incendios, parecen haberse concentrado en los asentamientos palaciales o de importancia comparable. Irán seguidas o acompañadas de numerosos abandonos. La fecha de destrucción de Pilos permanece dudosa: algunos creen que es anterior a la de los centros de la Argólida, pero otros observan que determinados vasos descubiertos en el último nivel son atribuibles al principio del HR III C.

La Grecia del HR III C.

Este período quedaría limitado más o menos entre el último cuarto del siglo XIII a. C. o primero del XII a. C. y la aparición de las primeras cerámicas de estilo protogeométrico en Ática, a mediados del XI a. C.

Después de las destrucciones de finales del siglo XIII, se observa una disminución muy sensible del número de asentamientos ocupados. Este abandono afecta en ciertas regiones, como el suroeste del Peloponeso o Beocia, a cerca del 90 % de los asentamientos. En Argólida, en Laconia, en Fócida y en Lócrida el fenómeno afecta a un 70 %, mientras que en Ática los centros ocupados en HR III C mantienen un 50 % de los asentamientos del HR III B.

El despoblamiento de ciertas regiones, que se podría deducir de estas observaciones, parece dudoso, puesto que estas mismas cifras pueden corresponder igualmente a una concentración de población sobre asentamientos más seguros. Hasta entonces algunos lugares solamente habían conocido una ocupación esporádica: Lefkandi, en Eubea, Perati, en Ática y, en menor medida, Asini en Argólida. Otros conservan una posición preeminente, como Tirinto y Micenas, cuyas fortificaciones, una vez reparadas y reforzadas, guardan siempre numerosas construcciones.

Las comunidades continentales, desplazadas o reagrupadas, mantienen durante un momento un cierto grado de prosperidad que, sin ser comparable al de tiempos precedentes, no deja de ser real. El período HR III C sigue siendo micénico, aunque es cierto que el sistema económico y político característico del período precedente no parece ya prevalecer, pues sus manifestaciones más visibles, tablillas inscritas, objetos de oro y marfil, vasos metálicos y construcción de tholos han desaparecido o se han hecho muy raros; sin embargo las producciones artesanales se enmarcan estrechamente en la continuidad de una tradición y por lo menos ciertas regiones de Grecia continental mantienen, a menor escala, sus lazos con el resto del Mediterráneo.

Sería difícil decir qué sustituye a este sistema palacial y qué tipos de organización económica y política prevalecen a partir de ahora. Si algunos centros de poder como Pilos y Tebas han desaparecido por completo, otros como Micenas y Tirinto simplemente se han transformado, pero es la misma naturaleza de esta transformación la que sigue siendo imposible de definir.

Al lado de estas permanencias y transformaciones relativas deben destacarse algunas novedades como las cerámicas llamadas bárbaras, las fíbulas en forma de arco de violín, el uso más extendido del hierro y ciertos tipos de armas. Otros rasgos, como la preferencia dada en determinados lugares (Salamina, y Lefkandi, especialmente) y bastante tardíamente, a las sepulturas individuales dentro de cistas o pozos no deben ser consideradas como verdaderas innovaciones, sino como resurgimiento de prácticas antiguas, no abandonadas nunca del todo. La cremación de cadáveres, que se generaliza al final del período y durante la época protogeométrica, también está atestiguada antes del final del HR III B.

De hecho la importancia de tales innovaciones es a veces sobrevalorada según se intente apoyar alguna de las diferentes hipótesis propuestas para explicar los fenómenos que caracterizan el paso del HR III B al HR III C.

Las hipótesis

Antes de plantear algunas de las hipótesis que se han imaginado para explicar tanto la desaparición del sistema palacial como la decadencia de la civilización micénica, debe subrayarse la fragilidad de las correlaciones cronológicas establecidas entre los diferentes horizontes de destrucción. Dos destrucciones datadas en la misma fase estratigráfica pueden estar separadas por diez o veinte años.

Las invasiones

En tiempos históricos, los griegos que hablaban dialectos dóricos y estaban establecidos en el Peloponeso, a excepción de Arcadia, en algunas de las Cícladas, como Melos y Tera, en Rodas y en las costas de Caria, pretendían basar su originalidad lingüística en su historia legendaria. El mito muestra la invasión de los dorios como el retorno de los Heráclidas. La leyenda establece que los hijos de Heracles reclamaron, como lo había hecho en vida su padre, el trono de Argos; acabaron por desterrarse al norte tras pasar un cierto tiempo acogidos en Atenas y consultar al oráculo de Delfos que les auguró la vuelta triunfal. Al cabo de unas generaciones volvieron y conquistaron la tierra de donde habían salido, derrotando a los Atridas, descendientes de Euristeo, soberano de Micenas y expoliador del héroe. Los argumentos lingüísticos pueden hacer creer que estas leyendas reflejan un momento histórico.

Sin embargo, cualquiera que sea la credibilidad que demos a estos relatos, especialmente a las invasiones dorias, siempre se planea la cuestión de una eventual invasión del continente griego. Al examinar los hallazgos arqueológicos de esta época se aprecia que la cerámica llamada bárbara proporciona un buen ejemplo de las dificultades para pasar del testimonio arqueológico a la interpretación histórica. Esta cerámica, de color oscuro, fina o basta, siempre hecha a mano y pulida con un instrumento que deja huellas visibles en su superficie, decorada a veces con cordones, se encontró por primera vez en Micenas y más tarde en Korakú, Lefkandi, Atenas, Perati, Egera, Asiri, Tirinto y en el Menelaión de Esparta.

Esta cerámica aparece generalmente asociada con material y niveles que datan de principios del HR III C, parece totalmente ausente al final de esta fase. Deduciendo argumentos a partir de tales elementos, se ha podido creer que este material había acompañado, junto con otros, a la migración de un grupo humano originario de los Balcanes o de Tracia, grupo del que se encontrarían huellas en la cultura de Troya VII. Este grupo podría ser considerado el responsable, sólo o con otros, de la destrucción de los palacios, después de lo cual se habría fundido en la cultura micénica, dejando de fabricar su propia cerámica. Se observa fácilmente la fragilidad de esta hipótesis necesariamente reductora con respecto a la complejidad de los hechos que pretenden explicar. El origen extranjero de la cerámica bárbara ha sido discutido pero, aunque se demostrara, resulta imposible elegir un origen preciso para esta clase de cerámica y se está lejos de poder establecer una correlación automática entre grupo étnico y tipo de cerámica.

Y para que esta cerámica y otros objetos hallados, como espadas de estoque y filo, puntas de lanza flameadas, dagas de Peschiera o fíbula de arco de violín, mostraran la realidad de una invasión, sería necesario que aparecieran repentinamente, que fueran raros o desconocidos antes del momento supuesto de la invasión y que se extendieran ampliamente. Ninguno de estos testimonios responde a estas condiciones.

Es difícil admitir que unos invasores victoriosos se hubieran instalado de forma duradera en las tierras conquistadas y no hubieran dejado una huella más profunda. Después de la oleada de destrucciones al final del HR III B la civilización de Grecia continental continua siendo esencialmente micénica. Por fin, se deberían presentar los movimientos de población perceptibles en dirección de las zonas de las que se hacen precisamente surgir los ataques (Grecia del noroeste y el Mediterráneo oriental).

Una segunda serie de hipótesis trata de establecer un vínculo entre los disturbios que afectaron a la Grecia continental y las destrucciones sufridas por Anatolia, Chipre y el Levante mediterráneo durante el último cuarto del siglo XIII. Los pueblos del mar, contra los que lucha varias veces y a lo que parece con éxito Merenptah (1213-1203) y los primeros faraones de la dinastía XX, especialmente Ramsés III (1184-1158), son los que se consideran responsables de la desintegración de los pueblos hititas y también de todos los asentamientos de la costa siriopalestina. Sin embargo, nada permite suponer que los pueblos del mar penetraran en Grecia a finales del siglo XIII a. C., ni que las poblaciones griegas se movieran en aquel momento hacia el Mediterráneo oriental, porque las únicas razones que se tienen pata asociar los pueblos del mar con la historia del mundo egeo son la presencia en los archivos egipcios de la palabra ekwesh, asimilada en “aqueos”, que después de la destrucción de sus palacios habrían huido hacia el Oriente y la inspiración micénica de la cerámica filistea.

El final del siglo XIII es un período de gran confusión en todo el Mediterráneo oriental. Las destrucciones de Grecia continental, el abandono de los asentamientos tradicionales en Creta a finales del imperio hitita, la destrucción de la mayor parte de los asentamientos chipriotas y levantinos y el surgimiento de una entidad filistea (quizás después de que Egipto hubiera establecido en Palestina como vasallos a una parte de los invasores que había conseguido rechazar) ocurren en un lapso de tiempo bastante corto, como máximo unos treinta años. Pero no se puede afirmar que alguno de estos hechos sea más la causa que la consecuencia de los demás, a pesar de que los síntomas (ruptura de las tramas económica, social y política, creciente inseguridad, resurgimiento de una piratería endémica) sean comunes a todas las regiones del Mediterráneo oriental.

Las interpretaciones que tratan de descubrir un “estado de urgencia” tras algunos de los textos hallados en Pilos, se vinculan también a esta primera serie de hipótesis. Presentan todo el oro y el bronce recogidos como requisas obligatorias destinadas a afrontar una situación crítica y las exenciones que benefician a algunos grupos como prueba de dicha situación. Igualmente, las citas militares, especialmente sobre las tablillas o-ka, expresarían la instalación de un dispositivo de defensa contra un inminente ataque surgido del mar. Todo ello resulta algo exagerado, porque las exenciones fiscales o la recogida de metales preciosos pueden perfectamente considerarse algo normal en el funcionamiento del palacio. Además, no es seguro que las tablillas o-ka se refieran a preparativos militares, ni que éstos sean excepcionales.

Vemos, pues, basándonos en datos lingüísticos, la idea de una “invasión sin invasores”, y encontramos también algunas paradojas: regiones que se hallan, como Laconia, en el centro de las zonas dóricas aparecen casi completamente abandonadas después del HR III B, mientras que otras no dóricas, como Ática, parecen más abiertas a las innovaciones o a las transformaciones culturales.

[editar] Los factores naturales

Esta teoría, formulada por Carpenter, defiende que el final de la edad del bronce habría sido en Grecia un período de repentino cambio climático. Una gran sequía habría arruinado una economía basada en la agricultura y esto habría provocado la decadencia del sistema palacial.

Contra esta teoría se han planteado dos objeciones principales:

  • los contrastes entre una y otra región de Grecia parecen demasiados amplios para que un agente natural de este tipo pueda tenerse en cuenta;
  • hay una casi completa imposibilidad para establecer la realidad de un cambio importante climático durante este período.

Según Killian, la falta de huellas de incendio, la abundancia de material in situ, la inclinación y las deformaciones ondulantes de algunos muros hallados en la ciudadela baja de Tirinto están a favor de un terremoto destructor a finales del HR III B2, el cual sería la causa de las destrucciones observadas en Micenas y en Pilos. Sin embargo, a pesar de que sacudidas sísmicas hubieran podido causar periódicamente grandes destrucciones, no pueden haber afectado simultáneamente a regiones tan alejadas como la Argolida y Mesenia, ni tampoco tener consecuencias económicas y políticas tan graves por su sola causa.

La erupción del volcán de Tera al final de la época micénica esta hoy día absolutamente desestimada.

[editar] Conflictos internos

Según Hooker, la caída del sistema palacial se debería a conflictos internos que opusieron a los estados micénicos entre ellos o bien a diferentes categorías de población. En este último caso, la “lucha de clanes” podría haber tenido origen en el desmoronamiento de un sistema económico que no habría mantenido su papel esencial de regulación y redistribución. Esta hipótesis se apoya en una interpretación original de las “invasiones dorias”. Aquellos a quienes las tradiciones legendarias llaman dorios habrían estado ya presentes en Grecia desde una fecha muy anterior al siglo XIII a. C.; convertidos quizás en esclavos por los señores de los palacios y hablando una lengua “especial”, podrían haber sido, en parte, los responsables del repentino final del sistema palacial.

Esta hipótesis armoniza bien con los datos arqueológicos porque tiene en cuenta a la vez la repentina ruptura que representa el final de los palacios y la continuidad cultural observada entre los siglos XIII y XII, pero los lingüistas plantean dudas, porque según ellos el micénico “especial” no puede asimilarse a un protodórico.

De hecho podrían haberse combinado varios factores para acabar destruyendo una organización burocrática de la sociedad, frágil seguramente en tanto que muy rígida. Una economía basada en la especialización de los productos agrícolas y muy dependiente del exterior para el aprovisionamiento de materias primas esenciales, está siempre a merced de una ruptura provocada o precipitada por un brusco aumento de la población, una contracción de los intercambios en el continente o en la cuenca mediterránea, una interrupción o una mayor lentitud de las comunicaciones, o por tensiones internas quizás violentas, o aún por presiones en sus fronteras.

En cualquier caso, los acontecimientos de finales del siglo XIII marcan el ocaso de la organización palacial pero no indican, en cambio, el final de la civilización micénica. La ruptura, claramente evidente, será seguida por un lento desmoronamiento cultural.

El final de la civilización micénica

El sistema palacial y los cambios culturales que conducirán a la época protogeométrica deben considerarse por separado. Por un lado, un siglo por lo menos, el período que va desde el final del siglo XIII al principio del siglo XI, separa estos dos fenómenos. Por otro, las razones que explican estas dos series de acontecimientos no parecen estar necesariamente ligadas.

Hacia el 1125 a. C. o 1100 a. C. acontecen nuevas y grandes destrucciones. Estas ponen fin a la existencia de las ciudadelas de Micenas y Arajos (Teijos Dimaion) en Acaya; son sensiblemente contemporáneas de la destrucción de los edificios de la fase 2 de Lefkandi y del abandono de Tirinto. Luego, asistimos a una decadencia general hasta el final de lo que se ha considerado como época micénica, es decir, hasta la aparición de cerámicas de estilo protogeométrico.

Furumark reconocía una continuidad entre la época micénica y una etapa submicénica, puesto que dio a la cerámica de este período el nombre de III C2. Realmente, algunos rasgos estilísticos submicénicos constituyen el desarrollo de rasgos III C1 o incluso III B. Otros investigadores, como Desborough, vieron en el submicénico un fenómeno local, especialmente ático, que interviene justo antes del final del HR III C. Styrenius, como Deshayes, demuestra, por el contrario, que las distintas regiones de Grecia habían sufrido simultáneamente el mismo fenómeno. Más recientemente Rutter ha propuesto abandonar la denominación “submicénico” por excesivamente relacionada con el material funerario y considerar esta fase como una última etapa del período micénico, muy diferente de una a otra región.

La mayoría de las teorías propuestas para dar cuenta de la desaparición de los palacios hablan de la decadencia de la civilización micénica y del paso hacia lo que aún resulta cómodo calificar como los siglos oscuros como la consecuencia última de la desaparición. Pero los dos fenómenos deben de verse por separado.

Por una parte, al final del MR III B nos hallamos frente a una repentina modificación de la organización económica y política de la sociedad, pero esta modificación no provoca aparentemente ningún cambio cultural importante.

Por otro lado, hacia el final del HR III C se observa la desaparición casi completa de algunas costumbres, como la inhumación colectiva en las tumbas de cámara, y la multiplicación de costumbres sustitutorias: sepulturas individuales en cistas y en pozos y cremación de cadáveres. Estas costumbres se van a convertir en los rasgos dominantes de otro tipo de civilización, pero se imponen progresivamente, sin ruptura aparente.

Civilización minoica

Civilización minoica

 

Civilización minoica

Mapa de los principales yacimientos minoicos.

La civilización minoica es una cultura pre-helénica de la edad del cobre y del bronce, desarrollada en la isla de Creta entre los años 3000 y 1400 a. C. Su nombre es producto de que su descubridor, el británico Sir Arthur Evans relacionara el palacio de Cnosos, el más representativo de la cultura, con el palacio del rey Minos y la leyenda del Minotauro.[1] Will Durant se refirió a este periodo como «el primer eslabón en la cadena europea»

No se tiene noticia del gentilicio con el cual se denominaban los minoicos a sí mismos. Se ha afirmado que el nombre de lugar egipcio 'Keftiu' (*Káftiu kftiw) y el semítico 'Kaftor' o 'Caphtor' y 'Kaptara' que se encuentran en los archivos de Mari se refieren a la isla de Creta; «sin embargo, algunos hechos conocidos sobre Caphtor/Keftiu pueden ser identificados con Creta sólo con mucha dificultad», observa John Strange.

En la Odisea, compuesta varios cientos de años después de la destrucción de la civilización minoica, Homero llama a los nativos de Creta eteocretenses (verdaderos cretenses), quienes tal vez podrían ser los descendientes de los minoicos.

 Ubicación geográfica

Principales sitios arqueológicos minoicos de Creta.

La isla de Creta está ubicada al sureste de Grecia, al sur del Mar Egeo, mar que forma parte del Mediterráneo oriental. Explicado de otra forma, está ubicada en el centro de la comunicación marítima entre Asia, Europa y África. Aproximadamente equidista de las costas del Peloponeso, de las de Anatolia y del Norte de África.

Creta es una isla cuya superficie aparece dominada por tres grandes macizos montañosos: el de Léfka Óri (las Montañas Blancas) a occidente, en el centro las de mayor altitud, el Monte Ida (Psiloriti), que culmina a 2500 m., y los Montes Dikti a oriente, sin contar con otras montañas de menor altitud. Situada en una zona sísmica, a lo largo de la historia ha sufrido terremotos y continúa actualmente bajo su amenaza.

El litoral cretense tiene más de 100 kilómetros y su anchura de norte a sur comprende entre 12 y 60 km. Debido a sus dimensiones unido a su diversidad geográfica, los isleños creían, según Homero, «encontrarse en un conjunto de países en medio de las aguas».[6]

Según Homero, Creta contaba con 90 ciudades, siendo Cnosos la más importante. Esta civilización palacial podría estar dividida por entre tres y diez unidades políticas: al norte Cnosos, en el centro Galatas, al sur Festos, en el centro-este Malia, y al este Petras (cerca de Sitia), Zakro o Kato Zakros. La organización de los territorios palaciales pudo evolucionar en el trascurso de los siglos: el palacio de La Canea (Chaniá), al oeste, dataría de una fase más reciente. Los palacios de menor relevancia, más pequeños (Nirou Khani, Arkhanas), y las «villas» (Hagia Triada) fueron descubiertos en otras regiones.

Ninguna de las ciudades minoicas disponía de murallas, salvo tal vez Petras en época remota. Además en Galatas apenas encontramos armas. La célebre hacha de doble filo parece tener una función meramente ritual y constituir un símbolo religioso.

Palacios
  • Cnosos - el palacio más grande del asentamiento de la Edad de Bronce en Creta;[7] fue sacado a la luz por las excavaciones de Evans el 16 de Marzo de 1900.
  • Festos - el segundo palacio más grande[7] de la isla, excavado por la Escuela Italiana algo más tarde que el de Cnosos.
  • Malia - el centro de las excavaciones francesas, un centro real que aporta una interesante mirada en el desarrollo de los palacios en el periodo protopalacial.
  • Kato Zakros - un asentamiento excavado por arqueólogos griegos en el Este de la isla. También lo encontramos como "Zakro" en la literatura arqueológica.
  • Hagia Triada - un centro administrativo muy cercano a Festos.
  • Gournia - un núcleo de habitación excavado en el primer cuarto del siglo XX por la Escuela Americana.

 Historia

Fresco de los Delfines, en el megaron de la Reina. Palacio de Cnosos. 1500 a. C.

Los primeros grupos en asentarse en Creta probablemente llegaron desde Anatolia en torno al 7000 a. C. Crearon diferentes asentamientos en la isla, uno de ellos era Cnosos. Estos primeros habitantes vivían en chozas de madera, aunque con el paso del tiempo cambiarán de material como ladrillos de barro y techumbres de madera. Fabricaban herramientas con diversos materiales como hueso y piedras e hicieron figuras de barro de representaciones femeninas y masculinas, lo que indica que ya tenían cierto sentido religioso.

El arqueólogo británico, Arthur Evans, que descubrió y excavó el Palacio de Cnosos, asignó a cada estrato de dicho palacio una duración temporal basada en el análisis comparativo de las cerámicas y los demás objetos que encontró en ellos. Articuló una cronología en tres grandes periodos: Minoico Antiguo, al que asignó el periodo comprendido entre el 3400 y el 2100 a. C.; Minoico medio, del 2100 al 1580 a. C.; y Minoico tardío, del 1580 al 1200 a. C. Los correspondientes estratos se superponían a otro mucho más profundo y antiguo que tenía seis metros de espesor: era la base neolítica de aquella civilización. Evans fijó su inicio hacia el 8000 a. C. Estas subdivisiones fueron inicialmente concebidas para los estratos del Palacio de Cnosos, pero se aplicaron a esta civilización. Estudios posteriores han rebajado significativamente las fechas apuntadas por Evans, en especial las del Minoico antiguo. Los cambios más sustanciales fueron consecuencia, sobre todo, de hallazgos en las islas del Egeo, especialmente en Santolina, y en la Grecia continental. En referencia al Minoico tardío debido al desciframiento de la escritura lineal B. En la actualidad la cronología de las civilizaciones minoica, cicládica y heládica ofrece muchos puntos oscuros, por lo que las dataciones que se indican son aproximadas y susceptibles de revisión. Por otra parte, John Pendleburg, que trabajó varios años con Evans en Cnosos, observó que los distintos periodos no eran totalmente estancos, sino que con frecuencia se solapaban en parte.

Minoico antiguo o Prepalacial

Esta fase de la historia minoica se conoce como Minoico antiguo o Prepalacial (2600-2000 a. C. aprox.), en la cual se ve el crecimiento comercial que desarrolla Creta con los países del Próximo Oriente y Egipto, entre cuyos productos de importación se encuentra el estaño, inexistente en la isla.

Vivió el paso de una economía puramente agrícola a una organización más evolucionada, fruto del comercio marítimo con las demás regiones del Mar Egeo y del Mediterráneo Occidental.

Se conoce relativamente poco sobre el estado de la civilización antes del 2700 a. C. por la escasa aparición de restos metálicos, si se exceptúa la ciudad de Melos. A partir de esa fecha Creta empieza a tener auge, producto de la introducción del torno en la alfarería y la metalurgia del bronce, a lo que se le suma un aumento demográfico (estuvo densamente poblada), sobre todo en la zona centro-oriental.

Lingote de cobre minoico.

Durante esta época la civilización minoica destacó por una organización comunal, culto a la fertilidad, y una orfebrería avanzada. Los asentamientos prepalaciales son poco conocidos. Hay constancia de que las casas fueron construidas de piedra y adobe, con patios pavimentados con losas y ocasionalmente, con las paredes estucadas. Las viviendas más características se han hallado en Vasiliki y en Myrto de Jerapetra.[10]

Algunas de las tumbas de esta época tenían forma de cúpula (en la llanura de Mesará), otras se construyeron a pie de formaciones rocosas (en Mojlós), y las hay cavadas en la roca, como en Aquia Fotia y Sitia. Se han hallado necrópolis en Arjanes, Crysólaco, Malia, Palaécastron y Zakros.

 Minoico Medio o Protopalacial

Las tres principales características de ese periodo son: la construcción de los palacios, el desarrollo de la cerámica de Camares y la aparición de la escritura.

Existieron ciertas influencias recíprocas ente Creta y Anatolia, y pudo haber infiltraciones de elementos anatolios en la isla, pero la revolución de la Creta palacial se explica por una evolución económica y política natural interna, sin que haya necesidad de recurrir a la hipótesis de una invasión masiva de nuevas poblaciones. De luvitas u otros pueblos no se ha encontrado ningún rastro inequívoco.[11]

Gracias a su posición estratégica se desarrolla fuertemente el comercio, creándose la propiedad privada [cita requerida] , eventos a los que suman el aumento demográfico, y se da inicio a la etapa denominada Minoico Medio o de los Palacios Antiguos o Protopalacial (2000/1900-1700 a. C. aprox.), en donde se empieza la construcción de los grandes palacios de Festos, Malia, Hagia Triada, y el más conocido e importante de todos, Cnosos. La aparición de los palacios contrasta con el aparente declive de la civilización cicládica y de la Grecia continental, y sorprende en una isla que no había tenido ni el desarrollo artístico de las Cícladas ni el nivel de organización económica de ciertos lugares del Peloponeso, como Lerna.[12]

El gran auge del comercio marítimo, ya comentado, desembocó en la fundación de ciudades y en la construcción de palacios.[9] Los palacios minoicos (o anaktora) son los edificios mejor conocidos de los que se han excavado en la isla. Son monumentales edificaciones dedicadas a tareas administrativas, como se evidencia por los múltiples archivos sacados a la luz por los arqueólogos. Cada uno de los palacios excavados hasta la fecha tiene sus peculiaridades propias, pero también comparten algunas entre ellos que los diferencian de otras estructuras arquitectónicas. Características comunes son su disposición alrededor de un patio central, cuyos pisos se comunicaban mediante pequeñas escaleras, las fachadas construidas con piedras porosas y con entradas monumentales, la abundancia de almacenes y la existencia de habitaciones sagradas. Su mejor ejemplo es la parte occidental del Palacio de Festos.

No cabe duda de la gran importancia que tuvo el comercio, ya que los restos arqueológicos nos revelan unas infraestructuras muy desarrolladas que indicarían el esfuerzo y el interés de esta sociedad por la actividad comercial.

La economía se basa en este periodo, además de en el comercio, en el cultivo del trigo, la vid y la oliva, y en la ganadería, resultando una economía rica, que mantiene a esta sociedad a salvo de revueltas sociales.

El estilo decorativo de cerámica denominado de Camares, por el nombre de la población homónima, en cuyas cuevas se hallaron numerosos ejemplares, nació en los talleres reales.

Minoico Neopalacial o de los Segundos Palacios

A esta fase (1700-1350 a. C.), situada tras el fin del Minoico Medio y las primeras fases del Minoico Tardío, es a la que pertenecen casi exclusivamente las estructuras del Palacio de Cnosos que sacó a la luz Arthur Evans, y es en la que Creta llega a su máximo apogeo.

Se fundaron nuevas ciudades y se construyeron nuevos palacios más majestuosos sobre las ruinas de los antiguos. Los centros administrativos controlaban extensos territorios, fruto de la mejora y desarrollo de las comunicaciones terrestres y marítimas, mediante la construcción de carreteras y de puertos, de los que zarpaban barcos mercantes con productos agrícolas y artísticos, que se intercambiaban por materias primas.

Los nuevos palacios, de forma laberíntica, constaban de varios pisos, con grandes patios y pórticos, con escaleras amplias y corredores, además de propileos monumentales. Se podía acceder por varias puertas a las dependencias reales, dotadas de habitaciones con tronos, baños y pozos de ventilación. En estos palacios había salas de recepción, de banquetes y rituales. También se dotaron de almacenes, criptas, instalaciones auxiliares y talleres de diversas clases. Se habilitaron sistemas hidráulicos y de drenaje. Los muros fueron decorados con frescos policromados y los pavimentos fueron revestidos con losas brillantes de aljez.

Respecto al sistema social, probablemente teocrático, el rey de cada palacio era el jefe supremo oficial y religioso. Tal vez existió una jerarquía entre los reyes, con el de Cnosos a la cabeza.

Del carácter agrícola y artesano, evidenciado en las mansiones y granjas de los nobles, ha quedado huella en las instalaciones encontradas en Bathipetra, Tylisos, Sclavócampos, Zu, Ano Zakron, etc.[13]

En el siglo XVII a. C. todos los centros neopalaciales fueron destruidos debido a una erupción del volcán de Santorini, erupción conocida como Erupción minoica, en el período entre el 1639 y el 1616 a. C. , fechada por medio de la datación por radiocarbono; en 1628 a. C. dendrocronológicamente; y en 1530-1500 a. C. arqueológicamente.

El desarrollo de Creta llegó a su fin, el Palacio de Cnosos fue reconstruido para ser la residencia de una dinastía aquea del Peloponeso.

 Minoico Postpalacial

Este periodo abarca de 1350 al 1110 a. C.. Tras la catástrofe sufrida en torno al 1350 a. C. no se reconstruyó ni revivió ninguno de los palacios minoicos de la isla.[17] Los palacios micénicos que construyeron los aqueos en otros lugares son desconocidos, exceptuando los restos conservados sobre las ruinas de residencias anteriores, en Hagia Triada, en las casa de Tylisos. Aún no se ha descubierto el legendario palacio del mitológico rey Idomeneo, nieto de Minos.

Sin embargo, se conocen muchos de los centros micénicos que se desarrollaron en este periodo en Creta y que perduraron en época griega: Cidonia, Polirinia, Cnosos, Gortina, Festos, etc. La nueva civilización de raigambre minoica pero de espíritu micénico, tenía una marcada tendencia a la arquitectura y a la estilización. Se repiten los mismos motivos, aunque más simples, en la decoración de las pinturas murales, con la pérdida de la libertad y vitalidad anteriores.

 Subminoico

Esta época que comprende de 1100 a 900 coincide en paralelo con el periodo protogeométrico y con la llegada de las migraciones dorias.

Influyendo a sus conquistadores de Grecia continental, la tradición cultural minoica continuó en algunos lugares, sobre todo en los centros montañosos de los Eteócrites de la Creta oriental; y en el centro de la isla, en Brócastro de Merambelu, Praesós, Karfi de Lasithi y en otros lugares.

En este periodo se generalizó el uso del hierro y de la cremación de los muertos, atestiguada por el hallazgo de urnas cinerarias en Fortetsa, en el territorio de Cnosos.

Ocaso y Atlántida

Dominios minoicos durante la invasión micénica.

Hacia el año 1700 a. C. los palacios fueron destruidos: existen indicios de que un terremoto afectó en forma importante a Creta. Esta teoría está apoyada por el descubrimiento del templo de Anemospilia por el arqueólogo Sakelarakis, en el cual aparecen los cuerpos de tres personas (una de ellas víctima de un sacrificio humano) que fueron sorprendidas por el derrumbamiento del templo.[18]

Algunas teorías postulan una posible invasión por parte de los hititas [cita requerida] desde Anatolia (actual Turquía). Sin embargo no fue un golpe fatal, reconstruyéndose los palacios e iniciándose el periodo de mayor auge de la civilización, el Minoico Reciente, o de los Palacios modernos (c. 1700 a. C. - 1400 a. C.)

Según leyendas y escritos (especialmente de Tucídides) en este periodo la civilización minoica se habría convertido en una talasocracia, representado por la leyenda del rey Minos («...Minos dominaba el mar griego»),[19] que se supone existió en esta época y quien en venganza del asesinato en Atenas de su hijo Androgeo, exigió a Teseo un tributo de siete muchachos y muchachas atenienses cada nueve años para alimentar al Minotauro.[20] Dicha talasocracia llegó a ocupar las islas Cícladas.

Viviendo su momento de apogeo, la civilización minoica se derrumbó de nuevo, esta vez para siempre. Los palacios fueron nuevamente destruidos por causas que se desconocen. Después de la destrucción los micénicos ocuparon la isla. Había desaparecido la civilización Minoica.

La erupción del volcán de Tera (actual Santorini), que se ubica a 112 km al noreste de Creta, creó ondas expansivas que produjeron maremotos y terremotos y se ha fechado en torno al año 1628 a. C. El volumen del material desplazado por la erupción se ha calculado en 80 km³. Algunos lugares fueron sepultados hasta con 60 m de ceniza. Es posible que la leyenda de la Atlántida se refiera a la destrucción de la civilización minoica. Sin embargo, la civilización minoica no se extinguiría todavía y perviviría al menos un siglo más, muy posiblemente a causa de otro sismo, sin que tuviera una huella tan importante como Thera (Cunliffe).

 
Fresco del salto del toro, en Cnosos.

Las colecciones de arte minoico se encuentran en un museo en la ciudad de Heraclión, cerca de Cnosos, en la costa norte de Creta. El arte minoico, junto con otros restos de su actividad cultural (en especial la evolución de los estilos cerámicos) han permitido a los arqueólogos poder definir las tres fases de la cultura minoica explicadas más abajo (Minoico Antiguo o Prepalacial, Minoico Medio o Protopalacial y Minoico Tardío o Neopalacial).


Entre lo más importante del arte minoico destacan sus cerámicas. El Minoico temprano se caracterizó por el decorado polícromo de motivos blancos y rojos, y dibujos de espirales, triángulos, líneas encorvadas, cruces, figuras de peces, etc. Posteriormente en el periodo reciente se añaden más colores adoptando, muchas veces, formas esféricas y decoradas con escenas de corte más naturista y figurativo, por ejemplo pulpos que ocupan toda la panza de las vasijas.

 


Pero sin lugar a duda lo más característico de esta rica cultura son sus frescos. Las escenas representaban la vida en la isla, recurriendo a temas como las procesiones, sacrificios, danzas, luchas con toros, etc. Tienen un estilo geométrico y son, comúnmente, monocromáticos.

También desarrollaron figurillas humanas y de dioses, normalmente femeninas y con rasgos sexuales poco acentuados. También destaca el desarrollo de joyas, vasos de oro y piedras preciosas, productos por los que se hicieron conocidos fuera de la isla.

En lo que a vestimenta se refiere, los hombres minoicos usaban normalmente telas del lomo y faldas tipo escocesas. Las mujeres, por su parte, túnicas que se llegaban al ombligo y faldas. Los estampados en las prendas dieron, al igual que el resto del arte, énfasis en las figuras geométricas.

Lengua y escritura minoicas

Su escritura fue, en un principio, de forma jeroglífica, empleada según los descubrimientos actuales entre los años 1900 a. C. - 1700 a. C. Posteriormente este sistema de escritura evoluciona hacia una escritura fonética, denominada silábica Lineal A (1700 a. C. - 1450 a. C.) para notar su lengua (aún no descifrada, pero denominada minoica o eteocretense), que será tomada y adaptada por los griegos micénicos para escribir el dialecto griego micénico, del grupo pre-dorio.

Tablilla cerámica con escritura silábica lineal B.

Este sistema de escritura micénico adoptado desde el Lineal A se denomina Lineal B y se terminará imponiendo tanto en el continente como en la isla de Cnosos para llevar la contabilidad de los palacios, según muestran los vestigios encontrados.

Religión minoica

Los minoicos parecen haber dado siempre un papel preponderante a las diosas, por lo que a veces se ha descrito su religión como «matriarcal».[21] Aunque existen pruebas de la existencia de dioses masculinos, las representaciones de diosas son con mucho las más frecuentes. Mientras se especula que algunas de estas representaciones de mujeres corresponden a fieles y sacerdotisas oficiando ceremonias religiosas, otras veces parece que la imagen representa a la misma deidad en diferentes formas: como Diosa madre de la fertilidad, Señora de los Animales, protectora de las ciudades, del hogar, de la cosecha, del inframundo etc. Algunos[22] han afirmado que estos eran aspectos diferentes de una sola Gran Diosa. Destacan en este sentido las distintas figurillas de mujeres con los pechos descubiertos y con vestidos acampanados que suelen aparecer agarrando serpientes, lo que se ha interpretado junto con los pechos descubiertos como símbolo de fertilidad. Muchos expertos apuntan que estas diosas podrían ser la evolución de las primitivas diosas-madres neolíticas e incluso los ancestros de las diosas griegas Deméter y Perséfone. Suelen aparecer todas ellas representadas acompañadas de serpientes, pájaros, amapolas y algún tipo de animal poco reconocible sobre la cabeza.

El ejemplo por excelencia de gran celebración festiva es la famosa competición atlética del salto del toro, representada multitud de veces en los frescos de Cnosos[23] e inscrita en sellos.[24] Los altares minóicos coronados de cuernos, llamados «cuernos de consagración» desde Arthur Evans, aparecen en impresiones de sellos, y sobreviven ejemplos en Chipre.

Los símbolos sagrados de los minoicos incluyen el toro y sus cuernos, las labrys (hachas de doble filo), las columnas, la serpiente, el disco solar y el árbol. Sin embargo, estudios recientes proponen una interpretación radicalmente diferente a la religiosa para estos símbolos, sugiriendo que se refieren a la apicultura.[25]

Existen evidencias de que los minoicos pudieron llevar a cabo sacrificios humanos en tres lugares: Anemospilia, en un edificio del MMII (periodo Protopalacial 1800-1700 a.C.) interpetado como un templo, en un santuario en Fournou Korifi, al sur de Creta (MMII, periodo Prepalacial 2900-2300 a.C) y en Cnosos, en un edificio conocido como la «Casa Norte», del LMIB (periodo Neopalacial 1480-1425 a.C.).

Como es habitual en los yacimientos de la Edad de Bronce son los enterramientos los que proporcionan la mayor parte del material arqueológico para este periodo. Hacia el fin del Periodo Neopalacial minoico, se practicaban dos modalidades de enterramiento: con tumbas circulares o Tholoi, ubicadas en el sur de Creta; y las tumbas en cista (cuatro losas laterales y una encima) localizadas en el norte y en el este. Por supuesto existen diferentes patrones dentro de las prácticas mortuorias minoicas que no se ajustan completamente a las dos descritas, aunque parece claro que era la inhumación, y no la cremación, la forma más popular de enterramiento en la Creta de la Edad de Bronce.[26] Aunque en este periodo se tiende hacia el enterramiento individual existen excepciones, como el controvertido complejo de Chrysolakkos, en Mallia, un conjunto de edificaciones que se puede interpretar o bien como un centro de rituales de enterramiento, o como la cripta de una familia noble.

Se han descubierto cientos de exvotos en las cuevas de varios montes, destacando las del monte Ida, lo cual sugiere peticiones de ayuda hacia los dioses y que sean restos de ciertos rituales que podrían llevarse a cabo en estas cavernas.

El palacio de Cnosos.

El palacio de Cnosos

 

El palacio de Cnosos es el mejor ejemplo para comprender el apogeo de la primera civilización europea. La colina de Cnosos está situada a unos 5 km de la costa, sobre la vía natural hacia el interior de la parte central de Creta. Cnosos, con sus 17.000 m² construidos y unas 1.500 habitaciones, constituye el principal de los palacios cretenses y en el que se ha querido ver la sede del mítico rey Minos.

Cronología

Grecia y el Egeo hasta el final de la civilización micénica [cita requerida]
 TroyaCícladasCretaContinente griego
Bronce
antiguo
Troya I
2920-2450 a. C.

Troya II
2600-2350 a. C.

Troya III
2350-2200 a. C.

Grotta-Pilos
3200-2700 a. C.

Karos-Siros
2700-2200 a. C.

Filacopí I
2200-2000 a. C.

Minoico antiguo (Prepalacial)
2500-1850 a. C.
Heládico antiguo
2700-1850 a. C.
Bronce
medio
Troya IV
2200-1900 a. C.

Troya V
1900-1700 a. C.

Troya VI
1700-1300 a. C.

Filacopí II
2000-1800 a. C.

Minoico medio I-IIIA (Protopalacial)
1850-1550 a. C.

Heládico Medio
1850-1580 a. C.
Bronce
tardío
Troya VII-A
1300-1200 a. C.

Troya VII-B-1
1200-1100 a. C.

 Minoico Medio IIIB-Minoico tardío II (Neopalacial)
1550-1400 a. C.

Minoico tardío III
1400-1100 a. C.

Micénico I
1580-1500 a. C.

Micénico II
1500-1425 a. C.

Micénico III
1425-1100 a. C.

Recadero I

Recadero I

 

Recaredo I

Recaredo

Rey de los visigodos


Conversión de Recaredo I, por el pintor Muñoz Degrain, Palacio del Senado, Madrid.

Reinado

586 - 601

Fallecimiento

21 de diciembre del 601
Toledo

Predecesor

Leovigildo

Sucesor

Liuva II

Cónyuge/s

Baddo o Bada

Descendencia

Liuva

Padre

Leovigildo

Madre

Teodosia

Recaredo I (¿? – Toledo, 21 de diciembre del año 601) fue rey de los visigodos desde 586 a 601, cuando murió en Toledo.

Hijo y sucesor de Leovigildo, combatió a los francos, a los bizantinos (aún presentes en el litoral andaluz) y a los vascones, y hubo de sofocar varias revueltas de los nobles visigodos.

El hecho más destacado de su reinado se produjo en 589, cuando convocó el III Concilio de Toledo en el que, junto con varios nobles y dignatarios eclesiásticos, abjuró del arrianismo y se convirtió al catolicismo, con lo que llevó a cabo la unificación religiosa entre visigodos e hispanorromanos, a la que aspiró su padre de forma inversa y quien, al parecer y paradójicamente, le aconsejó esta vía.

Vida

Hermano de Hermenegildo, fue asociado al trono por su padre, lo que levantó las protestas de los nobles visigodos, que vieron en esta acción el intento de institucionalizar el hereditarismo en la monarquía visigoda, caracterizada precisamente por ser electiva.

En 584, en su deseo de emparentar y alcanzar una alianza con los francos, envió embajadores para desposar con Rigunthe, hija de Chilperico I, rey de Neustria y Fredegunda. Una vez acordado el matrimonio, Rigunthe fue enviada junto con una espléndida dote, en agosto de 584, al Reino visigodo de Hispania para casarse con Recaredo. Tras un viaje muy azaroso, con multitud de robos que la dejaron sin nada, llegó a Toulouse, donde le llegó la noticia del asesinato de su padre Chilperico, con lo que su matrimonio con el rey visigodo ya no tenía sentido para ser una alianza entre reinos. Poco tiempo más tarde, manteniendo el mismo deseo de emparentar con los francos, Recaredo envió una nueva delegación de embajadores para desposar a Clodosinda, hija de Sigeberto I, rey de Austrasia, y Brunegilda, pero por razones que se desconocen las negociaciones fracasaron.

Acceso al trono

Cuando su padre Leovigildo murió, Recaredo se encontraba en Septimania. Seguramente permaneció allí, pues proseguía la guerra contra Gontrán I de Borgoña, pese a la derrota de éste el año anterior. Carcasona fue atacada de nuevo por Desiderio, noble neustrio que ostentaba el cargo de dux de Aquitania, si bien fue rechazado.

Paz con Austrasia y guerra con Borgoña

Recaredo, aconsejado por su madrastra Gosuinda, envió mensajeros a Childeberto II de Austrasia pidiendo la paz. Había ya pasado mucho tiempo desde que Gosuinda maltratara a Ingundis y el tratado pudo concertarse con cierta facilidad. Como no existía ningún conflicto pendiente con Neustria, sólo uno de los tres reyes merovingios, Gontrán I de Borgoña, permanecía hostil a los visigodos.

Recaredo envió también mensajeros a Gontrán, pero éste se negó a recibirlos y cerró la frontera con Septimania. Los visigodos realizaron diversos ataques en la región de la desembocadura del Ródano.

Ejecución de Sisberto

No mucho después de su acceso al trono, el nuevo rey hizo ejecutar al godo Sisberto, responsable de la muerte de su hermano Hermenegildo, aunque probablemente por orden de Leovigildo, pues de no haber tenido la autorización del rey, no hubiera podido desobedecerle tan gravemente y seguir viviendo.

La conversión de Recaredo:
En la era DCXXIIII, en el año tercero del imperio de Mauricio, muerto Leovigildo, fue coronado rey su hijo Recaredo. Estaba dotado de un gran respeto a la religión y era muy distinto de su padre en costumbres, pues el padre era irreligioso y muy inclinado a la guerra; él era piadoso por la fe y preclaro por la paz; aquél dilataba el imperio de su nación con el empleo de las armas, éste iba a engrandecerlo más gloriosamente con el trofeo de la fe. Desde el comienzo mismo de su reinado, Recaredo se convirtió, en efecto, a la fe católica y llevó al culto de la verdadera fe a toda la nación gótica, borrando así la mancha de un error enraizado. Seguidamente reunió un sínodo de obispos de las diferentes provincias de España y de la Galia para condenar la herejía arriana. A este concilio asistió el propio religiosísimo príncipe, y con su presencia y su suscripción confirmó sus actas. Con todos los suyos abdicó de la perfidia que, hasta entonces, había aprendido el pueblo de los godos de las enseñanzas de Arrio, profesando que en Dios hay unidad de tres personas, que el Hijo ha sido engendrado consustancialmente por el Padre, que el Espíritu Santo procede conjuntamente del Padre y del Hijo, que ambos no tienen más que un espíritu y, por consiguiente, no son más que uno.

(Las historias de los godos, vándalos y suevos,
de Isidoro de Sevilla, ed. Cristóbal Rodríguez Alonso, León, 1975, pp. 261–263).

Conversión de Recaredo

A principios del año 587 Recaredo, que ya debía de tener simpatías católicas, se hizo bautizar en secreto. Desde entonces intentó convencer a los obispos arrianos para que aceptaran la doctrina trinitaria, celebrando tres reuniones: una con los obispos arrianos, a los que animó a reunirse con obispos católicos para discutir los problemas teológicos y determinar cuál era la verdadera fe; una reunión conjunta de obispos católicos y arrianos, con fuertes polémicas entre ambos bandos, y con un Recaredo presionando a favor de los católicos; y finalmente, no habiendo logrado convencer a los arrianos, una reunión con los obispos católicos a los que comunicó que ya había realizado su opción por el catolicismo. Estaban presentes muchos nobles visigodos, y al parecer casi todos ellos siguieron a su rey. Hacia la primavera y el verano del 587 las iglesias arrianas fueron expropiadas y entregadas a los católicos.

Nuevas embajadas a los reyes francos

Tras su conversión, Recaredo envió nuevas embajadas a Childeberto de Austrasia y Gontrán de Borgoña. Ofreció a Childeberto una fuerte suma (diez mil sueldos) y el rey austrasiano (aconsejado por su madre Brunegilda) reconoció que Recaredo no era culpable en absoluto de la muerte de Ingundis, concertándose un tratado de alianza. Incluso Recaredo negoció su enlace con Clodosinda, hermana de Childeberto, pero para concederla Brunegilda pidió el asentimiento de Gontrán. La embajada enviada a Borgoña solicitó este consentimiento pero Gontrán se negó a darlo. Unos meses después, Childeberto manifestó su aprobación del enlace, alegando que le constaba que los visigodos ya eran católicos, pero al parecer no llegó a celebrarse, pues en el 589 el rey ya estaba casado con Baddo o Bado o Bada, una ilustre dama goda.

Conspiraciones arrianas y nueva guerra con Borgoña

La reacción arriana no se hizo esperar. El obispo arriano de Mérida, Sunna, y los nobles godos Segga y Vagrila (probablemente condes) proyectaron asesinar al obispo local católico, Masona, y al dux de Lusitania, Claudio, y alzar a toda la provincia, seguramente proclamando rey a Segga. No sabemos el desarrollo de la conspiración, pero parece ser que algunos nobles godos —que habían accedido a volver al arrianismo— recuperaron su antigua fe y que muchos ciudadanos romanos (supuestamente católicos) se les unieron. Al fracasar el intento de asesinato de Masona, uno de los conjurados, el futuro rey Witerico, seguramente conde, reveló los detalles de la conjura. Claudio sofocó fácilmente el intento. A Segga se le cortaron las manos (castigo que parece haber estado reservado a los usurpadores), se confiscaron sus propiedades y fue desterrado a Galicia. Vagrila se refugió en la hoy Basílica de Santa Eulalia (Mérida), y el rey ordenó confiscar sus propiedades y entregarlas a dicha Iglesia, pero el obispo Masona le perdonó y se las devolvió. Sunna recibió la oferta de recibir otro obispado si se convertía al catolicismo (el obispado arriano de Mérida debió quedar suprimido y el católico ya estaba cubierto, en todo caso el obispado ofrecido no sería metropolitano). Sunna se negó y fue desterrado, marchando a Mauritania, donde propagó el arrianismo hasta su muerte violenta, cuya fecha se desconoce (se supone que alrededor del 600).

Recaredo ordenó la quema de todos los libros y textos arrianos, excluyó a los arrianos de cualquier cargo público y suprimió la organización de la Iglesia arriana, que desapareció en pocos años. Algunos godos fueron obligados a convertirse al catolicismo.

Un segundo intento arriano tuvo como protagonistas al obispo Uldila, cuya sede se desconoce, suponiéndose que pudiera ser el obispo de Toledo, que aunque nominalmente había abjurado, conservaba sus creencias arrianas, y a la reina Gosuinda, viuda de Atanagildo y Leovigildo. La conspiración fue abortada y Uldila enviado al exilio. Gosuinda murió poco después.

Una tercera conspiración se planeaba desde hacía unos meses: algunos nobles de Septimania preparaban una conjura para derrocar al rey. La encabezaban los condes Granista y Wildigerno y el obispo arriano de Narbona, Athaloc. Los conspiradores pidieron ayuda al rey de Borgoña Gontrán (que era católico).

Las hostilidades con Borgoña, suspendidas desde el 586, se reanudaron súbitamente en el 589. Las fuerzas borgoñonas al mando de Boso, que habían sido llamadas por los conspiradores, se acercaron a Carcasona, que al parecer fue ocupada, pero fueron derrotadas por fuerzas visigodas al mando de Claudio, dux de la provincia Lusitana (aparentemente hispanorromano, aunque pudo haber adoptado un nombre romano al convertirse al catolicismo), en las cercanías del río Aude. Los francos dejaron sobre el terreno cinco mil cadáveres y dos mil prisioneros. La derrota fue completa y la seguridad de Septimania quedó asegurada. Parece ser que Granista y Wildigerno murieron en la lucha y que Athaloc falleció poco después de muerte natural.

El Concilio de Toledo

Poco antes de celebrarse el Concilio de Toledo, Recaredo comunicó que dejaba sin efecto la prohibición para la Iglesia de celebrar sínodos provinciales de obispos.

El 8 de mayo del 589 se inició el III Concilio de Toledo. Recaredo hizo profesión de fe católica y anatematizó a Arrio y sus doctrinas, se atribuyó la conversión del pueblo godo y suevo al catolicismo. Varios obispos arrianos abjuraron públicamente de sus creencias, entre ellos cuatro probablemente suevos: Beccila de Lucus (Lugo), Gardingus de Tute (Tuy), Argiovittus de Portus Cale (Oporto) y Sunnila de Vaceum (Viseo, seguramente de la provincia Lusitana); y otros cuatro godos: Ugnus de Barcino (Barcelona), Fruisclus de Dertosa (Tortosa), Maurila de Palentia (Palencia) y Ubiligisclus de Valentia (Valencia). Sabemos que a la reunión asistió un obispo de Pamplona llamado Loliolo (de nombre godo), pero posteriormente la sede dejó de estar representada hasta el año 684. Las resoluciones del Sínodo arriano de Toledo del 580 fueron condenadas. Asistieron al Concilio setenta y dos obispos, personalmente o mediante delegados (además de los cinco metropolitanos), siendo las figuras principales Leandro de Sevilla (instigador de la conversión de Hermenegildo) y el abad de Servitanum, Eutropio.

Las decisiones del Concilio adquirieron fuerza de ley al publicar el rey un Edicto de confirmación del Concilio. La desobediencia era castigada con graves penas (la confiscación de la mitad de los bienes para los honestiores y el destierro y la pérdida de sus propiedades para los inferiores).

La cuarta conspiración

Después del concilio, en el año 590 se organizó una nueva conspiración encabezada por Argimundo, cubiculario del rey y dux de una provincia, y por personas influyentes del palacio. Aunque los conjurados pretendían asesinar al rey y proclamar en su lugar a Argimundo, se ignora si intentaban restablecer el arrianismo o actuaban movidos por la ambición de poder. Descubierta la conjura, Argimundo sufrió flagelación, decalvación, amputación de la mano derecha y escarnio público.

Cambios sociales

Sabemos que, coincidiendo con la conversión al catolicismo, se produjeron algunos cambios sociales entre los godos: su forma de vestir se adaptó a la de los romanos, desapareciendo los tradicionales broches y hebillas, y las propiedades de los difuntos ya no se enterraron con éstos.

Familia de Recaredo

Hubo negociaciones para casar a Recaredo con las princesas francas Rigunthis y Clodosinda, pero no consta que dichos enlaces llegaran a celebrarse. Poco antes del III Concilio de Toledo (589), Recaredo casó con la plebeya Baddo, Bado o Bada, con quien desde hacía ya algunos años estaba relacionado y tenido a su hijo Liuva. Su matrimonio fue realizado para complacer a la Iglesia, cuando ya estaba previsto que en dicho Concilio el rey haría profesión pública y solemne de abrazar la fe católica y por consiguiente también por parte del reino. De la importancia del acto es prueba el hecho de que Baddo, su esposa, fuese la única reina visigoda que firmó las actas de un Concilio.

Aunque se ignora la fecha de nacimiento del rey, sí se sabe que Hermenegildo, su hermano mayor, había nacido hacia el 564, por lo que él mismo hubo de nacer el 565 o después de esta fecha. Por tanto, en 589 contaba como máximo 24 años de edad. Su hermano Hermenegildo se casó el 579, contando, pues, 15 años de edad (la princesa Ingundis tendría unos 13 ó 14 años). Las negociaciones para casarlo con Rigunthis se realizaron hacia el 582 ó 583 cuando contaría poco más de 15 años, y las nuevas negociaciones de las que tenemos noticias son del 587, cuando contaba con poco más de 20 años. El enlace ya debía tener cierta urgencia, no por el hecho de que ya era rey (pues la monarquía no era hereditaria), sino por la edad de Recaredo, que inmediatamente casó con Badoo, su antigua concubina.

Su hijo, Liuva, nació hacia el 581 ó 582 (en todo caso antes del 584) era producto de su relación con Badoo antes del matrimonio canónico, extremo apoyado por el texto de la Crónica de San Isidoro, que dice: «Ignobile quidem matre progenitus, sed virtutum indole in signitus» (que podría traducirse por «Fue creado por una madre sin duda oscura, pero destacó su carácter virtuoso»).

La cuestión bizantina

Hacia el 599 hubo una guerra contra los bizantinos, sin que sepamos las causas ni la evolución, aunque parece que la lucha fue favorable a Bizancio, que ocupó diversos territorios (no muy extensos en todo caso). Debió ser tras ello cuando Recaredo solicitó por mediación del Papa una copia del tratado concertado con los bizantinos, que fijaba los límites de la provincia de Spania (se supone que el ejemplar de los visigodos se habría perdido y el ejemplar imperial se supone destruido en un incendio seguramente en el 564 ó 565). El Papa le respondió que desistiera de ello pues, caso de aparecer el tratado, aun con las presuntas conquistas bizantinas, el reino visigodo resultaría perjudicado, ya que la extensión de la provincia debía ser menor que en el momento del tratado (¿551?, ¿564?). Como sabemos que Leovigildo había recobrado toda o parte de la región del Estrecho (con Asidona), las regiones cercanas a Málaga y Baza (y tal vez la misma Baza) y probablemente el territorio entre Baza y Málaga, las regiones ocupadas por los bizantinos se situarían bien en la zona costera entre Málaga y Cartagena o bien en la zona del Estrecho.

Muerte de Recaredo

Recaredo murió en Toledo el 21 de diciembre del año 601, y le sucedió su, aun muy joven, hijo Liuva II, del cual distintos autores discrepan sobre su legitimidad.

Listado de reyes visigodos

Listado de reyes visigodos

 

Reyes visigodos

  • Ariarico: 257-300
  • Aorico: 300-330
  • Geberico: 330-350
  • Alavivo: 350-376
  • Fritigerno: 376–380.
  • Atanarico: 380–381.
  • Alarico I: 395–410.

Reino arriano de Tolosa

  • Ataúlfo: 410–415.
  • Sigerico: 415.
  • Walia: 415–418.
  • Teodorico I: 418–451.
  • Turismundo: 451–453.
  • Teodorico II: 453–466.
  • Eurico: 466–484.
  • Alarico II: 484–507.

Reino arriano de Narbona

  • Gesaleico: 507–511.

Época de gobierno ostrogodo de Rávena

  • Teodorico el Grande (ostrogodo, regente de Amalarico): 511–526.

Reino arriano de Narbona

  • Amalarico: 526–531.

Reino arriano de Toledo

  • Teudis: 531–548.
  • Teudiselo: 548–549.
  • Agila I: 549–551.
  • Atanagildo: 551–567 (fija su residencia en Toledo).
  • Liuva I: 567–572.
  • Leovigildo: 572–586.

Reino católico de Toledo

  • Recaredo I: 586–601.
  • Liuva II: 601–603.
  • Witerico: 603–610.
  • Gundemaro: 610–612.
  • Sisebuto: 612–621.
  • Recaredo II: 621.
  • Suintila: 621–631.
  • Sisenando: 631–636.
  • Chintila: 636–639.
  • Tulga: 639–642.
  • Chindasvinto: 642–653.
  • Recesvinto: 653–672.
  • Wamba: 672–680.
  • Ervigio: 680–687.
  • Égica: 687–700.
  • Witiza: 700–710.
  • Rodrigo: 710–711.

Fin del reino visigótico

  • Agila II: 710–714 (reinó en la Tarraconense y Septimania).
  • Ardón: 714–720 (reinó en la Septimania).
  • Teodomiro: 713–743 (reinó en Reino de Tudmir (713-779)).
  • Atanagildo: (743-779?) (reinó en Reino de Tudmir (713-779)).

Usurpadores

  • Sindila: 631–631.
  • Iudila: 63¿?–63¿? (investido con poderes regios durante el cautiverio de Suintila o ya el bajo reinado de Sisenando, acuñó moneda —símbolo de legitimidad real—. Reinó solamente en Lusitania y la Bética).
  • Paulo: 673 (duque de la Narbonense, fue proclamado rey en Gerona. Reinó en la Septimania y algunas partes de la Tarraconense).
  • Suniefredo: 692–693. Acuñó moneda.

Califatos

 

Califato Ortodoxo

Califato Ortodoxo

632–661
Capital Medina
Religión Islam
Historia
 • Establecido 632
 • Disolución 661

Los califas bien guiados (en árabe, الخلفاء الراشدون, al-julafā' ar-rāshidūn) es el nombre que se da en la tradición musulmana sunní a los cuatro primeros califas que sucedieron a Mahoma tras su muerte en el año 632 y hasta el año 661. En muchas lenguas europeas se les conoce también como califas ortodoxos. Los sunníes de lengua urdu a veces les llaman los cuatro amigos (چار یار, chaar yaar) y a su dominio el reinado de los cuatro califas.

Los cuatro eran compañeros muy cercanos del profeta y fueron elegidos por aclamación de la comunidad de creyentes, a diferencia de sus sucesores los califas omeyas y abasíes.

  • Abu Bakr (La Meca, c. 573 - Medina, 634)
  • Umar ibn al-Jattab (Nacido en La Meca hacia el 581, gobernó entre 634 y 644)
  • Uthman ibn Affan (gobernó entre los años 644 y 656)
  • Ali ibn Abi Talib (17 de marzo de 599 o 600,  27 de enero de 661  )

Algunos incluyen a Hasan ibn Ali como el quinto califa rāshid.

Según los chiíes, el primer califa fue Alí seguido de los imames chiíes, pues, aducen, esta sucesión la decidió Mahoma mismo.

Para los Abadíes no hubo más que dos califas bien guiados, ya que, en su opinión, sólo partes de los califatos de Uthman y Ali ibn Abi Talib fueron bien guiados.

Califato Omeya

Califato Omeya

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Reino de los visigodos.svg

661–750

Abbasids Dynasty 750 - 1258 (AD).PNG
Coras del Emirato de Córdoba.png

Ubicación de
Máxima extensión del Califato Omeya
Capital Damasco
Religión Islam
Historia
 • Establecido 661
 • Disolución 750

Los Omeyas (en lengua árabe, بنو أمية banū umayya o الأمويون al-umawiyyūn; en persa, امویان omaviyân; en turco, Emevi) fueron un linaje árabe que ejerció el poder califal, primero en Oriente, con capital en Damasco, y luego en al-Ándalus, con capital en Córdoba.


 Orígenes y ascensión al califato

Los omeyas eran un clan de la tribu de Quraysh, de La Meca, a la que pertenecía Mahoma. El antepasado que da nombre a la familia, Umayya ibn Abd Shams, era sobrino de Háshim, bisabuelo de Mahoma que da nombre a los hashimíes o hachemíes.

El primer vínculo de los omeyas con el califato se produce cuando un miembro del clan, Uthman ibn Affan, rico comerciante de La Meca y esposo sucesivo de dos hijas de Mahoma, es elegido sucesor del califa Omar a la muerte de éste en el año 644, convirtiéndose de este modo en el tercero de los llamados califas bien guiados. La elección de los califas entra en conflicto, cada vez que se produce, con las reivindicaciones del llamado Partido de Alí, que afirma que Ali ibn Abi Tálib, primo y yerno del profeta, es quien debe ocupar el cargo debido a su estrecha proximidad con Mahoma. Uthman es asesinado en el año 656 y Alí es elegido califa. Sin embargo, esta elección es contestada por otro miembro del clan omeya, Muawiya I, a la sazón gobernador de Siria. Muawiya acusa a Alí de complicidad en el asesinato de su predecesor y se levanta en armas contra él. Ambos ejércitos se enfrentan en la batalla de Siffin, acontecimiento de gran importancia pues es el que marca el origen de las tres grandes divisiones doctrinales del islam. Alí es derrotado y se retira a su plaza fuerte de Kufa (Irak), mientras que Muawiya se proclama califa en Damasco, trasladando de este modo la capitalidad del Estado islámico de Medina, en el Hiyaz, a la urbe siria.

Lista de Califas Omeyas

Utman (644 – 656), el tercero de los cuatro primeros califas, pertenecía a la familia Omeya, aunque no se le suele incluir en esta lista sino en la de los Califas ortodoxos.

  • Mu’awiyya I (661 – 680)
  • Yazid I (680 – 683)
  • Mu'awiyya II (683 – 684)
  • Marwan I ibn al-Hakam (684 – 685)
  • Abd al-Malik (685 – 705)
  • Walid I (705 – 715)
  • Suleimán I (715 – 717)
  • Umar II ibn 'Abd al-'Aziz (717 – 720)
  • Yazid II (720 – 724)
  • Hisham ibn Abd al-Malik (724 – 743)
  • Walid II (743 – 744)
  • Yazid III (744)
  • Ibrahim ibn Al-Walid (744)
  • Marwan II al-Himar (744 – 750)

 

Califato Abasí

الخلافة العباسية
al-khilāfah al-‘abbāsīyyah
Califato Abasí de Bagdad

 

750–1258

 
 

Bandera de Califato Abasí

Bandera

Ubicación de Califato Abasí
El Califato Abasí hacia el 850.
Capital Bagdad
Religión Islam
Comendador de los creyentes
 • 750–754 Al-Safar
 • 1242–1258 Al-Musta'sim
Historia
 • Establecido 750
 • Disolución 1258
Moneda Dinar; dirhem

El Califato Abasí (llamado también abásida), fue la segunda dinastía de califas suníes (750-1258), sucediendo a la de los omeyas. También se conoce como Califato de Bagdad.

Los abasíes basan su pretensión al califato en su descendencia de Abbas ibn Abd al-Muttalib (566-652), uno de los tíos más jóvenes del profeta Mahoma. Muhammad ibn 'Ali, bisnieto de Abbás, comenzó su campaña por el ascenso al poder de su familia en Persia, durante el reinado del califa omeya Umar II. Durante el califato de Marwan II, esta oposición llegó a su punto culminante con la rebelión del imán Ibrahim, descendiente en cuarta generación de Abbás, en la ciudad de Kufa (actual Irak), y en la provincia de Jorasán (en Persia, actual Irán). La revuelta alcanzó algunos éxitos considerables, pero finalmente Ibrahim fue capturado y murió (quizás asesinado) en prisión en 747. Continuó la lucha su hermano Abdalah, conocido como Abu al-'Abbas as-Saffah quien, después de una victoria decisiva en el río Gran Zab en 750, aplastó a los omeyas y fue proclamado califa.

El sucesor de Abu al-'Abbás, al-Mansur, funda en 762 la ciudad de Madinat as-Salam (Bagdad), a la que traslada la capitalidad desde Damasco.

La época de máximo esplendor correspondió al reinado de Harún al-Rashid (786-809), a partir del cual comenzó una decadencia política que se acentuaría con sus sucesores. El último califa, al-Mu‘tasim, fue asesinado en 1258 por los mongoles, que habían conquistado Bagdad. Sin embargo un miembro de la dinastía pudo huir a Egipto y mantuvo el poder bajo el control de los mamelucos. Esta última rama de la dinastía se mantuvo hasta 1517 cuando los turcos otomanos conquistaron Siria y Egipto.

Lista de califas abbasíes de Bagdad

  • 750-754 : Abu al-'Abbás al-Safar
  • 754-775 : al-Mansur
  • 775-785 : al-Mahdi
  • 785-786 : al-Hadi
  • 786-809 : Harun al-Rasid
  • 809-813 : al-Amin
  • 813-833 : al-Mamun
  • 833-842 : al-Mutasim
  • 842-847 : al-Wathiq
  • 847-861 : al-Mutawakkil
  • 861-862 : al-Muntasir
  • 862-866 : al-Musta'in
  • 866-869 : al-Mu'tazz
  • 869-870 : al-Muhtadi
  • 870-892 : al-Mu'tamid
  • 892-902 : al-Mu'tadid
  • 902-912 : al-Muqtafi
  • 912-932 : al-Muqtadir
  • 932-934 : al-Qahir
  • 934-940 : ar-Radi
  • 940-943 : al-Muttaqui
  • 943-946 : al-Mustaqfi
  • 946-974 : al-Muti
  • 974-991 : at-Ta'i
  • 991-1031 : al-Qadir
  • 1031-1075 : al-Qa'im
  • 1075-1094 : al-Muqtadi
  • 1094-1118 : al-Mustazhir
  • 1118-1135 : al-Mustarshid
  • 1135-1136 : al-Rashid
  • 1136-1160 : al-Muqtafi
  • 1160-1170 : al-Mustanjid
  • 1170-1180 : al-Mustadi
  • 1180-1225 : an-Nasir
  • 1225-1226 : az-Zahir
  • 1226-1242 : al-Mustansir
  • 1242-1258 : al-Musta'sim

Califato Fatimí

الخلافة الفاطمية
al-Jilāfa al-Fātimiyya
Califato Islámico Fatimí

Flag of Afghanistan (1880–1901).svg

909–1171

Flag of Ayyubid Dynasty.svg
Flag of Morocco 1147 1269.svg

Bandera de Califato Fatimí

Bandera

Ubicación de Califato Fatimí
El cafifato Fatimí en su apogeo, ca. 969
Capital Mahdia (Túnez) (909-69)
El Cairo (969-1171)
Religión Ismailismo (oficial)
sunnismo (mayoritaria)
Gobierno Monarquia
Califa  
 • 909-934 (primero) Ubayd Allah al-Mahdi Billah
 • 1160-1171 (último) Al-'Āḍid
Historia  
 • Establecido 5 de enero de 909
 • Fundación de El Cairo 8 de agosto de 969
 • Disolución 1171
Superficie
 • 969 5.100.000 km2
Población
 •  est. 62.000.000 
Moneda Dinar

El imperio Fatimí o califato Fatimí gobernó el Norte de África del año 909 al 1171.

El nombre Fatimí deriva del nombre de la hija del Profeta Mahoma, Fatima az-Zahra, y su esposo, Alí, primo del Profeta. La dinastía y sus seguidores pertenecían a la corriente ismailí dentro de la rama del islam de los chiíes. La dinastía fue fundada cuando un dirigente local en el oriente de Argelia se declaró el Mahdí, el "de guía divina" y el califa o imam. Legitimó su pretensión como descendiente del Profeta por vía de la hija del Profeta, Fatima Zahra, y su esposo, Ali ibn Abu Talib, primo del Profeta. Esto ocurrió en Kairuán, ciudad ubicada en el centro de Túnez, pero su control pronto se extendió a todo el centro del Magreb, área formada por los actuales países de Marruecos, plazas de soberanía españolas, Argelia, Túnez y Libia.

En el 922 se incorporó el emirato idrisí de Fez, el cual en el 925 se independiza. En el 927 se vuelve a incorporar al califato, y no es hasta el 937 cuando los idrisíes se vuelven a independizar de nuevo.

Los fatimíes entraron en Egipto en 972, donde fundaron una nueva capital junto a la ciudad de Fustat a la que llamaron al-Qáhira (القاهرة) (El Cairo), que significa "La Triunfante". Siguieron conquistando las áreas circunvecinas hasta que gobernaron desde Túnez a Siria, y llegaron hasta Sicilia.

A diferencia de otros gobiernos del área, el ascenso fatimí en cargos de Estado dependía más del mérito que del linaje, los cohechos y las intrigas. Los miembros de otras ramas del islam, como los sunníes, tenían tantas probabilidades de ser nombrados a puestos de gobierno como los chiíes. La tolerancia se extendía hasta los no musulmanes, como los cristianos y judíos que ocupaban los niveles más encumbrados del gobierno únicamente gracias a su capacidad.

El imperio siguió creciendo y floreciendo bajo el califa Al-Hakim, cuyo reinado empezó con la construcción de la gran mezquita entre Bab Al-Futuh y Bab An-Nasr en El Cairo (la Mezquita de al-Hakim). Rompiendo con la tradición, se mezcló con su pueblo para tomar el pulso de sus súbditos. Sin embargo, gradualmente, fue enloqueciendo hasta que ejecutaba a cualquiera que le desagradara y promulgó leyes arbitrarias, como la proscripción de los zapatos de mujer o la prohibición de trabajar de día y dormir de noche.

Con su locura también acabó la tolerancia hacia cristianos y judíos, a quienes cargó con varias leyes, entre ellas la obligación de llevar ropas distintivas. En 1009, Al-Hakim hizo destruir la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. Este hecho fue la excusa bajo la que se convocó la Primera Cruzada en 1099, a pesar del tiempo transcurrido, de que el emperador bizantino Constantino IX reconstruyó la iglesia en 1048 y de que la situación de los cristianos palestinos había vuelto a su cauce tras la muerte del califa.

Su muerte está velada por el misterio: simplemente desapareció cuando daba un paseo nocturno en burro, solo, por los alrededores del monte Muqattam, en las inmediaciones de la capital. La mayoría pensó que había sido asesinado para propiciar un cambio en el poder, pero algunos afirmaron que era divino y había ascendido a un ámbito espiritual. Los creyentes de esta tradición son conocidos como drusos y aún viven en el Líbano, Siria, Jordania e Israel. El impulso de divinizar al imam, esto es, al máximo guía espiritual, que en el caso fatimí era el califa, parece haber estado presente en el chiismo popular desde siempre, aunque es contraria al islam: el imam Ya'far al-Sadiq llegó a ordenar que murieran en la hoguera las personas que habían querido considerarle divino. Parece que Al-Hakim, al contrario, no hizo nada para evitar su divinización, sino que más bien la alentó.

Después de aproximadamente 1060, el territorio fatimí fue encogiéndose hasta que apenas lo componía Egipto. Con la enfermedad y muerte del último califa fatimí, en 1171, Saladino sumó a Egipto al Califato Abbasí y Egipto volvió a la rama sunní del islam, con lo que tocó a su fin la dinastía fatimí.

Con ello quedó además destruido el gran centro de poder ismailí, dejando el protagonismo en la historia posterior de esta secta islámica a la rama de los nizaríes, asentada principalmente en Irán y Siria.

Califas fatimíes

  1. Abdullah al-Mahdi Billah (909-934; fundador de la dinastía fatimí)
  2. Muhammad al-Qa'im Bi-Amrillah (934-946)
  3. Isma'il al-Mansur Bi-Nasrillah (946-952)
  4. Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah (952-975; Egipto es conquistado durante su reinado)
  5. Abu Mansur Nizar al-Aziz Billah (975-996)
  6. Huséin al-Hakim Bi-Amrillah (996-1021)
  7. Ali az-Zahir (1021-1035)
  8. Ma'ad al-Mustansir Billah (1035-1094)
  9. al-Musta'li (1094-1101)
  10. al-Amir Bi-Ahkamillah(1101-1130)
  11. al-Hafiz (1130-1149)
  12. az-Zafir (1149-1154)
  13. al-Faiz (1154-1160)
  14. al-Adid (1160-1171)

Los doce Apóstoles

Los doce Apóstoles

 

Los doce Apóstoles

Según el Nuevo Testamento, los doce Apóstoles definitivos fueron aquellos que no abandonaron a Jesús cuando este les indicó que debían comer su cuerpo y beber su sangre para alcanzar la vida eterna (Juan 6:25-70):

Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él.
Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?
Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?

Ellos fueron, en orden de elección:

  • Simón, hijo de Jonás o Juan (Simon bar Jonah o Šim`ôn bar-Yônâ) (Mt 16:18), renombrado por Jesús, Pedro (Mr 3:16). También conocido como Simon bar Jochanan (arameo) y Simón Pedro.
  • Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo .
  • Andrés, hermano de Pedro y exdiscípulo de Juan el Bautista
  • Juan, el menor de los doce, también hijo de Zebedeo (por tanto, hermano de Santiago el Mayor). Jesús llamó a ambos Bo-aner’ges, lo que significa ’hijos del trueno’. (Mr 3:17)
  • Felipe de Betsaida
  • Bartolomé hijo de Talemai, llamado también Natanael de Caná.
  • Tomás (llamado Dídimo o Mellizo).
  • Mateo, el publicano o recaudador de impuestos, llamado también Leví.
  • Santiago el Menor, Santiago, hijo de Alfeo, llamado también Santiago el Justo.
  • Judas Tadeo. En algunos manuscritos de Mateo, el nombre «Lebbaeus» ocupa su lugar o es llamado Judas, hijo de Santiago (Lc 6:16).
  • Simón el Cananeo, el Celador o Zelote (guerrillero).
  • Judas Iscariote. También es referido como «Judas, hijo de Simón» (Jn 6:71; Jn13:26). Judas, a causa de su traición a Jesús, se ahorco (de acuerdo a Mateo 27:5 y Hechos 1:18) y a raíz de esto se escogió a Matías como su reemplazo.
  • Matías, el sucesor de Judas, elegido a la suerte en el monte de la sangre, Cito, Hechos 1, 12-26. Hay muchos comentaristas bíblicos que no reconocen a Matías como sucesor de Judas ya que sólo Cristo Jesús es quien escoge a los Apóstoles y no delegó en ellos esta función. En su lugar sostienen que el sucesor de Judas Iscariote fue Saulo de Tarso, también conocido como Pablo, quien llevaría las Buenas Nuevas de Jesús a los gentiles (Hch 9:1-19).

Todos ellos eran galileos con excepción de Judas Iscariote, que se presume era de Judea (para algunos Iscariote significaría textualmente isqueriot, «de Queriot» al sur del distrito de Judá); mientras algunos más interpretan: de Isacar. Para otros viene de los sicarii, grupo de judíos nacionalistas insurgentes. Después de la resurrección y ascensión de Jesucristo y tras haberse suicidado Judas Iscariote, los once Apóstoles restantes se reunieron y eligieron a Matías para completar nuevamente el número de doce Apóstoles enviados a las doce tribus de Israel.

Dinastia Ptolomaica

 

Dinastía Ptolemaica

Ptolomeo I Sóter.

La Dinastía Ptoloméica es aquella fundada por Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno. Esta dinastía gobernó en Egipto durante el período Helenístico desde la muerte de Alejandro hasta el año 30 a. C., en que se convirtió en provincia romana. También se la conoce con el nombre de dinastía Lágida, pues Lagos se llamaba el padre (o presunto padre) de Ptolomeo I.

Ptolomeo I estableció la capital de este reino en Alejandría, un pequeño pueblo en aquella época que se transformó en el principal centro comercial e intelectual de la antigüedad.

Esta dinastía adoptó desde el principio las costumbres egipcias y fue una constante enemiga de la dinastía macedonia seléucida. Durante el reinado de uno de sus monarcas (Ptolomeo V) fue cuando se publicó (en el 197 a. C.) un decreto en tres tipos de escritura sobre una piedra negra que se conoce hoy en día como Piedra de Rosetta.

En algunos momentos de su historia, la dinastía ptoloméica (o toloméica) dominó Cirenaica (al noreste de la actual Libia), así como el sur de Canaán y Chipre.

Su último gobernante fue la célebre Cleopatra. Tras su muerte y la de su hijo, Cesarión (Ptolomeo XV), la dinastía concluyó y Egipto fue anexionado por Augusto al Imperio romano.


Faraones y reinas

Árbol genealógico de la dinastía ptoloméica.
  • Ptolomeo I Sóter (305 a. C.-282 a. C.)
    • Tais (cortesana)
    • Artacama (esposa)
    • Eurídice (esposa)
    • Berenice I (esposa)
  • Ptolomeo II Filadelfo (284 a. C.-246 a. C.)
    • Arsínoe I (esposa)
    • Arsínoe II Filadelfo (esposa-hermana)
  • Ptolomeo III Evergetes I (246 a. C.-222 a. C.)
    • Berenice II (esposa)
  • Ptolomeo IV Filopator (222 a. C.-204 a. C.)
    • Arsínoe III (esposa-hermana)
  • Ptolomeo V Epífanes (204 a. C.-180 a. C.)
    • Cleopatra I (esposa)
  • Ptolomeo VI Filometor (181 a. C.-164 a. C.) con Cleopatra I, Cleopatra II y Ptolomeo VIII; (163 a. C.-145 a. C.) además con Ptolomeo VII.
    • Cleopatra II (esposa-hermana)
  • Ptolomeo VII Neo Filopator, nunca reinó, fue asesinado por su tío Ptolomeo VIII.
  • Ptolomeo VIII Evergetes II Fiscon (170 a. C.-163 a. C.) con Ptolomeo VII y Cleopatra II; (145 a. C.-116 a. C.) con Cleopatra II y Cleopatra III.
    • Cleopatra II (esposa-hermana) (132 a. C.-124 a. C.), enfrentada a Ptolomeo VIII.
    • Cleopatra III Kokke (esposa-sobrina) (116 a. C.-107 a. C.) con Ptolomeo VIII y Cleopatra II; (107 a. C.-103 a. C.) y con Ptolomeo IX y X.
  • Ptolomeo IX Sóter II Látiro (116 a. C.-110 a. C.) con su madre Cleopatra III; (109 a. C.-107 a. C.) con Ptolomeo X; (88 a. C.-81 a. C.) solo.
    • Cleopatra IV (esposa-hermana). Corregente (116 a. C.-115 a. C.). Expulsada por su madre Cleopatra III.
    • Cleopatra Selene I (esposa-hermana)
  • Ptolomeo X Alejandro I (110 a. C.-109 a. C.) con su madre Cleopatra III; (107 a. C.-88 a. C.) con Ptolomeo IX, que lo asesinó.
    • Berenice III (esposa-sobrina). Gobernante (101 a. C.-82 a. C.)
  • Ptolomeo XI Alejandro II (80 a. C.)
    • Berenice III (esposa-prima). Gobernante (81 a. C.-80 a. C.), fue asesinada por su marido.
  • Ptolomeo XII Neo Dionisio Auletes (80 a. C.-58 a. C.) con Cleopatra V y Cleopatra VI; (55 a. C.-51 a. C.) con Cleopatra VII.
    • Cleopatra V Trifena (esposa-hermana). Gobernante (58 a. C.-57 a. C.), enfrentada a Ptolomeo XII.
    • Berenice IV (hija). Gobernante (58 a. C.-55 a. C.), enfrentada a Ptolomeo XII.
Imperio ptolemaico (en color azul).
  • Cleopatra VII (51 a. C.-30 a. C.).
    • Ptolomeo XIII (esposo-hermano) (51 a. C.-47 a. C.) con Cleopatra VII.
    • Arsínoe IV (hermana) (48 a. C.-47 a. C.), enfrentada a Cleopatra VII.
    • Ptolomeo XIV (esposo-hermano) (47 a. C.-44 a. C.) con Cleopatra VII.
    • Ptolomeo XV Cesarión (hijo) (44 a. C.-30 a. C.) con Cleopatra VII.

Dinastía Ptolemaica (305–30 a. C.)

Nombre Comentarios Reinado
Ptolomeo I Sóter Abdicó en 285 y murió en 283. 305–285 a. C.
Berenice I Esposa de Ptolomeo I ¿?–285 a. C.
Ptolomeo II Filadelfo En su época se construyó el Faro de Alejandría en la isla de Faros 285–246 adC
Arsínoe I Esposa de Ptolomeo II 284/81–274 a. C.
Arsínoe II Segunda esposa de Ptolomeo II 277–270 a. C.
Ptolomeo III Evérgetes I Gran mecenas que aumentó el número de volúmenes de la biblioteca de Alejandría 246–222 a. C.
Berenice II Esposa de Ptolomeo III 244/43–222 a. C.
Ptolomeo IV Filópator Derrotó al ejército del rey Antíoco III Megas 222–204 a. C.
Arsínoe III Esposa de Ptolomeo IV 220–204 a. C.
Ptolomeo V Epífanes Los reyes Antíoco IV y Filipo V de Macedonia le declararon la guerra 204–180 a. C.
Cleopatra I Esposa de Ptolomeo V. Co-regente junto a Ptolomeo VI durante la minoría de edad de este 193–176 a. C.
Ptolomeo VI Filométor Su madre, Cleopatra I, actuó como regente hasta su muerte, en 176 180–164 a. C.
Cleopatra II Esposa de Ptolomeo VI 173–164 a. C.
Ptolomeo VIII Evérgetes II Fiscón[4] Asociado al trono en 170. Reinó junto a Ptolomeo VI y Cleopatra II de 169 a 164. 171–163 a. C.
Ptolomeo VI Filométor Ptolomeo VI murió en Siria, en la batalla contra Alejandro Balas 163–145 a. C.
Cleopatra II Se casó con Ptolomeo VIII; le derrocó en 131 163–127 a. C.
Ptolomeo VII Neo-Filópator Asociado al trono por su padre; después reinó bajo la regencia de su madre Cleopatra II. Fue asesinado por su tío Ptolomeo VIII 144–145 a. C.
Ptolomeo VIII Evérgetes II Fiscón Reinstaurado en el trono 145–131 a. C.
Cleopatra III Segunda esposa de Ptolomeo VIII 142–131 a. C.
Ptolomeo VIII Evérgetes II Fiscón Reinstaurado de nuevo en el trono 127–116 a. C.
Cleopatra III Reinstaurada por Ptolomeo VIII. Después co-regente con Ptolomeo IX y Ptolomeo X 127–107 a. C.
Cleopatra II Se enfrentó a Ptolomeo VIII. Reconciliada, reinó con él y Cleopatra II hasta 116 124–116 a. C.
Ptolomeo IX Sóter II Látiro Gobernó con su madre Cleopatra III. Después con Ptolomeo X 116–110 a. C.
Cleopatra IV Casó con Ptolomeo IX. Fue corregente, pero la expulsó su madre Cleopatra III 116–115 a. C.
Ptolomeo X Alejandro I Cleopatra III, su madre, depuso a su hermano Ptolomeo IX y lo reemplazó por él 110–109 a. C.
Ptolomeo IX Sóter II Látiro Reinstaurado en el trono 109–107 a. C.
Ptolomeo X Alejandro I Reinstaurado en el trono, gobernó con su madre Cleopatra III 107–88 a. C.
Ptolomeo IX Sóter II Látiro Reinstaurado de nuevo en el trono 88–81 a. C.
Berenice III Casada con Ptolomeo XI, quien la mandó asesinar 19 días después 81–80 a. C.
Ptolomeo XI Alejandro II Hijo de Ptolomeo X. Instaurado por Sila y linchado 80 días después por el pueblo, por el asesinato de Berenice III 80 a. C.
Ptolomeo XII Neo-Dioniso Auletes Hijo de Ptolomeo IX. Nace en 51 a. C. 80–58 a. C.
Cleopatra V Esposa de Ptolomeo XII y madre de Berenice IV ¿?–57 a. C.
Cleopatra VI Hija de de Ptolomeo XII ¿?–58 a. C.
Berenice IV Hija de Ptolomeo XII y Cleopatra V. Se enfrentó a Ptolomeo XII 58–55 a. C.
Ptolomeo XII Neo-Dioniso Auletes Reinstaurado. Breve reinado junto a su hija Cleopatra VII 55–51 a. C.
Cleopatra VII Filópator Reinó con sus hermanos-esposos Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV 51–30 a. C.
Ptolomeo XIII Dioniso II Hermano de Cleopatra VII 51–47 a. C.
Arsínoe IV Se enfrentó a su hermana Cleopatra VII 48–47 a. C.
Ptolomeo XIV Filópator Hermano menor y esposo de Cleopatra VII 47–44 a. C.
Ptolomeo XV Cesarión Asociado al trono a los tres años por su madre Cleopatra VII 44–30 a. C.

Egilona

 

Egilona

Egilona o Egilo (*Toledo, 659 - ídem, 718), también llamada Ailo por los cronistas árabes, fue la última reina visigoda de Hispania. 

Era ésta una doncella criada en la corte de Toledo, en donde compartió juegos de adolescencia con Pelayo, y de ahí les entró la afición del uno por el otro, primero, y al poco un amor subido, pero esta relación no terminaría en legítima unión, Pelayo hubo de abandonar la corte de Toledo para seguir a su señor y futuro rey Rodrigo huido a raíz del asesinato de su padre por orden de Witiza.

Egilona fue esposa de don Rodrigo, último rey visigodo de Toledo. Tras su muerte en 711, Egilona fue apresada en Mérida por Abd al-Aziz ibn Musa, hijo de Muza y primer valí de la Península Ibérica, quien la tomó como esposa intentando con este gesto dar continuidad a su gobierno, atrayendo a la nobleza visigoda.

Algunos historiadores sostienen que se hizo musulmana, adoptando el nombre de Umm Asim «la madre de Asim» por el nacimiento de un varón. Sin embargo, según fuentes cristianas, Egilona habría continuando practicando la religión católica. De acuerdo con la Crónica del Pacense, la influencia de Egilona sobre Abd al-Aziz ibn Musa habría inquietado a los musulmanes por la posibilidad de que éste se puediera acabar convirtiendo al cristianismo. Este hecho habría motivado su asesinato por orden del Califa de Damasco, Suleimán, quien mandó a Sevilla a cinco oficiales para darle muerte.