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 ESPAÑA

Partido 664

  LIECHTENSTEIN

 8-0

1-0. M. 10. Diego Costa.

2-0. M. 55. Sergi Roberto.

3-0. M. 59. Silva.

4-0. M. 60. Vitolo.

5-0. M. 66. Diego Costa.

6-0. M. 82. Morata.

7-0. M. 83. Morata.

8-0. M. 90. Silva

Clasificación Mundial 2018

5 Septiembre 2016

León

Estadio: Estadio Municipal Reino de León

 

Ficha Tecnica

España: De Gea; Jordi Alba, Piqué, Sergio Ramos, Sergi Roberto; Koke, Busquets, Thiago (Nolito, m. 46); Vitolo (Asensio, m. 79), Diego Costa (Morata, m. 68) y Silva.

Liechtenstein: Jehle; Rechsteiner (Yildiz, m. 70), Polverino, Kaufmann, Göppel; Salanovic (Wolfinger, m. 77), Büchel, Wieser, Büchel, Burgmeier; y Hasler.

Goles: 1-0. M. 10. Diego Costa. 2-0. M. 55. Sergi Roberto. 3-0. M. 59. Silva. 4-0. M. 60. Vitolo. 5-0. M. 66. Diego Costa. 6-0. M. 82. Morata. 7-0. M. 83. Morata. 8-0. M. 90. Silva.

Árbitro: Simon Lee Evans (Gales). Mostró tarjeta amarilla a Kauffman, Polverino y Hasler.

Reyno de León. Unos 13.000 espectadores 

España 8-0 Liechestein

75 % Posesión 25 %
2 remates poste 0
14 remates a puerta 0
0 remates paradas 5
8 remates fuera 0
4 remates otros 1
0 tarjetas amarillas 4
0 tarjetas rojas 0
10 faltas recibidas 8
8 faltas cometidas 10
58 balones perdidos 96
68 balones recuperados 36
5 fueras de juego 1
0 penalties 0
2 intervenciones portero 16

Monólogo y tunda de España a Liechtenstein

La Roja, guiada otra vez por un gran Silva, despacha a su débil rival en una arrolladora segunda parte

Con un monólogo y una tunda concretada en el segundo tiempo, España despachó a la débil Liechtenstein. Hizo lo que tenía que hacer ante una selección muy inferior. Marcó las distancias y la realidad que separaba a una y otra para iniciar firme su camino al Mundial de Rusia. Esos ocho goles le pueden servir para deshacer un hipotético desempate por esa primera plaza que otorga el billete directo o por la segunda que da opción a la repesca.

A veces, hay partidos que se identifican desde la primera jugada. Dio el silbatazo inicial el colegiado y España estuvo tocando durante más de un minuto la pelota, escudriñando por dónde encontrar un agujero con toda Liechtenstein metido en su campo. La diferencia entre una y otra selección deparó ese monólogo, a veces anodino, en el primer tiempo, pero demoledor cuando Liechtenstein se derrumbó, agotada ya de correr detrás del balón. La semiprofesional selección centroeuropea no tuvo otra intención que tratar de realizar un ejercicio defensivo y físico para salir lo menos trasquilada posible de León. Ese amontonamiento de jugadores frente a su portero dejó el partido para filtradores de pases, giros y cambios de dirección en espacios reducidos y cinturas eléctricas. Es decir, la noche era para Silva y así lo entendió.

El canario asumió de inicio la responsabilidad de cuartear a la esforzada Liechtenstein revoloteando entre líneas por toda la mediapunta. Enganchó varios regates en menos de un metro que hicieron las delicias de la grada. Agarrada al burbujeo encarador de Silva, España cargó contra el área de Liechtenstein y abrió el melón con rapidez. Una falta lateral cometida sobre Jordi Alba la lanzó Koke cerrada para que Diego Costa la desviara con una media peinada de cabeza. La prontitud del tanto pareció anunciar una goleada funcionarial ya en el primer tiempo. No fue así.

Toque y toque

 España volvió a encontrarse con ese tipo de partidos en los que con el toque desgasta más al contrario físicamente que producción ofensiva real genera. Liechtenstein no se iba a mover de su planteamiento ni con un gol en contra ni con un saco. Ese tipo de partidos pone en cuestión la utilización de delanteros que juegan al espacio como Diego Costa o Morata. En realidad, el estilo y esos planteamientos ultradefensivos condenan tanto a los delanteros como Costa como a los de otros perfiles. Negredo, Llorente, Soldado o Urzaiz pueden dar fe de ello. Todos han pasado por ahí y todos fueron en muchas ocasiones meros observadores de cadenas interminables de pases a la búsqueda de una rendija definitiva.

Ese exceso de dominio también termina por caer en la rutina del pase. No exploró España el disparo lejano en todo el primer tiempo, un mal que no resuelve el fútbol español, y tampoco todo lo que pedía el partido las bandas. Le costó ver que la solución estaba en los costados, en el desborde y en el uno contra uno. Ahí fue creciendo Vitolo y con él una mayor profundidad que deparó un par de ocasiones. La más clara una de Koke, en una jugada de estrategia que le dejó solo en la frontal. El volante Atlético primero le pegó al aire y su segundo remate, mordido, y el rechace que cazó Busquets los sacó un defensa de Liechtenstein bajo palos.

Lopetegui debió ver claro la necesidad de abrir más el campo y a la vez generar más superioridades por dentro. Dejó a Thiago en el banquillo, dio entrada a Nolito y subió a Sergi Roberto al centro del campo para pasar a jugar con una defensa de tres compuesta por Alba, Piqué y Ramos. Con ese nuevo dibujo y agarrada de nuevo a Silva, Liechtenstein ya se derritió por completo. Los goles empezaron a caer con naturalidad. Primero fue Sergi Roberto, que interpretó muy bien un movimiento hacia adentro para recoger un pase filtrado de Nolito y superar la salida de Jehel por bajo. El azulgrana se va confirmando como ese jugador versátil impagable para sus entrenadores.

Silva hizo el tercero para culminar dos partidos en los que ha cogido los mismos galones que ya apuntó en la Eurocopa. Lopetegui le ha dado los 180 minutos para llenarle el depósito de su confianza. Vitolo, que ya convertía una y otra vez a su par en un guiñapo firmó el cuarto. Ya con Liechtenstein totalmente deshecha y mareada, Costa también se permitió marcar otro gol para la autoestima. En esa puja que van a mantener por la titularidad, Morata le igualó los dos goles a Costa en apenas tres minutos y Silva cerró la tunda. Con Italia y Albania en octubre no será igual.

CRÓNICA | España, en un santiamén: 8-0

La selección, que solo marcó un gol (Costa) en un primer tiempo anodino, se desmelenó en el segundo con tres dianas (Sergi Roberto, Silva y Vitolo) entre el minuto 54 y el 59

El equipo volvió a mostrar una cara muy ilusionante en cuanto apretó el acelerador: Costa hizo el segundo de los suyos y Morata dos espléndidos nada más saltar al campo. Silva selló la masacre.

Es generalmente verdad aquello de que en el fútbol actual se sigue una natural tendencia al equilibrio entre países. No se da en todos los casos, pero lo evidencian los resultados. Sobreviven, sin embargo, selecciones para las que alcanzar a echarle un pulso a las mejores resulta una tarea tan ardua como inútil. Valgan como ejemplo un par de frases de lo más irónicas del seleccionador de Liechtenstein y de uno de sus jugadores. Dijo el primero que “no juega Iniesta, ganamos” y corroboró el segundo, afirmando, entre sonrisas,  que “cuando acabe el partido, seguro que los españoles se pegan por nuestras camisetas”.

No hay lugar en estos tiempos ni para lo uno ni para lo otro. Liechtenstein se había enfrentado seis veces a España, aquí y allí, con un saldo aterrador: seis derrotas, 23 goles encajados, ninguno marcado. Esas cifras tan esclarecedoras prueban la enorme distancia entre su fútbol y la evidencia de que sigue habiendo “cenicientas” en este fútbol, viajeros infatigables de la fe en un futuro mejor,  jóvenes voluntariosos en pos de una gloria que no les llega, en fin, equipos que solo pueden echarse en un sofá y soñar con tiempos mejores que no asoman. Todavía.

Con la misma cara de equipo que el que saltó al campo en Heysel, salvo Costa, que en el Reino de León ofició de titular, y Sergi Roberto, que ocupó la banda de Carvajal, como si ya Lopetegui estuviese cerca de la diana del equipo o del casi equipo que busca por pronto que resulte, España no tardó ni un suspiro en darse cuenta de a lo que llegaba Liechtenstein: cuatro jugadores atrás, cinco un poco por delante de ellos y uno sin llegar a pisar el medio campo. Una barrera natural y numerosa tan rudimentaria como voluntariosa, pero barrera, al fin y al cabo.

A España le costó hallar el pulso a lo que los obstáculos requerían y la intensidad para evitarlos de un plumazo. Superar a un equipo que defiende con todo lo que tiene requiere de ciertas manijas que no siempre funcionan cuando hay tanto que eludir. No lo logró la selección hasta el saque de una falta lateral a los 10 minutos de partido. La botó Koke y la peinó de cabeza Costa, superando los intentos de Piqué y Ramos que habían acudido a ejecutar la mejor de sus opciones defensivas. La diana del ariete fuemultitudinariamente celebrada por sus compañeros. Llevaba mucho tiempo buscándola. Demasiado.

Liechtenstein no modificó su actitud, loable se mire como se mire, a pesar de la diana. Qué más les da a ellos que les hagan uno o tres siempre que las cifras sean razonablemente honorables. Así que el partido siguió el guión marcado desde que se supo el enfrentamiento y el curso de los primeros minutos. Busquets se apoderó del medio campo; Ramos y Piqué se situaron en la línea central; Koke y Alba percutieron por la izquierda; Silva, más trabado que en Bruselas,  porque esta vez había muchos más adversarios, aunque fueran de inferior calidad, buscó los espacios interiores y Thiago, a su diestra, el pase largo para abrir el juego. A los 15’, Lopetegui cambió de bandas a Koke y Vitolo. España dominaba, mandaba en el marcador, pero no lucía en un duelo sin tensión. Son cosas que pueden suceder cuando un equipo se enfrenta a un enemigo claramente inferior que basa su destino en la tarea enormemente sacrificada de una muchedumbre de defensores, de discreto nivel, y hasta asfixiados por el calor, pero muchedumbre.

Cerrados los espacios defensivos interiores de Liechtenstein y sin salida España por los exteriores, a los 34’ Liechtenstein se permitió el lujo no ya de avanzar, sino de sacar un córner, sorprendido Alba. Era una noticia en un duelo marcado por la distancia, pero menguante en juego y sin que la selección acertara a imponer el ritmo preciso, bien por el número de adversarios con los que se topaba, bien por sus imprecisiones que condujeron a un fútbol deshilachado, bien por el apagón de Silva… O por los calores de la noche. O por todo ello. El caso es que a excepción de una jugada larga con remates varios allá por los 40’ el cancerbero de Liechtenstein apenas pasó apuros. ¡Quién se lo iba a haber dicho a la hora de la siesta!

Lopetegui  trató de remediar, consiguiéndolo, la falta de explosividad del equipo reforzando el ataque aún a costa de sacrificar a Thiago. Entró Nolito en banda izquierda, con lo que se formó un tridente compuesto por el gaditano, Costa y Vitolo. A los 51’, Koke estrelló en la cruceta del portal visitante un balón a saque de falta, aviso de los vientos que soplarían a partir de ese instante. El cambio aportó más vigor ofensivo, el equipo español pisó el acelerador y todo eso se tradujo en más y más continuados peligros. Nada que pudiera sorprender si acaso por la tardanza. A los 54’ Sergi Roberto aprovechó un balón vertical para lograr el segundo tanto, burlando la salida del portero; a los 58’, Silva remachó un pase de Vitolo sobre la misma línea de gol y uno más tarde, a los 59’, fue este el que hizo el cuarto a puerta vacía. Es decir, un santiamén bastó para poner a cada uno en su sitio. A los 65’, Costa volvió a demostrar su hambre: recogió un balón dentro del área, quebró a su tibio marcador, remató con la izquierda, desvió el cuero el guardameta de Liechtenstein y él mismo lo cabeceó al fondo del marco. La manita. La aparición felicísima de Morata no hizo otra cosa que disparar las diferencias. En dos minutos marcó dos espléndidos goles marca de la casa. Silva selló la masacre. 

El duelo entre el gigantes y el que aspiraba a ser mata gigantes acabó como tenía que acabar. Ni hubo sorpresa en el Reino de León, ni Liechtenstein ha subido uno solo de los peldaños que pueden acercarle a lo inaccesible, esto es, España. Sin estridencias al principio, con la contundencia y el estrépito precisos cuando debía mostrarlos, la selección de Lopetegui obtuvo sus tres primeros puntos de la fase de clasificación para el Mundial 2018 con un segundo tiempo muy ilusionante. Estaba escrito hace mucho. Hay cosas que, por mucho tiempo, nada va a cambiar.

 








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