13° Libro 2020 (30 Nov - 6 Ene)
Las Tinieblas y el Alba
Ken Follett
Las Tinieblas y el Alba
Ken Follett
Reina, una mujer acostumbrada a tomar sus propias decisiones, recibe una llamada inesperada que puede cambiarlo todo: ha aparecido una carta repleta de secretos que su destinataria nunca leyó y que revela una nueva verdad. Al mismo tiempo, alguien pretende abrir la tumba de su padre, José Gené, muerto en extrañas circunstancias hace
más de cuarenta y cuatro años en un pueblo de los Pirineos.
La historia de su padre, y de aquellos que lo rodearon, llevará a la protagonista hasta Conques, una pequeña localidad de la provincia de Lleida, pero también a un día de un pasado lejano, el 26 de enero de 1939, cuando las tropas de Franco tomaron Barcelona. Un día de vencedores y vencidos después del cual nada volvió a ser como antes.
Care Santos reflexiona sobre la necesidad de conocer la auténtica verdad que esconde nuestro pasado en una novela absolutamente fascinante.
Nunca estamos preparados para saberlo todo.
JOSE CALVO POYATO
Sinopsis
ODISEA
Javier Negretre
Un héroe tan legendario como Odiseo merecía que se contara de nuevo (y como nunca) su epopeya. Una propuesta rompedora para lectores tan audaces y sin complejos como el mismísimo rey de Ítaca.
Cuando sus dedos empuñaron el arco, Odiseo cerró los ojos un instante y respiró hondo. Tal vez, si él y sus compañeros triunfaban, futuros poetas cantarían una canción sobre los héroes que se enfrentaron a los dioses. Probablemente esos versos mezclarían mentiras y verdades, como las mezclaban los relatos que él mismo les había contado a la bella Nausícaa y a su padre sobre la cueva del cíclope, la isla de la maga Circe o el descenso a los infiernos.
Pues el combate que los siete estaban a punto de librar no era solo cuestión de venganza, sino, por encima de todo, de supervivencia.
Y no únicamente la suya, sino la de toda la raza humana.
El único consuelo era que, si fallaba, no quedaría nadie sobre la faz de la ancha Gea para cantar el fracaso de Odiseo.
Javier Negrete, animado de un espíritu que solo y con toda justicia se puede calificar de «homérico», recrea en su nueva novela las aventuras del mayor héroe, y a la vez el más humano, de toda la mitología griega: Odiseo, rey de Ítaca, a quien acompañaremos durante los episodios más conocidos de la legendaria guerra de Troya y de su épico regreso a casa.
Pero no piense el lector que el autor se limita a recontar esta peripecia. Lo que tiene en sus manos es una epopeya completamente nueva, que, firmemente asentada en la antigua, nos presenta a Odiseo desde niño, cuando, sin él saberlo, se convierte en objetivo de los dioses, especialmente de Atenea: entusiasmada con la inteligencia y el valor del muchacho, decide convertirlo en su campeón entre los mortales, en su herramienta para hacerse Señora del Olimpo. Lo que estaba muy lejos de sospechar la diosa es que la principal virtud de Odiseo no es otra sino la astucia… y que quizá el de la manipulación sea el arte en el que los hombres se asemejan más a los inmortales.
Mágica como Cien años de soledad, intensa comoL casa de los espíritus, monumental como Ana Karenina.
«Nino Haratischwili es una de las voces más importantes de la literatura alemana.»
Die Zeit
Georgia, 1917. Stasia, la hija de un exquisito fabricante de chocolate, sueña con ser bailarina en la Ópera de París pero, recién cumplidos los diecisiete años, se enamora de Simon Iachi, oficial de la Guardia Blanca. La revolución que estalla en octubre obliga a los enamorados a contraer precipitadamente matrimonio.
Alemania, 2006. La biznieta de Stasia, Niza, lleva varios años viviendo en Berlín y huyendo de la dolorosa carga del pasado familiar. Cuando Brilka, su sobrina de doce años, aprovecha un viaje a Europa para fugarse de casa, Niza deberá encontrarla para llevarla de vuelta al hogar. Es entonces cuando decide enfrentarse al pasado (el suyo, el de su familia) y escribir, para ella y para Brilka, la historia de las seis generaciones que las precedieron.
De Londres a Berlín, de Viena a Tiflis, de San Petersburgo a Moscú, el apasionante destino de los miembros de esta familia georgiana se entremezcla con el de la convulsa historia del siglo XX. El resultado es una de las novelas más potentes y memorables de los últimos años.
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Desde Los hermanos Karamazov hasta Sonata a Kreutzer pasando por La gaviota, la crisis de la familia ha dado memorables páginas de la literatura rusa. La octava vida es una novela familiar escrita en alemán por una autora de Georgia con un fuerte trasfondo literario y cultural ruso. Contada desde la periferia del extinto imperio soviético, esta epopeya, que abarca seis generaciones, tiene un calado y una fuerza inusuales. Ambiciosa, segura del material que narra, fría pero con una tensión emocional siempre a flor de piel, Nino Haratischwili (Tiflis,1983), llegada a Berlín en 2003, compone un tapiz histórico fascinante en el que se mueven inolvidables personajes tolstoieskianos. El resultado, de entrada excesivo en páginas y al final misteriosamente breve, cubre más de cien años, no de soledad, sino de vida y milagros de los Dzhashi, que ven pasar bajo el balcón y a menudo tomar la casa a los avatares del imperio ruso, en sus perversas mutaciones. La voz narradora, la de Niza, nacida en 1973, acaba resonando en el lector como un cuentista anónimo al que otorgamos todo el crédito, pues ha reunido con tenacidad de investigador la memoria de su madre, Elene; de su tía abuela Kitty, de la bisabuela Stasia y de la hermanastra de esta última, la bella Christine.
Todo empieza cuando la joven desarraigada Niza se ve obligada a ir tras su sobrina Brilka, de 12 años, que se ha escapado en un viaje con su grupo de danza y pretende llegar sola a Viena para cumplir uno de los sueños rotos de la constelación familiar. Estamos en 2006, pero enseguida volvemos atrás, a 1917, cuando un teniente de la Guardia Blanca y Stasia, hija del maestro chocolatero, empiezan su noviazgo. El novio es enviado a la ciudad del Neva poco antes de la toma del Palacio de Invierno, y el chocolatero entrega a su hija como dote la receta secreta de su chocolate mágico. Esa pócima sublime podía provocar catástrofes en las vidas de quienes la bebían y volverá a aparecer a lo largo de la novela como un leitmotiv de lo aciago familiar. La utilizarán Stasia y Christine en momentos delicados y acabará en manos de Niza, que deshará la dulce maldición encontrando el conjuro en el mismo acto de contar.
La novela avanza con el reloj de sangre del siglo. El teniente Dzhashi se ve arrastrado por el ímpetu revolucionario, y así empiezan los sinsabores de Stasia, que pretendía ser bailarina. Y pronto será Christine, hija de la segunda mujer del chocolatero, la que caerá en las redes de los nuevos tiempos, que como dice un proverbio georgiano son los que reinan, no los reyes. En el Tiflis de los años treinta, Christine es la reina de los salones gracias a Ramas, su marido, la mano derecha del sanguinario Beria, llamado en la novela “Pequeño Gran Hombre”, así como a Stalin se le llama siempre “el Generalísimo”. Ambos eran georgianos. La caída en desgracia de Ramas salpicará a la familia, pero la Christine de los dos rostros saldrá adelante. Luego le toca el turno a Kostia, hijo de Stasia, que sigue los pasos del padre ausente en el servicio ciego al Estado soviético. Muy diferente es su hermana Kitty, la cual sufre el abuso del poder y termina, tras un desquite rocambolesco, en el exilio, donde lo dejado atrás se veía más claro y “no se podía embellecer nada”. También la conflictiva historia de Elene, nacida en plena Guerra Fría, no tiene desperdicio, así como la de su hija Daria, convertida en fugaz estrella de cine.
Haratischwili tiene un estilo fluido y preciso; una voz aguda e irónica que evita el sentimentalismo y la complacencia narrativa. Casi todo halla su función y su propósito en la novela, apenas hay digresiones o personajes volátiles. Incluso las explicaciones históricas sobre la Gran Guerra Patria, las purgas y los gulags, y las guerras independentistas del Cáucaso están muy bien ligadas a los personajes. El carácter moderno outsider de Niza, la cronista que hurga en las cenizas de los hechos para volver a sentir, se ha forjado en la mezcla de resignación y rabia soviéticas que viene durando más de un siglo. La vimos en Bulgákov, en el gran Shalámov y en la saga moscovita de Vassili Axionov, cuya madre, Evgenia Ginzburg, ya había descrito el infierno de Kolimá. Kostia, que en su carrera en la Marina vivió un accidente en un submarino atómico, es el personaje central de La octava vida. El comunista convencido que acaba asqueado con los oportunistas de Tiflis y la perestroika de Gorbachov. Y su viejo amigo Alania, del KGB, que se refugia en Inglaterra tras salvar a Kitty, es el puente entre la Georgia soviética y el despistado mundo europeo de la posguerra. Niza ofrece una inspirada definición del nacionalismo georgiano que puede servir a otros: “Un pueblo que se mira a sí mismo con ojos ajenos”. Harta de vivir en una sociedad desquiciada como su propia familia, muerta su hermana Daria, Niza se marcha a Berlín a finales de los noventa en busca acaso de orden, y allí se ve sorprendida por “el anhelo del caos que había en Occidente”.
La irrupción de Brilka, para quien Niza escribe la familienroman, cierra con viveza el círculo de la saga. Por fin llegamos al amor, que había estado creciendo a lo largo de mil páginas. “A veces se es mucho más fuerte cuando se es más débil”, dice Stasia al término de su vida. Las manías y la transparencia de Brilka nos hacen sentir el sólido terreno narrativo que la autora georgiana ha construido en un idioma para ella extranjero. Y la belleza de su hazaña de contar con talento y por pura necesidad esas historias que siguen sucediendo en la “simultaneidad del mundo”. Esta novela es un pedazo de la verdad, de la que pervive.