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ARAGON

Discografia La Ronda de Boltaña

Discografia La Ronda de Boltaña

La Ronda de Boltaña La Ronda de Boltaña [ (1996)

Autor:La Ronda de Boltaña (Grupo musical)

Título:La Ronda de Boltaña [Grabación sonora] / La Ronda de Boltaña.

Editorial:Zaragoza : Kikos, D. L. 1996.

Descripción física:1 disco (CD-DA) ; 12 cm + 1 folleto.

Notas:

Contiene: Días de albahaca ; Mazurca del puro ; La ronda enamorada ; Pasodobledel Trastiello ; El dólmen de Tella ; Yeba ; Niña bonita ; Habanera triste ; Os probechos ; O viento rondador ; Las bodas de Chistén ; Esperando a Teresa ; Luz de otoño ; Mazurca de Bruno ; Palotiau de Boltaña ; El país perdido
Int.: La Ronda de Boltaña ( Paco Sarrablo, José Luis Sarrablo, Miguel Sorribes, Julián de L'Albeitar, Alfondo Pérez, José Luis Tordesillas, Antonio Melendo, José Manuel Melendo, Miguel Ferrández, Enrique Vidania, Marcos Torres, Manuel Domínguez, Ignacio Pardinilla.
Folleto con letra de las canciones

Depósito Legal:Z 1956-1996

 

La Ronda de Boltaña Banderas de humo [ (1998)

Autor:La Ronda de Boltaña (Grupo musical)

Título:Banderas de humo [Grabación sonora] / La Ronda de Boltaña.

Editorial:Zaragoza : KiKos, D.L. 1998.

Descripción física:1 disco (CD) : estéreo, digital ; 12 cm + folleto (24 p.)

Notas:

Contiene: 1.¡Tiembla porrón!.- 2.Nuei d'estrelas.- 3.Baxando t'a escuela.- 4.Ferrera.- 5.Una huella en la nieve.- 6.De ronda.- 7.La bella desconocida.- 8.Polka chiqueta.- 9.El duende de San Martín.- 10.Millollano.- 11.La condesa del Sobrarve.- 12.¡truca, buxo!.- 13.Pasodoble de los pizcos.- 14.Primavera rondadora.- 15.El mallo.- 16.La tronada.- 17.Mar de sueños.- 18.La casa caída.

Depósito Legal:Z-2031/1998

 

La Ronda de Boltaña País de anochecida [ (2001)

Autor:La Ronda de Boltaña (Grupo musical)

Título:País de anochecida [Grabación sonora] / La Ronda de Boltaña.

Editorial:Zaragoza : Kikos, [2001]

Descripción física:1 disco (CD) (72 min.) + folleto.

Notas:

Contiene: Pasacarreras de carnaval ; Aínsa ; La carocala ; Fiesta ; Ronda de los pollitos ; Bajo dos tricolores ; Baile ; As debinetas ; Pasa la ronda ; Polka de la luna llena ; Recuerdos ; Pedrón ; Acarrazaus ; Primero de noviembre ; Gato ; Trango dople__ ¡y china-chana! ; Mermelada de moras ; Polkón ; La revolandera ; Vals en sol ; manifiesto de invierno

 

 La Ronda de Boltaña Salud, país [ (2007)

Autor:La Ronda de Boltaña (Grupo musical)

Título:Salud, país [Grabación sonora] / La Ronda de Boltaña.

Editorial:Zaragoza : Kikos, D. L. 2007.

Descripción física:1 disco (CD-DA) (ca. 59 min., 07 seg.) + 1 folleto [14 p.]

Notas:

Contiene: ¡Salud, país! ; ¡Teruel! ; Diatónico ; El último tango en Sercué ; La trilla amarga ; Relájate y ronda ; El árbol de las tempestades ; L'Albeítar ; Armonía ; Polca d'o Bico de San Chusé ; La Dama de la otoñada ; Pensando en tí ; Vals-jota de Ascaso ; Dilín-Dilón ; Aragaita ; Del tiempo y sus mudanzas ; Avispas en el cierzo ; Homenaje a "la Morisma" (Algaria/Marcha de la condesa del Sobrarbe) ; Aragón, agua y futuro... imperfecto ; En tu nombre
Int.: La Ronda de Boltaña ( Paco Sarrablo, José Luis Sarrablo, Miguel Sorribes, Julián de L'Albeitar, Alfondo Pérez, José Luis Tordesillas, Antonio Melendo, José Manuel Melendo, Miguel Ferrández, Enrique Vidania, Marcos Torres, Manuel Domínguez, Ignacio Pardinilla.
Folleto con letra de las canciones

Depósito Legal:

Z 3171-2007

 

La Ronda de Boltaña La huella que el tiempo deja. (2014)

Autor:La Ronda de Boltaña (Grupo musical)

Título:La huella que el tiempo deja.

Editorial:Zaragoza : Kikos, D.L. 2014.

Descripción física:1 disco (CD-DA)(ca. 64 min.) + 1 folleto ([38] p.)

Tipo de contenido:Música (interpretada)

Tipo de medio:audio

Notas:

Folleto con letra de las canciones.
Contiene: El fiero abrizón ; La dama del lago ; Diciembre ; Romance del caballero ; Dicen ; Canto a la libertad ; La montaña amarilla ; Carrusel ; Agosto ; Canción de amor para una tierra sin mar ; Romance de Agustinica ; La vela rota ; La brecha ; Hacia la flor de nieve (L'immortèla) ; El billano.
Int. La Ronda de Boltaña (Miguel Sorribes, Manuel Domínguez, Montserrat Angulo, Paco Sarrablo, José Luis Sarrablo, Julián de L'Albeitar, Miguel Ferrández, Oscar Tesa, Ignacio Pardinilla, Antonio Melendo, Francho Sarrablo, Fernando Sanz, José Manuel Melendo, Marcos Torres)
Grabado en Estudios Kikos (Zaragoza), durante la primavera y el otoño de 2014.

Depósito Legal:Z 1682-2014 Oficina Depósito Legal Zaragoza

 

Cartel Diya Nazional d'Aragon 2015

Cartel Diya Nazional d'Aragon 2015

Cartel San Chorche 2015

Cartel ruta del tambor y del bombo 2015

Cartel ruta del tambor y del bombo 2015

Cartel ruta del tambor y del bombo 2015

Ganador del Concurso del Cartel de la Semana Santa 2015 

de la RUTA DEL TAMBOR Y BOMBO

Titulo: “CORONA DE PASIÓN” 

Autor D. Cristóbal AGUILÓ DOMINGUEZ de Alcantarilla (Murcia).

 

Cartel ruta del tambor y del bombo 2014

Ganador del Concurso del Cartel de la Semana Santa 2014

de la RUTA DEL TAMBOR Y BOMBO

Titulo: "Palillera"

  • Autor: Beatriz Bordonaba Casamián de La Puebla de Híjar

 

Cartel ruta del tambor y del bombo 2013


Vidal Mayor

Vidal Mayor

EL “VIDAL MAYOR”, DON VIDAL DE CANELLAS Y LOS FUEROS DE ARAGÓN

Derecho, arte, lengua

El manuscrito se denomina “Vidal Mayor”. Él mismo lo dice. En efecto, tras los prólogos, comienza con las siguientes palabras: “Aquí comiençan los títulos del libro de los fueros que ha nompne Uidal Mayor”.

Un libro de los Fueros de Aragón. Pero no coincidente con los demás que conservamos.

Que se llama “Vidal Mayor”. Vidal, por su autor, don Vidal de Canellas, Obispo de Huesca cuando en esta ciudad se celebra Corte General en 1247.

Mayor, porque hay otro menor. No otro Vidal, sino otro libro de fueros más breve. El libro “mayor” de don Vidal se llamará también “Compilatio maior”, en latín. En realidad, en latín lo escribió: es el “Liber In excelsis”, por las primeras palabras de su prólogo (“In excelsis Dei Thesauris”). El Vidal Mayor es una traducción (anónima) del Liber In excelsis al aragonés. Traducción y adaptación del In excelsis, del que no conservamos ningún ejemplar.

El “Vidal Mayor” es, a su vez, ejemplar único. Su texto no se encuentra en ningún otro manuscrito. Sí algunos fragmentos, importantes, que forman parte del arquetipo de la compilatio minor o compilación oficial.

Con lo dicho, ya se comprende la excepcional importancia que tiene este manuscrito para la historia de los fueros de Aragón. Buena parte de lo que sabemos sólo lo podemos saber por él.

Además, lo que salta a la vista: su gran belleza. Y su antigüedad (finales del siglo XIII).

También es documento único en la historia de la lengua. Es el texto más extenso conocido en romance aragonés medieval. Posiblemente está escrito en un aragonés “de cancillería”, que no se corresponde con ninguna de las hablas de los aragoneses del siglo XIII, sino que es expresión de un intento de normalización de las mismasi.

Las vicisitudes del manuscrito

Sin duda cuando se escribió y minió el manuscrito fue objeto de toda clase de atenciones y su valor como objeto de arte no hizo sino crecer con el paso del tiempo. Pero no sabemos nada seguro sobre el encargo, el destinatario, la finalidad y el uso de la obra. Los rasgos estilísticos de las miniaturas y ornamentaciones marginales así como la propia escritura lo sitúan a finales del siglo XIII  (entre 1276 y 1290, propone Carmen Lacarraii; el museo Paul Getty retrasa la datación hasta 1290-1310). Su riqueza hace pensar en alguno de los grandes talleres europeos de confección de manuscritos iluminados, pues está a la altura de los mejores parisinos de la época. El texto, poco interesante fuera de Aragón y relacionado directamente con unas Cortes reunidas en Huesca, nos llevaría a esta ciudad, en el obispado de Jaime Sarroca, pero no hay noticias que permitan situar allí una obra de esta envergadura. Se ha sugerido el escritorio real de Barcelona. El nombre del escriba, Miguel López de Zandio, corresponde a un notario navarro, lo que da pie para conjeturar sobre la confección del manuscrito en Pamplonaiii.

Ahora bien, el contenido intelectual de la obra la vincula necesariamente a Aragón y casi con seguridad a su casa real. La presencia de la señal real (las cuatro barras) en dos de las miniaturas (II.9 y VII.28) robustece esta certeza. Cabe que se encargara a taller de fuera de Aragón, pero más difícilmente fuera de los territorios de la Corona. En cualquier caso, si se produjo fuera de Aragón, tuvo que entrar muy pronto en el Reino y estar siempre en manos de persona poderosa.

La conservación del manuscrito muestra que apenas se usó. Al menos desde 1300 el arquetipo a que corresponde su texto no se consideraba apropiado para la administración de justicia. Cuando algunos foristas eruditos de los siglos siguientes citan fragmentos de este arquetipo, lo hacen en latín con referencia al Liber in Excelsis. Es posible que del Vidal Mayor, como traducción y adaptación del In excelsis al romance, no se hiciera ninguna otra copia.

Sólo conocemos una cita tardía (1674) al Vidal Mayor que, por la errata característica que incluye, hace pensar que se hizo teniendo delante precisamente este ejemplar. La cita es de un Justicia, Exea y Talalleroiv, y en ella atribuye determinado fuero a Vidal de Canellas, “único compilador de los fueros escogido por Jaime I y la Corte en el año 1247”. Sobre el papel del obispo Vidal en esas Cortes, la autoría de las compilaciones de fueros y la naturaleza de éstas hablaremos en las páginas siguientes.

Hay que dar un salto de más de tres siglos.

A finales del siglo XIX el manuscrito era propiedad del ilustre abogado Luís Franco y López, quien sin duda apreciaba su valorv. Los herederos de quien fue gran foralista, senador del reino y alcalde de Zaragoza (a quien su Ayuntamiento dedicó merecidamente una calle) lo vendieron a un comerciante inglés. En 1906 Ureña lo daba por perdido.

Hace, por tanto, más de un siglo que el manuscrito salió de Aragón y de España.

Perdido estaría definitivamente para nosotros si el filólogo sueco Gunnar Tilander no hubiera puesto su empeño en encontrarlo, como parte de su tarea de edición del manuscrito 458 de los Fueros de Aragón. Tras gestiones en Zaragoza, que le proporcionaron una débil pista, lo identificó en Londres, en propiedad del Dr. C. W. Dyson Perrins (a quien lo había vendido C. Fairfax Murray, comprador de los herederos del prócer aragonés).

Perrins lo puso gentilmente a disposición de Tilander, quien realizó una excelente edición, con estudio filológico y copioso vocabulario que, junto con el publicado por el mismo Tilander en "Los Fueros de Aragón" (ms. 458 BN), son instrumentos de primer orden para el estudio del romance aragonés en se escribieron varios manuscritos de los fueros de Aragón y, aunque no fuera este el centro de interés de Tilander, para el del Derecho de la época. Se publicó esta edición difícilmente superable del Vidal Mayor en Lund (Suecia), en la colección Leges Hispanicae Medii Aevi, subvencionada por fundaciones de aquel país. Comprende tres tomos, el primero de estudio introductorio y reproducción en blanco y negro de todas la miniaturas (108 + XXXII págs.), el segundo la transcripción con notas (543 págs.) y el tercero el vocabulario (341 págs.)vi. Desde 1956, fecha de la publicación, se inicia una nueva etapa en el conocimiento de la formación de los Fueros de Aragón.

En cuanto al manuscrito, al fallecer Mr. Perrins fue subastado en 1958. Tras una corta permanencia en Estados Unidos, volvió a Europa y apareció en la colección del matrimonio Peter e Irene Ludwig, en Aquisgrán. Se vendió de nuevo y lo adquirió en 1983 la fundación Paul Getty. En el Museo Getty de California está guardado con todos los honores. A su generosidad debemos la presencia del manuscrito en esta Exposición y, antes (y más importante), el permiso y facilidades para la edición facsimilar de 1989, financiada por la Diputación de Huesca,  por iniciativa de Agustín Ubieto, que entonces presidía del Instituto de Estudios del Alto Aragón.

Vidal de Canellas

No se conocen con certeza el lugar y fecha de nacimiento de don Vidal. Ocurrió muy probablemente en el último decenio del siglo XII, acaso en la localidad de Canyelles, en el Penedés. Pero su apellido -transcrito en los documentos con variantes- está bien documentado en Almuniente (muy cerca de Huesca) desde 1180, si bien no ha podido probarse el posible parentesco de esta familia -procedente de Ribagorza- con el luego Obispo de Huesca. Cuando éste restaura el Monasterio de San Pedro de Siresa (1252) instituye la celebración en rito doble de la festividad de Santa Eulalia de Barcelona, en razón de que "ab infantia nos nutrivit". Pero estas palabras no significan necesariamente que naciera en Barcelona, sino -como explica su mejor biógrafo, Durán Gudiolviitan solo que Vidal se formó, niño aún, a la sombra del sepulcro de la santa, como donado a la canónica barcelonesa. En su testamentoviii recuerda el tiempo en que fue prepósito en la iglesia de Barcelona y señala un legado a los hermanos predicadores de aquella ciudad. Por otra parte, el rey Jaime I afirma estar ligado por vínculo de consanguinidad, si bien se ignora en qué grado.

Estudió en la Universidad de Bolonia -el más importante centro de estudios de Derecho en Europa-, donde consta se encontraba en 1221. Allí conoció a Raimundo de Peñafort, entonces maestro en la Universidad y luego compilador de las Decretales de Gregorio IX (promulgadas en 1234), con quien parece que mantuvo relación a todo lo largo de su vida: Durán Gudiol escribe que fue "el gran amigo y valedor" de Vidal. En efecto, Raimundo fue uno de los tres legados papales enviados a Huesca para designar sucesor en el obispado de Huesca-Jaca, una vez depuesto traumáticamente García Gúdal. La elección (1237) recayó en Vidal, que, poco antes de fallecer (1252), hizo testamento en que -entre otras disposiciones- se nombra a Raimundo de Peñafort árbitro en importante asunto litigioso en la herencia del testador. En el mismo testamento hay otro dato de interés, a saber, el legado que hace a Geraldón de Bañeras "de todos mis libros de Derecho civil y Decretales", es decir, Derecho romano y canónico. No se hace mención de ningún libro de fueros.

No residió continuamente en su sede de Huesca, sino que aparece más a menudo  siguiendo la corte del Rey Jaime. En 1238 está en el sitio de Valencia, ocasión en la que el papa Gregorio IX le encarga negociaciones para pacificar a ciertos caballeros aragoneses divididos en bandos. Participó en las negociaciones que condujeron a la capitulación de la ciudad de Valencia y el rey le premia con la donación de algunas alquerías y lugares cercanos a aquella ciudad. Se sabe de su intervención en la redacción de Els Furs del nuevo reino recién conquistado.

Con posterioridad, los documentos lo muestran en numerosos pleitos de su diócesis y en diversos servicios de confianza del rey, por ejemplo, como juez en cuestión debatida entre Jaime I y los frailes del Temple -relativa al pago de lezdas y peajes por el hierro de Ambel-, o asesorándole en relación con el reparto de sus dominios entre sus hijos y mediando en las disensiones entre ellos.

Como se ha dicho, fallece en 1252, por lo que habría compuesto el “In Excelsis”, como muy tarde, en esta fecha, y es lo más probable que no fuera antes de la Corte de Huesca de 1247, sino después.

La Corte General de Huesca de 1247

Jaime I, ya rey de Valencia y Mallorca, convoca en 1247 Corte general en Huesca y promulga unos Fueros de Aragón de aplicación territorial en todo el reino (salvo, por el momento, Teruel).

Conocemos algunos pormenores de aquellas Cortes por lo que dicen tres distintos “prólogos” que preceden en distintos manuscritos a los “fueros de Aragón”.

El prólogo Nos Jacobus es el oficial, en realidad decreto de promulgación de los fueros. Es el que encabezó todas las ediciones impresas de los mismo y, antes, todos los manuscritos latinos conservados de la compilación oficial de los fueros (salvo uno: total, diez); además, conocemos también versiones romances más o menos coincidentes, entre ellas la que abre el Vidal Mayor (con las palabras “Nos don Iaumes”).

En este prólogo se menciona a Vidal de Canellas, pero sin otorgarle un papel especial, como uno más de los asistentes. Por el contrario, en el que empieza “Como de los fueros” (Cum de foris) don Vidal es el protagonista, por ello se inserta al principio del “Vidal Mayor”. En él se pone en boca de don Vidal que en aquellas Cortes de Huesca el Rey, “con conseillo et con voluntad de todos, manda et priega al seynor obispo de Huesqua que fiziese dreiturera conpilation de los fueros assi como savio omne”. Y Vidal de Canellas añade de seguido que por mandato de dicho rey ordenó los fueros “con bona et dreiturera et sana conscientia”.

Aparece así como protagonista Vidal de Canellas (y el Rey, por cuyo mandato actúa), dejando en segundo plano a las Cortes. La gran capital miniada con que se abre el libro consagra igualmente el protagonismo del obispo-legislador.

Es seguro que Vidal de Canellas redactó un Libro de Fueros muy extenso, recogiendo textos aragoneses anteriores (“Fuero de Jaca”, principalmente) más o menos modificados, junto con materiales y explicaciones eruditas (“como hombre sabio”) fundadas en el Derecho romano (compilación “dreiturera”, según el “Derecho”), tal como se estudiaba en las Universidades europeas, en particular Bolonia. Esta es la “Compilatio Maior”, “Compilatio Dominis Vitalis” o “Liber in Excelsis”, cuya traducción romance más o menos completa y exacta es el Vidal Mayor.

Pero esta Compilatio Maior no es la que en el siglo XIV y posteriores consideran vigente. La oficial es una mucho más reducida (compilatio minor, aunque esta denominación no es de la época), que contiene casi exclusivamente textos tradicionales aragoneses con eventuales adiciones o modificaciones. Desde siempre se ha considerado que ésta es también obra de don Vidal. En mi opinión, esto es así, en el sentido de que en alguna medida la selección y adaptación de los textos le corresponde, al menos como propuesta, pues fue decisiva la voluntad de las Cortes (la de Huesca y Cortes sucesivas), pero sobre todo su autoría consiste en la ordenación sistemática que dio a los fueros, radicalmente distinta de la que estos tenían en colecciones privadas anteriores e inspirada eruditamente en el Derecho romano, como él mismo explica.

La ordenación sistemática de los Fueros.

Las dos compilaciones de fueros, la menor (que, desde el siglo XIV, es la oficial) y la mayor, tienen exactamente la misma ordenación sistemática. Es decir, todos los textos de la menor se encuentran en la mayor, están en ésta bajo los mismos títulos, guardan el mismo orden secuencial y ambas compilaciones tienen -salvo lo que luego se dirá-  la misma división en libros.

Esta ordenación sistemática procede de Don Vidal, que encarece la importancia de habérsela dado y nos explica detallada y convincentemente los criterios utilizados. Hasta el presente, nos dice en el “Como de los Fueros”, los humildes perdían muchas veces su derecho por el alargamiento de los pleitos, pero ahora, gracias a que los fueros están ordenados en títulos y libros, en cuanto el juez oiga la demanda, podrá encontrar en la tabla o índice dónde está el fuero que debe aplicar (si sabe leer: en otro caso, que lo haga mirar por quien sepa). Un correcto orden sistemático y unos buenos índices son, sin duda, in importante logro para la mejor administración de la justicia.

 En la ordenación de los libros y títulos imita Don Vidal, en lo posible, los libros y los títulos del Código de Justiniano y de las Pandectas, por lo que divide los fueros en nueve libros, de acuerdo con los del Código (tal como se entendía éste en la edad media).

Ciertamente, las ediciones impresas de los Fueros de Aragón y la mayor parte de los manuscritos dividen la compilatio minor en ocho libros, y esta distribución, que es de principios del siglo XIV o poco antes, hizo alterar ya el “Como de los Fueros” en los manuscritos y contribuyó a que poco después se perdiera noticia de los criterios de la ordenación, acaso también porque su inspiración erudita en el Derecho romano discordaba con las concepciones de los foristas o, simplemente, tenían dificultades para entenderla. Pero que ambas compilaciones tuvieron en su origen nueve libros me parece indudable, pues resulta evidente que, cuando la menor se presenta en ocho, es así por el simple procedimiento de unir el segundo y el tercero en uno sólo, dejando intacto todo lo demás. Esta unión puede conjeturarse que se produjo en 1300, como consecuencia de la conocida decisión de Jaime II de abrir con sus fueros aprobados en Cortes de aquella fecha un nuevo libro, el noveno. Si para entonces todavía eran nueve libros -como creo muy probable-, se le hizo sitio al nuevo, el último, que pretendía seguir siendo el noveno, para no aumentar el número de los del Código de Justiniano (modelo tan importante de código bien ordenado que sigue siendo el seguido siglos más tarde, en 1552).

En el manuscrito romance encontrado en 1988 en Miravete de la Sierra (publicado por Antonio Gargallo en 1992), posiblemente el más antiguo de todos en cuanto a la fecha de su producción material, los fueros -en una versión sustancialmente atenida a la oficial, aunque con algunos añadidos- están distribuidos en nueve libros. El manuscrito no puede ser muy anterior al siglo XIV, por lo que la hipótesis de la manipulación a consecuencia de la decisión de Jaime II parece muy fuerte.

La Compilatio Maior. “Liber in Excelsis” y “Vidal Mayor”

De acuerdo en el prólogo Cum de foris, Jaime I, con el apoyo intelectual de Vidal de Canellas, hubiera introducido otros muchos cambios y reformas, pero los aragoneses no se lo consintieron. En laCompilatio Maior se encuentran, en efecto, algunas regulaciones innovadoras y, sobre todo, un contexto de Derecho romano y canónico, culto y europeo, que en definitiva no pudo imponerse con valor de ley.

Ahora bien, esta regulación más amplia y abierta que se encuentra en la Compilatio Maior nació con voluntad de regir como texto legal, y de hecho se le reconoció este valor durante algún tiempo. Aunque no era esta la opinión común hace unos decenios, la publicación del Vidal Mayor y los estudios de Feenstra, A. Wolf, Martínez Díez y Antonio Pérez Martín nos llevan con razonable seguridad a esta conclusiónix, si bien los detalles del proceso por el que la Compilatio maior perdió su valor como fuero o ley y quedó en vigor tan solo la Compilatio minor se nos escapan por el momento.

Hay que recordar que, hasta 1956, ningún historiador o jurista podía saber de la Compilatio Maior sino por las opiniones de los foristas de los siglos XIV a XVII, pues ya nadie había visto un ejemplar delLiber in Excelsis y se desconocía la naturaleza del "Vidal Mayor". Las opiniones transmitidas por los foristas, por otra parte, más servían para plantear interrogantes que para aclararlos.

Dos Compilaciones, una sola aceptada por el reino

El manuscrito, tras los prólogos, comienza con las siguientes palabras: “Aquí comiençan los títulos del libro de los fueros que ha nompne Uidal Mayor”. "Libro de los fueros", le llama, y además los prólogos dicen que fue promulgado. En efecto, creo que la Compilatio Maior fue promulgada por el Rey. Lo que ocurrió es que la voluntad real no fue suficiente para su aceptación, en razón de haber excedido Vidal el mandato de compilar los fueros dado por la Corte General en Huesca en 1247, y a causa de algunas regulaciones concretas sobre materias de alto contenido político que se debatirán, a veces con las armas en la mano, en la agitada segunda mitad del siglo XIII.

Hay al menos fuertes indicios de que en los enfrentamientos dialécticos entre la nobleza y el rey (Jaime I, Pedro III, Alfonso III) que nos transmite Zurita y en que se hace referencia a fueros, en algún caso estos se contienen en la Compilatio Maior y no se encuentran en la minor. También en las llamadas Cortes de Ejea de 1265 se abordan -y llegarán a la colección ofial, pero no como fueros aprobados en 1247- cuestiones a las que se hace referencia en Vidal Mayor, la más importante de ellas la designación y competencia del Justicia Mayor de Aragón.

Parece muy importante para explicar por qué en la época se discute la vigencia de la Compilatio Maiorel hecho de que no haya sido aprobada en Corte, con el consentimiento de ricoshombre, infanzones y representantes de ciudades y villas. A. Wolf lo subrayó y señaló fenómenos similares en la Europa de la segunda mitad del siglo XIII.

Contamos ahora con otro dato, que es el prólogo del manuscrito romance de los Fueros conservado en Miravete de la Sierrax. Atribuye especial importancia a este manuscrito Jesús Moralesxi, quien reconstruye la historia y relaciones entre los diversos textos recibidos de “Fueros de Aragón” de manera parcialmente distinta de la aquí expuesta.

Tras narrar cómo se revisaron todos los libros viejos de fueros que se pudieron encontrar, se aprobaron con supresiones y modificaciones los fueros viejos y se hicieron otros nuevos, se dice que el rey ordenó y rogó a don Vidal obispo de Hueca que hiciera con todos ellos un libro bueno y ordenado,

“e con consello et con voluntat et con ayuda de buenos foristas et ançianos fiço aquest libro bueno, e ordenado, e verdadero, et despues quando lo ovo feyto del todo et acabado fiziemos lo provar, e emendar todo de cabo delant nos en Exeia, en cort plenera et trobamos de consello et de voluntat de todos que el libro era bueno et verdadero”.

Ninguna otra fuente nos dice que Vidal de Canellas trabajara con el asesoramiento y aprobación de foristas; tampoco, que el libro así compuesto se aprobara en una Corte General reunida en Ejea. En principio, el manuscrito de Miravete merece tanta credibilidad como los demás que nos transmiten los prólogos y es anterior a ellos, por tanto más cercano a los acontecimientos.

A la vista de los datos proporcionados por el manuscrito de Miravete, opina Antonio Pérez que “seguramente Jaime en las Cortes de Ejea de 1265 tenga que ceder y renuncie a la aplicación delLiber in excelsis, más extenso y romanizado, y se limite a imponer la Compilatio minor, a la que seguramente se vio precisado a hacerle algunos retoques”xii.También cree posible que en esta ocasión se le hicieran algunos retoques incluso al prólogo Nos Iacobus, o que acaso se redactara entonces por primera vez.

En conclusión, creo que en la segunda mitad del siglo XIII se discutió qué era lo que en realidad se había aprobado en Huesca en 1247, pues si bien el Rey había promulgado las dos compilaciones, lacompilatio maior se apartaba de lo allí tratado, al menos por exceso y por su inserción en el ius commune. Los aspectos ajenos al ordenamiento judiciario, los más políticos y de organización del reino se van perfilando en 1265 (Ejea), 1283 (Privilegio General) y 1287 (Privilegio de la Unión, abolido en 1348). Como muy tarde en 1300 quedaría fijado definitivamente el contenido de la compilatio minoren su texto latino oficial (con escasas variantes respecto de lo aprobado en Huesca en 1247), pues, como sabemos, al terminar la reunión de Cortes celebrada este año en Zaragoza el rey manda adicionar un nuevo libro, que será en adelante el noveno. Al menos desde entonces el prólogo Nos Iacobus es el único oficial y considerado él mismo con valor de fuero (de especial importancia, como hacen ver las glosas de que fue objeto).

La Compilatio Mayor fue, en la intención de su autor y del Rey que se la encargó, legislación (no un comentario de otra obra).  Se promulgó como tal, aunque luego, rechazada como extralimitación del poder real, quedó como obra de gran autoridad y naturaleza incierta, que conservó su prestigio hasta los últimos tiempos de la época foral.

Bibliografía

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Canellas, Vidal de (1997): Vidal Mayor. Edición, introducción y notas al manuscrito: María de los Desamparados Cabanes Pecour, Asunción Blasco Martínez, Pilar Pueyo Colomina, Libros Certeza, Zaragoza.

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Exea y Talallero, Luis (1674): Discurso histórico-jurídico sobre la restauración de la Santa Iglesia cesaraugustana en el templo máximo de San Salvador, Madrid.

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García-Granero, Juan, (1980): “Vidal Mayor. Versión romanceada navarra de la "Maior compilatio"”,Anuario de Historia del Derecho Español, núm. 50, pp. 243-264.

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Lacarra Ducay, María del Carmen (1989): “Las miniaturas del Vidal Mayor: estudio histórico-artístico”, en Vidal Mayor, vol. de Estudios, DPH-IEA, Huesca, pp. 115-166.

Lacruz Berdejo, José Luis (1947): Dos textos interesantes para la historia de la Compilación de Huesca, AHDE, 1947, pp. 3-13.

Morales Arrizabalaga, Jesús (2007): Fueros y libertades del Reino de Aragón. De su formación medieval a la crisis preconstitucional, Rolde de Estudios Aragoneses, Zaragoza.

Pérez Martín, Antonio (1985): “El estudio de la recepción del Derecho Común en España”, en: I Seminario de Historia del Derecho y Derecho Privado. Nuevas Técnicas de Investigación, Universidad Autónoma de Barcelona, Bellaterra, pp. 241-325.

Pérez Martín, Antonio (1989-90): "La primera codificación oficial de los Fueros aragoneses: las dos compilaciones de Vidal de Canellas", en Glossae. Revista de Historia del Derecho Europeo(Universidad de Murcia), núm. 2, pp. 9-80.

Tilander, Gunnar (1937): Los Fueros de Aragón. Según el ms. 458 de la Biblioteca Nacional de Madrid.LHMA, Lund (Suecia).

Tilander, Gunnar (Introducción, vocabulario y edición crítica) (1956): «Vidal Mayor». Traducción aragonesa de la obra "In excelsis Dei thesauris" de Vidal de Canellas. 3 tomos: I Introducción y miniaturas, II texto y III Vocabulario. LHMA, Lund (Suecia).

Ubieto Arteta, Agustín (1989): “Introducción: Notas aclaratorias sobre el "Vidal Mayor" y su contexto”, en Vidal Mayor, vol. de Estudios, DPH-IEA, Huesca, pp. 13-22.

Ubieto Arteta, Antonio (1989): “Los precedentes de los "Fueros de Aragón”, en Vidal Mayor, vol. de Estudios, DPH-IEA, Huesca, 1.989, pp. 25-41.

Wolf, Armin (1983): “Los Fori Aragonum de 1247 y el Vidal Mayor. Sus relaciones con la historia de la legislación europea”, en Anuario de Historia del Derecho Español, núm. 53, Madrid, pp. 177-203.

Notes de fin littérales:

i Frago (1989: 85-112).
ii Lacarra (1989:165).
iii García Granero (1980); Lacarra (Ibid.); Centellas (1990).
iv Exea y Talallero (1674: 300 y 3001, notas).
v Vid. Delgado (1988:130).
vi Tilander (1956). Otra edición, sin mejoras apreciables, Canellas (1997).
vii Durán Gudiol (1973).
viii Arco, Ricardo del (1951: 110).
ix Vid. Delgado (1989: 50-52).
x Delgado (1991); Gargallo (1992).
xi Morales (2007: 32-48).
xii Pérez Martín (1989-90: 37-38).

Para citar este artículo

Jesús Delgado Echeverría. «EL “VIDAL MAYOR”, DON VIDAL DE CANELLAS Y LOS FUEROS DE ARAGÓN», Cuadernos "Lacruz Berdejo", 
http://www.derecho-aragones.net/cuadernos/document.php?id=505
organismo : Universidad de Zaragoza

función : Catedrático de Derecho civil

El gobierno que se inventó a Fernando II y manipuló la Historia

El gobierno que se inventó a Fernando II y manipuló la Historia

El gobierno que se inventó a Fernando II y manipuló la Historia

 O gubierno que s’imbentó á Ferrando II e manipolió a Istoria

Un príncipe de nuestros tiempos, al cual no está bien nombrar, jamás predica otra cosa que paz y lealtad, y en cambio es enemigo acérrimo de una y otra; si él las hubiera observado, muchas veces le habrían quitado la reputación o el Estado.

…alegando siempre el pretexto de la religión para poder llevar a efecto las mayores hazañas, recurrió a una devota crueldad, expulsando y despojando a los moros de su reino: no puede ser este ejemplo más miserable ni más extraño.
…y así siempre ha hecho o concertado cosas grandes, las cuales siempre han tenido sorprendidos y admirados los ánimos de sus súbditos, y ocupados en el resultado de las mismas. Estas acciones han nacido de tal modo una de otra, que, entre una y otra nunca ha dado a los hombres espacio para poder urdir algo tranquilamente contra él.


Estas tres referencias (la primera generalmente admitida por los historiadores, las otras dos explícitas) de Nicolás Maquiavelo a Fernando II de Aragón, entresacadas de su obra más renombrada, El Príncipe, parecen tener la cualidad de describir también en nuestros días la admirable capacidad que el Rey Católico tuvo durante su vida para, a un tiempo, encandilar y pretextar, engañar y suscitar admiración. Fernando II, cual Cid Campeador puesto sobre su caballo después de muerto para vencer las batallas que sus seguidores querían ganar para sí mismos (que ya no para él, que ni sentía ni padecía) sigue siendo colocado a lomos de briosos corceles ideológicos para ganar las batallas, cuando no cruzadas, de nuestros príncipes del siglo XXI.
Consecuentemente con ese afán, los actuales gobiernos de Aragón y de España han organizado una interesante exposición sobre Fernando II de Aragón que, a la vista de las piezas reunidas y de la escrupulosa profesionalidad de los especialistas de la Universidad de Zaragoza encargados de su asesoramiento, no dudamos de que será de una altísima calidad formal. Sin embargo, el título con el que se lanza “El rey que imaginó España y la abrió a Europa” (enunciado al estilo de los títulos de las novelas suecas), lleva la inconfundible marca del político, no la del historiador.
¿Cómo si no es posible aseverar con tal rotundidad que Fernando II “imaginó España” en ausencia de todo fundamento documental mínimamente sólido? Más aún: ¿qué entienden los promotores de la exposición por “España” en el contexto del siglo XV? Y, deduciendo de tan sorprendente frase-título, que la España que imaginó Fernando II llegó a materializarse estando él vivo ya que –según se proclama– la “abrió a Europa”: ¿de verdad la abrió él? ¿es que estaba “cerrada” a Europa antes de su llegada al trono?
Como apuntaba Maquiavelo (contemporáneo suyo, no lo olvidemos), Fernando poseía la gran habilidad de llevar a cabo los actos de violencia y deslealtad que entendió necesarios de acuerdo con su propio interés como estadista y, al tiempo, disfrazarlos con los más nobles pronunciamientos y pretextos, salvaguardando con ello su buena reputación. Dado que, además, consiguió mantener a todos ocupados con las consecuencias de sus acciones, encadenadas de forma que nadie fuese capaz de reaccionar contra la verdadera naturaleza de éstas, casi podríamos afirmar que quienes concibieron el título de esta exposición nos han obsequiado con la pieza más genuinamente “fernandina” de la muestra, descollando como alumnos aventajados de su “escuela política”.
Porque una vez más, utilizando la gran necesidad que tenemos las aragonesas y aragoneses de reivindicarnos frente a tergiversadores pancatalanistas de una Historia que constituye uno de nuestros pilares identitarios, se nos ofrece disfrutar de un cordero de hermosa piel bajo la que aulla sus proclamas un lobo tan voraz de nuestras entrañas como el que nos acecha más allá de la clamor de Almacellas. Ambos son lobos, sin duda, y solo la torpe falta de pudor del segundo (más impaciente y conspicuo, nada fernandino) al prescindir de cualquier piel de cordero le hace parecer infinitamente más malo que el que se está merendando nuestra memoria histórica sin que nos enteremos.
Atengámonos a la Historia para aseverar que Fernando fue un príncipe acuciado por enormes dificultades y que, como niño que se educó (siguiendo la tradición aragonesa) compartiendo plenamente las vicisitudes de gobierno su padre, Juan II, se vio traumáticamente obligado a aprender deprisa y a desarrollar la más descarnada astucia: la que nace del afán de supervivencia en medio de un estado de permanente vulnerabilidad. Su propio nacimiento en Sos se explica porque su madre tuvo que buscar un lugar razonablemente seguro, aunque próximo, siquiera a unos pocos kilómetros de una Navarra cruelmente asolada por la guerra civil en la que su padre Juan II se estaba jugando su suerte y la de su estirpe.
Pero las cosas no harían sino ir a peor para los Trastámara de Aragón. La crisis económica que desde la segunda mitad del siglo XIV padecía Cataluña estaba agudizando una grave crisis social. En 1412, la iniciativa de las élites aragonesas había aprovechado la debilidad catalana para conseguir, con el Compromiso de Caspe y el cambio de dinastía, desplazar el centro político de la Corona de Aragón arrebatándoselo a Cataluña y haciendo que retornase al Reino de Aragón, apostar por una diversificación comercial volcada hacia Castilla y el ámbito Atlántico que superase el estancamiento del comercio mediterráneo y sustituir a Inglaterra por Castilla como aliado frente a la cada vez más amenazadora Francia. Pero, si en lo económico las cosas habían ido bastante bien para Aragón y Valencia con este estratégico viraje geopolítico, el declive catalán proseguía y acumulaba tensiones equiparables a las de un polvorín que, con la chispa del conflicto navarro, iban a estallar en una guerra civil que duraría diez años (1462-1472) con secuelas posteriores de enfrentamientos en el Rosellón y la Cerdaña entre Aragón y Francia.
La rebelión de una parte de la sociedad catalana, encabezada por su Diputación, llevó a ésta a declarar el destronamiento de Juan II en favor sucesivamente de los reyes de Castilla, Portugal y de la Casa de Anjou. Éstos no dudaron en intervenir militarmente contra Juan II, poniéndole contra las cuerdas y exigiendo un sobreesfuerzo militar y financiero que pesó negativamente sobre la recuperación económica que estaban conociendo los reinos de Aragón y Valencia.
En esos años, Juan hubo de concertar y romper alianzas alternativamente con castellanos, franceses y borgoñones en función de los vaivenes que dictaban los avatares bélicos; en pocas ocasiones se había encontrado la Corona de Aragón tan atacada por diferentes potencias rivales y tan carente de aliados fiables, con el agravante de que el conflicto se desarrollaba en su propio territorio y amenazaba con la pérdida de Cataluña. Una situación angustiosa para la corte aragonesa que, sin duda, marcaría una fuerte impronta en el carácter del joven Fernando, tan vinculado desde su más tierna infancia a la actividad política, diplomática y militar del país. Es muy posible que todo ello marcase su personalidad, inculcándole un vivo anhelo de poder y desarrollando su astucia, su capacidad de disimulo y su implacable acción hacia quienes considerase como amenazas reales o simplemente potenciales.
Así las cosas, Juan II, rey repudiado por una parte de sus súbditos y asediado militarmente por quienes deseaban suplantarle, buscó apoyo en una rama de la familia real castellana (también de la dinastía Trastámara) que conspiraba para hacerse con la Corona de Castilla. Ambos grupos de interés se hallaban en una posición de debilidad en sus respectivos Estados que deseaban superar, y Juan II no dudó en tomar la iniciativa para aunar sus fuerzas. La alianza política era indisociable de la circunstancia familiar, y el matrimonio era la forma de establecer esos vínculos fiables que permitían apuntalar los linajes en peligro o con ambiciones y la potestad política que éstos llevaban o podían llevar asociada. En ese contexto nació el incierto matrimonio (léase también “alianza político-dinástica”) de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla.
Desde la perspectiva de Juan y Fernando, si este matrimonio (que, recordémoslo, se acordó tras arduas y largas negociaciones) fructificaba, Aragón podía asegurarse reforzar su alianza con Castilla, que se había visto socavada desde el Compromiso de Caspe por el conflicto de los infantes de Aragón y que incluso había puesto a ambos países en guerra en diferentes episodios, siendo el más amenazador el producido con ocasión de la guerra de Cataluña. El matrimonio de Fernando con Isabel permitía conjurar el peligro de que Francia y Castilla volviesen a quedar alineadas contra Aragón en un momento en que Inglaterra, que había sido derrotada en la Guerra de los Cien Años, ya no tenía capacidad para actuar en el continente europeo como aliada de Aragón al haber perdido Aquitania. Además, y continuando con la nueva apuesta comercial de Aragón, Castilla representaba un mercado cada vez más importante para las exportaciones aragonesas, valencianas y catalanas, así como una vía hacia el cada vez más pujante mercado atlántico.
Para unos estadistas en una posición tan vulnerable como la que ocupaban Juan II y su hijo Fernando (jurado en 1461 como heredero de Aragón y, desde 1468, rey de Sicilia), la alianza matrimonial con Castilla tenía, además de las ya enunciadas, otras ventajas potenciales: Castilla había adquirido unas dimensiones territoriales, demográficas y económicas enormes a lo largo de la Edad Media, pero políticamente era muy débil, permanentemente dividida y en disputa. Para un par de hábiles urdidores como Juan y Fernando, Castilla aparecería a sus ojos como una especie de “fortachón” que les podía defender de otros agresores pero al que podían manipular con relativa facilidad en interés propio.
No cabe duda de que la boda con la princesa Isabel de Castilla era para ellos una “inversión de futuro”, a pesar de que el enfrentamiento de ésta con su medio hermano Enrique IV había reducido enormemente sus posibilidades de heredar el trono. La habilidad de los Trastámara aragoneses y de sus aliados castellanos y, no lo olvidemos, su buena suerte permitieron que su apuesta rindiese sus beneficios. Las cesiones protocolarias (por ejemplo, en el orden de preeminencia heráldica y de los títulos acumulados) hechas en las negociaciones satisfacían el orgullo de los castellanos, pero la diferente potestad regia que los ordenamientos aragonés y castellano reconocían a cada uno de los consortes hacía que Fernando co-reinase en Castilla con Isabel, pero no lo contrario. Isabel no era reina de Aragón con todas las potestades de las que gozaba en Castilla, era meramente una reina consorte. Esto permitió a los aragoneses, una vez domeñadas las diferentes facciones de poder de Castilla y, aunadas sus energías, aplicándolas de forma prioritaria a la culminación de la reconquista castellana (verdadero “campo de pruebas” de lo que Fernando podía llegar a obtener de su nuevo reino), movilizar los ingentes recursos castellanos para asegurar las fronteras aragonesas, recuperar los territorios perdidos a manos de Francia y consolidar e incluso aumentar sus dominios en Italia y el Mediterráneo.
Para la seguridad e integridad territorial de la Corona de Aragón el beneficio fue inmediato y Aragón y Valencia recuperaron su pulso económico, si bien la Cataluña derrotada y arruinada (especialmente la ciudad de Barcelona) quedó sumida en el estancamiento, sin más ventaja en lo social y -a más largo plazo- en lo económico que la emancipación (previo pago) de los campesinos sometidos a las cargas y malos usos de los señoríos. Sin embargo, la capacidad que había adquirido Fernando para fortalecer su posición en el marco del equilibrio de poderes de la constitución pactista de sus estados aragoneses comenzó a socavar los cimientos de éstos, en un proceso que habría de continuar a lo largo de un siglo y medio antes de ser violentamente abolidos en 1707 a pesar del periodo de relativo respeto del que habían vuelto a gozar desde a mediados del siglo XVII.
Efectivamente, los usos de la corte castellana que Fernando trató de trasplantar a Aragón, y que en un principio se limitaron al plano de lo protocolario (por ejemplo, su inaudito empeño en 1472 por entrar en la ciudad de Zaragoza bajo palio ante el estupor de las autoridades), se trasladaron progresivamente al plano de los hechos políticos de calado. Sin embargo, su acción desequilibradora del sistema político aragonés no fue tan torpe como para osar atacarlo frontalmente, sino que empleó medios indirectos que se revelaron muy eficades para cortocircuitar los controles forales frente a las acciones arbitrarias del rey. Así, la instauración en 1483 de la “nueva” Inquisición le permitía contar con una verdadera policía secreta que, so pretexto de la ortodoxia religiosa, ejerció un férreo control político e ideológico de la población en todos sus dominios y sustraer sus acciones represivas del sistema de garantías forales. Asimismo, en 1487 se apropió del gobierno de la ciudad de Zaragoza que, además de ser un centro de poder decisivo como capital del país y por ejercer un fuerte liderazgo dentro del brazo de las universidades en las Cortes de Aragón, gozaba de un excepcional instrumento de represalia unilateral y desaforada, que la ciudad podía ejercer y ejercía de hecho a su arbitrio cuando se consideraba que sus intereses habían sido perjudicados por terceros: el Privilegio de los Veinte.
Así pues, aun mostrando toda su vida un escrupuloso respeto formal y material de la constitución aragonesa, Fernando II se procuró instrumentos que, amparados por el pretexto religioso de la pureza de la fe o mediante el control del poder de su ciudad capital, le permitieron realizar acciones destinadas a imponerse sobre la foralidad y su sistema de garantías legales, personales y políticas. Estas importantes brechas en el edificio político aragonés quedaron abiertas y en manos de sus sucesores Habsburgo, quienes las aprovecharon y ampliaron para someter al país a sus pretensiones absolutistas como emperadores y reyes “modernos”, aspecto tradicionalmente muy celebrado por la historiografía española que desde los tiempos de Menéndez Pidal (1869-1968) se ha dedicado a predicar el carácter “fundador de España” de los Reyes Católicos en apoyo sus ideas políticas, especial aunque no exclusivamente, durante la dictadura franquista, teniendo todavía un sorprendente grado de predicamento en nuestros días.
La nueva filosofía del poder proyectada en los planos político, ideológico, religioso, social y cultural (indisociables en esa época) a través de la Inquisición fue determinante para que los dominios de Isabel y Fernando comenzasen su progresivo cierre a las ideas e innovaciones de Europa. Fernando fue precisamente el rey que, de haberse podido llamar “España” a ese conjunto de Estados, la cerró a Europa. La España o Españas que había antes de la llegada al trono de Fernando habían estado abiertas desde siempre; sus fronteras eran mucho más permeables incluso que las actuales y las gentes y mercancías (solo con excepcionales limitaciones en algunas ocasiones), ideas y modas, las atravesaban más libremente incluso que en nuestros tiempos. Sus sucesores habsburgo y borbones no hicieron sino profundizar en esos supuestamente “modernos” instrumentos que fundó Fernando y que condenaron a esa España que algunos políticos interesados afirman que imaginó al subdesarrollo ideológico, científico, tecnológico, ético, moral y económico cuyas consecuencias todavía lastran nuestro progreso y bienestar en el siglo XXI. Si la tesis de “imaginar España” merece al menos el beneficio de un debate, la de “haberla abierto a Europa” es tan incompatible con la experiencia histórica que se diría que la ha acuñado un cínico con ánimo de ofender. Pero ese es precisamente otro de los clamorosos silencios de esta exposición organizada por nuestros apologéticos gobernantes: la ausencia de toda referencia a la Inquisición y la expulsión de los judíos. Una vez más, la Historia se manipula tanto por acción como por omisión.
Fernando II benefició a la Corona de Castilla en beneficio de la Corona de Aragón (incluso la adscripción de la conquistada Navarra a la Corona de Castilla, por ejemplo, aseguró la implicación castellana en cualquier conflicto con Francia en los Pirineos) y en esa misma lógica favoreció los intercambios y la coordinación entre los distintos Estados de los que era monarca. No en vano él desarrolló el sistema de virreinatos y constituyó el Consejo de Aragón para llevar a cabo esa labor desde Castilla, nuevo centro político de este imperio Trastámara. No es de extrañar que las cortes castellanas reunidas en Toledo en 1480 recogiesen en una ley las palabras de los monarcas al proclamar que

Pues por la gracia de Dios los nuestros Reynos de Castilla y de León y de Aragón son unidos, y tenemos esperanza que por su piedad de aquí en adelante estarán unidos, y permanecerán en una corona Real: E así es razón que todos los naturales de ellos traten y comuniquen en sus tratos y facimientos

¿Se puede colegir de estas palabras y de otros textos de la época de tenor similar (ninguno va más allá del que hemos reproducido arriba) que Fernando “imaginó” España? Ningún historiador mínimamente escrupuloso lo sostendría. Nada demuestra que lo que se promueva sea otra cosa que la colaboración de todos para mantener un edificio político compuesto de países distintos cuya única (aunque importantísima) institución común es la jefatura del Estado. El propio texto toledano refleja un desideratum de que esa unión dinástica perdure, pero no constituye un acta o instrumento legal de unión o –todavía menos- de fusión en un Estado unitario; ni siquiera se conoce ningún fuero o acto correspondiente que fuese en dicha línea emanado de las cortes generales o privativas de los Estados de la Corona de Aragón. Tampoco era la primera unión dinástica intentada a lo largo de la Edad Media entre ambas coronas o con la de Portugal. Si hablamos de “imaginar España” en un sentido político que, normalmente, debería corresponderse con el sentido geográfico que la palabra “España” ha tenido desde los tiempos de los romanos, tendrían tantos o más méritos Alfonso I de Aragón o cualquiera de los reyes leoneses entre los siglos X y XII que Fernando II de Aragón.
De hecho, para los Reyes Católicos España también era una noción esencialmente geográfica. Su unión dinástica y el desarrollo de nuevas instituciones y órganos de coordinación comunes no suponían la construcción de un Estado en la medida en que, por sí mismos, no sustituían a los títulos de soberanía territorial originarios en los que se fundamentaban sus respectivas potestades regias. La leyenda que figura en el friso del salón del trono del palacio real de Zaragoza (la Aljafería) realizado en 1491, reproduce la denominación oficial de sus títulos políticos de soberanía: Ferdinandus, Hispaniarum, Siciliae, Corsicae, Balearumque rex significa en castellano “Fernando, rey de las Españas, Sicilia, Córcega y Baleares”. De forma más prolija podríamos expresarlo así: Fernando es el soberano de diferentes reinos y principados de España y, fuera de ese ámbito geográfico concreto de la Europa continental, de los reinos homónimos situados en las islas o archipiélagos de Sicilia, Córcega y Baleares. ¡Allí lo tienen escrito, en el salón del trono del palacio de los Reyes de Aragón que aloja la exposición, salón que han recorrido juntos la Presidenta Rudi, el Rey Felipe VI y sus respectivos equipos de cortesanos del siglo XXI! ¿Dónde demonios ven todos ellos el sujeto político denominado España cuando el propio Fernando II les ha puesto por escrito delante de sus narices que no era así, que se trataba de otra cosa?
Teniendo en cuenta lo propensos que eran y siguen siendo los hombres y mujeres de Estado a reflejar sus aspiraciones y anhelos en sus proclamas más solemnes y de mayor calado político y propagandístico (y la del friso de la Aljafería lo es: en ella, por ejemplo, Fernando se reafirma como rey de Córcega, isla sobre la que los aragoneses no tenían control efectivo desde 1434, ni volverían a tenerlo jamás), extraña que esa idea que supuestamente imaginó de una única España política no quedase plasmada en la denominación de su título con un inequívoco Rex Hispaniae que, por si sola, no sería una evidencia concluyente de su concepción de un Estado español unitario, pero al menos no contradiría tal posibilidad.
Por si quedase alguna duda sobre las posibles concepciones o ensoñaciones políticas de Fernando, su conducta durante los últimos años de su vida todavía nos ayudará más a poner las cosas en su sitio: la ausencia de un heredero varón que asegurase el mantenimiento de la misma capacidad de control político de su dinastía en las coronas de Castilla y Aragón (en este último las reinas transmiten la corona pero carecen de potestad regia) y la inevitable toma de control político que supuso la entronización en Castilla de Felipe de Habsburgo acabaron desplazando a Fernando como factótum fundamental o eje del edificio político que había creado en colaboración con Isabel de Castilla, viéndose de nuevo desplazado al quedar únicamente como rey de sus Estados patrimoniales de la Corona de Aragón. Tras la conquista de Granada Fernando había conseguido el apoyo de la bien engrasada maquinaria de guerra castellana para detener la expansión francesa en Italia (guerra de 1494-1498) e incluso aumentar su dominio territorial en la zona completando la anexión del reino de Nápoles (guerra de 1501-1504) a expensas de Francia y ocupando diversas plazas estratégicas del norte de África. La muerte de Isabel en 1504 y la irrupción de Felipe de Habsburgo (llamado “el Hermoso”) apoyado por la nobleza castellana, acabaron excluyendo a Fernando en 1506 del ejercicio efectivo del poder en Castilla.
Fernando era consciente de que con la muerte de Isabel, que se produjo en noviembre de 1504, su alianza castellana tocaba a su fin y había que considerar nuevas alternativas para asegurar la posición de la Corona de Aragón en el contexto internacional. Así pues, no perdió tiempo en comenzar a negociar una alianza con Francia que pudiese restablecer el equilibrio de fuerzas ante la inminente ruptura de la alianza con Castilla. Para descartar la posibilidad de que se produjese una sucesión castellano-habsburguesa para el trono de Aragón y consolidar su relación con su nuevo aliado concertó su matrimonio con la princesa Germana de Foix, con la que buscó afanosamente tener un descendiente privativo de la Corona de Aragón. Asimismo, se aseguró con rapidez el pleno control aragonés sobre Nápoles destituyendo a Gonzalo Fernández de Córdoba como virrey y jefe del ejército allí desplegado el cual, muy airado y herido en su orgullo, se despachó con una furibunda invectiva contra el “desagradecido” rey aragonés. La farsa de las “Cuentas del Gran Capitán” es toda una bravata que ha hecho las delicias del militarismo españolista y antiaragonés, pero su verdadera significación radica en poner de relieve la enorme desconfianza de Fernando hacia Castilla y el riesgo de que en un golpe de mano ésta llegase a apropiarse de las conquistas italianas.
Los acontecimientos posteriores jalonan claramente la deriva rupturista entre Fernando y Castilla: en octubre de 1505 (no había transcurrido ni un año desde la muerte de Isabel I) ya estaba casado Fernando con Germana de Foix, y en los meses posteriores Felipe el Hermoso, con el apoyo de la nobleza castellana (los poderes urbanos, sin embargo, apoyaban a Fernando), provocaron la renuncia de Fernando al gobierno de Castilla y su retirada a Aragón. Como vemos, Fernando actuó de una forma que descarta claramente la existencia de toda idea o “imaginación de España” en su acción política. Sin renunciar en todo lo posible a influir en la política castellana, Fernando ya no se parece a un “rey español” sino que se vuelve a mostrar ante nuestros ojos el astuto rey aragonés (con pretensiones absolutistas y personalistas) que, a pesar de las apariencias, nunca dejó de ser.
La alianza matrimonial y política entre las ramas aragonesa y castellana de los Trastámara era ante todo eso: un imperio trastámara que solo habría de durar mientras fuese útil para los fines diferenciados de sus creadores. Su finalidad esencial fue la de movilizar los recursos combinados de Aragón y Castilla en beneficio propio y, de perdurar, en beneficio del príncipe de sexo masculino que hubiese de suceder a Fernando e Isabel. Para Fernando, en ausencia de sucesor apropiado para mantener este esquema dinástico, la alianza debería romperse para no hacer peligrar de nuevo la seguridad e integridad de sus posesiones patrimoniales, que eran las de la Corona de Aragón, si se convertía en un mero satélite de la Corona de Castilla, como acabó sucediendo a causa de su fracaso en el intento de separar ambas coronas al final de su vida.
Acompañado como había estado siempre por la fortuna, ésta le abandonó en ese último objetivo político de su vida y, como consecuencia de ello, confirmando de nuevo su aguda inteligencia como hombre de Estado para prever los acontecimientos futuros, Aragón cayó bajo el control de la nueva dinastía imperial y castellanocentrista que profundizó progresiva e inexorablemente en el proceso de asimilación que, solo por la fuerza de las armas y la imposición alumbró, dos siglos después de la muerte de Fernando, el Estado unitario al que se ha dado en llamar España.

Cartel exposición Fernando II. El rey que imagino España y la abrió a Europa

Cartel exposición Fernando II. El rey que imagino España y la abrió a Europa

Cartel exposición Fernando II.

El rey que imagino España y la abrió a Europa

Exposición Fernando II. El rey que imagino España y la abrió a Europa

Exposición Fernando II. El rey que imagino España y la abrió a Europa

Exposición Fernando II. El rey que imagino España y la abrió a Europa

“Ferdinandus, Hispaniarum, Siciliae, Corsicae, Balearumque rex, principum optimus, prudens, strenuus, pius, constans, iustus, felix, et Helisabeth regina, religione et animi magnitudini supra mulierem insignis, coniuges auxiliante Christus victoriosissimi, post libertatam a mauris Bethycam, pulso veteri feroque hoste, hoc opus construendum curarunt, anno salutis MCCCCLXXXXII”

Leyenda del friso de la sala dorada del palacio de la Aljafería 


 ÁMBITO PRIMERO

LA CONCIENCIA DE UN LINAJE

"Fue Fernando de la heroica prosapia de los reyes de Aragón, que fue siempre fecunda madre de héroes."(Baltasar Gracián, El político

Por su nacimiento, Fernando II de Aragón descendía de la monarquía castellana y de la aragonesa. Contrajo matrimonio con Isabel de Castilla y tuvieron cuatro hijas (Isabel, Juana, Catalina y María) y un hijo (Juan), que murió antes que sus padres. De su segundo matrimonio con Germana de Foix (1506), Fernando tuvo un hijo, también llamado Juan, que vivió sólo unas horas.

En la larga línea de la familia real de Aragón, iniciada con Ramiro I en 1035, y continuada ininterrumpidamente durante casi medio milenio, Fernando ocupa el vigésimo lugar. Gobernó Castilla durante cuarenta y dos años (de ellos treinta junto a la reina Isabel) y en Aragón su reinado se prolongó treinta y siete años. Le sucedió su nieto y heredero, Carlos, que fue emperador de Alemania e introdujo en España la dinastía de los Austria.

Retratos, documentos y representaciones familiares muestran la doble confluencia aragonesa y castellana, que se concentra en las figuras de Fernando e Isabel y la ramificación que se extiende por Europa después de su muerte.

ÁMBITO SEGUNDO

EL CENTRO DE UNA GRAN CONSTELACIÓN

"Nada proporciona a un príncipe tanta consideración como las grandes empresas y el dar de sí ejemplos fuera de lo común. En nuestros días tenemos a Fernando de Aragón, el actual rey de España, a quien casi es posible llamar príncipe nuevo, porque de rey débil que era se ha convertido, por su fama y por su gloria, en el primer rey de los cristianos."
(Nicolás Maquiavelo, El príncipe, cap. XXI)

Esta entusiasta afirmación lleva implícito el reconocimiento de que Fernando se erigió en el centro de la actividad de su tiempo y proyectó su influencia sobre sus más conspicuos contemporáneos: emperador, papas, cardenales, reyes, hombres de letras y de armas.

Objetos, retratos y documentos de todos ellos sirven para ilustrar la dimensión política de su reinado y de sus relaciones con personajes como Colón, el conde de Tendilla, el Gran Capitán, Boabdil, el cardenal Mendoza, Maquiavelo o Maximiliano de Austria. 

ÁMBITO TERCERO

UN MUNDO INTERIOR DE CONTRASTES

"El señor de tantos reinos, el adornado de tantas palmas, el propagador de la religión católica y el vencedor de tantos enemigos, murió en una miserable casa rústica y, contra la opinión de las gentes, pobre."
(Pedro Mártir de Anglería,Epistolario, carta DLXVI)

Hombre de Estado y de guerra, gobernante y juez, rey e hijo, esposo y padre. Hombre de mundo y de firme fe cristiana, perseguidor riguroso de sus enemigos y defensor fiel de sus amigos y aliados. Gozó los placeres cortesanos y vivió con intensidad la piedad y la religión católica. Se movió entre la manifestación material de su situación y la expresión de altos sentimientos y devociones. Sin ningún momento de pausa, en su vida se sucedían los gozos y las desilusiones, los momentos de gran éxito y los de hondo dolor, las dudas ante las graves decisiones, el brillo del lujo y la magnificencia real y la visión de la miseria. 

Los objetos religiosos de su época, los encargos que hizo para honrar sus devociones, sus gustos y aficiones muestran este mundo interior de contrastes forjado desde muy joven, templado en la temprana asunción de los deberes como señor soberano de amplios dominios. Fue fiel al compromiso asumido como rey, sin olvidar su obligación, como simple mortal, de procurar la salvación de su alma. 

ÁMBITO CUARTO

EL RECONOCIMIENTO DE FERNANDO DE ARAGÓN COMO MONARCA UNIVERSAL

"El ilustre y muy poderoso gran príncipe rey don Fernando, rey e señor de los reynos de Castilla, Aragón e Ceçilia, nasció en la más copiosa y más alta planeta que rey ni emperador nunca nasció […] y no solamente su alteza ganará el regno de Granada muy presto, mas sojuzgará toda África e los regnos de Fez e de Túnez e de Marruecos e Benamarín […] e ganará fasta la Casa Santa de Jerusalén […] e porná (sic) por sus manos el pendón de Aragón en el monte Calvario […] e será emperador de Roma […] e no solamente emperador, mas monarca del mundo." (Anónimo, Historia de los hechos de don Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz, 1443-1488).

La figura de Fernando fue rodeada muy pronto de un halo prodigioso que le dio la consideración de elegido para las mayores empresas en defensa de la Cristiandad. Sus acciones y triunfos hicieron que muchos autores asociaran a su nacimiento sucesos anunciadores de un acontecimiento extraordinario; su matrimonio con la princesa Isabel fue rodeado de cometas y estrellas; la conquista de Granada fue vaticinada años antes de suceder y, después, la fascinación provocada por la victoria provocó el entusiasmo general por su persona y su obra que lo convirtió en vida en un modelo legendario, al que se le adjudica la misión providencialista de ser el esperado "monarca del mundo" que aguardaría la llegada del Mesías.

En 1515 el Papa León X definió a Fernando el Católico como ‘fortisimo atleta’ de Cristo. Es por eso que hizo inmortalizar su figura en la estancia vaticana del “Incendio del Borgo”, diseñada por Rafael, como uno de los cinco pilares de la cristiandad. Constituye la muestra gráfica de la dimensión universal que alcanzó el monarca. 

 

Un rey aragonés y universal. 
Lugares fernandinos en Aragón.

Cuando en enero de 1516 Fernando II de Aragón falleció en Madrigalejo a punto de cumplir los 64 años, era rey de Aragón, de Navarra, de las Dos Sicilias, de Valencia, de Mallorca, de Cerdeña, y de Córcega, conde de Barcelona, duque de Atenas y de Neopatria, conde de Rosellón y de Cerdaña, marques de Oristán y de Gociano.

Fue rey, y tras su renuncia regente y gobernador, de Castilla, de León, de Granada, de Toledo, de Galicia, de Sevilla, de Murcia, de Jaén, de Algarbe, de Molina, de las Islas Canarias, de ciudades de Bugía, Argel, Trípoli, y de la parte correspondiente del mar Océano. Había también recibido el imperio sobre las Indias, designado rey de África y otorgado la soberanía sobre  Jerusalén. 

Nuestro rey más universal marcó el mundo político, social, artístico y cultural de su época. Pero antes de ello, en tierras aragonesas se producirán importantes acontecimientos que marcarán su destino y su trayectoria vital. 

Nace el 10 de marzo de 1452 en el Palacio de Sada de  la localidad cincovillesa de Sos por expreso deseo de su madre, Juana Enríquez. Su destino está ligado a ser un monarca excepcional y con solo seis años recibe de su padre, Juan II, los títulos de duque de Montblanc, conde de Ribagorza y señor de Balaguer. Será en Calatayud, con 9 años, donde las Cortes de Aragón le juran fidelidad en octubre de 1461.

Zaragoza marcará un antes y un después en la trayectoria vital de Fernando II. Llega  junto a la familia real en 1.462. . Fernando permanecerá en la ciudad, mientras los reyes prosiguen su lucha para controlar la sublevación del principado y es en la capital aragonesa donde alcanza su mayoría de edad. Ante el altar mayor de La Seo, en 1462, es proclamado heredero de Aragón, Sicilia y las demás soberanías de su padre, incluido el condado de Barcelona. Un año después, es designado Lugarteniente real en Aragón y toma posesión de la Gobernación General del Reino. 

Será en 1.468, año en el que fallece su madre Juana Enríquez, cuando lo coronan rey de Sicilia ante La Seo de Zaragoza. En 1474 partirá desde Zaragoza hacia Castilla para contraer matrimonio con la princesa Isabel. A Zaragoza  volverá en 1479 para jurar las libertades y privilegios del reino de Aragón.

En este recorrido, Tarazona también protagonizará un hecho histórico. En 1495, año en el que Fernando II de Aragón es designado rey de África por el papa Alejandro VI, en la ciudad turiasonense Fernando abre las Cortes aragonesas y ahí se ordenará la confección del censo de los hogares del reino.

Frases sobre Fernado II

"Los galos huyeron ante la faz de nuestro príncipe, cuyo nombre es exaltado en ese día. Y es el comienzo de su imperio de las Españas".

Andreu Alfonsello, canónigo de la Seo de Gerona, 21 de junio de 1473

“Certificam vos que huy, data de la present, a les dos hores apres mig jorn, en aquesta villa de Sors la illustrissima, molt cara e molt amada muller, ha parit hun fill, e por la gracia de Nostre Senyor ella es fora de tot perill del part”

Carta del rey Juan, fechada en Sos a 10 de marzo de 145

"Pues por la Gracia de Dios los nuestros reynos de Castilla e de León e de Aragón son unidos e tenemos esperanza que por su piedad de aquí adelante estarán en unión e permanescerán en nuestra corona real, que ansí es razón que todos los naturales dellos se traten e comuniquen en sus tratos e fazimientos".

Discurso dirigido a las Cortes de Toledo de 1480

“Fagovos saber que ha plasido a Nuestro Señor, después de muchos y grandes trabajos, gastos y fatigas de nuestros reynos, muertes e derramientos de sangre de muchos de nuestro súbditos e naturales, dar bienaventurado fin a la guerra que he tenido con el rey e moros del reyno e cibdad de Granada, la qual tenida e ocupada por ellos por más de setecientos e ochenta años, oy, dos días de enero deste año de noventa e dos, es venida a nuestro poder e señorío”.

Fernando, carta de 2 de enero de 1492, al dux de Venecia

“Ha más de setecientos años que nunca la corona de España estuvo tan acrecentada ni tan grande como ahora, así en Poniente como en Levante, y todo, después de Dios, por mi obra y trabajo”.

 Fernando, en carta de 1 de enero de 1514

“Siempre fue mi fin hacer lo que he hecho y posponer mi particular interés por el bien y paz del reino y por sostener en paz esta heredad que yo, después de Dios, he hecho con mis manos, la cual, si yo tomara otro camino, fuera destruída para siempre”

 Fernando, en carta de 1 de julio de 1506

“Ferdinandus, Hispaniarum, Siciliae, Corsicae, Balearumque rex, principum optimus, prudens, strenuus, pius, constans, iustus, felix, et Helisabeth regina, religione et animi magnitudini supra mulierem insignis, coniuges auxiliante Christus victoriosissimi, post libertatam a mauris Bethycam, pulso veteri feroque hoste, hoc opus construendum curarunt, anno salutis MCCCCLXXXXII”

 Leyenda del friso de la sala dorada del palacio de la Aljafería

Ueito apellius aragoneses

Ueito apellius aragoneses

http://m.youtube.com/watch?v=dp_qd4yv7og&feature=youtu.be