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PARTIDO Nº 665 ITALIA 1-1 ESPAÑA (6-10-2016)

PARTIDO Nº 665 ITALIA 1-1 ESPAÑA (6-10-2016)

 

 

 

ITALIA

Partido 665

  

ESPAÑA

 

 1-1

1-1, m.82: De Rossi

Clasificación Mundial 2018

6 Octubre 2016

Turín

Estadio: Juventus Stadium

0-1, m.55: Vitolo

Ficha técnica:

1 - Italia: Buffon; Barzagli, Bonucci, Romagnoli; Florenzi, Montolivo (Bonaventura, m.30), De Rossi, Parolo (Belotti, m.76), De Sciglio; Eder y Pellé (Inmobile, m.59).

1 - España: De Gea, Carvajal, Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba (Nacho, m.22), Busquets, Koke, Iniesta, Silva, Vitolo (Thiago, m.84) y Diego Costa (Morata, m.67).

Goles: 0-1, m.55: Vitolo. 1-1, m.82: De Rossi.

Árbitro: Felix Brych (GER). Amonestó a Parolo (49) y Bonaventura (63) y Bonucci (86) por Italia; y a Busquets (27), Vitolo (44), Diego Costa (45), Ramos (75) y Piqué (85) por España.

Incidencias: encuentro correspondiente a la segunda jornada de la fase de clasificación al Mundial 2018, celebrado en el Juventus Stadium ante la presencia de 37.000 espectadores. Daniele De Rossi fue galardonado por UEFA tras superar el centenar de partidos con Italia. 

Italia 1-1 España

36 % Posesión 64 %
0 remates poste 0
1 remates a puerta 3
2 remates paradas 0
5 remates fuera 3
1 remates otros 7
3 tarjetas amarillas 5
0 tarjetas rojas 0
14 faltas recibidas 17
17 faltas cometidas 14
68 balones perdidos 77
47 balones recuperados 46
3 fueras de juego 4
1 penalties 0
9 intervenciones portero 4

​Un empate (1-1) que sabe a poco en Turín

Vitolo adelantó (55’) a España, aprovechando un gran error de Buffon, y De Rossi empató (81’), de penalti discutido. Enormemente superior en el primer tiempo, la selección sufrió en el último tramo del partido ante una Italia recobrada

En el 36º partido entre las selecciones de España e Italia, desde el primero en Amberes (1920) hasta el de esta noche en Turin (2016), diez triunfos para los nuestros en esa vieja cuenta14 empates y 11 derrotas, 38 goles a favor y 40 en contra, o sea, mayor igualdad imposible, se ha ido escribiendo parte de la historia de nuestro fútbol. Y del de los “azzurri”. Tanta historia ha dado paso a sucesos “luctuosos” como el de la derrota enormemente injusta en el segundo partido frente a Italia (Mundial de 1934), la goleada (7-1) de dos años antes en Amsterdam, las duras más que maduras en el de EE UU (1994) y la caída en octavos en la pasada EURO (2016), pero, también, a glorias que nunca se olvidarán como el 4-0 de la final de la EURO (2012) y otras victorias menores, pero no por ello menos saludables ante los italianos, un feroz enemigo en todos los sentidos y en cualquier momento.

    Esta noche, en Turín, en el flamante estadio de la “Juve”, Italia y España han empezado a librar su particular lucha por la primera plaza del grupo pre Mundial que conducirá directamente al Mundial de Rusia 2018. No parece haber más batalla por ese honor que la tengan que dirimir unos y otros, mirando de reojo a Albania, próximo adversario de España, el domingo, pues no hay “milagro” a la vista que convierta a los otros acompañantes del grupo, Lieechtenstein, Israel y Macedonia en más que meros observadores de cuanto ocurra, que no es poco. Ante la disyuntiva de la gran importancia del choque, encarado como uno de altísima importancia, más allá incluso de la lucha por la clasificación, pues siempre tenemos cuentas pendientes, el de la selección en Turín se saldó con un buen empate. Un empate corto para sus valores, pero…

En la noche del 36º duelo entre grandes, en la que una parte del camino que lleva a Rusia había de ser desbrozado de espinas, Italia, cinco defensas en línea, Florenzi, Barzagli, Bonucci, Romagnoli, De Sciglio, llámese como se quiera, quizás miedo, jugó a la espera de lo que hiciera España, más diestra con el balón en los pies, que manejó, abusando de su superioridad en la materia, refugiada la “azzurra” en su madriguera, dueños Silva e Iniesta de la construcción y recuperación, del tener y saber distribuir, incluso del llegar. Una acción entre ambos a los 13 minutos, una acción bellísima, por cierto, que remató mal el mago de Fuentealbilla fue la llamada de atención de lo que era, sencilla y claramente, gran muestra de un equipo muy superior.

      Listo como el hambre, Iniesta ya se había ganado al millar de Erasmus que no habían dejado de aclamarle y a los miles de aficionados italianos que acudieron al campo. Un “tifoso” sabe de fútbol como el que más. Los “tifosi” se han pasado toda una vida disfrutando de los mejores futbolistas y de su conocimiento y gusto no se puede dudar. No podían sorprender, pues, susmurmullos de sincera admiración en los recortes de Andrés, en su suavidad y, a la vez, diligencia para salir con el balón jugado, en su manera de acariciarlo al pasarlo. En un país en el que se paga tanto por la belleza y en el que tanto abunda, Iniesta emergió como un cicerone, marcando sobre líneas imaginarias por dónde debía transcurrir el balón que había de perseguir el resto.Una delicia para todos.

 A los 24’, España, que había llegado con gran frecuencia y suficiencia, aunque falta de un remate certero, rozó la diana en una de esas jugadas que tiempo atrás jamás habrías sido posible: cabezazo de Ramos para otro de Piqué. De la cabeza de Gerard salió manso, no obstante, a las manos del cuarentón Buffon, pero esa era la muestra de que España podía aparecer con todo. Refugiada en su trinchera, Italia buscó sin suerte algún contragolpe rápido y animarse con alguna aspereza de Pellé, que se las tuvo un par de veces con Sergio Ramos. Nada que ver con el fortísimo, tenaz y ambicioso enemigo que nos echó de Francia. Tampoco era el mismo su adversario, es verdad. A los 40’ de juego, España tenía un 76% de posesión de balón e Italia, un 24%.  Los números no engañan. Dos tarjetas consecutivas a Vitolo y Costa hicieron resurgir los ánimos de los aficionados al filo del descanso. A falta de otras cosas que celebrar con eso les bastaba. Uno puede conformarse así cuando no hay más de lo que echar mano o en lo que confiar.

    Una desgracia de Italia, nada más injusto que fuera Buffon (55’) quien la cometiera, saliendo a golpear fuera del área con el pie un balón sin conseguirlo en un pase muy vertical, adelantó a España. Vitolo aprovechó el enorme agujero del gran Gianluigi para obtener la ventaja que se había merecido de largo en el primer período. Ni un solo aficionado italiano alzó una voz contra su formidable guardameta, perdida la “squadra azzurra” en eso a veces tan escaso, a veces tan valioso, que es la voluntariedad. No disfrutaba España, es cierto, del dominio apabullante del primer período, más fatigado Iniesta, más impreciso Silva, jugándoselo todo a una carta la “azul”. Pero aún desde esa incomodidad, Vitolo volvió a tener en sus botas otro remate ganador a los 67’. Se presentó solo ante Buffon, pero, esta vez, la salida de Gianluigi le llevó a mandar el balón junto al poste derecho.

España tuvo que echar mano de todo su vigor y conocimientos para apaciguar a la briosa Italia del último cuarto de partido y ahí emergió mucho de lo bueno de esta selección, formidables los laterales, muy seguros los centrales, enormemente presente Koke. No era tiempo para virguerías sino para futbolistas enteros, de cuerpo y alma, de los que no se achican, tiempo para  dejarse la piel y partirse la cara si era preciso, que lo fue. A pesar de ello igualó, de penalti, De Rossi a los 81’, tras señalar el árbitro que se sacara de puerta y cambiar de opinión tras consultar con uno de sus auxiliares. Los “tifosi” se dieron por satisfecho. Visto durante mucho tiempo lo que se había visto, las tablas hasta les parecieron bien.

No fue el punto lo que mereció España. Mereció más porque fue más equipo más tiempo, porque llegó más y mejor, porque jugó, sencillamente, muy por encima de su rival durante una hora larga. Pero el fútbol es así y tampoco puede decirse que Italia se rindiera a su superioridad. Valiente, fuerte y entera, aunque inferior, llegó hasta la igualada, que es mejor para España que para ella. Es lo que tienen los empates de los visitantes.

Un gol a favor destempla a España frente a Italia

Con una buena primera hora, La Roja se agrieta tras un tanto de Vitolo por una pifia

de Buffon. El asalto final permite empatar a un rival que tiró de nervio y valentía

Tan diabólico es el fútbol, que un gol favorable puede fundir a un equipo, destemplarle. Le ocurrió a España, gobernanta y altiva hasta que Vitolo le puso en ventaja. Ni pío había dicho Italia hasta entonces, sometida por una Roja que la arrugó en todas las zonas del campo. La selección local se limitó al dique delante de su portero, sin otro dictado. Pero en desventaja se soltó la correa y con un asalto final con más nervio y valentía redujo el tanto español. El cuadro de Lopetegui se quedó a medias. Su destacada actuación previa a la diana de Vitolo quedó empañada por su mala administración final. Con la lección aprendida en la reciente Eurocopa de Francia, esta vez, durante casi una hora, se aplicó mucho mejor La Roja. Bien estudiada Italia, los chicos de Lopetegui se desplegaron al segundo con un extraordinario timbre de autoridad. Sin chácharas, el equipo español se propuso sin demora colonizar a su rival, invadir su campo, bloquear su inicio del juego desde los centrales. Tampoco se olvidó de los laterales de laazzurra, que tantas veces ventilan a su selección, aunque sea con pelotazos al vuelo para Pelle, una pértiga, o el más liviano Eder, más velocista. Carvajal, Alba y, luego, Nacho les apretaron en su propia sala de máquinas.

Con Italia encapsulada, tal era el órdago que, en el primer tiempo, España apenas bajaba del 75% de posesión, con la pelota imantada por Iniesta y Silva, tipos de trazo gemelar, de fútbol telescópico. Junto a Koke, gente capaz de que un partido se vuelva un solo. Así fue a lo largo de casi una hora, en la que a los visitantes solo les faltó algo de pólvora. Nunca es fácil dinamitar a los italianos, pero esta clarividente España no tuvo picante. Blindado Buffon por su muchedumbre defensiva, Diego Costa nunca fue el punto final, reducido a trifulcas que le pudieron acarrear la expulsión. Una jornada más, con España muchos truenos y poca eficacia. Con Iniesta y Silva al mando en la zona frontal y Vitolo con el remo por todo el frente de ataque, La Roja se frenó ante el capitán italiano, el eterno Buffon, al que apenas dio la lata Piqué con un par de cabezazos. El zaguero catalán está en plena efervescencia, cuajado, maduro como nunca. Piquenbauer a veces, Piquepuyi en otras ocasiones. Talento y brío por igual.

Contra las cuerdas Italia, hasta el bingo de Vitolo, no hubo español que aflojara, con y sin balón. Una conjura sin disidencias. La Roja procuró concluir cada jugada y en caso de pérdidas, muy pocas, se remangó de inmediato para mantener cosido su adversario, que no olió a De Gea hasta que caía el telón del primer acto. Y poca cosa, dos amagos de ataque que concluyeron sin fogueo.España se fue al intermedio con una indiscutible sensación de superioridad en el juego, no en la pegada. Todo un riesgo cuando hay que medirse con Italia, a la que toda la vida le fue de maravilla el papel de sufriente. Da el igual el devenir del choque, no se desordena jamás, no tirita cuando se vio agobiada. Mientras, confía en que el curso del juego le ofrecerá una rendija para la puntilla. Pero en esta oportunidad, de forma sorprendente, fue Italia quien antes dio vida a su contrario. Buffon, fiable donde los haya, pegó una patada al viento y dejó la puerta de par en par para Vitolo, que, tras un estupendo pase de Busquets con precisión de cirujano, llegó a la carrera por la ruta central. Con el meta italiano maldiciendo sus pies, el canario, futbolista que barre varios sectores del campo, para el que no basta un solo radar, acostó la pelota en la red. Un gol de traca que produjo que uno y otro gestionaran de otra manera el tiempo restante.

La pifia del grandioso Buffon, que no mereció reproche alguno de su grada, que le venera por millones de motivos, hizo subir el volumen a Italia, necesitada de un arreón. Como el fútbol es un estado de ánimo, con urgencias a la vista, el equipo de Ventura dio un paso al frente. De repente, con el agua al cuello, se acercó algo a la versión de la Eurocopa. Sus puntas se fueron contra Ramos y Piqué, y todos soltaron amarras. Fatal para La Roja, a la que Italia destiñó con unos minutos de impulso. Los jugadores de Lopetegui ya no supieron administrar el balón, el equipo se agrietó y con más energía que fútbol, el cuadro azzurro encontró consuelo con un penalti para debatir de Sergio Ramos a Eder que el árbitro se pensó y se pensó. Un asistente lo dio validez y De Rossi empató. En su gran cita rumbo a Rusia 2018, España acabó retorcida por un gol a favor. Para hacérselo mirar. Guiños del fútbol y sus ilógicas.

 

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