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Colonización fenicia en la Península Iberica

Reconstrucción de los restos de un barco fenicio del tipo hippos ("caballo", por la forma en que eran decorados), del siglo VII a d. C., hallado enMazarrón (Museo Nacional de Arqueología Subacuática -ARQUA-). Madía más de ocho metros y transportaba casi tres mil kg de mineral.44
Parte del cargamento del barco fenicio de Mazarrón.
Dama de Galera, estatuilla fenicia del siglo VII a. C., procedente de la necrópolis ibérica de Tútugi, que representa a Astarté.
Sarcófago antropomorfo fenicio hallado en Cádiz.
Anillo de oro fenicio procedente de Gadir, siglo VII a. C.
Vasijas de vidrio de tipología fenicia procedentes de Ampurias.

Según Veleyo Patérculo, la primera colonia fenicia fundada en la península ibérica sería Gadir (Cádiz), ochenta años después de la caída de Troya (lo que, según el cómputo común en su época, la situaría en el año 1104 a. C., antes incluso de la fundación de la propia Roma -753 a. C.-). Aunque tal datación responde a criterios míticos, lo cierto es que muy recientes excavaciones parecen indicar la existencia de estructuras urbanas, si no de semejante cronología, sí de al menos el siglo IX a. C.;45 las evidencias arqueológicas sitúan la fundación de Malaka (Málaga) entre los siglos IX a. C. y VIII a. C.46 47 Además de Gadir y Malaka, y de la segura presencia fenicia en las ciudades tartésicas del entorno del Lacus Ligustinus, a lo largo del litoral sur peninsular hubo asentamientos fenicios, muchos de los cuales tendrían en una primera fase un carácter transitorio mientras que otros irían paulatinamente adquiriendo una importancia cada vez mayor hasta llegar a convertirse en destacables núcleos de población, como Abdera (Adra) ySexi (Almuñécar). Junto a estas colonias, los fenicios utilizaron establecimientos de menor entidad, extendidos como bases portuarias para sus rutas de navegación y para la diversificación de los contactos con el interior; tanto en el litoral mediterráneo (Salambina -Salobreña-, Toscanos,TrayamarCerro del VillarCalpe -Gibraltar-, Carteia -San Roque-) como en el atlántico (BarbateRotaOnuba -Huelva-, AljaraqueAyamonte,48 Baesuris -Castro Marim-Ossonoba -Faro-, Callipo -desembocadura del Sado-,Olissipo -Lisboa, desembocadura del Tajo-, Collipo -São Sebastião do Freixo-, Quinta do AmarazLeiriaSanta Olaia -desembocadura del Mondego-, Cale -Vila Nova de Gaia, desembocadura del Duero-)49 y en la costa norteafricana (Rusadir -Melilla-, Abila -Ceuta-, Lixus -Larache-).

Las excavaciones arqueológicas encuentran en ellos objetos datables entre los siglos VIII y VII a. C. y de tipología proveniente de ámbitos orientales del Mediterráneo y helénicos, lo que ha permitido constatar la existencia de todo un comercio de objetos helénicos llevado a cabo por el comercio fenicio o griego. La cerámica de barniz rojo, muy característica, que aparece solo en enclaves fenicios y nunca en griegos, tiene su origenen ámbitos del Mediterráneo oriental (Siria y Chipre), desde donde se importaría a través del comercio fenicio hasta la península ibérica. De notable interés resulta la necrópolis de Sexi, en donde se han hallado urnas de alabastro que testimonian rituales de incineración y todo tipo de objetos (marfiles, vasos de bronce) que prueban los profundos contactos con el Mediterráneo oriental. Tales objetos fueron importados en un primer momento y después producidos localmente por artesanos indígenas que imitaron sus modelos (orfebrería de oro y plata de los tesoros de Aliseda y del Carambolo, en el ámbito tartésico). Estas tesauraciones evidencian la extraordinaria riqueza en metales de la península. No obstante, en este periodo y ámbito los intercambios comerciales se realizaban con el sistema de trueque, sin intermediación de moneda; fueron los griegos los que introdujeron el comercio monetario en la península, produciéndose posteriormente acuñaciones iberas y cartaginesas.50

La extensión de la actividad comercial fenicia alcanzó una considerable amplitud desde comienzos del VIII y sobre todo en el VII a. C., coincidiendo con la expansión asiria en Oriente Próximo, que afectó a las ciudades fenicias al cerrarles los mercados orientales, con lo que se vieron forzadas a reorientarse a los occidentales. La colonización fenicia buscó nuevas fuentes de riqueza en la industria de la pesca(almadrabas de atún) y los salazones, introduciendo técnicas propias que alcanzaron gran desarrollo y alta rentabilidad, prestigiando los productos de la zona (lo que continuó en época cartaginesa y romana, siendo la base de las exportaciones -el aceite51 y el garum-). También debe atribuirse a los fenicios la introducción a gran escala de las salinas, estrechamente vinculadas a esta actividad. Se inició la producción de tipologías cerámicas que con anterioridad solo tenían una difusión muy localizada. No está claro si hubo cambios agrícolas que pudieran deberse a influencia fenicia, aunque tradicionalmente se les atribuye la introducción de olivo, posibilidad que también es compatible los datos paleoecológicos, lo que habría completado la trilogía mediterránea característica de buena parte de los paisajes agrarios peninsulares.

La evolución paleoecológica de la «dehesa» del Suroeste peninsular como elemento cultural ha llevado a diferenciar teóricamente cuatro fases desde su proceso de formación a la romanización. Dicho proceso se iniciaría en una Fase I, hacia el 4.000 a. C., cuando se documenta la asociación de Quercus [encina, alcornoque] y Vitis [vid], seguramente silvestre, pero aprovechada, en relación con los primeros poblados calcolíticos del Suroeste peninsular. A partir de la Fase II (2.500-1.600 a. C.) aumenta el Quercusy el Pinus [pino], dando lugar a la formación definitiva de la dehesa como resultado de una actividad antrópica que supone un largo proceso de aprendizaje y selección de especies. Este proceso cabe relacionarlo con el apogeo del Calcolítico y el inicio de la Edad del Bronce, momento al que corresponden los citados poblados de la Vega del Guadiana. La evolución prosigue en la Fase III (1.600-500 a. C), en la que se observa en algunas zonas una fuerte desforestación, que se ha explicado por la intensificación de la minería en áreas mineras, como Huelva, aunque en este período se documentan los primeros pólenes de Olea [olivo], que reflejan seguramente la introducción del olivo por la colonización fenicia a partir del siglo VIII a. C.

Aunque la evolución de la dehesa protohistórica no se conoce en Extremadura con detalle, cabe suponer que esta región sufriría un proceso similar con un aumento de la desforestación debida en parte a explotaciones mineras, aunque en áreas agrícolas como las Vegas del Guadiana, lo más lógico es suponer un proceso de creciente colonización agrícola, seguramente asociado a un hecho cultural tan destacado como la introducción del policultivo mediterráneo. Éste debe considerarse teóricamente introducido por influjo de la colonización fenicia y se atestigua indirectamente por la producción local de ánforas para almacenar y controlar la reserva de alimentos, tal como se evidencia en el palacio de Cancho Roano. Este proceso habría dado lugar, a partir del 500 a. C, a la Fase IV, que corresponde a la formación específica de la dehesa actual, proceso que debe considerarse en estrecha relación con la citada introducción del policultivo mediterráneo de olivo, vid y cereal en las Vegas del Guadiana, y que, con diversas alternativas, ha perdurado a través del mundo romano y medieval hasta la actualidad.52

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