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 ESPAÑA

Partido 649

  ESLOVAQUIA

 

España

2-0 

Eslovaquia

  1-0. M.4’ Alba

 2-0. M.29’ Iniesta

Clasif. Eurocopa 2016

5 Septiembre 2015

Oviedo

Estadio: Carlos Tartiere

 

FICHA TÉCNICA

España:

Casillas, Juanfran, Ramos, Piqué, Alba, Busquets, Iniesta (85’ Koke), Cesc (66’ Cazorla), Pedro, Silva y Costa (75’ Paco Alcácer)

Eslovaquia:

Kozáčik, Pekarík, Gyömber, Hubočan, Saláta, Tesák, Greguš, Hrošovský (73’ Sabo), Hamšík (61’ Duda), Švento y Mak (46’ Duris)

 

España 2-0 Eslovaquia

76% Posesión 24%
0  remates poste 0
 3 remates a puerta 2
2  remates paradas 1
 10 remates fuera 3
5  remates otros 0
 0 tarjetas amarillas 2
0  tarjetas rojas 0
8  faltas recibidas 6
 6 faltas cometidas 8
 53 balones perdidos 59
41  balones recuperados 34
 2 fueras de juego 2
1  penalties 0
 7 intervenciones portero 8

 

ESPAÑA 2 - ESLOVAQUIA 0

España fue un gustazo

Baño de la Selección a Eslovaquía que le permite recuperar el liderato del grupo. Silva se erige en el jefe de España. Gran partido de Iniesta y Busquets. Dos buenas paradas de Casillas. Pitos para Piqué.

 

Quizá para un día, ojalá para un tiempo, España recuperó su lugar en el mundo y, de paso, el liderato en su grupo camino de Francia, que ahora parece a este lado de los Pirineos. El magnífico trabajo de orfebrería, que tuvo la calidad de los tiempos del imperio, se vio esta vez acompañado de los goles, que a menudo se le olvidaron a La Roja después de partidos elaborados y posesivos. También fue una obra coral, sin más solista que David Silva, la versión nacional de Messi, en ratos de gloria. Lo que vino después fue fantástico de pitón a rabo. Un partido que mereció mejor césped, un lleno al que no llegó Oviedo y un público más amable con Piqué, al que silbó por las mismas razones que lo hizo León (aquella metedura de pata sobre la influencia de Kevin Roldán en los éxitos del Barcelona) pero sin el atenuante de la inmediatez en la presunta ofensa.

El nuevo curso ha traído un Iniesta revitalizado, con mejor físico y mejor ánimo, que disimuló bien la falta del poderoso influjo de Xavi. También emerge la versión más atractiva de Busquets, que hizo desaparecer al centro del campo eslovaco. Silva y Pedro, en cambio, se mostraron como siempre. Bueno, bonito y dominante el primero, que desde la derecha preparó el golpe. Y un tiro el segundo por la izquierda. Todas sus arrancadas fueron de provecho. Y más cuando le dio el relevo el desbordante Jordi Alba, un lateral de alegría contagiosa. Acompañó Cesc, un poquito corto de velocidad, y le volvió a costar a Diego Costa. El suyo con España es un problema de mezcla. A la Selección le resulta más sencillo cambiar de nueve que de estilo. A su juego sólo le da sentido un punta que se mueva en una baldosa y Diego Costa vive del espacio. A él acudió para provocar un penalti (más que discutible) , pero antes y después se vio enjaulado. Fue su séptimo partido, de ocho, sin gol. Pero del Bosque está dispuesto a esperarle hasta que se acople.

El partido, en cualquier caso, fue de una sola dirección. Ramos le regaló a Mak medio gol y el punta eslovaco dejó escapar el tren con un disparo errático. Eran las 20:50. El tren no volvió a pasar. España le preparó a Eslovaquia un partido muy poco confortable, dándole aire al balón, moviéndolo de banda a banda para que no le quedara al adversario lugar en el que refugiarse y esmerándose en la recuperación.

Ayudó mucho el gol a los cinco minutos. Un gol de costumbres, de futbolistas que conocen cada uno de sus tics. Silva esperó el acelerón de Jordi Alba y este se confió a la precisa zurda del canario. Todo acabó en un pase magnífico y un cabezazo sencillo. Luego llegó el penalti, bien aprovechado por Iniesta, dos paradas de Casillas de las de antes de la guerra (la del Bernabéu) y una posesión escandalosa. Oviedo festejó como un gol la entrada de su paisano Cazorla y el escribano Silva echó el borrón de fallar un gol a puerta vacía cuando la victoria ya estaba fuera de peligro. Pecado venial del campeón, que está de vuelta.

 España recupera el mando (2-0)

Vuelve a la cabeza del grupo tras un excelente partido ante Eslovaquia (2-0) y un soberbio primer tiempo con tres figuras dominantes: Busquets, Iniesta y Silva. La selección dio todo un curso de fútbol en los primeros 45’, en los que volvió a deleitarnos

A las 11 de la mañana se descubrió en el estadio Carlos Tartiere el busto de uno de los más grandes jugadores asturianos, quizás el que más, un gijonés que dio gloria a la vida del Sporting al comienzo y al final de su vida futbolística, pero que se convirtió en leyenda en el Oviedo, Eduardo Herrera, más conocido por “Herrerita”, quien fuera tío del malogrado “Chus” Herrera, también conocido por “Herrerita”, jugador del Real Madrid años más tarde, y hermano de Ramón Herrera, apodado “El sabio”. Eduardo Herrera, un interior izquierdo que jugaba por la izquierda, como hasta hace no mucho creíamos que era lo correcto, fue genio en una época en la que los había a “puñaos”. “Herrerita”  formó junto a Casuco, Gallart, Lángara y Emilín la mejor delantera histórica del Real Oviedo.

Al homenaje a “Herrerita” se añadió otro (la concesión del carnet de futbolistas españoles internacionales) a una veintena de jugadores asturianos. Se encontraba, naturalmente, entre ellos, Enrique Castro, más conocido por “Quini”, siete veces máximo goleador de la Liga, cinco en Primera División y dos en Segunda, uno más que el hombre récord Telmo Zarra si bien este consiguió sus seis “pichichis” en la División de Honor. Es decir, a apenas unas horas del partido contra Eslovaquia, el fútbol asturiano rendía homenaje a sus mejores, entre ellos un interior de enlace, con llegada y de fútbol prodigioso, Eduardo Herrera, “Herrerita”, y Enrique Castro, “Quini” “matador” entre “matadores”.

De calidad y remate iba a verse obligada a manejar España si pretendía derrotar a Eslovaquia, de la que Del Bosque dice que “ha conseguido formar un muy buen equipo sin nombres que llamen demasiado la atención y sin jugar en grandes equipos europeos”. A menudo, este tipo de rivales están entre los peores posibles. Veintitantos mil espectadores pudieron comprobarlo en el Carlos Tartiere en una rara y fresca noche de un verano especialmente caluroso y ya parece que agonizante. Para tratar de lograrlo, España volvió al 1- 4- 1- 3- 2, con dos atacantes que acaban de encontrarse en el Chelsea, Pedro y Diego Costa, desde antes del Mundial  2014, una de las esperanzas, y no rematadas, esperanzas  goleadoras en ataque de la selección. Cerca de él, Cesc, esa especie denominada delantero falso.

España necesitaba fútbol, a los estilos de “Herrerita”, quizás, y de gol, en el más puro de los perfiles de Enrique Castro, “Quini”. Pero sabía que iba a medirse con alguien dispuesto a no dar facilidades, invicto hasta Oviedo. Así fue. Eslovaquia trató de cerrarse a cal y canto, dejando solo arriba al peligroso, rápido y vertical Mak. No había asomo de duda en sus intenciones: ceder cuanto terreno hiciera falta, blindarse con once defensas y tratar de aprovechar alguna oportunidad ofensiva. Le surgió muy pronto y no aprovecharla fue una de las claves del primer tiempo. Mak, precisamente Mak, aprovechó una indecisión, se coló y remató a dos palmos del poste de Casillas. Respiraron los jugadores españoles y se envalentonaron los seguidores eslovacos. Pero sus grandes ilusiones se desvanecieron muy pronto.
Al fútbol se juega tocando y la selección nos brindó una selección antológica de la suerte que le ha hecho famosa y que le ha llevado a ganar las Euros 2008 y 2012, con el Mundial 2010. Puede dar la impresión de que tocar es fácil y más cuando el enemigo se repliega, pero el amplísimo repertorio brindado por España en los primeros 45’ estuvo en el de los niveles de los grandes partidos, elijan ustedes el que prefieran pues hay muchos. Maestro de esa banda sublime de tocadores fue Iniesta, que un minuto después de la ocasión de Mak se inventó, no él solito, porque necesitaba de alguien que cabeceara su precioso centro y no fue otro que Jordi Alba, pero sí majestuosamente el primer gol de España: largo balón en diagonal al sitio por el que debía aparecer el defensa, que lo vio clarísimo. Desconcertado, y descolocado ante el centro y la aparición, Kozacik ni se movió contra el testarazo.

El gol tuvo un efecto demoledor. Aumentó la auto confianza de los españoles y achicó aún más a los eslovacos, incapaces no solo de contrarrestar el fútbol de la selección en el medio, sino de reagruparse anímicamente. Mentalizados para una defensa eficaz y larga, se encontraron demasiado pronto con la diana y acabaron sufriendo un vendaval sin respuesta alguna. Fue imposible para Eslovaquia anular el juego de artesanía de Silva e Iniesta, no encontró modo de frenar el hiper activo, lo que no es sorpresa alguna, de Pedro y se vieron literalmente quebrados en el centro, donde Busquets se erigió como auténtico dueño y señor del campo. El desbordamiento de los eslovacos llevó a Juanfran y a Jordi Alba a ser cualquier cosa, volantes y extremos, más que defensas, donde no hacían falta, porque los giros de la preciosa maquinaria española no dejaban hueco alguno a Eslovaquia. Cuando Iniesta marcó el segundo gol a los 30’, transformando un penalti de Kozacik a Costa, debieron intuir que su sistema solo podía contrastar su desastre. Su primer ataque colectivo, es decir con cuatro o cinco hombres, no llegó hasta el minuto 33.

El fútbol y sus resultados dependen, también, de las circunstancias. Amplísimamente dominada, incapaz en absoluto de contrarrestar su inferioridad en todos los terrenos, Eslovaquia estuvo a punto de toparse con la fortuna en el minuto cuatro del segundo tiempo. La ocasión la tuvo, precisamente, el sustituto de Mak, que había gozado de la primera, Duris, que en idéntica situación que aquel remató casi igual. Su zurdazo envenenado se topó, sin embargo, con las yemas de los dedos de Casillas, Iker, siempre Iker. No volvería a disponer de otra igual. España volvió a retomar el balón,  cuya posesión no discutió jamás, y los maestros del toque, encabezados siempre por el binomio Silva-Iniesta, recuperaron su tono y su mando. Tuvo España ocasiones suficientes para aumentar su ventaja, los “¡uyyyyyyyyyyyy!” acompañaron media docena de jugadas, en especial dos de Silva y Cesc, hasta Costa dispuso de una en un remate de cuchara que no pudo corregir el gran canario, y de los eslovacos no se supo nunca. Empeñados en sostener no se sabe bien qué, asistieron entre incrédulos y asombrados al fútbol de España, en muchas ocasiones una torrentera ante lo que nada podían hacer. Será por eso por lo que no lo intentaron la noche de Oviedo, en la que España rompió su carácter de invictos y recuperó la cabeza, la del grupo se entiende.

 

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