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29.4.2012 - LIGA 1ªDiv. 2011/12 - JORNADA Nº 36

Partido Nº 1945 del R.ZARAGOZA  en 1ª Div.

  REAL ZARAGOZA 2-0 ATHLETIC CLUB  

2- Real Zaragoza: Roberto; Álvarez, Da Silva (Lanzaro, min.71), Paredes, Abraham; Micael, Zuculini; Edu Oriol (Pintér, min.82), Apoño (Luis García, 80), Lafita; y Postiga.

0 - Athletic: Iraizoz; Iraola, San José, Ekiza, De Marcos, Herrera, Iturraspe, Íñigo Pérez (Muniain, min.67); Ibai Gómez, Gabilondo (Susaeta, min.46); y Toquero (Llorente, min.60).

Goles: 1-0. Min.28, Edu Oriol; 2-0. Min.51, Apoño

Árbitro: Iglesias Villanueva. Amonestó con cartulina amarilla por el Athletic a Herrera e Iturraspe y por el Real Zaragoza a Micael.

Incidencias: partido correspondiente a la jornada 36 de Primera división disputado en el estadio de La Romareda de Zaragoza ante unos 30.000 espectadores, con terreno de juego en buen estado, en tarde primaveral con lluvia fina al comienzo.

Estadísticas

Zaragoza Athletic
2 Goles 0
2 Asistencias 0
20 Disparos 8
11 Disparos a portería 2
2 Paradas 7
0 Goles de penalti 0
0 Penaltis 0
17 Centros 23
7 Saques de esquina 6
0 Fueras de juego 1
13 Faltas cometidas 11
1 Tarjetas amarillas 2
0 Tarjetas rojas 0
43% Posesión 57%

El Real Zaragoza juega como un equipo de Primera

Un gol artístico de Oriol y otro de Apoño derrumban a un Athletic de dos caras pero sin perfil y aproximan la permanencia

El Real Zaragoza jugó con una cara y el Athletic, con dos. Así se reconoció siempre ante un rival de perfiles opuestos que nunca halló su seña de identidad, ni con los reservas ni con los titulares con el 2-0 en el marcador. En el equilibrio, o la desigualdad, tuvo que ver la dosificación de Marcelo Bielsa con sus estrellas, pero también la inteligencia y la constancia de un conjunto aragonés que se ha comportado como un equipo de Primera y que lucha por seguir en esa categoría impulsado por la energía que le inyecta su estadio. La victoria no admite discusión y aproxima un poco más al Real Zaragoza a esa salvación que persigue sin mirar por el retrovisor. No le interesa el abismo, solo la hazaña que tiene por delante.

El Athletic reservó de salida toda su artillería. Es un equipo feliz que afrontará dos finales y que, pese a estar cerca de la Champions, tiene muy claro cuál es su guerra. La de la Liga está un poco al margen. Salió fino a La Romareda, con toque corto y posesión de la pelota. Enfrente, el Real Zaragoza jamás se dejó seducir por la púrpura de un adversario iluminado. Le esperó, le contuvo, le intimidó desde su tradicional implicación física y con los espacios del campo mejor tomados. La belleza no le interesa lo más mínimo: se agrupa, erosiona y dispara por lo general desde lejos. Así construyó su triunfo, con mucha masa y una perfecta lectura de las obligaciones.

Roberto sacó un par de manos en tiros de falta directa para apaciguar la ambición inicial de los vascos. El resto del encuentro tuvo el trabajo justo, sin apenas agobios, solo superado por una pelota que iba dentro y se estampó en la cara de Álvarez, atornillado bajo el larguero. Era el empate que no fue, que no merecía el finalista de la Copa y de la Europa League.

Apoño y Postiga dispararon con obsesión a muchos metros de Irazoz. El ataque era rácano, pero uno de esos intentos de larga distancia fue a uno de los postes del guardameta,lo que animó a la grada y encendió las alarmas del Athletic, con poco norte ya en su fútbol. No se esperaba a Edu Oriol, y mucho menos para marcar el primer gol gracias a una acción individual de brillante elaboración y estupenda ejecución. El centrocampista abordó un eslalon entre defensores rojiblancos y, superados, batió por bajo a Iraizoz. Oriol se dio un homenaje durante el resto de los minutos, asociado con Lafita y con todo aquel que quisiera aprovechar su gran día de ilusionismo.

Poco a poco, Bielsa fue goteando los cambios que se esperaban. Susaeta, Llorente, Muniain... El Real Zaragoza, en lugar de dejarse hipnotizar, firmó un segundo gol de una falta de Apoño que se le fue de las manos a Iraizoz. Maduro, sereno, duro cuando resultó necesario y muy acalambrado, el equipo de Manolo Jiménez, jaleado por la afición para que se quede más temporadas en el banquillo, ni se despeinó. Colectivamente actuó como una unidad, primero contra un Athletic rebajado y después ante el gran Athletic venido a menos por el 2-0 y una remontada para la que no le dejaron margen de reacción.

En esta ocasión, el que sufrió fue el Athletic, que va para campeón y que salió de La Romareda vencido por un Real Zaragoza que jugó como un equipo de Primera, con sus limitaciones dismuladas en este caso y con una personalidad cada vez mayor. Rugió y mandó como un león entre leones.

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