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24.7.2010 – 3º AMISTOSO – PRETEMPORADA 2010/11

ALAVES 0-1 REAL ZARAGOZA

Ficha técnica

0 - Alavés: Montero (Reguero, m.45); Mesquita (Claver, m.64), Alaña (Oratz, m.73), Moya (Igor Cuesta, m.45), Javi Casas (Morcillo, m. 45); Josete (Vallejo, m.64); Calderón (Endaitz, m.45), Ibón Gutiérrez (Esparza, m.45), Asier Salcedo (Sergio Pardo, m.45), Iván López (Óscar Rico, m.45); y Jito (Geni, m.45).

1 - Zaragoza: Doblas (Leo Franco, m.45); Diogo (José, m.82), Jarosik, Goñi, Obradovic (Edu García, m.58); Edmilson (Keven, m.58); Ponzio, Ander (Jorge, m.73), Gabi (Braulio, m.73), Lafita (Pennant, m.45); y Uche (Marco Pérez, m.45).

Gol: 0-1, m.88. Braulio recoge un balón en el área y marca de disparo raso.

Árbitro: Aaron Suberbiola Zúñiga (Vasco). Sin tarjetas.

Incidencias: Primera edición del Trofeo del Blusa. Al comienzo del choque el Alavés se fotografió con un grupo de niños que representaban a las cuadrillas de blusas. Se guardó un minuto de silencio en memoria de María Isabel Puerta, madre del jugador del Alavés Ander Alaña, recientemente fallecida. Alrededor de 2.000 espectadores en Mendizorroza.

 

BRAULIO HIZO EL ÚNICO GOL DEL PARTIDO

El Zaragoza vence al Alavés por la mínima

El conjunto maño se llevó el I Trofeo del Blusa.

El Real Zaragoza venció a domicilio al Alavés (0-1) en el I Trofeo del Blusa, que se disputó en el estadio Mendizorroza de Vitoria. Braulio fue el autor del único gol del encuentro, a dos minutos del final del partido.

El Zaragoza superó a un voluntarioso Alavés, dominando con claridad en la primera media hora. Mas preciso en el pase, mandó en el centro del campo y tuvo tres claras ocasiones. En el minuto 13, Edmilson, con un duro disparo lejano, probó a Montero, que desvió la pelota a córner en una buena estirada.

La velocidad de Uche hizo sufrir a los locales, bien replegados y ordenados. En el 21, el punta recibió un gran pase de Ander, pero Montero salvó con los pies su remate. Despertó el Alavés y tuvo por medio de Calderón su primera ocasión en el 31, pero el disparo del habilidoso extremo salió rozando el larguero en una muy descafeinada primera mitad.

Ambos entrenadores movieron el banquillo tras el descanso y el encuentro ganó en vivacidad. En el 49, el recién entrado portero Reguero se lució ante un envenenado remate de Ponzio. En el 53, Edmilson cabeceó al poste a la salida de un córner. En el 54, Geni remató en plancha muy cerca del palo. En el 70, Marco Pérez marró la ocasión mas clara de la noche a centro de Pennant, y en el 88, Braulio sentenció con un disparo raso dentro del área.

En el tramo final, el canterano Endaitz, que mostró detalles de calidad, y Morcillo dispusieron de tres ocasiones para empatar.

 

Necesita mejorar

El Real Zaragoza se impuso al Alavés, pero no ofreció una buena imagen en Mendizorroza. El gol de Braulio maquilló un mal partido de los de Gay, fatigados, imprecisos y sin capacidad para hilvanar juego. En la segunda mitad, debutó en la portería Leo Franco.

Braulio le dio el partido al Zaragoza y edulcoró la imagen de un equipo con aire preocupante ante un rival, el Alavés, netamente inferior en la teoría, pero que ayer en Mendizorroza pudo haberle dado un golpe duro al equipo de Gay. No encontró el Zaragoza una idea sobre la que basarse, se ahogó sin claridad en el medio y sin capacidad para tejer un hilo apreciable de juego. Falta ahí un hombre inspirador, que gobierne el ritmo desde el punto en que comienza a fluir. Al Zaragoza también cabe ponerle otros peros. La lógica fatiga de estas alturas del verano, con las piernas saturadas de trabajo, es uno. Más preocupante fueron los problemas individuales. Excesivos fallos, demasiadas imprecisiones, atrás, y delante, ante el gol, pues volvieron a errarse varias ocasiones.

Por quedarse con algo, la impresión superficial que dejó el partido es que José Aurelio Gay va aproximándose a un equipo más o menos definido. A falta de refuerzos, de que el mercado guiñe el ojo a un Real Zaragoza de bolsillos rotos, José Aurelio Gay parece poseer una idea avanzada de la forma externa del conjunto.

La defensa es la línea que presenta un aspecto más definitivo. Gay apostó por Diogo, Jarosik, Goni y Obradovic y, con la salvedad de la entrada de Contini -ayer ausente a causa de unas molestias musculares- por el central canterano, esa se antoja la retaguardia del Zaragoza. Como alternativa principal a ambos flancos, queda Ponzio, que se desenvolvió en Vitoria como interior por la derecha, como volante por la izquierda y como lateral zurdo. Es decir, jugó de casi todo excepto en el pivote. Una prueba más de Gay.

También la delantera se va ajustando. Como bien dijo Gay, ante la ausencia de fichajes, vuelca los esfuerzos en lo que tiene. Y, a falta de comprobar qué ocurre con Adrián Colunga o cualquier otro delantero que llueva del mercado, Gay madura un ataque con Uche como pieza más afilada. Ander y Marco Pérez quedarían como diferenciados complementos, el canterano en el caso de formar con enganche y el colombiano para la delantera de dos hombres.

En el centro del campo, es donde se concentran casi todas las dudas. Tanto en los espacios interiores como en los exteriores. Ante el Alavés, Gay armó un doble pivote con Gabi y Edmilson, y tiró a Ponzio, mediocentro innato, a la banda derecha, con Lafita en la izquierda. La prueba de Ponzio en la derecha merece un apunte y, tras las salidas de Arizmendi y Eliseu, denuncia la ausencia de alternativas en los flancos a Jorge López, Pennant y Lafita, únicos recursos más o menos especializados que tiene a mano Gay para ocupar por fuera el centro del campo.

Con ese armazón de inicio del partido, el Real Zaragoza fue superior al Alavés, le controló el juego y los espacios, funcionó de menos a más, pero los de Gay volvieron a naufragar arriba. Al equipo le falta intimidación, presencia en el área, capacidad para desbordar defensas moderadamente ordenadas como la que ayer opuso el Alavés, equipo y línea de atrás de Segunda División B. El Zaragoza solo mordió con pelotas largas a Uche o con disparos desde el extrarradio, síntoma de que al equipo clama por un generador de juego y algo de poder combinativo en los metros decisivos. Fue su principal vía de ataque, el balón volador y la galopada del nigeriano. Uche es pólvora con espacios. Hasta su lesión, indicó síntomas avanzados de recuperación. La velocidad y el olfateo de los huecos lo subrayaron. Más tierna se mostró su capacidad de definición. Uche rasgó dos veces la última línea del Alavés, pero se le apagaron las luces ante Montero, primero en un mano a mano que disparó a la carne y, después, con una maniobra algo forzada que lanzó arriba. Esto y un par de disparos lejanos firmados por Ponzio, que intentó la de Nayim (y dos veces), y Edmilson fueron las pinceladas más agresivas del Real Zaragoza en una primera mitad en la que, además de Uche, obtuvieron algo de nota Edmilson y Ander. El brasileño se desgastó encabezando la presión y equilibrando al equipo, construyendo una bisagra clave en la salida de la pelota, siempre limpia. Se asoció bien con Ander, agitador del frente ofensivo y que buscó sin demasiada fortuna romper con el último pase.

Ya en la segunda mitad, con el debut de Leo Franco, el cansancio fue fundiendo los plomos del Zaragoza. Marco Pérez le dio profundidad al equipo, pero se le bajaron las persianas en el remate. Edmilson tiró al larguero y el Alavés aprovechó la huelga de concentración del rival para meter miedo. Hasta que Pennant le puso un balón a Braulio en la agonía del partido, y el canario espolvoreó de cosmética el partido de un equipo con muchas cosas que mejorar.

 

Triunfo con sonrojo

Braulio dio al final la victoria a un Zaragoza que fue zarandeado por el Alavés de Segunda B.

La intención de Gay y Nayim de darle otro aspecto al Zaragoza, de que sea un equipo dominador, que controle el balón, que maneje el ritmo y sea un equipo atractivo para el espectador, debe agradecerse por lo que supone en términos románticos. Sin embargo, encuentros y representaciones descorazonadoras como la de ayer en Vitoria les debería hacer reflexionar. Antes de pensar en un futuro en technicolor, urgiría que enviaran a sus hombres a un cursillo de verano acelerado en el que enseñen movimientos y aptitudes básicas del jugador de Primera División e inculquen un alto respeto por el trato al balón. Es cierto que lo de ayer fue solo una prueba, un entrenamiento de pretemporada, pero deja sospechas, ya en julio, de que esto no puede funcionar tal y como está pensado y conformado en estos momentos.

Como se esperaba, el Zaragoza tomó desde el primer minuto el dominio del partido, pero fue un control burdo, propiciado más por la manifiesta inferioridad del Alavés y su condición actual que por el fútbol que destilaba el equipo aragonés. Gay acorazó el centró del campio en el test de ayer, tercero de la pretemporada, con la inclusión de Ponzio en la banda derecha de la medular. Al otro lado quedó Lafita y arriba solo Uche, acompañado a ratos por Ander. Pero ni Gabi ni Edmilson lograron capitalizar el balón y la elección del técnico y su dibujo quedaron muy pronto en entredicho. Un esbozo hecho con trazo difuminado al que habrá que dar una forma nítida primero antes de pensar en los colores que lo engalanarán. En pocos minutos se pudo comprobar que el Zaragoza no está para muchos trotes. Su fútbol es grueso, no tiene intención ni profundidad. Ni gol.

Un equipo de Segunda B, no hay que olvidarlo, atornilló con muy poco las ideas de su gigante enemigo, ayer un grandullón de mente simple y movimientos torpes. Lo mejor, por decir algo, fueron las apariciones de Ander Herrera, al que la zaga local le permitió lo que nunca le dejarán en Primera. De sus botas salió la primera y mejor ocasión del tramo inicial para el Zaragoza que Uche no aprovechó. Tuvo otra el nigeriano que tiró fuera. En el minuto 25 Ponzio consumió todo el arsenal de oportunidades del conjunto de Gay en Mendizorroza con un disparo desde casi la línea medular que el guardameta ya se había comido pero que se marchó fuera. Nada más de este lado. Enfrente, el Alavés no solo creció como equipo sino que se envalentonó y fue capaz de sumar un puñado de llegadas.

La segunda parte comenzó con el clásico carrusel de cambios del estío. Aparecieron de entrada Pennant, que descongeló un punto el partido, y Marco Pérez, bullidor sin más. Junto a ellos, el debutante Leo Franco, que se estrenó con un susto morrocotudo en su portería incluso antes de tocar el balón. Poco tuvo que ver en el transcurso del juego, menos que decir. La rueda la siguieron más tarde Kevin, Edu García o Jorge López. El resultado no cambió. El mismo Zaragoza, tan plano, desesperante y zafio como antes pero con el punto de desesperación del que sabe que está rozando el ridículo. Lo salvó Braulio cuando el partido ya agonizaba, pero no evitó que el equipo se fuera sonrojado de Vitoria.

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