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Taifa de Zaragoza

Taifa de Zaragoza

 

Taifa de Zaragoza

Reyes taifas de Zaragoza

Dinastía tuyibí (1018-1038)

  • Mundir I (1018- c. 1022)
  • Yahya al-Muzaffar (c. 1022-1036)[1]
  • Mundir II (1036-1038)
  • Abd Allah ibn Hakam (1038)

Dinastía hudí (1039-1110)

  • Sulaymán ibn Hud al-Musta'in (1039-1046)
  • Al-Muqtadir (1046-1081)
  • Al-Mu'taman (1081-1085)
  • Al-Musta'in II (1085-1110)
  • Abdelmalik (1110)

Gobierno almorávide (1110-1118)

  • Muhammad ibn al-Hayy (1110-1115)
  • Ibn Tifilwit (1115-1117)
Conquista aragonesa en 1118
Vista nocturna de las estancias de La Aljafería, el palacio que mandó erigir el rey Al-Muqtadir en 1065.

La Taifa de Saraqusta (Taifa de Zaragoza o Reino de Zaragoza) fue una taifa independiente entre 1018 y 1110 —esto es, desde la desintegración del califato de Córdoba a principios del siglo XI hasta que fue conquistada por los almorávides en 1110—, que experimentó un extraordinario auge político y cultural con los reinados de Al-Muqtadir, Al-Mutamán y Al-Mustaín II en la segunda mitad de dicho siglo.

El legado intelectual y artístico más sobresaliente se podría resumir en la construcción del Palacio de la Aljafería y en la creación de la primera escuela estrictamente filosófica andalusí, cuya figura descollante es Avempace, que nació en Zaragoza entre 1070 y 1080 y tuvo que emigrar de la ciudad hacia 1118 tras la conquista cristiana.

Historia de Saraqusta

Extensión de la Taifa de Zaragoza hacia 1080.

La Marca Superior en época de los emiratos

Periodo del Emirato Dependiente

En el año 714 la ciudad es ocupada por el ejército musulmán al mando de Tariq y su lugarteniente, Muza, pasando a formar parte del Califato omeya de Damasco y del Emirato Dependiente con capital en Córdoba. Desde ese año Saraqusta fue un puesto avanzado en la lucha contra los cristianos del norte, que se refugiaron en los valles pirenaicos de Ansó, Hecho, Sobrarbe y Ribagorza. Hacia el 720 todo el valle del Ebro y las ciudades más importantes de la ulterior región de Aragón estaban dominadas por el islam.

Con la derrota ante los francos en Poitiers en 732, la frontera norte se estabilizó, y Saraqusta se constituyó en provincia fronteriza bajo la denominación de Marca Superior. Zaragoza administraba un territorio que comprendía ciudades tales como Huesca, Tudela, Calatayud o Barbastro, al frente del cual estaba el sahib de Saraqusta, que ejercía el gobierno en nombre del emir andalusí dependiente del califa de Damasco. Su lejanía a la capital emiral y su función de baluarte defensivo confirió a Saraqusta cierta autonomía política, a menudo reconocida por el poder central cordobés, pues en lo militar favorecía tomar decisiones rápidas y ejecutar eficazmente iniciativas bélicas.

Periodo del Emirato Independiente

Con la proclamación de Abderramán I en 756 como emir, se produce una ruptura con el Califato abbasí de Bagdad. Empieza la época del Emirato Independiente y Abderramán I rigió un territorio autónomo, conocido a partir de ahora como al-Ándalus y que en el Valle del Ebro provocó rebeliones contra el poder central. A la vez comienza la presión de los cristianos de los marquesados y condados de la Marca Hispánica que dependían del poder carolingio. En la segunda mitad del siglo VIII lograron tomar Urgel, La Cerdaña y Gerona, y en el año 801, Barcelona.

Muerte de Roldán, miniatura de la obra Grandes Crónicas de Francia, por Jean Fouquet.

El interés de Carlomagno en los asuntos hispánicos le movió a apoyar una rebelión de Sulaymán al-Arabi, el gobernador de Zaragoza, que pretendía alzarse a emir de Córdoba con el apoyo de los francos a cambio de entregar al franco la plaza de Saraqusta. Carlomagno llegó en el año 778 a las puertas de la ciudad del Ebro. Sin embargo, una vez allí, el valí de Zaragoza, Husayn se negó a franquearle la entrada al ejército carolingio. Debido a la complejidad que supondría un largo asedio a una plaza tan fortificada, con un ejército tan alejado de su centro logístico, los francos comenzaron la marcha de regreso camino de Pamplona, posiblemente destruyendo a su paso las fortificaciones de esta ciudad. Posteriormente tomó el paso de Roncesvalles hacia su territorio. Mientras la columna carolingia cruzaba por este estrecho puerto fueron atacados en su retaguardia por contingentes vascones emboscados en las zonas escarpadas, que saquearon su impedimenta y causaron numerosas bajas entre los retenes encargados de defender los bagajes. Este hecho histórico, sucedido el 15 de agosto de 778 es conocido como la batalla de Roncesvalles, y fue el origen de la leyenda que dio lugar al Cantar de Roldán (Chanson de Roland), el cantar de gesta medieval más importante de la literatura francesa.

Desde mediados del siglo IX hasta mediados del X la Marca Superior fue la provincia más hostil a la dinastía Omeya, con continuas insurrecciones frente al poder emiral encabezadas por rebeldes árabes yemeníes. Para sofocarlas, los emires omeyas se apoyaron en los principales señores muladíes, sobre todo en los Banu Qasi, cuyo origen estaba en el oeste de la región, en la zona de la actual Tudela. Estos se aliaron a principios del S. IX con los Íñigo de Pamplona, cristianos vascones con quienes mantenían lazos familiares, con el objeto de resistir a las dos potencias del momento en esta zona: la omeya y la carolingia.

Torre del Trovador de La Aljafería. Siglo IX

El carácter fronterizo hacía que la Marca Superior fuera el escenario de la lucha entre francos y andalusíes por delimitar sus dominios en esta región limítrofe, resultando de ello continuos cambios de alianzas de las que salieron reforzados los Banu Qasi, hasta el punto de que estos eran ya dinastía hegemónica a mediados del S. IX. Todo lo cual se vio confirmado con el nombramiento en el año 852 por parte del recientemente proclamado emir Mohamed I, de Musa ben Qasi como gobernador de la importante Tudela y, poco después, de la capital, Zaragoza.

Esta es la época gloriosa de Musa II, el famoso "moro Muza" de la tradición cristiana, pues ejerció su dominio sobre toda la Marca y fortaleció su autoridad creando un auténtico principado y autodenominándose "tercer rey de España", siendo los otros el emir Mohamed I y el rey de Asturias, Ramiro I de Asturias hasta 850 y Ordoño I posteriormente. Esta situación duró hasta 860, en que Musa ben Qasi fue derrotado por Ordoño I en Monte Laturce, con lo que el emir le destituyó del gobierno de la Marca. Paralelamente, se produce el auge del reino de Pamplona, que consigue liberarse de la presión del Islam. En el año 872 los hijos de Musa II se sublevan contra él: Lope Musa se levantó en Arnedo y tomó Zaragoza con ayuda de sus hermanos.

La autonomía de la Zaragoza de los Banu Qasi se mantuvo hasta que, tras numerosas discordias familiares, Mohamed I decidió ponerle fin comprándoles Zaragoza en 884 por 15.000 dinares de oro. La decadencia de su poder se hacía efectiva y en 890, los Tuyibíes, yemeníes que desde la invasión musulmana habían medrado en su solar de la zona de Calatayud y Daroca, obtuvieron el gobierno de Zaragoza en la persona de Muhammad Alanqar.

La Marca Superior bajo el califato omeya

En el año 924, Abderramán III impuso su autoridad sobre los señores locales desalojando a los Banu Qasi de su último reducto de Tudela e imponendo en él al tuyibí de Zaragoza Muhammad Alanqar, cuya dinastía mantuvo el gobierno de Saraqusta durante más de un siglo. Pero los nuevos señores de Zaragoza continuaron con la tendencia independentista frente al poder central.

Mezquita de Córdoba

En 929 Abderramán III se proclama califa e intenta asegurarse el control de las provincias más alejadas de Córdoba, pero los tuyibíes se rebelaron en diversas ocasiones, siendo reprimidos por expediciones califales en los años 935 y 937. El conflicto se resolvió con un compromiso de Muhammad ibn Hashim al-Tuyibi de mantenerse fiel a Córdoba a cambio de un régimen de protectorado, que aseguraba a la Marca cierta autonomía respecto del poder central. Este régimen especial se mantuvo durante el s. X y, de alguna manera, enlazó con la disgregación del califato en reinos de taifas de principios del s. XI.

La segunda mitad del siglo X estuvo caracterizada por un periodo de paz y lealtad al Califa y el predominio de árabes sobre muladíes y cristianos en la Marca Superior. A finales de siglo X los tuyibíes incorporan a su territorio Huesca y Barbastro, distrito que había sido gobernado por la dinastía muladí de los Banu Sabrit desde los inicios del dominio Banu Qasi en Zaragoza a principios del siglo IX.

En el último cuarto del siglo X, el periodo regido por Almanzor, se estableció un férreo régimen militarista que impuso la hegemonía del estado centralista cordobés en toda la península, sofocando cualquier resistencia a la autoridad califal con energía. Zaragoza se constituyó en este periodo en base principal de operaciones contra los cristianos del norte, pero con la unificación del nuevo rey pamplonés Sancho III el Mayor, (1004-1035), que regía tierras navarras y aragonesas bajo su cetro, y la crisis del califato, los reinos surgidos de la descomposición de las marcas califales llevarían a un periodo de plena independencia de la taifa de Zaragoza, hecho que sucedió en 1018, siendo el primer reino taifa en hacerlo.

La Taifa Tuyibí

La guerra civil en Córdoba, a principios del siglo XI, no dejó de afectar a la región y, como en el resto de la España musulmana, el derrumbamiento de la dinastía Omeya condujo a la constitución de un estado independiente o taifa, cuya capital era Zaragoza. Esta Taifa limitaba al sur con la pequeña Taifa de Albarracín, gobernada por los Banu Razin, y que ocupaba una zona de la actual provincia de Teruel, que incluía Albarracín, la propia Teruel y llegaba hasta la actual Montalbán. Zaragoza comprendía por el oeste las ciudades de Medinaceli, Soria, Calahorra, Arnedo, Alfaro y Tudela y llegaba por el este hasta el curso del Cinca, con ciudades como Barbastro, Monzón, Fraga y Lérida, la más importante, que no siempre acató la autoridad del rey de Zaragoza.

El inicio de la dinastía tuyibí: Mundir I

Mundir I fue el primer rey taifa de Zaragoza y comenzó a ejercer su poder en 1018 titulándose hayib, o "mayordomo de palacio", que era el rango que ostentaron Almanzor y sus descendientes, y que adoptaron los primeros reyes de taifas para significarse en su poder independiente. Quiso Mundir dar a Zaragoza categoría de gran corte, y, para ello, comenzó a remozar edificios como la mezquita aljama de Zaragoza (emplazada donde hoy está la Catedral), que fue ampliada, y a construir unas nuevas termas. Además se rodeó de secretarios-poetas entre los que destacan Ibn Darray y Said al-Bagdadi. El gobernador de la taifa de Lérida, Sulaymán ben Hud al-Musta'in (que veinte años después sería proclamado rey de Zaragoza, iniciando la dinastía hudí) en general acató su poder, aunque hubo entre ellos algunos enfrentamientos incitados por Sancho el Mayor, su mayor enemigo exterior, que incluso le arrebató algunas plazas. Para contrarrestarles, Mundir I se alió con Barcelona y Castilla, logrando mantener en paz su reino. Murió entre 1021 y 1023.

Dinar de oro acuñado en 1029 por Yahya al-Muzaffar como rey taifa de Zaragoza.

Yahya al-Muzaffar

Hacia 1022 a Mundir le sucedió Yahya al-Muzaffar, su hijo, que continuó las hostilidades contra Sancho el Mayor. Emprendió una campaña contra Nájera, logrando cautivos y botín. Se casó con la hermana de Ismaíl, rey de Toledo a partir de 1028. Fruto de este matrimonio nacería Mundir II (Mu'izz al-Dawla) que le sucedería a su muerte en 1036.

La caída de los tuyibíes: Mundir II y Abd Allah ibn Hakam

Mundir II fue el último rey taifa de la dinastía tuyibí, al morir asesinado en 1038 por su primo Abd Allah ibn Hakam, que aspiraba a ocupar el trono.

Abd Allah solo mantuvo el poder durante veintiocho días, aunque llegó a acuñar moneda a su nombre, puesto que los notables de la ciudad comenzaron pronto a conspirar contra él apoyándose en Sulaymán ben Hud, hasta entonces gobernador de Lérida, que, comprendiendo la posibilidad de obtener el reino, acudió a Zaragoza. Abd Allah fue finalmente puesto en fuga y, tras violentas agitaciones, Sulaymán ibn Hud fue proclamado rey iniciando una nueva dinastía: la de los Banu Hud.

La Taifa Hudí

La dinastía hudí, iniciada con Sulaymán ibn Hud al-Mustain I de Zaragoza, se mantuvo al frente de la taifa zaragozana durante tres cuartos de siglo, desde 1038 hasta 1110. Con los hudíes, dinastía de origen árabe arraigada en la región desde la conquista del siglo VIII, el reino de Zaragoza llegó a su máximo esplendor político y cultural.

  • El Reino de Zaragoza en época de Al-Muqtadir: (mapa).

Sulaymán ben Hud al-Musta'in. Comienzo de la dinastía hudí

Sulaymán ben Hud al-Musta'in destacó en el ejército de Almanzor y durante el periodo tuyibí estaba al frente de los gobiernos de Tudela y Lérida, solo relativamente sometido al rey de Zaragoza. En una época de disturbios y vacío de poder, el prestigio de Sulaymán en la zona hizo que fuera bien acogido en la Zuda, el alcázar del gobernador de Zaragoza, aprovechando la circunstancia para ganarse el afecto de los zaragozanos. Asumió el poder en toda la zona y se lo aseguró instalando a sus hijos como gobernadores de los distritos de Huesca, Tudela y Lérida.

Se alió con Fernando I de León para intentar extender sus territorios a zonas de la actual provincia de Guadalajara, ante la oposición de la taifa de Toledo, que buscó como aliado a García de Pamplona, siendo estos respectivos aliados cristianos hijos de Sancho el Mayor. Estas alianzas eran conseguidas a cambio de pagos anuales, por lo que tanto Toledo como Zaragoza comenzaban a pagar parias a los reinos cristianos, circunstancia esta que iría debilitando progresivamente su poderío económico, militar y político en beneficio de los reinos del norte.

El primer rey hudí de Zaragoza murió en 1047, pero ya antes comenzaron a advertirse las tendencias separatistas de sus cinco hijos, que acabaron por independizarse y acuñar moneda propia: en Lérida Yusuf al-Muzaffar, en Huesca Lubb (Lope), en Tudela Mundir, en Calatayud Muhammad y en Zaragoza Áhmad al-Muqtadir, que finalmente impondría su poder en estas guerras fratricidas.

Al-Muqtadir Billá: el esplendor político

Al-Muqtadir consiguió reunir bajo su mandato las tierras disgregadas tras el reparto de los dominios de Zaragoza entre sus hermanos hecha por su padre Sulaymán ben Hud al-Musta'in. Solo Yusuf, gobernador de Lérida, resistió durante más de treinta años los intentos de reintegración de su hermano hasta que fue hecho prisionero en 1078.

Máxima extensión de la Taifa de Zaragoza con Al-Muqtadir (1076).

Con de la anexión de la taifa de Tortosa (que ya había sido distrito de la Marca Superior) a Zaragoza en 1060, se inicia el apogeo militar político y cultural de esta, que, en la segunda mitad del siglo XI, solo tuvo igual en la Sevilla de Al-Mutamid. Sus fronteras llegaron hasta el sur de levante cuando, a partir de 1076, sumó a su dominio la taifa de Denia y obtuvo el vasallaje de Valencia, gobernada por el reyezuelo-títere impuesto por Toledo, Abu Bakr.

A pesar de ello Zaragoza siempre estuvo en una posición delicada, involucrada en interminables luchas por las tierras limítrofes de la extremadura navarra y castellana, en las zonas de influencia de Tudela y Guadalajara, y amenazada gravemente en el norte por el reino de Aragón de Ramiro I hasta 1063 y Sancho Ramírez después.

Ramiro I de Aragón intentó repetidas veces apoderarse de Barbastro y Graus, lugares estratégicos que formaban una cuña entre sus territorios. En 1063 sitió Graus, pero Al-Muqtadir en persona, al frente de un ejército que incluía un contingente de tropas castellanas al mando de Sancho el Fuerte que contaba entre sus huestes con un joven castellano llamado Rodrigo Díaz de Vivar, consiguió rechazar a los aragoneses, que perdieron en esta batalla a su rey Ramiro I. Poco duraría el éxito, pues el sucesor en el trono de Aragón, Sancho Ramírez, con la ayuda de tropas de condados francos ultrapirenaicos, tomó Barbastro en 1064 en lo que se considera una de las primeras llamadas a la cruzada.

Al año siguiente, Áhmad al-Muqtadir, reaccionó solicitando la ayuda de todo al-Ándalus, llamando a su vez a la yihad y volviendo a recuperar Barbastro en 1065. Este triunfo le permitió tomar al rey de Zaragoza el sobrenombre "Al-Muqtadir Billah" ("el poderoso gracias a Alá").

De todos modos, el reino de Aragón era una fuerza emergente y, ese mismo año de 1065, toma el castillo de Alquézar. Para oponérsele Al-Muqtadir firmó tratados en 1069 y 1073 con Sancho el de Peñalén, rey de Pamplona, por los que obtenía la ayuda navarra a cambio de parias. Sin embargo esta fructífera alianza duraría poco, pues Sancho IV de Pamplona fue asesinado en Peñalén en 1076 víctima de una conjura política urdida por sus hermanos. A su muerte Sancho Ramírez de Aragón fue proclamado también rey de Navarra y la unión de estos reinos se prolongará durante casi 60 años.

Tales conflictos obligaron tanto a Al-Muqtadir como a Yusuf de Lérida a pagar nuevas parias a sus vecinos cristianos, en especial al poderoso Alfonso VI de León y Castilla. No bastó esta política de alianzas, pues su sucesor, Al-Mutamán se hubo de servir de un mercenario castellano que había sido desterrado por su señor natural: Rodrigo Díaz de Vivar, conocido más tarde como "El Cid", que deriva del árabe andalusí "síd" (señor). Este tratamiento de respeto, que con el tiempo se convertiría en apelativo, pudo tener su origen en sus cinco años de servicio (desde 1081 hasta 1086) al frente de las tropas de la taifa de Zaragoza.

En cuanto al levante, Valencia estaba gobernada por Abú Bakr de Valencia. Era un reino débil, subordinado hasta 1075 a Al-Mamún de Toledo y luego a Alfonso VI, quien ambicionaba la conquista de Toledo y Valencia. El rey de Zaragoza consideraba a Valencia un territorio estratégico importantísimo y tras obtener Tortosa (1060) y Denia (1076) decidió apoderarse de Valencia, pues era vital para conectar sus territorios. Tras la exitosa expedición a Denia, Al-Muqtadir se presentó con sus huestes para dominar Valencia. Abú Bakr salió a recibirlo y, ante el alarde zaragozano, se declaró su vasallo, con lo que Zaragoza consiguió conectar sus posesiones.

Sin embargo, para conseguir la neutralidad de Alfonso VI, Al-Muqtadir hubo de pagar parias al leonés, que ya había pensado ocupar Toledo. El plan incluía compensar a su expulso rey con la taifa de Valencia. Todo ello gravaba aún más la balanza de la política exterior de la taifa zaragozana. Por todo ello, Zaragoza no pudo ejercer su poder de hecho, y tuvo que mantener al rey-títere Abú Bakr en Valencia, estableciendo su dominio por medio de un pacto de vasallaje.[3] Hay que tener en cuenta además que una conquista militar y una ocupación directa del poder valenciano podría originar la reacción de todos los reinos, tanto cristianos como musulmanes, que aspiraban a conseguir Valencia en este difícil juego de diplomacia, recelosos del excesivo poder que acumularía Al-Muqtadir.

Patio del Palacio de La Aljafería

Más allá de la grandeza política y militar, Al-Muqtadir consiguió hacer de Zaragoza una corte sabia debido a sus amplias inquietudes artísticas y culturales. Como muestra del esplendor de su reinado mandó erigir un palacio-fortaleza, La Aljafería, en la explanada de la saría zaragozana, en la Almozara, donde se celebraban las paradas militares. "Al-yafariya" deriva de su prenombre, Al-Yafar.

Este palacio se convirtió en sede de su corte, y en sus salones se gestó un importante centro de cultura al que acudieron intelectuales y artistas de todos los puntos de al-Ándalus. Más tarde, en época de dominio almorávide, constituyó un refugio de tolerancia y mecenazgo para quienes huían del fanatismo de imames y alfaquíes, debido a su situación más septentrional y a su relativa independencia política del poder central.

Allí se dieron cita poetas, músicos, historiadores, místicos y, sobre todo, nació la más importante escuela de filosofía del islam andalusí; la primera que introdujo plenamente la filosofía de Aristóteles y la concilió con la fitna o sabiduría islámica, labor que, iniciada en Oriente por Ibn Sina (Avicena) y Al-Farabi, fue desarrollada con un criterio independiente por Ibn Bayya, el Avempace de los cristianos. La labor de Avempace fue el punto de partida de la filosofía hispano-árabe. Su pensamiento fue seguido por Ibn Rushd (Averroes) y, en la cultura hebrea, por Maimónides.

Al-Mutamán. El rey sabio

Su sucesor, Almutamán heredó de Al-Muqtadir en 1081 la parte occidental de la Taifa, que comprendía las demarcaciones de Zaragoza, Tudela, Huesca y Calatayud, quedando su hermano Mundir con la zona costera del reino (Lérida, Tortosa y Denia). Es esta la época en que está bien documentado el servicio del Cid en la corte hudí. Este había sido desterrado en 1081 de Castilla por llevar a cabo razias en territorios de la taifa de Toledo en contra de los intereses de Alfonso VI, del que Toledo era entonces tributario.

El Cid luchó al servicio de Al-Mutamán entre 1081 y 1086.

En el año 1081 el empuje del rey aragonés Sancho Ramírez era considerable, amenazando las fronteras de la taifa de Zaragoza desde el norte. Para resistirlo, Almutamán contó con los servicios de las tropas mercenarias de El Cid, que ya estuvo al servicio de Al-Muqtadir en sus últimos años de vida.

El de Vivar recibió además el encargo de reincorporar a Zaragoza los territorios orientales de su pariente Mundir de Lérida, aliado con Aragón. Los enfrentamientos en la franja fronteriza fueron constantes, pero ninguno de los dos hermanos logró reunificar el territorio paterno.

El Cid seguiría al servicio de Al-Mutamán (o Al-Mutamín) hasta 1086, momento en el que Zaragoza fue asediada por Alfonso VI. Si el Cid rompió los lazos con Al-Mutamán debido a un conflicto de intereses personal entre la defensa de Zaragoza y el servicio a su señor natural, o si fue condonado su destierro, al apreciar Alfonso la utilidad de tal caballero en su ejército, es algo que todavía no se ha dilucidado en su totalidad.

Rodrigo contuvo a los aragoneses hasta 1083, año en el que Sancho Ramírez tomó posiciones importantes de la línea de fortificaciones que protegían las ciudades de la taifa de Saraqusta, como Graus (que amenazaba Barbastro) en la zona oriental; Ayerbe, Bolea y Arascués (que ponían en peligro a Huesca), y Arguedas, que apuntaba a la conquista de Tudela.

Las relaciones de Zaragoza con su protectorado, Valencia, vasallo de Zaragoza desde 1076, se estrecharon mediante alianzas matrimoniales, casando Al-Mutamán con la hija de Abú Bakr de Valencia. Celebrados los esponsales en enero de 1085, las alianzas matrimoniales duraron poco, pues Abú Bakr moría en junio y Al-Mutamán en otoño. Esto, sumado a que Alfonso VI tomaba ese mismo año Toledo, inutilizaba el pacto de vasallaje que se había establecido con Zaragoza. Así, el reino de Zaragoza quedaba roto, sin conexión con su posesión de Denia y se interrumpía, por otro lado, el eje de comunicación natural (Zaragoza-Calatayud-Guadalajara-Toledo) con el resto de al-Ándalus.

Al-Mutamán fue asimismo un rey erudito, protector de las ciencias, de la filosofía y de las artes. Continuó la labor de su padre, Al-Muqtadir, de crear una corte de sabios que tenía como marco el bello palacio de la Aljafería, llamado, en esta época, el «palacio de la alegría» (Qasr al-Surur). Él mismo es un ejemplo de rey sabio. Dominaba la astronomía y la filosofía. Profundo conocedor de las matemáticas, se conserva un tratado suyo, el Libro de la perfección y de las apariciones ópticas (Kitab al-Istikmal), en el que propone demostraciones más elegantes de las que hasta entonces se conocían a complejos problemas matemáticos, además de formular por vez primera el Teorema de Giovanni Ceva.

Atauriques. Arte taifa.

Al-Mustaín II: la taifa acosada

A su muerte le sucede su hijo Áhmad Al-Mustaín II. Son años en los que el avance de los aragoneses Cinca abajo y en las comarcas de Huesca es ya muy importante, y a esto se suma el hecho de que el resto de las taifas, enzarzadas en guerras intestinas, y debilitadas tras la conquista de Toledo por el poderoso Alfonso VI, no podían prestarle apoyo. Ante esta situación, Al-Mutamid de Sevilla pidió a los reyes de Badajoz y Granada que se unieran a él para solicitar la intervención de Yusuf ibn Tasufin, emir de los almorávides, que acudieron en ayuda de las taifas hispanas y consiguieron vencer a la coalición de reinos cristianos, encabezados por Alfonso VI en 1086 en la batalla de Sagrajas. Esta derrota libró a Zaragoza de la presión de los cristianos por un tiempo, pues en 1086 la ciudad estaba sitiada por Alfonso VI, que tuvo que levantar el cerco para enfrentarse a los almorávides.

En 1090 el imperio almorávide reunificó las taifas como protectorados sometidos al poder central de Marrakech y destituyeron a todos los reyes de taifas excepto a Al-Mustaín, que conservó buenas relaciones con los almorávides. Gracias a ello y a que Zaragoza suponía una avanzadilla de al-Ándalus frente a los cristianos, Al-Mustain II se pudo mantener como rey independiente.

Por el norte Aragón continuaba su avance. En 1089 cayó Monzón, en 1091, Balaguer y en 1096, Huesca. Para intentar oponerse al reino de Aragón, Al-Mustaín debía pagar fuertes parias a su protector, Alfonso VI.

Al-Mustain II consiguió mantener un difícil equilibrio político entre dos fuegos, pero en 1110 fue derrotado y muerto en la batalla de Valtierra, cerca de Tudela, frente a Alfonso I el Batallador, que ya había tomado Ejea y Tauste.

Abdelmalik o el último pilar de la dinastía

Abdelmalik, el nuevo heredero, adoptó el título honorífico de "Imad al-Dawla" (Pilar de la dinastía), pero ya no pudo mantener la presión ante cristianos y almorávides. Para defenderse llegó a ser prácticamente un vasallo de Castilla. El partido almorávide, más integrista que los hispanomusulmanes, no vio bien tal situación. Así, el mismo año de 1110, los partidarios de los almorávides les entregaron la ciudad. Abdelmalik huyó a refugiarse en la inexpugnable fortaleza de Rueda, donde permanecerá acosando al gobierno almorávide. Acababa con ello la dinastía hudí en la taifa independiente de Zaragoza.

El gobierno almorávide y la conquista cristiana

Muhammad ibn Alhay, gobernador almorávide

El bando almorávide de Zaragoza recurrió a Muhammad ibn al-Hayy, gobernador de Valencia, para asumir el gobierno de la ciudad, lo que hizo tomando posesión de la Aljafería en 1110. Con ello se llegó a la máxima expansión del imperio almorávide, cuya frontera norte seguía aproximadamente los cursos de los ríos Tajo y Ebro. Muhammad ibn al-Hayy gobernó de 1110 a 1115, intentando contrarrestar el avance de Alfonso I el Batallador.

Ibn Tifilwit: el canto del cisne de la cultura andalusí

Le sucedió dos años el emir Ibn Tifilwit, que se rodeó de un ambiente de poetas y filósofos que huían del integrismo del sur para dedicarse a la vida cortesana. El último de los gobernadores sabios nombró a Avempace gran visir, lo que equivaldría al actual jefe de gobierno. A la muerte de Ibn Tifilwit en 1117, la regencia de Zaragoza fue gestionada durante unos meses por el gobernador de Murcia. En marzo de 1118, Alfonso I el Batallador, con la ayuda de cruzados franceses y órdenes militares, puso sitio a Zaragoza, en la que entró a finales de año. Aragón conquistaba así la añorada Zaragoza.

Historia de la Cincomarzada

Historia de la Cincomarzada

 

5 de Marzo de 1838

Cincomarzada
Parte de Primera Guerra Carlista
Primera Guerra Carlista.jpg
Fecha 5 de marzo de 1838
Lugar Zaragoza, Aragón (Bandera de España España)
Resultado Victoria isabelina
Beligerantes
Flag of New Spain.svg Carlistas Bandera de España Isabelinos
Comandantes
Juan Cabañero Desconocido
Fuerzas en combate
2.800 infantes
300 jinetes
Zaragozanos

La cincomarzada fue un fallido ataque carlista a Zaragoza que tuvo lugar el 5 de marzo de 1838 y que pretendió ser una toma fácil de la ciudad debido al escaso número de tropas que la guarnecían. Hoy se celebra cada año como fiesta popular en Zaragoza, conmemorando el heroico comportamiento de los zaragozanos durante esta batalla de la Primera Guerra Carlista.


 Trasfondo

La ciudad de Zaragoza constituía una magnífica posición estratégica, fuertemente protegida por una importante guarnición isabelina. Ante la supuesta lejanía de las tropas carlistas, gran parte de la guarnición fue empleada para reforzar en el mes de febrero de 1838 un ejército que había de cerrar el paso hacia el Maestrazgo a la expedición de Basilio García que, abandonando Navarra con intención de unirse a Cabrera, había sido desviada hacía La Mancha en enero y se suponía que desde allí había de realizar un nuevo intento de aproximación. La noticia de la prácticamente nula guarnición que restaba en Zaragoza llegó a Cabrera, que envió a Juan Cabañero y Esponera a asaltar la ciudad con dos mil ochocientos infantes y trescientos hombres de caballería, no con el ánimo de ocuparla, ya que estas tropas eran insuficientes para defenderla posteriormente, sino únicamente para saquearla.

  La batalla

La noche del 5 de marzo de 1838 las tropas de Juan Cabañero consiguieron a duras penas ocupar parte de la ciudad ante la fiera resistencia de sus habitantes, que respondieron al ataque armados con cuchillos, utensilios de cocina y agricultura, armas de caza y aceite y agua hirviendo. Ante la noticia de que se acercaba volviendo a sus cuarteles la tropa isabelina y dado que no conseguían tomar la ciudad en su totalidad, los carlistas abandonaron inmediatamente la ciudad. Tras el fracaso carlista, se añadió al escudo de la ciudad la titulación de "Siempre Heroica" y se le dio el nombre de "Cinco de Marzo" a una calle.

Curiosidades

  • Se cuenta que Cabañero, nada más ocupar la ciudad, entró en una chocolatería y pidió un tazón de chocolate caliente pero tuvo que huir sin haberlo probado. En 1840, unido tras el Convenio de Oñate a Espartero, entró en Zaragoza formando parte de las tropas isabelinas que habían de combatir a Cabrera. Los zaragozanos, al verlo desfilar por sus calles, le gritaban: «¡Cabañero, que se te ha enfriado el chocolate!».
  • Durante la dictadura de Francisco Franco, la calle fue cambiada de nombre y pasó a llamarse "Requeté Aragonés" ("requeté" es el nombre de los soldados carlistas). Tras la muerte de Francisco Franco, en 1975, se recuperó la denominación original.

Mapa Zaragoza romana

Mapa Zaragoza romana

 

Mapa provincia Zaragoza

en epoca romana

420 Aniversario de la muerte del Justicia de Aragon

420 Aniversario de la muerte del Justicia de Aragon

 

 

Juan de Lanuza

 Justicia de Aragón

«el Mozo» o «el Joven» (?, h. 1564 - Zaragoza, 1591). Justicia mayor de Aragón. Poco antes de morir su padre, Juan de Lanuza IV  , ya el rey Felipe I (II de Castilla) había confirmado -como venía haciendo desde hacía siglo y medio, en la misma familia- a su hijo como Justicia de Aragón , esto es, como supremo declarador y salvaguardia de los Fueros . Era, pues, Juan de Lanuza V, y hacía el XXXIV en dicho importante cargo jurídico. Tenía a la sazón veintisiete años y era por ello bastante inexperto para hacer frente a las responsabilidades que comportaban especialmente aquellas turbulentas jornadas zaragozanas.

Su historia es tan breve como desgraciada. Se hace cargo de sus funciones el 22-IX-1591 y perece ejecutado tres meses más tarde, el 20 de diciembre del mismo año. A los dos días de su promoción como Justicia Mayor -esto es, el 24-IX-1591- vuelve a reproducirse el grave tumulto zaragozano que había estallado, por vez primera, el 24 de mayo originado por la resistencia popular y «fuerista» nobiliaria a que el famoso ex secretario del monarca, Antonio Pérez , acusado del asesinato de Escobedo (secretario a su vez de don Juan de Austria), fuese devuelto otra vez a la cárcel de la «Manifestación », de la que había sido arrebatado el citado 24 de mayo para ser trasladado, por orden real, a la de la Inquisición , sita en la Aljafería zaragozana. Aquel primer motín cesaraugustano -fuerista, popular, nobiliario- no sólo había «liberado» a Antonio Pérez de la prisión inquisitorial, sino que había producido importantes heridas al representante del rey, don Íñigo de Mendoza marqués de Almenara (valiente, pero altivo de carácter, y de gran presunción), quien fallecería a causa de las mismas en la Cárcel Real de Zaragoza, doce días después, el 7-XI-1591.

La enorme tensión producida en la capital del reino de Aragón por las actitudes encontradas de los funcionarios reales y adictos a la autoridad del monarca Felipe, y la de los indicados «fueristas» y «perecistas», se había visto encrespada en los días que mediaron entre los dos «veinticuatro» -de mayo y de septiembre- tanto por la furia victoriosa de los segundos como por el lógico afán de restablecer la autoridad inquisitorial y real de los primeros. Felipe I, así por indicación de la Junta de consejeros que le asesoraba sobre estos graves sucesos, como por voluntad propia de consideración a su dignidad soberana, había dispuesto la concentración de tropas en Ágreda en la línea fronteriza entre Aragón y Castilla al mando del notable general don Alonso de Vargas, dispuestas en caso necesario a ocupar Zaragoza. El referido segundo tumulto zaragozano, del 24-IX-1591 -ya con Juan de Lanuza V como Justicia- significó tanto la liberación de Antonio Pérez cuanto la humillación y bochorno de las ineptas y pusilánimes autoridades aragonesas. Por ello el 8 de noviembre las citadas tropas de Felipe I cruzaron la frontera y el 12 del mismo ocupaban Zaragoza, sin encontrar resistencia.

Lanuza «el Joven» o «el Mozo» se vio casi inconscientemente colocado al frente de la resistencia aragonesa de los «caballeros de la libertad» y como caudillo del ejército «fuerista», y pretendió detener la invasión de las tropas reales -cuya acción declaró «contrafuero»- y levantar en el intento tanto a los aragoneses cuanto a los posibles auxilios que para tal fin había solicitado de Valencia y de Cataluña, como partes integrantes de la Corona de Aragón. Fracasó en tal propósito, así como también, estrepitosamente, en organizar un «ejército foral» cuyas escuálidas y desorganizadas huestes hubo de abandonar en Utebo en compañía del diputado -y su inspirador personal- don Juan de Luna.

Refugiados en Épila -villa bajo el dominio de Luis Ximénez de Urrea, conde de Aranda el más sobresaliente cabecilla de la rebeldía aragonesa antifilipina-, tras dirigir ambos un «manifiesto» de justificación de la rebeldía, regresó Lanuza de nuevo a Zaragoza creyendo que la victoria de Felipe I había pacificado el ambiente y que él, a pesar de su imprudente actitud, se hallaba libre de todo cargo; pero el deseo de castigo a los rebeldes y de lograr pleno restablecimiento de la autoridad aconsejó a los asesores de Felipe I, y éste aceptó tales sugerencias, de realizar castigos ejemplares como escarmientos por la rebeldía pasada, que, entre otros efectos, había originado la huida de Zaragoza de Antonio Pérez el 10 de noviembre, quien pasó a Francia trece días después.

Y en su virtud, detenido Juan de Lanuza «el Mozo», fue ejecutado sin proceso previo (según la propuesta que hizo al rey la Junta nombrada para el castigo). Lanuza exclamó ante el cadalso, al oír que el pregón de la sentencia lo calificaba de traidor: «Traidor no, mal aconsejado sí». La sentencia se ejecutó en la plaza del Mercado de Zaragoza el 20-XII-1591, y su muerte fue llorada por todos los aragoneses. Su cadáver fue enterrado en el monasterio de San Francisco y llevado a la tumba con plenos honores a la dignidad de su cargo.

También fueron presos y trasladados a Castilla, donde murieron, los jefes de la nobleza «fuerista», duque de Villahermosa y conde de Aranda. Al año siguiente -1592- el rey convocó las Cortes aragonesas en Tarazona en las cuales, si bien no se suprimieron los Fueros -como se ha dicho, con evidente error-, sí que se adaptaron al respeto a la autoridad real. El cargo de Justicia Mayor de Aragón continuó existiendo, pero se prefirió otorgarlo desde entonces a personas destacadas por su experiencia o preparación jurídica.

 

ACTO DE HOMENAJE AL JUSTICIA DE ARAGÓN CON MOTIVO DEL 420 ANIVERSARIO DE LA EJECUCIÓN DE JUAN DE LANUZA


El Justicia de Aragón, Fernando García Vicente, presidirá mañana, 20 de diciembre, a las 10,00 horas en la Iglesia de San Cayetano de Zaragoza el acto de homenaje al Justicia de Aragón, con motivo del 420 Aniversario de la muerte de Juan de Lanuza V. El acto cambia este año su tradicional escenario de la Plaza de Aragón por motivo de las obras del tranvía.

Como es tradicional, el homenaje consistirá en una ofrenda de flores al Monumento al Justiciazgo en la que participarán todas las instituciones aragonesas y la Facultad de Derecho.

Conducirá el acto, el periodista Lisardo de Felipe quien dará lectura a un texto de Joaquín Costa sobre la Institución del Justiciazgo recogido en su libro “Libertad Civil y Congreso de Jurisconsultos”.

Durante la celebración, podrá escucharse la Marcha de los Reyes de Aragón y el Himno de Aragón interpretado por el organista, José Luis González Uriol.


 

!Democracia Real YA! Zaragoza

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Manifiesto en Aragonés

Somos personas normals y corrients. Somos como tú: chent que se devanta totz es maitins ta estudiar, ta treballar u ta mirar treballo, chent que tien familia y amigos. Chent que treballa firme totz es diyas ta vivir y dar un esdevenidor millor a os que nos redolan.

Beluns nos consideramos mes progresistas, belatros mes conservadors. Beluns creyents, belatros no. Beluns tenemos ideolochías bien definitas, belatros nos consideramos apoliticos… Pero totz somos preocupaus y indignaus per lo panorama politico, economico y social que veyemos a lo nuestro arredol. Per a corrupción d'os políticos, interpresarios, banquers… Per a indefensión d'o ciudadán d'a piet.

Ista situación nos fa mal a totz diariament. Pero si totz nos achuntamos, podemos cambiar-la. Ye hora de meter-se en movimiento, hora de construir entre totz una sociedat millor.
Per ixo refirmamos tiercament o siguient:

  • As prioridatz de tota sociedat avanzata han d'estar a igualdat, lo progreso, a solidaridat, lo libre acceso t'a cultura, la sustenibilidat ecolochica y lo desembolique, o bienestar y a felicidat d'as personas.
  • Existen uns dreitos basicos que habrían a estar cubiertos en istas sociedatz: dreito a la vivienda, a'l treballo, a la cultura, a la salut, a la educación, a la participación politica, a lo libre desembolique personal, y dreito a lo consumo d'os biens amenisters ta una vida sana y goyosa.
  • L'actual funcionamiento d'o nuestro sistema economico y gubernamental no atiende a istas prioridatz y ye un obstaclo ta lo progreso d'a humanidat.
  • A democracia ranca d'o pueblo (demos=pueblo; cracia=gubierno) asinas que lo gubierno ha d'estar d'o pueblo. Manimenos, a iste país a mes gran parti d'a clase politica ni sisquiera nos escuita. As suyas funcions habrían a estar a de portar a nuestra voz ta las institucions, facilitando a participación politica ciudadana meyant caixers directos y procurando lo mes gran beneficio ta lo conchunto d'a sociedat, no a d'enriquir-se y medrar a la nuestra costa, atendendo tant sólo a es dictatos d'os grans poders economicos y acarrazando-se a lo poder a traviés d'una dictadura partitocratica encapezata per as inamovibles siglas d'o PPSOE.
  • L'anglucia y afascalamiento de poder en uns pocos chenera desigualdat, crispación y inchusticia, o que mena ta la violencia, que refusamos. L'obsoleto y antinatural modelo economico vichent bloqueya la maquinaria social en una espiral que se consume a ella mesma enriquindo a bells pocos y fundindo en a pobreza y a escasez a la resta. Dica lo colapso.
  • A voluntat y fin d'o sistema ye l'acabalamiento de diners, primando-lo per dencima d'a eficacia y o bienestar d'a sociedat. Malmetendo recursos, destruindo lo planeta, chenerando desemplego y consumidors infelices.
  • Es ciudadans femos parti de l'engranache d'una maquina destinata a enriquir a una minoría que no sape ni d'as nuestras necesidatz. Somos anonimos, pero sin nusatros no existiría res d'isto, pues nusatros movemos o mundo.
  • Si como sociedat aprendemos a no fiar o nuestro esdevenidor a una abstracta rentabilidat economica que no s'aplica mai en beneficio d'a mayoría, podremos eliminar os abusos y carencias que totz enduramos.
  • Cal una Revolución Etica. Hemos meso los diners por dencima d'o Ser Humano y hemos de meter-lo a lo nuestro servicio. Somos personas, no productos d'o mercau. No soi només o que merco, per qué lo merco y a qui li'n merco.



Per tot l'anterior, soi indignato.

Creigo que puedo cambiar-lo.

Creigo que puedo achudar.

Sé que unitos podemos.

Sale con nusatros. Ye o tuyo dreito.

video cancion: el pais perdido

 

EL PAIS PERDIDO

 

LA RONDA DE BOLTAÑA

 

500 aniversario nacimiento de Miguel Servet

500 aniversario nacimiento de Miguel Servet

 

Miguel Servet

Miguel Servet, llamado también Miguel de Villanueva, Michel de Villeneuve o, en latín, Michael Servetus (su nombre auténtico era Miguel Serveto y Conesa, alias «Revés») (Villanueva de Sigena, Huesca, 29 de septiembre de 15111 – Ginebra, 27 de octubre de 1553) fue un teólogo y científico español.

Sus intereses abarcaron muchas ciencias: astronomía, meteorología, geografía, jurisprudencia, teología y el estudio de la Biblia, matemáticas, anatomía y medicina. Parte de su fama posterior se debe a su trabajo sobre la circulación pulmonar descrita en su obra Christianismi Restitutio.

Participó en la Reforma Protestante y desarrolló una cristología contraria a la Trinidad. Repudiado tanto por los católicos como por los protestantes fue arrestado en Ginebra, sometido a juicio y condenado a morir en la hoguera por orden del Consejo de la ciudad y las iglesias reformadas de los cantones, cuando en ella predominaba la influencia de Juan Calvino.

Nacimiento y años de formación

Fachada de la casa natal de Miguel Servet en Villanueva de Sigena, sede del Instituto de Estudios Sijenenses "Miguel Servet"/Michael Servetus Institute y centro de investigación de su vida y obra.

Actualmente existe un consenso casi general en situar el lugar de nacimiento de Servet en Villanueva de Sigena, aunque hay investigadores que mantienen la opinión de que nació en Tudela de Navarra, basándose en los documentos en que Servet se atribuía dicho origen mientras mantenía en Francia la falsa identidad de Michel de Villeneuve, que haría alusión a su localidad natal, Villanueva de Sigena, donde se conserva la casa familiar, hoy convertida en centro de interpretación.2

Fue hijo de Antón Serveto, noble infanzón y notario del Monasterio de Sigena, y de Catalina Conesa, que por línea materna descendía de la familia judeoconversa de los Zaporta. Tenía dos hermanos menores: Pedro, quien continuó con la notaría paterna, y Juan, que fue ordenado sacerdote.

Joven con dotes sobresalientes para las letras y gran conocedor del latín, griego y hebreo, Miguel abandonó su población de origen para ampliar estudios, quizá en el castillo de Montearagón. Es aceptado como pupilo por fray Juan de Quintana, quien llegaría a ser confesor de Carlos I. Tras una estancia en Tolosa (Francia) para realizar estudios de Derecho, donde entra por primera vez en contacto con círculos próximos a la Reforma, viaja con Quintana por Italia y Alemania como parte del séquito imperial y presencia la coronación de Carlos V como emperador en Bolonia (1530).

  Primeras obras teológicas

Posteriormente abandona a su mentor e inicia un periplo por varias ciudades de Centroeuropa afines al naciente protestantismo. Establece una relación cada vez más difícil y polémica con algunos líderes reformadores, como Ecolampadio de Basilea, y se dirige más tarde a Estrasburgo, donde se relaciona con Bucer, y a Hagenau (ciudad alsaciana entonces perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico).

En 1531 publica De Trinitatis Erroribus (De los errores acerca de la Trinidad), que produjo gran escándalo entre los reformadores alemanes.Tampoco caló bien en su patria, ya que Servet tuvo la osadía de enviar una copia al obispo de Zaragoza, quien no tardó en solicitar la intervención de la Inquisición. El año siguiente publicó Dialogorum de Trinitate (Diálogos sobre la Trinidad), acompañado de una obra suplementaria, De Iustitia Regni Christi (Sobre la Justicia del Reino de Dios). Otro opúsculo atribuido a Servet, aunque de datación imprecisa, es Declarationis Iesu Christi Filii Dei (Declaración de Jesucristo Hijo de Dios), también conocido como «Manuscrito de Stuttgart».

 De los errores acerca de la Trinidad: estructura y contenido

Edición de los Errores acerca de la Trinidad.

En esta obra, dividida en siete libros o capítulos, Servet argumenta que el dogma de la Trinidad carece de base bíblica, ya que no se halla en las Escrituras, sino que es fruto posterior de elucubraciones de «filósofos». Basándose en abundantes citas de la Biblia, Servet concluye que Jesús es hombre en tanto que nacido de mujer, por más que su nacimiento fuese milagroso. A su vez, Jesús es también hijo de Dios, en tanto que su nacimiento es el fruto de la fecundación por el Logos divino de la Virgen María.

Niega así Servet, por tanto, que el Hijo sea eterno, ya que fue engendrado como tal en la encarnación, aunque es divino por gracia de Dios, su Padre. Tampoco es, pues, una Persona de la Trinidad, cuya existencia niega vehementemente definiéndola como «tres fantasmas» o «Perro Cerbero de tres cabezas». Asimismo califica a los que creen en tal doctrina como «ateos, es decir, sin Dios» y «triteístas». A su vez, el Espíritu Santo no sería una tercera Persona trinitaria, sino la fuerza o manifestación del espíritu de Dios tal como actúa en el mundo a través de los hombres.

 Diálogos sobre la Trinidad y De la Justicia: estructura y contenido

Obra de tamaño y ambición inferiores a Errores..., Diálogos está estructurada en dos libros como una conversación ficticia entre dos personajes: Miguel (el propio autor) y un tal Petrucho. Según Servet, la escribe para despejar las dudas e inquietudes sembradas por su obra anterior, que a su juicio se deben «a mi propia impericia y a la negligencia del tipógrafo». A diferencia de lo afirmado en Errores..., Servet dice que Jesús no es sólo divino por gracia, sino también por naturaleza, aunque aclara que sólo en tanto que participa de la sustancia divina de su Padre.

A su vez, en el opúsculo De la Justicia del Reino de Dios incluido al final, explica entre otras cosas la complementariedad entre fe y caridad, pues, aunque la justificación del creyente es sólo por la fe, la caridad y las buenas obras son encomiables y complacen a Dios, aspecto en el que se diferencia claramente de Lutero y otros reformadores protestantes. Al final se encuentra uno de los textos por los que Servet es considerado como adalid de la tolerancia y la libertad de conciencia, ya que afirma que «ni con estos ni con aquellos estoy de acuerdo en todos los puntos, ni tampoco en desacuerdo. Me parece que todos tienen parte de verdad y parte de error y que cada uno ve el error del otro, mas nadie el suyo... Fácil sería decidir todas las cuestiones si a todos les estuviera permitido hablar pacíficamente en la iglesia contendiendo en deseo de profetizar».

  Tiempo de ocultación

Miguel Servet se dirige a Lyon. Había estado brevemente en París, donde un encuentro previsto, pero finalmente no efectuado, con Calvino se transforma en el inicio de una relación epistolar entre ambos. Servet llega a Lyon con una nueva identidad, Michel de Villeneuve, supuestamente originario de Tudela de Navarra, para evitar las persecuciones de la Inquisición española. Estuvo empleado en una imprenta, primero como corrector de pruebas. En 1535 le encargaron la publicación y anotación de la Geografía de Claudio Ptolomeo, lo que llevó a cabo dando pruebas de su gran erudición. En Lyon fue la etapa más feliz de su vida. Conoció al médico Symphorien Champier, quien le anima a estudiar Medicina y fue a París.

En 1537 se matricula en la Universidad de París para estudiar Medicina. Allí estudia junto a los grandes médicos de la época, enseñando Matemáticas y Medicina en la Universidad. Sin embargo, pronto se encuentra en dificultades, puesto que dicta un curso de Astrología, en el que defendía la influencia de las estrellas en los eventos futuros (astrología judiciaria), lo cual, junto con un opúsculo en el que describe el uso de jarabes para administrar los remedios de la época, le enfrenta con la comunidad universitaria.

Deja de nuevo París y reside en diversas localidades de Francia, hasta que en Lyon se encuentra con el arzobispo de Viena del Delfinado, Pedro Palmier, al que había conocido previamente en París. De esta forma entra a su servicio como médico personal en 1541.

 La Restitución del Cristianismo

Portada de su obra Christianismi restitutio (1553).

En Vienne de Isère, Servet se dedica a proseguir sus estudios y publicaciones y prepara en secreto la que será su obra cumbre. Prosigue su correspondencia con Calvino, a quien envía una primera versión de su libro, Christianismi Restitutio (Restitución del Cristianismo), de carácter fundamentalmente teológico, en espera de sus comentarios (1546). El concepto de cristianismo ahí expuesto es cercano al panteísmo. Cristo está en todas las cosas. El mundo está lleno con él. Se mostraba también contrario al bautismo de los niños, puesto que el bautismo debe ser un acto maduro y consciente de discipulado cristiano, lo que le acerca a las posiciones anabaptistas. Sobre la edad adecuada para recibir el bautismo, sugirió seguir el ejemplo de Jesús: Jesucristo fue él mismo bautizado cerca de los treinta años.

Curiosamente el libro pasaría a la posteridad por contener en su «Libro V» la primera exposición en el Occidente cristiano de la función de la circulación pulmonar o menor: según Servet, la sangre es transmitida por la arteria pulmonar a la vena pulmonar por un paso prolongado a través de los pulmones, en cuyo curso se torna de color rojo y se libera de los vapores fuliginosos por el acto de la espiración. Servet sostenía que el alma era una emanación de la Divinidad y que tenía como sede a la sangre. Gracias a la sangre, el alma podía estar diseminada por todo el cuerpo, pudiendo asumir así el hombre su condición divina. Por tanto, los descubrimientos relativos a la circulación de la sangre tenían un impulso más religioso que científico. De ahí que la descripción de la circulación pulmonar esté dentro de una obra de teología y no de una de fisiología. Para Servet no había diferencia entre ambos ámbitos, dado que todo obedecía a un mismo gran designio divino.

En respuesta, Calvino le conmina a leer su propio libro Institutio religionis Christianae (Institución de la Religión Cristiana), publicado en 1536. Servet leyó el libro de Calvino e hizo anotaciones muy críticas en los márgenes del libro, devolviéndole la copia corregida, lo que desagradó enormemente al reformador, quien avisó que si Servet ponía los pies en Ginebra «no saldría vivo de ella».

Finalmente, Christianismi Restitutio es publicado anónimamente a principios de 1553, de nuevo con gran escándalo. Un calvinista de Ginebra escribe a un amigo católico revelándole que el autor del libro es el hereje Miguel Servet, oculto bajo la falsa identidad de Villeneuve. Se sospecha que detrás de esta denuncia podría estar el propio Calvino, quien había tenido acceso al texto gracias al mismo Servet. La Inquisición de Lyon recibe parte de la correspondencia intercambiada entre ellos, tras lo cual Servet es detenido, interrogado y encarcelado en Vienne. El 7 de abril, sin embargo, logra evadirse y el 17 de junio es sentenciado a muerte in absentia, siendo quemado en efigie.

  Juicio en Ginebra y muerte

Monumento a Servet en la plaza del Ayuntamiento de Annemasse (Francia), villa situada a 4 km de Ginebra, al otro lado de la frontera franco-suiza. La inscripción bajo la escultura dice: a Miguel Servet, apóstol de las libres creencias, nacido en Villanueva de Aragón el 20 de septiembre de 1511, quemado simbólicamente en Viena por la Inquisición Católica el 17 de junio de 1553 y quemado vivo en Ginebra el 27 de octubre de 1553 a instigación de Calvino

Posiblemente mientras iba rumbo a Italia, por alguna razón Servet acaba haciendo una estancia en Ginebra, donde fue reconocido en la iglesia donde predicaba el propio Calvino (13 de agosto). La ciudad se regía por los principios de la Reforma tal como Calvino los había definido en sus Ordenanzas eclesiásticas, basadas en su obra magna, Institución de la religión cristiana. Servet fue detenido y juzgado por herejía (por su negación de la Trinidad y por su defensa del bautismo a la edad adulta).

Servet sufrió grandes penalidades durante su cautiverio, como atestigua su carta al Consejo de Ginebra de 15 de septiembre de 1553. Durante el juicio, sostuvo diversos debates de carácter teológico. El 22 de septiembre, Servet escribe una última alegación en la que culpa a Calvino de hacer acusaciones falsas de herejía contra él y solicita que también sea detenido e interrogado como él, y concluye: "Estaré contento de morir si no le convenzo tanto de esto como de otras cosas de que le acuso más abajo. Os pido Justicia, Señores, Justicia, Justicia, Justicia."12 Finalizado el proceso, fueron consultadas las iglesias reformadas de los cantones de Zúrich, Schaffhausen, Berna y Basilea, tras lo cual el acusado fue condenado y sentenciado a morir en la hoguera el 27 de octubre de 1553. En una carta fechada el día anterior, Calvino comentaba a Farel que Servet iba a ser condenado sin discusión y conducido al suplicio, y aseguraba que él había intentado cambiar la forma de su ejecución, aunque inútilmente.

La sentencia dictada en su contra por el Consejo (Petit Counseil) de Ginebra dice:14

Contra Miguel Servet del Reino de Aragón, en España: Porque su libro llama a la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los pequeños infantes es una obra de la brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes. Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo.

  Consecuencias de la ejecución de Servet

Independientemente de la importancia de sus descubrimientos fisiológicos o de su labor como polemista religioso, los sucesos que acarrearon el juicio y muerte de Miguel Servet se han considerado como punto de arranque de la discusión que condujo al reconocimiento de la libertad de pensamiento y de expresión de las ideas. Asimismo, las Iglesias Unitarias, surgidas de los movimientos antitrinitarios del siglo XVI y posteriores, consideran a Servet su pionero y primer mártir.

La ejecución de Servet escandalizó a muchos pensadores de toda Europa, principalmente en el ámbito protestante, que se oponían a que se matara a las personas por razones de fe. Destaca particularmente la defensa de Servet que realizó Sebastián Castellion: «Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet, no defendieron una doctrina, mataron a un hombre.»

Por otro lado, desde mediados del siglo XIX y principios del XX, Servet comenzó a ser reivindicado por partidarios del librepensamiento, que veían en su ejecución una prueba de los peligros que conlleva el fanatismo religioso, aunque a menudo como resultado de un análisis superficial y sin tener en cuenta la obra y conceptos teológicos del propio Servet.

Marian Hillar, estudioso polaco-norteamericano de la obra de Servet, hizo la siguiente evaluación sobre el impacto perdurable que tuvo la ejecución del erudito español: «Fue el punto de inflexión en la ideología y mentalidad dominantes desde el siglo IV. [...] Históricamente hablando, Servet murió para que la libertad de conciencia se convirtiera en un derecho civil en la sociedad moderna».

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