El siglo VII

En el siglo VII, la ciudad tuvo un relativo florecimiento cultural gracias a una serie de grandes obispos: Máximo, Juan II, Braulio, Tajón y Valderedo, vinculados al monasterio de Santa Engracia, que poseía una importante biblioteca. Así Zaragoza se convierte en uno de los centros culturales de Hispania, junto con la Sevilla de San Isidoro y la Toledo de San Eugenio. Braulio, obispo de Zaragoza, también escribió el Liber Iudiciorum, que eliminaba la diferencia jurídica entre hispanorromanos y visigodos y que fue promulgada por Recesvinto, y animó a Isidoro de Sevilla escribir sus Etymologiae u Originum sive etymologiarum libri viginti, que fue dividida en capítulos por el obispo zaragozano.

La ciudad fue de nuevo protagonista en la disputa por el trono entre Suintila y Sisenando. Suintila se refugió en Zaragoza contra las tropas de Sisenando, que, ayudados por un ejército mercenario franco, sitiaron la ciudad. No consiguieron tomarla por las armas, pero deserciones y traiciones llevaron a Suintila a rendirse, con lo que Sisenando se proclamó rey en la ciudad.

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