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El anillo de Polícrates

Desde antiguo, se sabe que la diosa Fortuna enaltece a sus elegidos, pero su famosa rueda los derriba después, cuando más alto están. Un exceso de suerte, anuncia, ya de por sí, la decadencia. Esta es la lección de este episodio.
En Samos, que era una democracia, Polícrates impuso su tiranía con la ayuda de dos hermanos suyos, pero luego desterró al uno y mató al otro. Su suerte continuó aumentando, pues se hizo dueño de otras islas y de algunos territorios del continente. Venció a los ejércitos de Lesbos, que intentaron conquistar su isla. El colmo de la suerte, vino cuando una escuadra, formada por lacedemonios y corintios, que trataba de atacar Samos, fue dispersada por una tempestad.
El poeta Anacreonte, protegido de Polícrates, empezó entonces a pensar que la suerte de aquel hombre, era excesiva. Se lo dijo a su mecenas, cuando ambos paseaban junto al mar. El tirano, para aplacar la posible envidia de los dioses, se quitó un valiosísimo anillo que llevaba y lo arrojó al agua.
Al día siguiente, acudió al palacio un pescador que había encontrado el anillo en el vientre de un pez que acababa de pescar y se lo dio a Polícrates. Éste se mostró muy satisfecho y se lo puso en el dedo, dedicando una sonrisa a Anacreonte, que se encontraba con él en aquel momento. Al poeta, le entró tal pánico, al ver cuán generosa era la fortuna con aquel hombre, que huyó a Atenas.
Allí recibió, al cabo de poco tiempo, la noticia que ya se temía: uno de los sátrapas del rey de Persia, atacó Samos, apresó a Polícrates y lo mandó crucificar.

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